La Manada Nacional

Concentración ayer en Oviedo en apoyo a la víctima de La Manada. Foto / Imanol Rimada.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

El juicio a La Manada ha sacado ayer a la calle a las feministas en toda España masivamente, como no ocurría desde hace tiempo. No me extraña. Somos muchos los ciudadanos, hombres y mujeres, feministas o no, que estamos pletóricos de rabia e indignación ante la criminalización a la que se está sometiendo a la víctima durante la vista.

El machismo sigue siendo una lacra. Se ha superado legalmente la desigualdad, pero las normas no siempre alteran las conductas. Las mujeres tienen peores trabajos, cobran menos, se ocupan de las tareas domésticas y los cuidados sin ningún tipo de remuneración y encima aún soportan asesinatos, malos tratos y violaciones por varones más cercanos a las bestias que a los humanos.

Eso es lo que evoca La Manada, ya desde ese apelativo grupal tan aterrador. Cinco tipos que van a los sanfermines desplazándose cientos de kilómetros para perseguir en manada carne fresca femenina, aprovechando la fiesta multitudinaria y sus excesos.

Pero a aquella violación en grupo -presunta, porque hasta las manadas tienen derecho a la presunción de inocencia- siguió durante el juicio otra social no menos repugnante y probablemente más dolorosa para la víctima. ¿Cómo puede el juez aceptar en el juicio los seguimientos de unos detectives a la víctima, insinuando que, al llevar una vida normal y no aparecer hundida y traumatizada, ella misma es culpable de su agresión? ¿Haría eso mismo una jueza? ¿Sería necesario comprobar si tribunales de mujeres tienen más sensibilidad en estos asuntos?

Así que ya sabemos todos y todas a qué atenernos si nos violan o nos agreden. Cuando estamos de fiesta hay que resistirse, hasta la muerte si es preciso, para que nuestro honor quede intacto, y recluirse en casa de por vida, o al menos hasta que se celebre el juicio, llorando amargamente cada vez que llegue una visita.

Cambiar las leyes no es suficiente. Hay que cambiar las conductas y eso es tarea más ímproba. No solo hay manadas por la calle. Las hay en la Justicia, en los medios de comunicación, en las empresas, en el Norte y en el Sur.

Los ganaderos dicen que las manadas de lobos que atacan a su ganado gozan de una lamentable protección. Estas, de lobos disfrazados de humanos, también.

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