LA IZQUIERDA ESTÁ DE VUELTA: Tres tendencias en la izquierda europea

François Hollande celebra su elección como Presidente.

Daniel Mari Ripa / Investigador Severo Ochoa (FICYT) en el Departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo. Las elecciones municipales en Reino Unido, las presidenciales en Francia, las de los Länder de Schleswig-Holstein y Renania del Norte-Westfalia en Alemania y las generales en Grecia nos dejan tres claras tendencias políticas en la izquierda europea. Por un lado, la recuperación táctica del discurso más socialdemócrata de los partidos del centro-izquierda (Reino Unido, Francia, Alemania, España). Por otro, el crecimiento espectacular de la izquierda transformadora, que ha llegado a superar en Grecia -a dar el sorpasso– al centro-izquierda tradicional. Finalmente, la aparición de nuevos modelos de partidos inspirados en la democracia electrónica y que han sido reforzados tras el 15-M, que podrían generar una nueva izquierda en un futuro próximo dirigida principalmente a la democratización del sistema de partidos.

La socialdemocracia vuelve a estar de moda

Era septiembre de 2010 y el Labour Party (social-liberales) británico afrontaba un convulso congreso tras las elecciones legislativas de 2010. En ellas, ese partido había sufrido un profundo varapalo que apartaba a Gordon Brown de la Presidencia del país. En su lugar, David Cameron, conservador, firmó una coalición de gobierno (la primera en décadas) con los Liberal-Democrats, un partido de centro-izquierda -aunque incluía también sectores más a la derecha- que era mayoritario entre jóvenes y estudiantes universitarios. El descontento con las políticas neoliberales llevadas a cabo por Brown y la acentuación de la crisis económica había hecho perder a los laboristas un millón de votos y 91 diputados. En un Congreso fraticida, con dos hermanos peleando por la Secretaría General, el menor de los Miliban, Ed, se aupó exiguamente con la victoria. Fue apodado Ed The Red, debido al apoyo in extremis de las Trade Unions, los sindicatos británicos, a cambio de recuperar el perfil más socialdemócrata (impuestos a las rentas altas, limitación de sueldos de los banqueros) de su partido frente al continuismo que representaba su hermano David. La prensa inglesa se cebó con ese proyecto, alertando de que ese giro alejaría a los laboristas de las clases medias británicas.

Sin embargo, las elecciones municipales de la pasada semana han dado la razón a Ed The Red frente a esas críticas: los laboristas ascienden hasta 2.159 concejales, 823 más que en las últimas elecciones. Los conservadores pierden cuatro puntos y 405 concejales (incluidas 12 alcaldías), quedándose en 1.006, aunque mantienen la alcaldía de Londres. Los liberal-demócratas se hunden (431 concejales, 336 menos que la anterior vez), reflejando el descontento entre sus antiguos votantes ante su colaboración en las políticas de ajuste. Otro de los que mantienen una inercia positiva son los independentistas escoceses del SNP, aunque la recuperación de los laboristas, su principal rival en Escocia, es una noticia preocupante para ellos a un año de la celebración del referéndum de autodeterminación. Más allá, el ascenso de los laboristas puede no ser suficiente en 2014 ante un previsible escenario donde conservadores y liberal-demócratas acudan en coalición a las elecciones. En todo caso, muestra que la estrategia de vuelta a la socialdemocracia (retórica, en el caso inglés), calificada de suicida por los analistas políticos ingleses, es una receta exitosa en un contexto de rechazo popular creciente a la salida neoliberal ante la crisis.

Idéntica lectura ha de hacerse de las presidenciales francesas. François Hollande, el Rubalcaba francés, que lleva controlando el aparato del Partido Socialista desde hace más de una década, se ha alzado con la victoria. Después de que, en plena crisis, el neoliberal ex director del FMI, Strauss-Kahn, liderase las encuestas en las primarias de ese partido, aunque la acusación de abusos sexuales apartó a éste de la carrera presidencial y dejó al PS ‘compuesto y sin novio’. Lo que parecía una nominación clara para un programa centrista y serio en lo económico, se transformó en la victoria de un Hollande que, habilidoso, supo entender que una población francesa cada vez más alejada de sus representantes demandaba la vuelta a la socialdemocracia. La apuesta de Hollande, no obstante, probablemente ni es sincera ni emana de un debate político en profundidad, pero es una lectura táctica acertada acerca de cuáles son las expectativas de las bases sociales de la izquierda francesa. En Alemania, el SPD se ha alzado victorioso en los comicios regionales celebrados en el último año, rechazando los planes de ajuste de Angela Merkel y formando coaliciones de gobierno con Los Verdes. Mientras, los partidos social-liberales europeos que seguían respaldando el discurso neoliberal del recorte del gasto público se estrellaban en las urnas (PASOK, PSOE), los que han incorporado un discurso socialdemócrata (redistribución) están obteniendo resultados políticos exitosos. En todo caso, ni el giro de Hollande, ni el de Miliban, ni el previsible de Rubalcaba, se han debido a un análisis serio ante la crisis de estos partidos sino a apuestas tácticas de cómo volver a recuperar temporalmente su credibilidad social.

El sorpasso de la izquierda alternativa

Syriza, la Izquierda Unida griega, dio el sorpasso por primera vez en su historia (en una situación inédita en Europa en unas elecciones estatales, aunque hay ejemplos regionales como los Verdes alemanes en Baden-Baden -donde alcanzaron el Gobierno-, o Amaiur -primera fuerza en Euskadi en las últimas generales-). Con el 16,78% de los votos y 52 diputados ha superado a los social-liberales griegos (PASOK, 13,18%, 41 diputados) y se ha quedado a poco más de dos puntos porcentuales de ganar las elecciones, posición que ha recaído en los conservadores de Nueva Democracia (18,85% y 108 diputados). Con el KKE obteniendo el 8,48%, los socialdemócratas de Izquierda Democrática (una escisión de Syriza para acercarse a la socialdemocracia tradicional) con un 6,11% y los ecologistas con un 2,93%, la división de la izquierda transformadora ha perdido la oportunidad más cercana de alcanzar un Gobierno en las últimas tres décadas. Probablemente, no se esperaban ni ese ascenso tan alto ni la caída de Nueva Democracia. Pero así son los cambios sociales, ocurren cuando menos se esperan y el no estar preparado ante ellos puede hacer pasar esas escasas oportunidades. El problema es que si la izquierda transformadora no es capaz de construir una alternativa en los próximos años, que nadie dude que serán otros los que lo hagan. Por ejemplo, puede que la derecha griega no vuelva a concurrir a unas elecciones divididos (se presentó en dos partidos, Nueva Democracia y Griegos Independientes, que se alzó con el 10% de los votos). O la izquierda alternativa se puede ver forzada a apoyar al PASOK para evitar el auge de la extrema derecha.

La inercia de Grecia es trasladable a otros puntos de Europa, donde la izquierda transformadora está también fortaleciéndose. En Alemania, los Verdes han crecido en los últimos dos años en una inercia cortada por la irrupción del Partido Pirata. En todo caso, unido a cierta recuperación del SPD -social liberal-, pueden poner en jaque a Angela Merkel. En Francia, el Frente de la Izquierda, de Jean-Luc Mélenchon, ha llenado estadios e ilusionado tanto a las bases comunistas como a los jóvenes, lo que le ha llevado a alcanzar el 11,10% de los votos. En Holanda, el Partido Socialista (comunistas) se encuentra actualmente en la segunda posición, a cuatro puntos y medio de los conservadores, en las encuestas para las elecciones legislativas de septiembre de 2012.

Pero donde el discurso anticapitalista tiene más posibilidades de prosperar es en el Sur de Europa: los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España), como llaman los inversores centro-europeos despectivamente a estos Estados. En el Estado español, la militancia de IU se está frotando las manos. Si Syriza lo ha conseguido en Grecia, oponiéndose a los planes de ajuste, ¿por qué no en España? -se dicen-. La principal diferencia es el estado de fuerte deslegitimación del bipartidismo en Grecia. Más allá, para llegar a esa situación, Izquierda Unida está dando pasos equivocados. Mientras en Grecia Syriza se alejó del PASOK argumentando que eran un partido similar a los conservadores de ese país, en el Estado español IU está conformando pactos de gobierno con el PSOE en Andalucía y, previsiblemente, Asturias, lo que dificulta el constituirse en una alternativa a este partido. La actuación de IU en Andalucía y Asturias lanza un mensaje bien diferente: el PSOE es claramente mejor que el PP y estamos dispuestos a ser la pata en la que se apoye este partido para acercar sus políticas hacia la izquierda. Una vez que se expresa ese mensaje, pocas posibilidades quedan de convertirse en alternativa a ellos.

La ruptura generacional

Los jóvenes del 15-M han puesto de relevancia una ruptura generacional con una democracia representativa que limitaba al voto a un hecho aislado, cada cuatro años. Frente al modelo habitual de funcionamiento de los partidos políticos, con escasas posibilidades de control por las bases de las decisiones tomadas por sus dirigentes, han surgido nuevos modelos de funcionamiento basados en las lógicas hacker (horizontalidad y falta de liderazgos, trabajo en red, toma de decisiones por Internet, trabajo colaborativo descentralizado y Creative Commons). La novedad, en una inercia que nace con el movimiento antiglobalización -que ya criticaba la inexistencia de una participación real-, ha sido cómo estas redes y movilizaciones conectadas por Internet se han extendido también en las calles y han empezado a conseguir apoyos masivos en las urnas de algunos países.

Así, en 2006 el Partido Pirata nació en Suecia, alcanzando representación en el Parlamento Europeo en 2009 (dos eurodiputados). En Alemania, han vuelto a entrar en un Parlamento regional en Schleswig-Holstein, con el 8,3%, y en Renania del Norte-Westfalia -la región más poblada de Alemania y donde históricamente habían gobernado los socialdemócratas-, con el 7,8% (tras Berlín en 2011, donde llegaron al 9%, y Saarland, donde se quedaron en el 7,4%), se consolida como quinta fuerza política, avanzando en un espacio que antes ocupaban los Verdes y Die Linke (La Izquierda), lo que probablemente le conducirá al Parlamento alemán. Al igual que los verdes alemanes expresaron el descontento de la generación del 68 con los modelos de partidos tradicionales, el Partido Pirata (y similares) se dirige a una nueva generación que no entiende el centralismo democrático y que se siente alejada del establishment político. Sus propuestas se centran en la reforma de las leyes de patentes y de copyrights (eliminando las patentes en temas relacionadas con la vida -semillas, modificación genética- y el software) y el fortalecimiento de los derechos civiles, la transparencia democrática o la libertad de expresión.

En el Estado español, el Partido Pirata sufre por hacerse oír (0,10% en noviembre de 2011). Su espacio de regeneración política, apoyado en la democracia electrónica, fue ocupado por el 15-M, con ramalazos más libertarios, por Equo, que mezclaba el ecologismo político (desde la izquierda) con la organización en red, y por Escaños en Blanco. Todos ellos son representantes de nuevos modos de hacer política que cuestionan la delegación y liderazgos tradicionales.

En todo caso, las tres tendencias en la izquierda europea adelantan un panorama donde, tras el desconcierto ante la crisis y la aceptación -especialmente por la socialdemocracia- de las políticas neoliberales, se está produciendo un rearme de todas ellas. Frente al horizonte que se atisbaba hace dos años, con un giro a la derecha en Europa, la izquierda, en sus múltiples variantes, está de vuelta.

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