La reconversión de los bancos convierte a los empleados en ejecutivos agresivos

La banca cada vez se parece más a la de los casinos. Ilustración / Alberto Cimadevilla.

La banca cada vez se parece más a la de los casinos. Ilustración / Alberto Cimadevilla.

Los asalariados, las familias y por supuesto los pobres ya no interesan a los bancos. El sector está viviendo una profunda reconversión: la desaparición del personal de atención al público (cajeros, administrativos…) en favor de comerciales agresivos y de unos -pocos- gestores de patrimonio, dedicados a asesorar a grandes fortunas y personas de elevados ingresos. Una reestructuración silenciosa.

Desatender al público, mimar al rico

Bernardo Solís / Periodista.

Los usuarios de los bancos, que somos todos, ya nos hemos acostumbrado a soportar inevitables colas, porque cada vez son menos los empleados que atienden al público. Al margen de la informatización y la generalización de las operaciones virtuales, las prejubilaciones han aligerado las plantillas y los bancos ya no quieren trabajadores que atiendan a los clientes, sino ejecutivos agresivos volcados con las grandes fortunas y con posibles inversores.

Manuel -nombre supuesto- es un caso paradigmático de este fenómeno. Al cumplir los sesenta años, aprovechando una fusión, la entidad para la que trabajaba le ofreció dejar el banco a cambio de unas condiciones muy ventajosas: una indemnización de más de 70.000 euros, dos años de paro y de ahí a cobrar la pensión de jubilación. Como en su caso aún faltaría algo más de un mes para llegar a la edad de jubilación, esos días se los abonará la entidad bancaria para que él los cotice a su nombre. Esa relación aún vinculante con la entidad es la principal razón por la que se ampara en el anonimato.

Para Manuel está claro que en su caso, como en el de otros compañeros de su entidad, la prejubilación no es más que el nombre que se le pone a un despido voluntario y pactado: “Al banco le interesa que nos marchemos y nos ofrecen unas condiciones ventajosas. Yo me dediqué toda la vida a la atención al cliente y mi trabajo, como el de los cajeros de toda la vida, va a desaparecer muy pronto. A los que se han quedado no les arriendo la ganancia, ni a los nuevos: los bancos quieren comerciales que trabajen dentro y fuera de la oficina, con una cartera de clientes -que antes no nos ponían- a la que tienen que vender todo tipo de productos financieros, desde seguros a planes de pensiones, pasando por inversiones en bolsa o a plazo. Y cada vez va a pesar más en su sueldo conseguir unos objetivos que marque cada entidad, y a los que no los consigan se les arrinconará o se les echará a la calle”.

Con esta idea coincide el asesor fiscal Juan Carlos Álvarez, quien opina que las nuevas tecnologías y el proceso de fusiones bancarias abocan al sistema financiero español a una reconversión que ya se ha producido en los países de nuestro entorno. “Los bancos consiguen con las prejubilaciones un doble objetivo: reducir los costes de personal que sobra en las entidades por la consolidación de la banca telemática, el pago y el cobro electrónico, y cambiar el perfil del empleado, de un técnico financiero a uno de carácter mucho más comercial: un vendedor que trabaje a jornada flexible, dentro y fuera de la oficina, y que asuma que una parte importante de su sueldo va a estar ligado a objetivos como la venta de productos a plazo fijo y variable, seguros y todo tipo de derivados financieros que le interese comercializar a su entidad”.

Vender o a la calle

Por su parte Javier Acera, prejubilado bancario que fue secretario general de CCOO-COMFIA Asturias entre 1995 y 1999, apunta que la reconversión tiene un doble objetivo: reducir personal innecesario y contratar gestores baratos: “El sistema bancario cada vez necesita menos gente. Cuando yo comencé a trabajar, en 1967, en la sucursal de Banesto del edificio La Jirafa de Oviedo estábamos 115 personas; cuando me jubilé, solo quedaban 30, y ahora serán la mitad o menos. Además, con el sueldo que a mí me pagaban podían contratar a dos o tres economistas que supieran inglés y alemán, con sueldos casi de mileurista”. Por supuesto, la aparición de las nuevas tecnologías ha sido clave para la reducción del personal. “No hace tanto que la cuenta corriente de cada cliente era un libro enorme cuyos apuntes había que pasar a mano. Y cada vez más gente opera desde su casa. Yo, ahora, voy al banco solo a ver a los antiguos compañeros”, apunta.

El asesor fiscal considera que esa reconversión, que ya se ha ido produciendo en los últimos años en la banca española, se acentuará hasta encontrarnos con dos modelos totalmente diferenciados que, aunque operen dentro de una misma marca, trabajarán con carteras de clientes muy distintos. “Desde hace unos diez años, las entidades financieras se están dividiendo: de un lado, unos pocos clientes con un poder económico alto tienen a su disposición a técnicos expertos en finanzas que les asesoran sobre cómo invertir su patrimonio; el resto de los empleados, los que atienden al 90% de los usuarios de banca, son esencialmente vendedores, a los que no se les exigen especiales conocimientos de economía o de bolsa”, comenta. Por su parte Javier Acera destaca cómo, actualmente, algunos bancos tienden a fomentar la movilidad del personal para que no se creen vínculos de confianza entre gestores y clientes: “Vas a ver al director de una sucursal, a los tres meses vuelves preguntando por él y te dicen: ‘Ya no está, lo han cambiado a otra’. ¿Qué se pretende con eso? Que el cliente normal, el que tiene un poder adquisitivo medio o bajo, no intime con los asesores”.

Todos coinciden en que estamos en la etapa final de un proceso de reconversión, el de los bancos, en el que el empleado de toda la vida va camino de una rápida e inexorable desaparición. Ahora el trato personal quedará para unos pocos, los que por su capital o sus ingresos sean objeto de un trato preferencial, mientras que la gran mayoría de los ciudadanos formarán parte de la cartera de clientes de comerciales con un único objetivo: vender, vender y vender.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 28, SEPTIEMBRE DE 2013.

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