La losa o la declinación del gabinismo

Gabino de Lorenzo, actual delegado del Gobierno en Asturias, presidiendo un pleno cuando era alcalde de Oviedo. Foto / José Luis Cereijido.

Félix Martín Martínez / Profesor de Instituto.

Era muy fácil superar la nefasta gestión de Antonio Masip, el peor alcalde de Oviedo desde Alfonso II hasta la actualidad (ahora pretende machacarnos con unos artículos periodísticos infumables desde los títulos), y Gabino de Lorenzo se puso manos a la obra. Para ello, hizo multimillonarios a una legión de concejales (de su partido y de los ajenos, los más de los cuales no tenían oficio alguno) y cada vez más pobres a los ovetenses.

Había llegado precedido de una buena gestión como ingeniero de Minas, lo que hacía prever otro tanto al frente de nuestra ciudad. Sin embargo, al cabo de veinte años de gobierno dejó a Oviedo en bancarrota, con actuaciones siempre a golpe de cronómetro y banda de música. Le hacía falta, claro, como a los grandes faraones, obras gigantescas, visibles desde la distancia y perdurables en el tiempo. Otra cosa bien distinta fue no regatear en gastos, esto es, tirar con pólvora ajena y miles de millones de pesetas, hipotecando a varias generaciones de carbayones.

Un nuevo campo de fútbol (empozado en la sombra, lo que obliga cada año a un gasto de mantenimiento millonario en césped); comprar Villa Magdalena como sala de lectura de periódicos (en un fraude expropiatorio que nos costará un potosí); un campo ecuestre para jeques, El Asturcón (absolutamente insostenible y ruinoso); Cinturón Verde, otra quiebra económica de la que no saldremos en muchos años y que se salda con más de 3.000 plazas de garaje sin vender; o el Palacio de Calatrava, infrautilizado e inacabado a día de hoy.

La peatonalización y los ensanchamientos de aceras fueron otras de las actuaciones estrella de Gabino de Lorenzo. Lo hubieran sido, de verdad, de haberse hecho con rigor y materiales de calidad. Su duración ha sido escasísima y a día de hoy una buena parte de dichas obras están más que deterioradas, quebradas, rotas, inservibles, o todo a la vez, a más de resultar peligrosas por resbaladizas (los accidentes y las consiguientes denuncias por accidentes se vienen multiplicando). Este fraude viene obligando a una cascada de millones en pro de su reparación, evitables de haber mediado la calidad, la supervisión y el rigor. Es decir, los mismos argumentos que los ciudadanos empleamos a la hora de gastar el dinero de nuestros bolsillos.

Como corolario de estas obras, un mobiliario urbano decimonónico y trasnochado (lo mismo en calles del siglo XIX que en La Corredoria); jardineras con aspecto de catafalcos estorbando en todos los espacios y, por si fuera poco, una legión de cachivaches a modo de esculturas, los más de los cuales deberían pagar un canon por ocupar suelo público (sobran los dedos de una mano para contar las obras de arte del gabinismo, salvo las que, se dice, cuelgan en las paredes de la casa del propio Gabino).

Por el camino, un goteo constante de conflictos y concejales fraudulentos, imputados y hasta condenados por malversación: Cristina Hernández, condenada a siete años de cárcel por tráfico de drogas; Jaime Reinares, condenado a un año de cárcel y pago de 9.600 euros por la difusión ilegal de correos; Agustín de Luis, jefe de la Policía Municipal, con condena de dos años y siete meses (actualmente en prisión), por encubrimiento y omisión del deber; Alberto Mortera, concejal popular tránsfuga (proveniente del PSOE), fichado como joya de la corona por parte de Gabino de Lorenzo, que lo convirtió en su mano derecha, y para el que la Fiscalía solicita siete años de inhabilitación por prevaricación urbanística; Agustín Iglesias Caunedo (alcalde ovetense por accidente, esto es, por el abandono de Gabino de Lorenzo), imputado por cohecho y prevaricación, con más que supuestos viajes-premio, putiferios incluidos, a cargo de las empresas Asturagua-Aquagest (Caso Pokémon).

Como quiera que sea, eso sí, el ex alcalde bachiller Caunedo sigue cobrando, ahora de concejal, más de 45.000 euros anuales, sin pisar ni siquiera el Ayuntamiento. A todo esto, la “casualidad” hace que la ex esposa de Caunedo, y también ex concejala popular ovetense, Isabel Pérez Espinosa, haya sido “premiada” con soldada multimillonaria y el puesto de directora general de la Sociedad Estatal de Aguas de las Cuencas del Norte; o Rodolfo Sánchez, esposo de la también concejal del partido popular Belén Fernández y jefe de prensa del partido popular municipal, para quien la Fiscalía pide cinco años de prisión con delitos continuados de falsedad y prevariación.

También recientes son los fraudes referidos a las tarjetas gratuitas para aparcamiento en la ciudad, a favor de personajes que, siendo de bajura, se convirtieron así, por obra y gracia del “gabinismo”, en “vips”. Y ahora nos toca pagar y soportar a los ovetenses la losa de la RENFE, un espacio efectivamente ganado a la ciudad, pero a base de una calidad fraudulenta, también de costo multimillonario que a los pocos años se torna otra hipoteca añadida al resto de las descritas, y cuya hectárea hay que rehacer de nuevo.

Y en esto que nuestros equipamientos culturales de toda la vida (o casi) resultan inservibles por peligrosos. La evacuación del Auditorio salta a la vista, sin necesidad de ser experto en Prevención de Riesgos Laborales. que es peligrosísima, por contar apenas con una estrecha escalinata, para más INRI, con una inclinación exagerada.

¿Quién da más? El gabinismo, tras dejar la ciudad en bancarrota, puso en bandeja el Gobierno municipal en manos de la extrema izquierda, la cual solo se pone de acuerdo en colgar pancartas de la fachada consistorial. ¿A quién por tanto, y tras la ruina en la que estamos, pueden extrañar los recortes en todo tipo de actuaciones, equipamientos, actividades culturales, etc.? La ley debería exigir a toda esta banda aquí relacionada pagar de su patrimonio millonario los fraudes cometidos. Solo así los carbayones veríamos restituida tanta sinvergonzonería.

Deja un comentario