La gran mascarada

La filtración de los Papeles de Panamá ha revelado la identidad de numerosos evasores fiscales.

La filtración de los Papeles de Panamá ha revelado la identidad de numerosos evasores fiscales.

Luis García Oliveira.

Hay que reconocer que quienes mueven los hilos del poder económico, dentro y fuera de nuestras fronteras, han sabido diseñar y rentabilizar, con un más que notable éxito, el descomunal tinglado evasivo que expandieron por una nutrida red global de paraísos fiscales.

Lo habían articulado tan bien que ha tenido que ser una extraña filtración documental la que ha desatado un reguero de alarmas por medio mundo, poniendo en evidencia las ilustres identidades de un cuantioso elenco de renombrados evasores fiscales. Si no fuese por ese raro fallo en el control de su opacidad, el tinglado defraudador seguiría funcionando tan impunemente como hasta ahora, completamente velado a los ojos de la ciudadanía.

Pero que nadie se haga falsas ilusiones suponiendo que a partir de ese “contratiempo” la situación va a cambiar, ya que puede darse por descontado que tanto los evasores descubiertos como los que aún no lo han sido –que son la inmensa mayoría de ellos– harán uso de sus camaleónicas facultades para mudar apariencias; nada más. De buscarles un cobijo más seguro para su ilícita situación fiscal ya se encargará algún prestigioso bufete especializado en “ingeniería” evasiva.

De otra parte y sin tratar de dar pie a interpretaciones maliciosas, ¿de verdad que a nadie le ha llamado la atención que la inmensa mayoría de los casos de evasión tributaria descubiertos –si no todos– datan de más atrás de los cinco años de antigüedad? Para ser casualidad resulta demasiado llamativa, ¿verdad?

Al margen de estas consideraciones, lo más transcendente de la existencia de esos entes delictivos que son los paraísos fiscales no es la identidad de los delincuentes que hacen uso de ellos, por muy reveladoras que puedan ser, sino la de los países que los han instaurado y la de los sucesivos Gobiernos que amparan su vigencia.

Y es en este punto donde vuelven a sonar las más clamorosas alarmas. ¿Cómo se puede transigir con que determinados Gobiernos europeos, como el británico, el holandés, el suizo o el luxemburgués –entre otros más–, sostengan en pie paraísos fiscales dentro de sus respectivos ámbitos de competencia?

Ese es un escándalo de primerísima magnitud, socialmente inadmisible y políticamente impresentable.

¿Que cómo interpretar la laxitud, la injustificable atonía y la exasperante dejación de funciones que los más conspicuos “mandarines” comunitarios están protagonizando en esta vergonzosa cuestión? Pues no hace falta estrujarse demasiado el cerebro para entrever la nebulosa presencia de los poderes económicos que están detrás de su delatora inacción.

La mascarada protagonizada por las jerarquías políticas comunitarias ha llegado a tal nivel de cinismo y de hipocresía, de desprecio y de burla a la ciudadanía, que han arruinado todo atisbo de credibilidad en las instituciones que tan descaradamente utilizan para sus inconfesables servidumbres.

Más allá de lo meramente anecdótico, ya que es del todo improbable que se deriven responsabilidades fiscales o penales de esta macro versión del latrocinio evasivo, lo que sí ha quedado en negro sobre blanco es la desbordada magnitud del fraude consentido y las sucesivas “líneas rojas” que las instancias comunitarias, supuestamente competentes en la materia, han pisoteado sin el menor escrúpulo ni objeción.

Por contraste, llama la atención las muy diferentes “varas de medir” que utilizan –según con qué o con quienes– algunos de los más reseñados mandamases comunitarios: para la desvalida y vapuleada ciudadanía griega de a pie, una insufrible letanía de recortes sociales y mano dura sin miramientos; para los intocables poderes económicos, la más subyugada sumisión y el mayor de los respetos.

No nos extrañemos, para eso han colocado donde están a individuos con unos “pedigrís” tan indecorosos e indecentes como el de Mario Draghi, presidente del BCE, o el de Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea.

Nada nuevo; es la repetición del habitual esquema funcional de cuantos tiranos han ejercido y ejercen subsidiariamente el poder político: inmisericordemente crueles con los indefensos y babeantemente serviles con los poderosos.

1 comentario en La gran mascarada

  1. “instancias comunitarias” dice Ud.? Y eso a qué viene? De qué comunidad nos habla Ud.?
    Es un poco extraño que no hable Ud. del principal agitador de todo este barullo sin sentido, nombro aqui al Sr. Soros, quien patrocino los gastos, los periodistas, los viajes, las reuniones, las publicaciones, etc. hasta conseguir lo que mas le obsesiona: denunciar a Putin.
    Menuda hazaña, o mas bien: mala saña, ya que todo lo que hace tal individuo no es mas que dañino.
    Lo mismo pasa con el Sr. Cameron, quien debe plegarse al mandato ordenado por el atlantismo (no el suyo, no) y no llevar a los británicos fuera de la UE, ya que están ahi para aprovechar y meter cizaña cada vez que les mandan.
    No es que esté falto de interés, pero quien no sabia que tales cosas pasaban? Hay que ser muy ignorantes para no darse cuenta.
    Total: no pasa nada mas que una nueva manipulación mediática, sin sentido, pues como Ud. admite: nunca van a parar mientras estén en el poder.

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