Liberbank busca recapitalizarse sin tocar los sueldazos de sus directivos

Manuel Menéndez, presidente de Cajastur, perseguido por manifestantes

Menéndez, presidente de Liberbank, increpado por activistas del 15-M

Fernando Romero/Periodista

Liberbank busca recapitalizarse para cumplir con la exigencia de la auditoría de Wyman y en consonancia con el plan aprobado recientemente por la Comisión Europea. Necesita para ello 1.198 millones antes del 30 de junio. Sin embargo no toca los sueldazos de sus directivos, especialmente el de su presidente, Manuel Menéndez que gana más de 50.000 euros al mes o el de su segundo de a bordo Felipe Fernández, que se lleva más de 250.000 euros al año. ¿Incluirá la recapitalización una mayor dotación también para estos ejecutivos millonarios o se consideran suficientemente atendidos? ¿Se acuerdan ustedes cuando la Caja de Asturias era una Entidad de crédito sin ánimo de lucro, de naturaleza fundacional y carácter benéfico social”. Todavía dice lo mismo el artículo 1 de sus estatutos.

En este reportaje les damos las claves de lo que ganan los cargos de Cajastur y Liberbank y les relatamos una cuento que no es precisamente navideño: cómo una entidad benéficosocial se convierte en un agresivo banco en cuyas aguas nadan multitud de tiburones.

Manuel Menéndez y Felipe Fernández. Foto de Iván Martínez.

Manuel Menéndez y Felipe Fernández. Foto de Iván Martínez.

La opacidad informativa sobre los sueldos de los altos cargos de Cajastur tiene amparo legal aunque no moral. Merced a la Ley de Cajas, mientras una entidad bancaria no cotice en Bolsa, no está obligada a declarar las retribuciones nominales de sus altos cargos, aunque sí deben hacerlo colectivamente. Esta es la razón por lo que hasta la fecha no se haya desvelado el secreto mejor guardado de Asturias: ¿cuánto cobra su presidente, Manuel Menéndez? ATLÁNTICA XXII lo ha desvelado, en parte. Cobra, al menos, 600.000 euros al año, sin contar dietas, sueldo de Hidrocantábrico y otros emolumentos propios de su cargo.

La Corriente Sindical de Izquierdas (CSI), sindicato mayoritario en las oficinas de Cajastur, en una de sus circulares habituales, decía: “podemos afirmar que Manuel Menéndez cobró en el año 2004 más de 360.000 euros (60 millones de pesetas) como Presidente de la Caja”. Se basaban en el informe anual del Gobierno corporativo que las Cajas están obligadas a publicar. Se quedaron cortos. Tres fuentes distintas del Consejo de Administración confirmaron a esta revista que la cantidad que en 2004 cobraba Menéndez superaba los 600.000 euros al año, unos 50.000 euros al mes. Dichos ingresos pueden haber aumentado mucho más al cabo de ocho años, ya que las subidas de las retribuciones de los altos cargos de la Caja habían sido, al menos en 2007 y 2008, cercanas al 12%.

A estos ingresos hay que sumar las dietas por asistencias a Asambleas (dos al año más las extraordinarias), los Consejos de Administración (en 2011 se celebraron 21) y la Comisión de Control cada 15 días. Por acudir a cada una de estas reuniones y levantar la mano o aplaudir cada asistente se lleva al bolsillo unos 300 euros en las Comisiones de Control y en el Consejo y unos 540 euros en las Asambleas Generales, lo que hace comprensible que, por ejemplo, en 2011, sus integrantes acudieran en masa a estos órganos superando siempre el 90% de asistencia. Desde el pasado año Menéndez es presidente y consejero delegado de Liberbank, que es ahora la nueva entidad y que, según fuentes de la Cajastur, es quien paga las nóminas. Muchos de sus miembros directivos acuden tanto a las reuniones de la entidad asturiana como a las de Liberbank, por lo que habría que sumar también esos ingresos.

El alto nivel de emolumentos del presidente de Liberbank se puede ver en su hipoteca. Por su chalé en el concejo de Siero, que le costó un millón de euros, Menéndez paga al mes entre 4.000 y 5.000 euros, según se puede constatar en el informe de Gobierno corporativo de 2008, en donde aparece la petición de dicho crédito a 20 años por un importe de 980.000 euros.

Desde el gabinete de comunicación de la entidad asturiana no quisieron concretar la cifra exacta que cobra su presidente, alegando que la ley no les obliga a ello y que no quieren entrar en debates públicos sobre una cuestión que no consideran de interés general. Además incidieron en que Cajastur no es una entidad pública sino privada y que por lo tanto sus directivos no tienen por qué hacer públicos sus ingresos. Efectivamente, Cajastur es una entidad privada aunque nadie duda de su carácter público si se tiene en cuenta que en su Consejo de Administración la mayoría de sus representantes son políticos y por tanto, representantes de los ciudadanos. Se olvidan también de que el artículo 1 de sus estatutos recoge que la Caja de Ahorros de Asturias es una entidad de crédito “sin ánimo de lucro”.

De hucha del pueblo a banco de tiburones

¿Se puede permitir una entidad pública tales sueldos? Al parecer sí. Sesenta y siete años después de su fundación Cajastur o Caja de Ahorros de Asturias ya no es la hucha del pueblo, aquella entidad pública de objetivos netamente sociales. Su carácter benéfico ha dado paso en los últimos tiempos a un negocio integrado por tiburones financieros, empresarios, políticos “aparcados” a los que se les debía algún favor y jefes sindicales. Ya no prima el ahorro, ni la Obra Social, ni la ayuda al emprendedor, elementos “históricos o fundacionales”, conceptos poco modernos para un mundo que se mueve a golpe de prima de riesgos, de grandes especuladores y de banqueros sin escrúpulos.

De hecho ya se anuncia la liquidación de la Obra Cultural y es muy probable que en poco tiempo veamos desaparecer la Social, para la que ya se han anunciado recortes, tal como recoge el espíritu del Memorandum de Entendimiento sobre el Sector Financiero, un pacto del sistema bancario que persigue el fin de las cajas populares. La fiebre de las fusiones bancarias está consiguiendo que se reduzca al mínimo la parte social de las cajas en aras de la rentabilidad y la usura. Es el precio a pagar para que muchas Cajas cumplan las exigencias de solvencia del Banco de España.

La minimización o la desaparición de la Obra Social tendrá una incidencia importante no solo en recorte de puestos de trabajo sino también en actividades culturales y educativas, además de en la conservación del tan maltratado patrimonio histórico asturiano.

Las Cajas de Ahorros dirigen hasta un 50% de sus beneficios de cada año hacia la Obra Social, si bien durante los últimos años se ha situado en un 20%,  que se ha ido reduciendo debido a la crisis. La cifra desviada en 2009, el último ejercicio del que existen datos, llegó a los 1.775 millones de euros. Aunque ya en 2010 dicha cifra se rebajó hasta 1.400 millones de euros, según la Confederación Española de Cajas de Ahorros (CECA). Además, con los actuales Sistemas Institucionales de Protección (SIP), las Cajas pasan a ser accionistas del banco, lo que les imposibilitará poder cumplir con la Obra Social, según los expertos, ya que habrá que repartir dividendos.

Un ejemplo de esa evolución que va a culminar con la “privatización” de la antigua Caja de Ahorros se puede ver ante la puerta del edificio principal de esta entidad asturiana. Allí acampó dos meses el emigrante ecuatoriano Jorge Cordero, que mantuvo una huelga de hambre 64 días y al que Cajastur ha echado de su casa por no poder pagar la hipoteca. La entidad ha actuado con frialdad y al margen de cualquier consideración humanitaria y ello a pesar de que Liberbank, el banco participado por Cajastur, acaba de lanzar al mercado una oferta de cerca de 2.700 inmuebles para reducir su cartera de “activos adjudicados”, denominación técnica que se da a los pisos, terrenos, locales y otras posesiones que las entidades financieras acumulan por impagos de clientes, a menudo promotores. En una primera fase de la operación, el grupo ofrecerá en Asturias más de un millar de propiedades, en su mayoría viviendas, con descuentos medios del 30% en los precios.

El 15-M y Stop Deshaucios atacaron duramente este frío e inflexible proceder. Haciéndose eco de una sentencia judicial del propio Cordero, estos colectivos también criticaron con dureza al ex concejal ovetense del PP y posteriormente de Foro Asturias José Suárez Arias-Cachero Felechosa, que forma parte aún de la Asamblea de Cajastur. El desahuciado lo vincula con San Pedro Asociados, una empresa que le debe 4.976 euros, según reconoce la sentencia. Cordero también reclama dinero por impagos a otras dos empresas, hasta totalizar una deuda de 108.000 euros. Felechosa, con quien esta revista intentó hablar sin éxito, niega esa versión y también ha acudido a los tribunales por un supuesto delito contra su honor.

Sin lugar para el sentimentalismo

Eficacia, trabajo, gestión y frialdad es el lema actual de Manuel Menéndez. El sentimentalismo o la empatía no es cosa de banqueros ni tampoco entrar en las provocaciones de perroflautas y radicales. Mirada impasible, paso firme y un gesto marcial y soberbio, no exento de cierta chulería frente a los gritos de manifestantes del 15-M y Stop Desahucios apostados ante la sede de la entidad arropando a Jorge Cordero, cuando en julio se reunía el Consejo de Administración. Menéndez podía haber evitado la escena accediendo al banco por otro camino, como el resto de los consejeros, pero, desafiante, lo hace ante el ecuatoriano y los manifestantes que lo apoyan en su petición de dación de pago. Es el modelo del nuevo gestor. Ante algún consejero Menéndez justificó la inflexibilidad frente a Cordero en la existencia de otros muchos casos similares que pasan desapercibidos. Tampoco está dispuesto a dar muestras de debilidad frente a la contestación social. Otra cosa es que esa actitud pueda tener importantes costes de imagen para una entidad que, hasta no hace mucho, tenía “buena prensa” entre los asturianos. De hecho, muchos clientes se han sumado a la campaña de retirada de fondos de Cajastur tras el “Caso Cordero” y a mediados de agosto la cantidad ya sumaba más de 217.000 euros, el doble de lo que el banco le reclama al ecuatoriano.

Manuel Menéndez Menéndez gana más de 50.000 euros al mes solo en Cajastur (ahora Liberbank). Nadie pone en duda que ha trabajado duro para conseguir esta posición y es hombre que no se achica ante nada ni nadie. Se siente merecedor de su puesto y de su sueldo y nadie podrá reprocharle nunca que se lo ha ganado con su sudor. A Manuel Menéndez le inculcaron valores como el trabajo y el esfuerzo. Nació en 1959 en Ovanes, un pequeño pueblo del concejo asturiano de Salas en el seno de una familia campesina. Llegó a la presidencia de Cajastur en febrero de 1995 desde la sociedad de garantía recíproca Asturgar. Tenía treinta y cinco años. Cinco después, se vio envuelto en la batalla política que desencadenó la aplicación de la Ley de Cajas y fue apartado del cargo en lo que se conoció como decretazo del presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces. Unos meses después, una alianza entre el PSOE (sector SOMA, enfrentado a Areces) y el PP le devuelve la presidencia. Comenzaba la nueva etapa, hoy consolidada, la de las altas finanzas frente a la caja popular. Su ascenso desde entonces parece imparable y hoy se ha convertido en uno de los altos ejecutivos más poderosos de Asturias y de los más temidos y respetados de España.

Dicen los sesudos analistas económicos de los principales diarios que bajo su gestión la Caja se colocó en los puestos de cabeza del ranking por eficiencia y rentabilidad. Bien posicionado desde la antigua Caja de Ahorros, poco le faltaba a Menéndez para saltar como una chispa al poderoso emporio eléctrico de HC Energía en 2001. Su gestión favorece su venta a la portuguesa EDP, en un movimiento clásico de las altas finanzas y del capitalismo global en donde lo local solo es importante si contribuye a aumentar el margen de beneficios. Comienza a marcar estilo.

Consigue luego, dando muestras de una agresividad comercial digna del mejor neoliberal pero sin despeinarse, vencer a Iberdrola en la privatización de la empresa del País Vasco Naturgas, principal operador gasístico del Cantábrico. Así va tallándose su imagen oficial: un profesional serio y conciliador, que tiene claro hasta dónde es capaz de llegar y que, para conseguir sus objetivos, propiciará acuerdos. Un hombre tranquilo, casi inmutable, que pisa firme y toma decisiones muy meditadas. Trabajador, austero, parco, silencioso, frugal, de escasa vida social… La otra imagen, la de puertas adentro, es diferente: desconfiado, vengativo, escurridizo, con muchas fobias y muy autoritario. Así lo ven al menos muchos trabajadores de la empresa que él preside con mano de hierro.

La cima: Liberbank

El ascenso de Menéndez alcanza su cima el pasado año, al hacer posible la constitución de un banco nacional, Liberbank, a partir de la fusión de Cajastur con Caja de Extremadura y Caja Cantabria y del que es presidente y consejero delegado. ¿Objetivos benéfico-sociales? No, el negocio financiero puro y duro para el que es ya séptimo banco del país.

Pero el hijo de campesinos hecho a sí mismo no se va detener aquí. Trabajó mucho, sigue luchando y por eso gana. El emigrante Jorge Cordero también trabajó mucho toda su vida. De origen humilde, como Menéndez, puso en marcha una empresa de transportes, fue emprendedor, como quieren los gobernantes españoles, pero algunos de sus proveedores dejaron de pagarle y no pudo hacer frente a su préstamo hipotecario de 119.000 euros, la cantidad que gana en menos de dos meses Manuel Menéndez. Cordero también está seguro de sí mismo y, como el presidente de Cajastur, es firme en sus planteamientos y algo más valiente en su lucha, ya que arriesgó su propia vida. En la cultura anglosajona que tanto gusta a los nuevos gestores de Cajastur Menéndez sería el triunfador y Cordero el perdedor. Cara y cruz de Cajastur.

Manuel Menendez vuela hoy alto y se codea con empresarios y políticos triunfadores como él, si es que tal calificativo es apropiado o políticamente correcto en un momento como el actual en el que la mala gestión de banqueros y políticos está llevando a España a la ruina. Durante dos meses, cuando entraba a diario a la oficina principal (y suele ser el primero en llegar) y se cruzaba con un cada vez más debilitado Jorge Cordero, no se le mudaba el gesto. Cuando le agreden verbalmente o le “cacerolean” los perroflautas no se inmuta y sigue a paso firme. Es valiente, quizás porque tiene la certeza de haber hecho lo correcto, quizás porque se siente seguro de su excelente condición física, que demuestra practicando deporte.

A sus cincuenta y dos años y el mismo juvenil aspecto de siempre, Manuel Menéndez Menéndez gana posiblemente mucho más de 600.000 euros al año y es uno de los banqueros más importantes del país. Y lo es por ser un hombre de acción y no solo un teórico de las finanzas desde su antigua cátedra de Administración de Empresas y Contabilidad de la Universidad de Oviedo. Sus tesis doctorales sobre la eficiencia de las entidades de crédito y el control de gasto se hacen realidad en su día a día como alto financiero.

400.000 euros en reuniones

Manuel Menéndez fue aupado a la presidencia de Cajastur por Antonio Trevín y por José Ángel Fernández Villa en 1995. Pero a pesar de esta etapa neoliberal de la entidad asturiana que busca la profesionalidad y a los tecnócratas antes que a los políticos, no ha podido eludir su presencia y, lejos de tal cosa, la ha promocionado. Durante sucesivos Gobiernos se intentó reducir el control político en las Cajas de Ahorro. En Asturias se hizo al revés y de tener 200 integrantes la Asamblea General pasó a 300. También aumentaron progresivamente los integrantes de su Consejo de Administración, pasando a tener 30, mientras que en otras Cajas como La Caixa, que tiene 24.000 empleados frente a los 1.300 de Cajastur, tan solo hay 21 consejeros y 150 miembros de la Asamblea General.

Cada reunión del Consejo de Administración, Asamblea o Comisión de Control supone un ingreso de entre 300 y 540 euros para sus integrantes, que además pueden cobrar por otro lado si tienen la suerte de ser nombrados representantes de Cajastur en otras empresas participadas por la entidad, como CAPSA o CASER. Para el sindicato CSI se está produciendo un auténtico “saqueo” a las Cajas de Ahorro que con tanto esfuerzo pusieron hace años los ciudadanos en marcha y que hoy es una red de colocación para pagar favores políticos o sindicales. En 2011 la entidad asturiana pagó por asistencia a reuniones más de 400.000 euros: 6.300 euros a sus consejeros, al menos 300.000 euros a los miembros de la Asamblea General y unos 100.000 a los integrantes de la Comisión de Control.

Quiénes son y cuánto cobran

El Consejo de Administración de Cajastur está formado, de forma mayoritaria, por personas que nada tienen que ver con la gestión bancaria. Son políticos a los que sus partidos les han colocado allí para pagar servicios o bien para controlar. No obstante,  según han señalado a esta revista algunos consejeros, su función consiste en levantar la mano ya que casi todo se aprueba a la búlgara y viene bien mascado desde la alta dirección. ATLÁNTICA XXII ha comprobado, a través de los diferentes informes corporativos publicados, que muchos de estos consejeros y otros que les precedieron han utilizado a la Caja para pedir préstamos personales, hipotecas y tarjetas en magníficas condiciones. Son cantidades considerables, en algunos casos muy abultadas,  que se negarían probablemente a la mayoría de los ciudadanos con ingresos medios. Publicamos aquí los representantes del Consejo de Administración vinculados a la actividad política, dejando fuera a los representantes de impositores y empleados.

Santiago Martínez Argüelles: Hombre de confianza de la ex alcaldesa del PSOE Paz Fernández Felgueroso, candidato a alcalde por este partido en las últimas elecciones municipales en Gijón y ahora su portavoz municipal. Es vicepresidente de la Caja de Asturias y tiene dietas por asistencia a las reuniones del Consejo de Administración en representación del Ayuntamiento de Gijón y que no superaron los 10.000 euros durante el año 2011.

Víctor Roza: Es secretario del Consejo y un hombre vinculado al mundo de los negocios de la familia Masaveu más que al entorno político (ver ATLÁNTICA XXII número 19). Su perfil es más tecnócrata y probablemente sea, con su presidente, de los que más cobran en Cajastur, al estar también en el Consejo de Liberbank (secretario). Ha pedido numerosos créditos hipotecarios y personales a Cajastur.

José Ramón García Cañal: Dirigente histórico del PP.

Luis Crego Lorenzo: Secretario general del PP en Gijón.

Daniel Gancedo Ruiz: Ex alcalde de Colunga del PP.

José Manuel Agüera Sirgo: Representante de IU y catedrático de la Universidad de León, ya jubilado. Desde 2009 ha obtenido 550.000 euros de Cajastur mediante préstamos personales e hipotecarios.

Francisco José Villaverde Suárez: Secretario de acción electoral del PSOE gijonés, arecista y gerente de la empresa pública Serpa.

Margarita Vega: Concejal y portavoz de Economía del PSOE en el Ayuntamiento de Oviedo.

Pilar Valera Díaz: Alcaldesa de Avilés (PSOE).

Paloma Sáinz: Miembro importante del PSOE de Oviedo, hoy en segunda línea. Fue cabeza de lista en varios comicios locales por este partido y concejala en el Ayuntamiento de Oviedo.

Luis María García García: Fue alcalde durante varias legislaturas por el PSOE de Mieres y presidente del Consorcio Comarcal de la Montaña Central, pasando hoy a un segundo plano de la política. Pidió prestados a la Caja hasta 220.000 euros entre créditos hipotecarios y personales.

Juan José Corrales: Ex alcalde de Siero (PSOE), defenestrado por su partido de la primera línea de la política tras un accidente automovilístico que padeció tras una juerga nocturna. Ha pedido 230.000 euros a Cajastur en créditos personales e hipotecarios.

Ángel Calvo Cuesta: Es secretario de administración de la Agrupación Socialista de Gijón, fue director desde 1987 de las escuelas taller y escuelas de oficios de Gijón y responsable del área municipal de Medio Ambiente, entre otros cargos.

Paulino Javier Cuesta: Entró a propuesta del PP. Es presidente del cluster de la innovación del sector la construcción y ex director general de Alimerka y de la Cámara de Comercio de Oviedo.

LIBERBANK

Agustín Iglesias Caunedo: Alcalde del PP en Oviedo y vocal del Consejo de Administración de Liberbank. Fue siempre un hombre de Gabino de Lorenzo, aunque ahora están distanciados. En 2009 ganó 47.000 euros como consejero de Cajastur.

Felipe Fernández Fernández: Un hombre siempre vinculado a Manuel Menéndez (que fue su profesor en la Universidad) siendo director ejecutivo y adjunto a la presidencia de Cajastur. Ha dado ahora el salto a Liberbank, como vocal del Consejo de Administración. Fue consejero en los primeros Gobiernos del Principado, con Pedro de Silva y Juan Luis Rodríguez-Vigil, ambos del PSOE. Posteriormente estuvo siempre ligado a empresas o sociedades de carácter público. Cobra más de 250.000 euros al año.

Jesús Ruano: Un tecnócrata también de la máxima confianza de Menéndez, que llegó a trabajar hasta para los mismísimos Rothschild. Entra también en el Consejo de Liberbank. Desde 2005 fue director del área de empresas de Cajastur.

Se llevan hasta la cultura

Luis Feás

La noticia de que Cajastur ha decidido suprimir la Obra Cultural y que su Obra Social sufrirá un duro recorte de fondos no supone ninguna novedad, pues era algo que se podía prever desde el inicio de su privatización como Liberbank, en un proceso impuesto por el real-decreto del anterior Gobierno socialista en 2010 que dejaba abierta la posibilidad de que los nuevos bancos surgidos de la fusión de Cajas de Ahorros redujeran significativamente sus aportaciones dedicadas a las obras sociales y culturales.

El modelo de las Cajas de Ahorro, en las que los beneficios bancarios se dedicaban a fines sociales y culturales, era perfecto. El problema, como siempre, ha sido la intromisión de partidos políticos y sindicatos y su avaricia, que ha dejado enormes agujeros en entidades que por lo demás funcionaban correctamente. La excusa que han puesto desde la entidad bancaria asturiana es que la actual normativa legal que impide a las entidades financieras repartir dividendos hasta el año 2015 impone un recorte drástico en las prestaciones sociales y culturales, pero lo cierto es que se trata de un nuevo caso de rapto de lo público. Según ellos, están obligados a “recapitalizarse”, lo que no significa otra cosa que mantener los sueldos y las prebendas de quienes la gobiernan.

Si la razón alegada por Cajastur es real, ¿por qué puede “centrar todos sus esfuerzos en la parte social” -de todas maneras seriamente mermada- y no en la cultural? La respuesta es muy sencilla: por demagogia y por ignorancia, para hacernos elegir entre alimentar el espíritu o alimentar el cuerpo y eludir su responsabilidad en el ámbito de la cultura, que ha sido ejemplar durante cincuenta años y solo con el nombramiento del tecnócrata Manuel Menéndez al frente de Cajastur inició su ciclo descendente, ahora definitivamente desplomado. Más bajo no se puede llegar.

La decisión supone un mazazo para la cultura asturiana, que difícilmente podrá recuperarse de un recorte de 11 millones de euros, y una traición para los clientes de la institución bancaria, que sin comerlo ni beberlo han visto cómo los beneficios aportados por sus ahorros e hipotecas ya no van a parar a fines de interés común sino directamente al bolsillo de sus directivos.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 22, SEPTIEMBRE DE 2012

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