Libros al peso como arma de combate (cultural)

En La Casquería los libros se venden al peso. Foto / Isabel Permuy.

En La Casquería los libros se venden al peso. Foto / Isabel Permuy.

Por Sergio C. Fanjul / Periodista. A comienzos de esta crisis rampante, allá por 2008, los libreros y editores alemanes se dieron cuenta de que los lectores estaban regresando a la lectura del viejo Karl Marx. “Marx está de nuevo de moda”, afirmó Jörn Schütrumpf, director de la editorial berlinesa Karl-Dietz, que publica las obras de Marx y Engels en alemán. Lo achacaba a una nueva generación que se había percatado de que las promesas neoliberales de felicidad se habían tornado falsas y que volvía, sobre todo, a la lectura del primer tomo de El Capital. Y no solo leían: la tumba de Marx, en el cementerio londinense de Highgate, recibía cada vez más flores debajo del imponente busto metálico y barbudo del filósofo, y de su epitafio y consigna: “Trabajadores del mundo, uníos”.

Porque un inofensivo libro, que parece dormir plácidamente en la estantería, puede ser una peligrosa arma contra lo establecido. De los libros, tan antiguos en la era digital, han salido las ideas que han cambiado el curso de la historia, para bien o para mal. Ya bien metidos en la harina del descalabro económico, los libros políticos y económicos en general, tanto de las editoriales combativas de siempre (como Virus, Traficantes de Sueños, Akal o La Felguera, por citar solo alguna) como de los grandes grupos que, dadas las circunstancias, tratan de sacar tajada de desastre (todo tipo de tratados económicos alternativos y títulos exclamaciones como ¡Actúa!, ¡Reacciona!, y así), parecen gozar de buena salud, aunque solo sea por su diversidad y proliferación. Son animados por el descrédito del estamento político, el sentimiento anticapitalista ante la crisis financiera, la necesidad de cambio y de regeneración democrática, como en otras épocas pretéritas lo fueron por el movimiento antiglobalización o el cambio climático.

Y como los libros se venden en las librerías (por el momento) también ganan notoriedad los establecimientos alternativos que se ocupan de estos temas, que se organizan de otra manera y que, además de despachar volúmenes, sirven muchas veces de punto de encuentro para aquellos implicados en el cambio social. Madrid es en esto un libro abierto.

Anarquismo literario

Traficantes de Sueños (c/Embajadores, 35) está en madrileño barrio de Lavapiés, ocupando el espacio de un antiguo taller de recambios mecánicos. Allí tienen librería, sala de actos, estudio de diseño y editorial, formando una cooperativa asamblearia de la que participan diez asalariados. “La vocación es servir a los movimientos sociales como aporte a los debates que se pueden estar dando en ese momento, por ejemplo, la privatización de la sanidad y la educación. Editamos o vendemos los textos de los autores que escriban sobre estos temas, procurando aportar todos los puntos de vista”, explica Óscar Muñoz. Dicen que se nota, dada la coyuntura económica y social, un mayor interés por parte de públicos cada vez más amplios ante estos temas. “En épocas de crecimiento y burbuja, cuando había dinero y no había tanto paro, estos temas pasaban mucho más desapercibidos”, continúa Muñoz, “pero ahora esto está tocando a capas cada vez más amplias de la sociedad. Ahora la gente ve que la política influye en sus vidas, se le plantean dudas y busca respuestas y alternativas”. No nos acordamos de Santa Bárbara hasta que truena.

Bibiana Alonso y Óscar Muñoz, del colectivo que gestiona Traficantes de Sueños, en la librería. Foto / Isabel Permuy.

Bibiana Alonso y Óscar Muñoz, del colectivo que gestiona Traficantes de Sueños, en la librería. Foto / Isabel Permuy.

Marx vuelve, pero también se formulan nuevas corrientes. “Sí, la gente desempolva los libros de marxismo”, dice Muñoz, “hay autores que proclamaban el fin de la historia y de las ideologías, la posmodernidad, y ahora, sin embargo, se están recuperando estos clásicos, pero también se están reformulando, se están creando nuevas teorías. Hay un aluvión de pensadores que tratan de dar alternativas a esta crisis, sacando del cajón lo que estaba olvidado y eso se nota”.

“Dicen que cuando se juntan tres anarquistas, nace un periódico”, explica Marcos Ponsa, de la librería anarquista Malatesta, situada unas calles más allá (c/Jesús y María, 24). “El movimiento anarquista siempre ha estado muy relacionado con la lectura, con la educación y la pedagogía libertaria”. Así que aquí tienen un montón de material, desde ensayo o biografía, a novela o cómic, pero todo relacionado con la idea rojinegra. Al fondo se vislumbra una pequeña sala de actos y uno no puede dejar de imaginarse al viejo librero anarquista de principios del siglo XX que imprimía panfletos clandestinos en la trastienda y daba clases de esperanto. “Pues nosotros también publicamos folletos, libros, y hemos dado cursos de esperanto”, puntualiza Ponsa. Los tiempos, en esta y en muchas otras cosas, no han cambiado tanto. ¿Hay muchos anarquistas por ahí sueltos? “Haberlos, haylos. Pero el movimiento está en proceso de reconstrucción: llevamos unos duros años de represión y bombardeo ideológico. Ahora aquí viene gente muy concienciada de toda la vida, pero también gente que, a partir del 15-M y demás, se ha dado cuenta de que los bancos son unos cabrones y se ha interesado en la anarquía”, concluye. Aunque, tal vez, lo que está en boga ahora es otro tipo de anarquismo, la desregulación total, el anarquismo de derechas, y tal vez se está volviendo a reivindicar la figura del Estado como regulador que dome a la bestia económica… “Bueno, eso no tiene nada que ver con el anarquismo, eso que llaman anarcoliberalismo o anarcocapitalismo. El Estado representa un statu quo, quizás lo que se reivindica es el llamado Estado del Bienestar”.

“Los tiempos siempre están maduros para estas cosas”, opina el italiano Pino Maio, de la librería y asociación cultural Enclave de Libros (c/Relatores, 16), “en la Italia de los 70 y los 80 había muchas pequeñas librerías de barrio que servían de filtro del conocimiento y punto de organización para resolver los problemas del barrio y suplir sus necesidades. Aunque tal vez la situación actual en España lo propicie mucho más”. Aquí, donde venden libros de todos los tipos, pero siempre siguiendo la cuerda de los promotores, también se editan textos de corte libertario. “España es uno de los países con una de las tradiciones anarquistas más arraigadas, como revela su historia”, dice Maio, “nosotros lo que intentamos es hacer evolucionar y actualizar el anarquismo clásico, entrecruzándolo con la antropología, la sociología y la filosofía, ofreciendo estudios más contemporáneos”.

¿Se ha generado un nuevo público? “Podríamos decir que hay más gente interesada porque se publica mucho más”, dice Maio, “existe mucho libro inmediato, que trata sobre la situación económica, la crisis del euro, la renta básica, la posteconomía, sobre cómo vivir sin empleo, cómo resistir en la red, etc. Y es normal que se publique más porque el ataque actual es muy fuerte. Y eso produce más público lector. Como siempre en esto hay oportunistas, porque en esta sociedad todo se vuelve publicitario, instantáneo, puro comercio. Pero hay gente, editoriales, que lo hacen por convencimiento”.

Al peso y gratis

En otro orden de cosas, existen otras librerías que aunque no sean políticas, tratan de hacer las cosas de otra manera. El Mercado de San Fernando, también en Lavapiés, es un mercado público en el que conviven los puestos tradicionales y otro número creciente de puestos que han abierto jóvenes del barrio y que podríamos definir como alternativos: hay fruterías ecológicas, cerveza artesanal, vino a granel o productos artesanales. Entre ellos está La Casquería, una librería de segunda mano, que ocupa el espacio que antes albergaba a una casquería y una pollería. El mármol del suelo es el que cubría las paredes y conservan los mostradores metálicos, y las balanzas. ¿Para qué las balanzas? Pues porque venden libros al peso: un kilo, diez euros. “Al ser libros de segunda mano, el criterio para poner el precio depende mucho de lo que a uno le guste”, explica Raquel Olózaga, “entonces decidimos elegir ese método, y dejar el criterio literario o el contenido al lector, y nosotros poner el precio al soporte, el papel, la tinta, etc. El contenido es de todos, cada uno puede elegir a Vargas Llosa o Corín Tellado, como quiera, por otro lado, está el tema ecológico, por cuanto más papel debería de incrementar más el precio. Además estamos en un mercado, consideramos que este es otro tipo de alimento (para el cerebro)”. Esta es una iniciativa de autoempleo, las seis personas que trabajan aquí reciben donaciones y ponen de nuevo en circulación los volúmenes.

Hace unos meses abrió con cierto revuelo mediático la librería Libros Libres (c/Covarrubias, 7). Y no era para menos el interés de la gente y los medios: esta es una librería gratuita. Ideada por la ONG Grupo 2013, aquí quieren desvincular la lectura de la economía, cada uno puede ir y coger el libro que quiera. Hay la posibilidad de colaborar económicamente, haciéndose socio por 12 euros al año. Con solo 365 socios, podrán asegurar su subsistencia. “Es un proyecto alejado de los vínculos económicos, puedes venir tengas dinero o no”, explica Alejando de León, uno de los promotores. “Queremos facilitar el acceso gratuito a la lectura y al cine [también tienen un videoclub en el que duerme un enorme oso panda de peluche]. Aquí los suscriptores no tienen ninguna ventaja sobre los no suscriptores. Los que no puedan permitirse pagar la suscripción, pueden venir igualmente”. También aquí se nutren de las donaciones de particulares y editoriales, y, tanto aquí como en La Casquería, no les falta material. Tal vez sea por esa idea tan arraigada, aunque algo absurda, de que un libro jamás se puede arrojar a la basura.

Deja un comentario