Las jubilaciones de lujo de las Delegaciones del Gobierno

Gabino de Lorenzo en su época como alcalde de Oviedo (Foto de Mario Rojas)

Por Xuan Cándano. El delegado del Gobierno en Asturias, Gabino de Lorenzo, renunció a la pensión que cobraba como jubilado para recibir los ingresos que le corresponden por su cargo. Se supo ahora, aunque la decisión la tomó nada más acceder a la Delegación el pasado mes de enero “por imposición legal”, según su propia versión.

De Lorenzo -ingeniero de minas, trabajo que desempeñó hasta que entró en política- empezó a cobrar como pensionista cuando se jubiló en 2008 siendo alcalde de Oviedo. Renunció a su sueldo y pasó a cobrar por la pensión unos 43.000 euros, cantidad a la que hay que sumar los 16.000 que recibía anualmente en concepto de dietas en el Ayuntamiento. Su sueldo como delegado del Gobierno anda sobre los 60.000 euros anuales.

Abandonar la condición de jubilado y volver a cotizar a la Seguridad Social como trabajador en activo es obligatorio para los altos cargos de la Administración, según la Delegación del Gobierno.

Cobre por un concepto o por otro, la de Gabino de Lorenzo, a sus 69 años, es una jubilación de lujo en un cargo inútil y absolutamente prescindible. Ahora que se plantea la conveniencia de adelgazar la Administración y las prebendas de la clase política, y cuando la opinión pública se cuestiona instituciones como el Senado, las Diputaciones e incluso buena parte de los Ayuntamientos, no se entiende que permanezcan fuera del debate las Delegaciones del Gobierno.

Herederos de los gobernadores civiles del franquismo, la de los delegados del Gobierno es una figura anacrónica y poco compatible con un sistema democrático. Su tarea es puramente propagandística, ensalzando los éxitos y ocultando los fracasos de los Gobiernos de turno. Son comisarios políticos sin apenas competencias, excepto las relacionadas con las fuerzas de orden público, una tarea que podría desempeñar perfectamente un alto funcionario.

Como el de los europarlamentarios, el puesto de los delegados del Gobierno no solo es una jubilación de lujo por sus elevados ingresos, sino porque también son un destino ideal para los políticos a los que previamente jubilan los electores o para los que simplemente se han convertido en un problema o en una carga para sus partidos.

El de Gabino de Lorenzo es un caso de libro. Era el amo a la sombra en el PP asturiano antes de la irrupción del Foro Asturias de Francisco Álvarez-Cascos y ninguneaba y ridiculizaba en público a su presidente Ovidio Sánchez, teóricamente su superior en la jerarquía del partido. De Lorenzo propuso primero a Cascos como número uno de la candidatura autonómica del PP asturiano, pero no aceptó luego las condiciones del ex vicepresidente del Gobierno, que pretendía cambiar a la cúpula dirigente del partido. Fue el entonces alcalde ovetense el que impuso como candidata frente a Cascos en 2011 a Isabel Pérez-Espinosa. Tras el fracaso de ésta y el acceso de Cascos a la presidencia del Principado, la carrera política de Gabino de Lorenzo empezó a declinar.

En las elecciones anticipadas de marzo la candidata popular fue Mercedes Fernández “Cherines”, una antigua colaboradora de Cascos, que lideró una lista con otros candidatos “ex casquistas”.

De Lorenzo se convirtió en un estorbo y la compensación de la Delegación del Gobierno arregló el problema interno. Ahora la energía que le hizo tan popular como alcalde de Oviedo es solo un recuerdo y apenas sale del despacho, desde el que tiene encomendada una dura misión: defender o edulcorar los recortes que llegan desde el Gobierno central.

Aunque eso suponga contradecirse con lo que sostenía cuando era alcalde y se oponía con ardor al cierre de la Fábrica de Armas de Oviedo, una imposición que llega de Madrid y que el delegado no cuestiona. Aunque cada día haya más ciudadanos que cuestionen su cargo.

 

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