La patronal asturiana se desangra

Empresarios en una reunión de la FADE. Foto / Iván Martínez.

Empresarios en una reunión de la FADE. Foto / Iván Martínez.

Divisiones,  broncas internas, deserciones y abandono masivo de empresas cuestionan el futuro de la Federación Asturiana de Empresarios (FADE), la patronal asturiana. La tormenta estalló por los problemas con sus empresas del presidente, Severino García Vigón, que se aferra al cargo a pesar de las peticiones de dimisión, muchas de las grandes empresas asturianas. Más que un empresario, Vigón es un ejecutivo muy bien remunerado al frente de la FADE. ATLÁNTICA XXII analizó este tema en su número 27, aparecido el pasado mes de julio, en un reportaje de Felipe Escudero que reproducimos a continuación.

Vigón se aferra al sillón

FADE en inglés equivale -según se use- a desteñir, marchitar, diluir. Todo un síntoma de lo que ha estallado en la Federación Asturiana de Empresarios (FADE).

Hace dieciocho años un economista, responsable de la firma García Rodríguez Hermanos, se alzaba con la presidencia de la FADE, una entidad entonces sin personalidad ni credibilidad. Era Severino García Vigón, quien desde entonces impulsó la FADE hasta alcanzar niveles de consenso inesperados para los propios empresarios. Logró la unidad de pequeños y grandes, incluso integró a los autónomos. Un largo periodo de cierto prestigio, negociaciones y pactos. Todo se vino al traste desde abril de este año, cuando Hacienda le denunció por presunto delito fiscal de medio millón de euros en concepto de impagos de IVA de una de sus empresas familiares, Enastur.

¿Abandonado? ¿Traicionado? ¿Marginado? ¿O, como dicen otros, “ya amortizado”? Lo cierto es que Severino García Vigón no ha dudado en compararse con el presidente de un “consejo de ministros” al que le han llevado la contraria. Algo un poco fuerte para cualquiera de los que ha comparado con sus “ministros”. Pero la rebelión está ahí y no fue en un consejo de ministros, sino en la mayoría del comité ejecutivo -al que nombró con las atribuciones que él mismo se concedió- de la patronal asturiana. Se agarró al sillón como parece norma entre los cargos públicos españoles, en la política, los sindicatos, las instituciones… y la patronal asturiana. Lo que parecía un apacible epílogo, porque apenas le quedaban dos años de mandato, estalló por los aires ante sus maniobras para mantenerse en la presidencia de la FADE y lograr que (según la traducción inglesa) la asociación se marchite y diluya, y vuelva a ser un reino de taifas. Los ciudadanos tienen ya poca capacidad de sorpresa ante los escándalos de las patronales nacionales, pero siempre se puede ir a peor. La realidad tristemente supera a la ficción.

Desde entonces estallaron viejas rencillas -en parte por su creciente “presidencialismo” e imagen mediática- y batallas frontales que han acabado con el prestigio de la FADE y con dieciocho años de unidad. Mientras el ruido de los cuchillos en la sede ovetense de la patronal asturiana amenazaba con arrugar los trajes de los dueños o las caras visibles de los principales empresarios de la Autonomía, García Vigón jugó sus bazas en la Cámara de Comercio de Oviedo, que también preside, una dualidad ciertamente discutible.

Severino García Vigón “podría y debería haberse ido por la puerta grande cuando tuvo conocimiento de sus problemas fiscales, que no son empresariales, son presuntamente delictivos”, señala un joven empresario ajeno a la directiva de FADE y que vive del trabajo que realiza en Asturias y vende al exterior de España. “Lo que ha hecho es ponernos a todos en la picota, a todos bajo la sospecha de parecernos a dirigentes de otras asociaciones que tanto daño nos hacen ante la sociedad, y hundir la unidad que aparentemente teníamos”. Según señalan muchos de los empresarios consultados, “el daño está hecho, pase lo que pase”.

El gran liberado y la purga

La crisis ha servido para que los ciudadanos, e incluso muchos empresarios afiliados a FADE, se enterasen de que García Vigón cobra mensualmente 12.000 euros netos que factura como empresario, aunque eso más bien parece el sueldo de un superliberado. Uno de los empresarios más críticos con su gestión apuntó a esta revista que a esa cantidad hay que sumar otras inherentes a la presidencia, tanto en FADE como en la Cámara de Comercio de Oviedo. “Está muy bien pagado pero alejado, como se ha visto en el caso Enastur, de la empresa actual, más pendiente de las fotos y de los actos”.

Todo ello constituye una suma de ingredientes de sobra para algo así como un culebrón. Y a ello hay que añadir la división que ha aflorado entre las diferentes castas de empresarios, porque entre ellos también hay clases, aunque muchos sean de una y bien alta. Algunos llaman despectivamente a otros “cuneros” (los que vienen de cuna), las pequeñas asociaciones se sienten mejor bajo “uno de los suyos”, como García Vigón, los grandes empresarios se sienten traicionados por esta última época presidencialista y mediática del patrón de patrones… y también están los que sencillamente creen y expresan que su presidencia ya está amortizada. Y ahora aún más por sus decisiones de las últimas semanas.

Severino García Vigón en el sillón de la FADE. Foto / Mario Rojas.

Severino García Vigón en el sillón de la FADE. Foto / Mario Rojas.

Poco antes de la reunión de 5 de junio, cuando el presidente se aferró al poder y al sillón, un destacado miembro del comité ejecutivo señalaba a ATLÁNTICA XXII que “la permanencia de Vigón está descartada, nos lo ha dicho mirando a los ojos y se hará bien y poco a poco. Lo malo es que no nos encajan algunos de los candidatos que quieren ser presidente y quienes nos gustaría que aceptasen no desean el cargo y mucho menos en estas circunstancias. Si siguiera Vigón el día 5 sería un esperpento de la patronal asturiana”. Vamos, que lo de mirar a los ojos debió de ser truco de buen vendedor.

La Federación de Hostelería fue más allá y en plena trifulca le concedió su medalla de oro, de la que se hizo entrega el 3 de junio en una cena a 60 euros el cubierto. Precio desorbitado, pero que a nadie extrañó estando organizado por la Federación que preside extravagantemente José Luis Álvarez Almeida, a quien Vigón premió con la vicepresidencia de la FADE.

Y comenzó una auténtica sangría y un ejemplo de que todo puede ir a peor en la vida. García Vigón tomó las riendas y expulsó del comité ejecutivo -que él mismo nombró- a Nicanor Fernández -representante de HC Energía-, a Fernando Rodríguez Valledor -directivo de la Confederación Asturiana de la Construcción, CACV- y a Manuel García Arenas -presidente del grupo García Rodríguez Hermanos, desde donde se aupó Vigón a la presidencia de la FADE y firma de la que fue consejero delegado hasta enero de este mismo año 2013-. Por si algo faltaba para el culebrón.

Por su parte dimitieron rápidamente los presidentes de Duro Felguera, Ángel Antonio del Valle, y de Alimerka, Alejandro Fernández. Y en pocos días se sucedieron las dimisiones del vicepresidente primero de la propia FADE, Ignacio Núñez Rodríguez-Arango (directivo de la constructora Los Álamos, del Grupo Orejas), la del tesorero, Ovidio de la Roza (también legendario presidente de la importante asociación de transportistas Asetra), la de Jacobo Cosmen, presidente de ALSA Asturias y representante en FADE de la empresa CMC XXI, y la de Manuel Parrondo, miembro de la junta directiva en representación del propio grupo ALSA. Una guerra sin trincheras en las que esconderse, que abrió paso a la amenaza de escisión.

Aunque hay quien parece mantenerse al margen de la refriega. FADE cuenta con un secretario general, Alberto González, ejecutivo con el que García Vigón no ha contado en esta crisis y del que está muy distanciado, al igual que del responsable de comunicación, el periodista Juan Cepeda. Tanto Cepeda como Alberto González, que comenzó ocupando cargos cuando Antonio Trevín era presidente del Principado, son consideradas personas abiertas y dialogantes.

“El Chino” y la Cámara

Si Vigón se agarra al sillón de la FADE, los brazos de apoyo están en la Cámara de Comercio de Oviedo.

Vigón ha recurrido al refugio y apoyo de la Cámara de Comercio de Oviedo, que también preside. Allí se ha atrincherado y están dos de sus grandes colaboradores en esta crisis. El primero es un personaje que parece inevitable, siempre detrás del telón, en todo este tipo de conflictos en Oviedo: el economista Luis Gómez, apodado “El Chino”, porque cuando era un joven revolucionario militaba en un partido maoísta. El asesoramiento de “El Chino”, siempre detrás de Gabino de Lorenzo, significa que García Vigón cuenta con el apoyo del ex alcalde ovetense, que en su día puso en manos de Gómez la empresa municipal Gesuosa. El actual delegado del Gobierno, para muchos empresarios, está en rebeldía con el Estado al que representa defendiendo a un acusado de delito fiscal.

Otro asesor es Javier Cuesta, economista, que en un viaje de ida y vuelta pasó de director general de la Cámara a dirigir el grupo Alimerka. Pero al fallecer su creador, Luis Noé, y tomar las riendas su hijo Alejandro -una de las bajas de la cúpula FADE  y crítico con la gestión de Vigón- montó su propia empresa de consultoría, que trabaja, nada casualmente, para la Cámara de Comercio de Oviedo.

En los últimos años de José Luis Rodríguez Zapatero en la presidencia del Gobierno se acabó con la obligatoriedad de las cuotas a las Cámaras de Comercio, entidades consideradas obsoletas y cuyos objetivos entran en conflicto con los de otras entidades. Esa decisión fue apoyada por la CEOE y CEPYME, pero sin embargo la Cámara Oficial de Comercio, Industria y Navegación de Oviedo (qué cosas, navegación en Vetusta) se ha convertido en la gran trinchera de su presidente, el mismo García Vigón. Con una espectacular sede en el centro de Oviedo, dispone de una planta noble que ya quisieran para sí muchos grandes empresarios de Asturias. Se hizo cuando era obligatoria la cuota y caían las subvenciones para todos (FADE, Cámara, sindicatos…). Los impuestos de todos se traducían en ayudas para todo tipo de proyectos y, de manera destacada, para los de formación, la gran fuente de financiación de todos los agentes sociales, ahora diezmada con la crisis y los recortes.

El emporio familiar

El periodista asturiano Faustino F. Alvarez advertía en enero de 2012 en el diario El Comercio que “Severino es un luchador heterodoxo, como todos los buenos gladiadores, aunque los empresarios de mil hierbas, los que de verdad cortan el bacalao, los veteranos de la pastizarra, no lo reconocen como a uno de su tribu, sino que lo tienen por intruso en el cortijo dorado… A Severino, en fin, a la hora de las embestidas o de los fados de la FADE, y en su metafísico debate entre el ser y la nada, le vendría muy bien algún fraternal consejo del impar cura del Cristo”. Se refería a su hermano, José Luis, recientemente fallecido, que fue su gran apoyo en su época de estudiante y al que admiraban todos sus feligreses como un buen sacerdote “siempre en ayuda de los pobres, al estilo del papa Francisco”, señalan en el barrio.

Severino García Vigón nació en 1941 en La Güeria de Carrocera, L´Entregu. Cuando recibió en marzo de 2004 el premio Ovetense del año 2003 glosó su figura Melchor Fernández, ex director de La Nueva España, se recordaron sus humildes orígenes, a su familia y sus siete hermanos y su carrera estudiantil y profesional. La página del premio indica que “asistió” a las clases de personalidades tan diferentes como Fuentes Quintana, Ramón Tamames o Juan Velarde.

Su biografía indica que es “licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid. Comenzó su andadura profesional en Oviedo, en la empresa de alimentación animal Biona-Bioter, hasta que accedió a la dirección del grupo García Rodríguez Hermanos, de cuyo consejo de administración fue presidente hasta enero de 2013. En su faceta de empresario, también ha puesto en marcha varios negocios en los sectores de la distribución de gas, la construcción y la hotelería, como Enastur, Gas del Oriente, Construcciones Lúgido y el Hotel Silvota”.

Tras su larga etapa de unos cuarenta años dirigiendo y presidiendo el grupo García Rodríguez Hermanos (GRH, centrado fundamentalmente en equipamientos para hostelería y concesionarios de automóviles), en enero de 2013 Severino García Vigón dejaba su responsabilidad dentro de un proceso que parecía cordial y pacífico. Se venía fraguando en el último año ante los propios cambios familiares del GRH. En la actual crisis de la FADE una de las primera personas purgadas ha sido el actual responsable de GHR, lo que hace pensar que aquel cambio no era tan cordial.

El Boletín Mercantil registra una serie de reestructuraciones en la firmas básicas del grupo García Vigón -que su vez participan en otras- desde enero de 2012, con numerosas modificaciones estatutarias y retirándose de primera fila el propio Severino y su esposa, María del Carmen González Llavona, quienes ceden la dirección y representación de sus firmas a dos de sus cuatro hijos: Miguel y Pablo (quien también preside a la asociación del Polígono de Silvota y la Federación de Áreas Empresariales de Asturias -AREAS-).

La más antigua debe de ser Enastur, creada en 1977 cuando García Vigón ya era ejecutivo de GRH, que tiene como objeto social la “venta, distribución y almacenamiento, por cuenta propia o ajena, de los gases licuados del petróleo en general y sus derivados y el transporte y reparto de mercancías”. La esposa de Severino llegó a ser la vicepresidenta de Enastur -origen de la polémica por impagos del IVA o la permuta de la famosa finca ovetense de la laguna de El Torollu-. En enero de 2012 absorbió las firmas Gas del Oriente e Idigás y la dirección pasó de Severino a sus hijos, especialmente a Miguel. Está domiciliada, como todo el grupo, en el centro de empresas del Hotel Silvota, que es un segundo pilar del grupo. El impago del IVA, que dilucida ahora la Justicia, acabó con la distribución del gas de Repsol en Asturias que llevaba Enastur.

Vigonhueria SL cuenta con un administrador único, Severino, y -también casualmente desde enero de 2012, cuando se reestructura el grupo- con un apoderado que es… Pablo García Vigón. Su objeto es “la explotación de un negocio de tenencia y administración de bienes muebles, inmuebles y valores financieros, compraventa, arrendamiento de fincas rústicas y urbanas. construcción, uso, promoción y arrendamiento de edificios”.

Sonorizaciones y Animación SL, dedicada a “la prestación de servicios audiovisuales e informáticos, alquiler y venta de equipos relacionados con tales actividades, asesoramiento, asistencia técnica e impartición de formación en los campos anteriores, animación etc.”. Su administrador es Pablo García Vigón.

El Hotel Silvota (hotel y centro de empresas en el polígono del mismo nombre) es la sede del grupo. También en enero de 2012 se modificaron completamente los estatutos sociales y Severino dejó la máxima responsabilidad para compartirla con su hijo Pablo.

Laguna del Torollu en San Claudio. Foto / Iván Martínez.

Laguna de El Torollu en San Claudio. Foto / Iván Martínez.

El Torollu: Oviedo financia a Vigón

En febrero de 2007 la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Oviedo, presidida por Gabino de Lorenzo, aprobaba en tiempo récord una solicitud de permuta presentada  el mes anterior por la empresa Enastur y un matrimonio particular. Proponían permutar 41.000 metros de terreno que decían poseer (el 75% de Enastur) en la laguna de El Torollu (San Claudio) por cinco parcelas en el Polígono Industrial de Olloniego. La tasación municipal es de 8,71 euros el metro cuadrado en El Torollu y de 65,35 euros el metro de Olloniego.

Dicho y hecho. La empresa del grupo García Vigón se hizo con las parcelas B10, B25, B26 y B32 de Olloniego. Y el matrimonio, con otro espacio en el mismo lugar. Sin embargo, ese mismo año la familia Santullano reclama ser la legítima propietaria de los 41.000 metros cuadrados de El Torollu. En el verano de 2012 el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) les da la razón, exige que se retrotraiga la permuta y se restituyan los bienes a sus propietarios. Los implicados fueron citados en septiembre de 2012 para acatar la orden judicial, pero solo se presentó el matrimonio, que ejecutó la orden, mientras Enastur no acudió, iniciando un polémico proceso que sigue vigente.

Se descubre que Enastur vendió una las parcelas de Olloniego por el doble del precio en que había sido tasada por el Ayuntamiento, con un beneficio de 140.000 euros, y que las otras tres parcelas están hipotecadas con una entidad bancaria. Enastur mantiene que no puede devolver las parcelas -que deberían ser entregadas libres de cargas-, el Ayuntamiento alega que no puede ejecutar la sentencia del TSJA y la familia Santullano reclama lo que es suyo. En un Pleno municipal en junio, el concejal de Izquierda Unida Roberto Sánchez Ramos, “Rivi”, pregunta por el tema y el alcalde Agustín Iglesias Caunedo indica que están en ello.

Rivi denuncia que “el patrimonio público municipal, de los ovetenses, está en realidad financiando las deudas y problemas de la firma Enastur, en un proceso verdaderamente insólito”. IU exigirá que se ejecute de inmediato la sentencia judicial o, en caso contrario, se retire a Severino García Vigón el título de hijo adoptivo de Oviedo. El PP no goza de la mayoría absoluta que tenía cuando se adoptó el acuerdo, y “el Pleno está por encima de una decisión de aquella Junta de Gobierno”. Otro vodevil, esta vez municipal.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 27, JULIO DE 2013.

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