Las sombras de Manuel Menéndez

Xuan CándanoPor Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII. No es descartable que la galaxia mediática ignore la noticia que abre el número de esta revista. Ya estamos acostumbrados. Hay demasiados intereses que amordazan a las empresas periodísticas y escasa generosidad en una profesión que a menudo desprecia su objetivo esencial, que es dar informaciones relevantes, aunque para ello haya que citar al competidor.

Pero eso tampoco le restaría repercusión y gravedad a lo que se publica tras una rigurosa investigación periodística.

Que una empresa fantasma sin actividad, con toda la apariencia de ser una tapadera, figure a nombre de la esposa del presidente de Liberbank, Manuel Menéndez, y haya traspasado dos millones de euros de su banco a uno de sus principales competidores, levanta tantas alarmas como sospechas.

¿Tiene algo que ver con ese dinero Manuel Menéndez? ¿Cómo se explica esa operación justo en medio de la incertidumbre que atenaza a Liberbank y a las antiguas Cajas de Ahorro que formaron este banco, entre otras Cajastur? ¿Cómo se interpreta ese traspaso cuando arreciaban las amenazas de intervención en España y el capital busca refugios seguros? ¿Es esto una especie de fuga de capitales por información privilegiada? ¿Hay más empresas tapadera como ésta y más millones en otros bancos? ¿Es esto un comportamiento profesional ético con la empresa que te paga, de forma tan generosamente escandalosa además?

Y no es que tengamos motivos para sospechar por el origen ilícito del patrimonio privado de los banqueros españoles. Con lo que ganan no deben de tener muchas tentaciones. ¿Qué fue de aquellos banqueros rectos, calvinistas y tan poco dados a los excesos que hasta limitaban sus percepciones? John Pierpont Morgan, fundador del banco que lleva su nombre, el primero de inversión del mundo, decía que en una empresa nadie entre los mejor pagados debía ganar veinte veces más que los que cobran los sueldos más bajos. Hasta recomendaba a sus trabajadores que no concedieran créditos a las empresas donde no se respetara esa norma, que ahora violan todos los grandes bancos, incluido JP Morgan.

Saber con absoluto rigor lo que gana Manuel Menéndez es más difícil que disfrutar de tres días despejados seguidos en Asturias, pero debe de andar por los 1.000 euros al día, mientras los trabajadores de Liberbank, muchos mileuristas, se movilizan contra expedientes de regulación de empleo y ven reducidos sus salarios un 30%.

Antes de que se destapase la crisis de Cajastur, por la gestión de sus directivos, sus excesos y el gran fraude de las preferentes y las subordinadas, Manuel Menéndez  pasaba por ser un banquero discreto, aupado a los mandos del primer banco de Asturias por el PSOE y con una verdadera aversión a los focos y a los periodistas. Ahora sabemos que no se trata solo de timidez: es miedo.

La última Asamblea General de Cajastur en Oviedo sin acceso a los periodistas, con Menéndez y sus directivos atrincherados y protegidos por la Policía en un hotel de cinco estrellas, con los trabajadores sometidos a un brutal recorte salarial protestando a la puerta, de la mano de los ahorradores engañados con las preferentes y las subordinadas, era la triste imagen de la crisis del que fue un banco con vocación social orgullo de los asturianos.

La gestión de Cajastur en los últimos años merecería una comisión de investigación en la Junta General con más argumentos que la del Caso Marea, que se va a cerrar con más pena que gloria.

Menéndez y su cúpula alegan que la suya es una entidad privada para justificar la opacidad y el oscurantismo. Y no es cierto, porque sigue plagada de políticos y cargos públicos muy bien remunerados en sus órganos de gestión, y además pertenece a un banco que recibió 124 millones de euros del Estado para garantizar su viabilidad. Y ni aunque Liberbank fuese solamente un negocio privado sin ayudas públicas sería admisible tal rechazo a la absoluta transparencia con la que los banqueros, como los políticos o los directivos de las multinacionales, deben rendir cuentas a los ciudadanos. A ver si la ley de transparencia que se anuncia despeja las sombras que siempre envuelven a personajes públicos como Menéndez, que tiene los miedos del vampiro a los rayos del sol.

Manuel Menéndez debe abrir las ventanas de su banco, exhibir públicamente su patrimonio y su sueldo y despejar todas las dudas.

O no permanecer ni un minuto más en un banco que los asturianos no debemos consentir que nos expolien.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 27, JULIO DE 2013.

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