La imposible regeneración de los partidos

Una manifestación en Oviedo contra los privilegios sociales. Foto / Mario Rojas.

Una manifestación en Oviedo contra los recortes sociales. Foto / Mario Rojas.

Xuan Cándano/ Periodista. A Pedro Sánchez no le iba a temblar la mano ante la corrupción y ahora calla como un muerto ante la del PSOE y la UGT en Andalucía, que destapa la inmensa red clientelar del partido y del sindicato en toda España.

Lo mismo ocurre en el PP con la trama Gürtel, que apunta a la financiación del partido, la madre de todas las corrupciones.

Estos silencios cómplices son completamente naturales. La regeneración de los partidos políticos es absolutamente imposible desde dentro. Habría que hablar de refundación, sustituyendo a los dirigentes, pero la contaminación también llega a las bases y nadie se va a hacer el harakiri, como en las Cortes franquistas con aquella jugada maestra de Torcuato Fernández Miranda, el gran estratega de la Transición.

Los partidos políticos son grandes empresas de influencias y agencias de colocación que no valoran sus contrataciones por la calidad, sino por la fidelidad interesada. No hay reforma que pueda conseguir el milagro de volver a convertirlos en representantes de los intereses de los ciudadanos y no de sus dirigentes y sus liberados. Y otro tanto cabría decir de los sindicatos.

La medida más importante para la limpieza de lo público y la regeneración democrática es la limitación de mandatos, que debería ser lo suficientemente radical como para acabar con el cáncer de la profesionalización de la política. Ocho años en un cargo público u orgánico como tope y para casa, a volver al curro o a la cola del INEM. No acabaríamos con la corrupción y la incompetencia, pero se limitarían apreciablemente.

Es inquietante que esta medida no esté entre las prioridades de Podemos.

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Ilustración / Alberto Cimadevilla.