La invasión comercial china en África, América y España

Gráfico de los negocios de China en el mundo / Amelia Celaya

Gráfico de los negocios de China en el mundo / Amelia Celaya.

Por Rita Álvarez Tudela / Periodista (Pekín). China expande cada vez más su presencia en el mundo. Lo ha ido haciendo lentamente y aprovechando las carencias que veía que se presentaban en cada destino. Unas veces a través de la inversión, otras para aprovechar el mal recuerdo y las prácticas que dejaron otras potencias europeas en el pasado, o, simplemente, por ser el único país que ha puesto capital e inversión sin pedir ninguna responsabilidad política y de derechos humanos allá donde ha ido.

A finales de la década de los cincuenta China no podía permitirse mirar más allá de sus fronteras y sufría una de las mayores hambrunas de la historia: se calcula que unos 38 millones de personas perdieron la vida por las desastrosas políticas de Mao Zedong. Ahora, casi sesenta años después, el gigante asiático se asemeja a un poderoso pulpo cuyos tentáculos llegan a los más remotos rincones del mundo.

El petróleo africano

El frenético ritmo al que crece China, a una media del 8% anual en los últimos años, obliga a Pekín a buscar recursos energéticos como petróleo en países africanos. China es hoy en día el mayor importador de crudo del mundo, tras sobrepasar a Estados Unidos en diciembre de 2012, con unas compras de 6,12 millones de barriles.

En concreto, Pekín absorbe el 60% de la producción petrolera de Sudán, un país de gran importancia estratégica por ser bisagra entre el mundo árabe y el África negra, y contar con grandes reservas de oro y diamantes, tal y como explica en el director del Observatorio de la Política China, Xulío Ríos, en el documento “China y su papel en África”.

Otro de los países africanos importantes para China es Ghana. El comercio bilateral entre ambos países fue de 1.500 millones de euros en 2010, 15 veces más que la cifra del año 2000, según datos del Ministerio de Comercio chino. Pero lo verdaderamente importante para este país africano es la ayuda en infraestructuras ofrecida por Pekín para financiar carreteras, edificios y grandes proyectos como una presa hidroeléctrica, tal y como recoge Giles Mohan en un informe del Real Instituto Elcano.

En la última edición del Fondo de Desarrollo China-África, un fondo estatal chino para la promoción de cooperación en materia de inversiones entre China y África que data de 1985, Pekín anunció la donación de 15.000 millones de euros de ayuda al desarrollo. Y es que Pekín no deja de defender que el desarrollo de las relaciones chino-africanas no solo consiste en palabras, sino que están basadas en una amistad sincera, el respeto y el beneficio mutuos. Pero no todo son buenas noticias, de hecho recientemente el Gobierno ghanés detuvo a 160 trabajadores chinos por participar en negocios de compañías mineras de oro ilegales.

En el caso de Zambia, las relaciones de los chinos y los locales no están en su mejor momento desde que trabajadores de ese país denunciasen que los propietarios chinos de minas de cobre violaban sus derechos y protestasen por las malas condiciones de seguridad, tal y como recoge en una investigación de la organización Centro Pulitzer para la Reportería de Crisis.

Pero el problema que tienen muchos países africanos con la presencia china, incluida Nigeria, tal y como señala en sus trabajos el Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos de Estados Unidos, es la necesidad de desarrollar una estrategia integral para equilibrar más eficazmente la participación de China, aprovechar su propia fuerza y crear un plan para el desarrollo sostenible y no simplemente dejarse llevar por la emoción de proyectos golosos y a medio plazo.

En África también destaca la relación comercial entre China y Angola, pues este país, rico en minerales, es el mayor socio comercial de China en el continente, con más de 18.600 millones invertidos en negocios en 2010. Si bien las oportunidades comerciales han atraído a muchas empresas privadas y estatales, también han venido asociadas a la delincuencia, registrándose en relación a estas operaciones catorce secuestros y cinco víctimas en 2011.

La conquista de América

Si cambiamos de continente y nos vamos a América Latina, es imposible no citar el reciente viaje del presidente chino, Xi Jinping, a México, donde China es un importante importador y consumidor de productos agroalimentarios, mientras que el país azteca podría convertirse en un exportador potencial de ciertas manufacturas de tecnología. El comercio entre los dos países fue de 27.000 millones de euros el año pasado, más de siete veces lo que era en 2003, cuando China y México establecieron una asociación estratégica.

El primer país de Sudamérica que estableció relaciones diplomáticas con China, y también en firmar un Tratado de Libre Comercio, en 2005, fue Chile. Las exportaciones chinas a Chile son en el sector textil, ropa, cerámica, productos químicos y medicinas.

Llama la atención el caso de Nicaragua, porque las inversiones chinas previstas son privadas. El misterioso (y sospechoso) empresario Wang Jing llegó al país de la mano de Laureano Ortega, hijo del presidente Daniel Ortega. Prometió inversiones de 2.000 millones en tres años, que aún no se han visto, y 40.000 en la construcción de un Gran Canal competidor del panameño, una obra faraónica que divide al país y apoyan los sandinistas.

Pero el primer socio comercial americano de China sigue siendo Brasil, que invierte en áreas estratégicas para consolidar su papel en la economía brasileña, en sectores como la energía, la minería, el acero y el petróleo.

Si bien nadie duda del poder e influencia de China en el mundo, sigue generando dudas la forma en la que se produce su expansión económica y las consecuencias o beneficios que traerá a largo plazo para las comunidades locales, pues en la mayoría de los casos se expande con mano de obra propia y con sus propia forma de hacer negocios. Llaman también la atención su amplia red de embajadas, que ya sobrepasan a las de Estados Unidos, y las grandes giras de sus líderes.

China en España

Mientras los dos países celebran cuarenta años del establecimiento de relaciones diplomáticas, la presencia comercial china en España parece no vivir su mejor momento. Las consecuencias de la Operación Emperador y la polémica con el programa de televisión de Aída Nizar sobre los restaurantes chinos, unido a la crisis económica, no han ayudado a la comunidad china en España.

Según la Federación de Organizaciones de Profesionales, Autónomos y Emprendedores (OPA), en España hay a fecha de junio más de 40.000 autónomos chinos, el doble de los que había en 2008, haciendo que en la actualidad 1 de cada 5 autónomos extranjeros sea chino.

En general, el comercio bilateral de bienes España-China se caracteriza por un déficit crónico, que se situó en 2012 en los 13.865,5 millones de euros, si bien China es ya el 12º cliente de España, absorbiendo el 1,7% de nuestras exportaciones.

En cuanto a las inversiones chinas en España, las dos operaciones más significativas son, por un lado, la de CITIC Heavy Industries en 2011, que controla en la actualidad el 30% del mercado chino de maquinaria metálica para energía eólica, minería, cemento y petroquímica, y que está presente en España tras cerrar a comienzos de año la compra de la empresa gallega de calderería Censa Gándara. Y también la participación de HNA en NH Hoteles en un 20% de su accionariado por un importe de 234 millones de euros.

Ahora, el Gobierno español estudia aprobar la Ley de Apoyo a los Emprendedores con la que se facilitará la concesión del permiso de residencia a aquellos ciudadanos chinos que compren viviendas por encima de 500.000 euros y acabar así con el stock acumulado tras el estallido de la crisis. Esta medida, aún en tramitación parlamentaria, despierta un enorme interés en China.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 27, JULIO DE 2013.

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