Listas de desesperación, negocio privado

Uno de los quirófanos del nuevo Hospital Central de Asturias.

Uno de los quirófanos del nuevo Hospital Central de Asturias.

Javier Fernández / Periodista. A mediados de abril la rodilla comenzó a darle problemas. Un derrame en el menisco provocó que se le inflamara y trajo consigo los fantasmas de una vieja lesión que, siguiendo las recomendaciones médicas, no se operó en su momento. Tras una visita a Urgencias, la persistencia de los dolores y las dificultades para caminar le empujaron a pasar por su médico de cabecera, que derivó su caso al hospital de Cabueñes. Recibió la baja médica pero las radiografías no permitían apreciar con claridad la gravedad de la dolencia y se hizo necesaria una resonancia magnética.

“De antemano ya me advirtieron de que tardarían meses en darme cita”, comenta el periodista gijonés Enrique Arenas, de 57 años. “Estaba hecho polvo”, preocupado por su rodilla y dispuesto a actuar cuanto antes para evitar complicaciones y males mayores: “Decidí hacerme la resonancia en otra parte y llevársela al especialista”. Pidió cita en el Centro Médico, cabecera de la sanidad privada en Asturias, y al día siguiente por la tarde se hizo la resonancia magnética y llevó los resultados al hospital público. No tuvo que pasar por el quirófano, pero el pasado diciembre las pruebas que ocho meses antes había necesitado su articulación le alcanzaron de nuevo. “Me dejaron un mensaje en el contestador informándome de que tenía cita en Cabueñes para hacerme la prueba el domingo siguiente”, comenta. Atravesó una red de centralitas y pasó de un teléfono a otro durante varios días hasta que finalmente consiguió ponerse en contacto con el personal de Radiología para comentarles que ya se había realizado la prueba: “Me costó trabajo avisarles”.

El caso de Enrique es uno más entre los miles que padecen los pacientes en Asturias, que con la crisis han comenzado a ver cómo los recortes laborales y presupuestarios afectan a su salud, desviando hacia la sanidad privada a quien puede pagársela. El de este gijonés es un tema menor comparado con el de pacientes a los que se les detecta un cáncer, por ejemplo, y optan por trasladarse al Hospital navarro del Opus Dei antes de someterse a las esperas que en la sanidad pública asturiana les acortan espectacularmente su esperanza de vida. El Gobierno asturiano presume de estar al margen de los recortes en sanidad de otras Autonomías, como Madrid o Cataluña, pero miente al negar que no los aplique, como demuestra la espectacular subida de las listas de espera, de las que no es solamente responsable la última huelga de médicos.

El pasado mes de septiembre, según datos del propio Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa), había 6.485 asturianos pendientes de hacerse una resonancia magnética, de los que 1.434 llevaban esperando más de 60 días. Quienes necesitan otras pruebas diagnósticas se encontraban en una situación similar. 4.584 personas (1.451 de ellas durante más de 60 días) aguardaban su turno para realizarse una tomografía axial computerizada (TAC) y otras 5.018 (2.731 durante más de 60 días) hacían cola para afrontar procedimientos endoscópicos. Un problema que también sufren las consultas. En septiembre había 69.640 asturianos a la espera de que un cardiólogo, un traumatólogo o un alergólogo, por ejemplo, examinasen sus problemas de salud. 14.143 aún no habían recibido citación después de casi dos meses. Estas cifras son aún peores de las que publicó el Sespa en enero de 2013, después de que los médicos pusiesen fin a la huelga que había comenzado el 8 de octubre. En los nueve meses siguientes, la sanidad asturiana no ha logrado ponerse al corriente con las consultas que necesitan los ciudadanos. Y cada vez son más los que, si pueden, deciden recurrir a servicios privados con el objetivo de conocer con exactitud y cuanto antes qué problema tienen y cuál es la gravedad del asunto.

Estas no son las únicas carencias del sistema público que empujan a los ciudadanos a los servicios privados. La madre de Enrique, Isabel, de 90 años, tuvo un infarto cerebral en agosto de 2011 que paralizó una parte de su cuerpo. De Cabueñes pasó al Hospital de la Cruz Roja de Gijón, vinculado a la red pública, donde recibió rehabilitación y terminó de recuperarse. Su familia pidió que siguiera realizando actividades para recobrar la forma que tenía antes del infarto, pero “nos dijeron que no tenían ambulancia para trasladarla, así que la llevamos a un centro de día. Ahora está en una silla de ruedas pero bien. Si llegamos a esperar a que la aceptasen en Cabueñes… ¡íbamos daos!”.

Aunque sí ha habido mejoras desde el final del conflicto médico en este apartado, la friolera de 18.382 asturianos estaban pendientes de una operación quirúrgica al acabar noviembre (en enero eran 21.848). La demora media era de 66 días pero el tiempo máximo de espera de un paciente alcanzaba los 365 días, todo un año. En sus calendarios, 12.989 personas ya habían tachado 90 días a la espera de entrar en el quirófano, otros 5.179 habían pasado el rotulador a entre 91 y 180 días y otros 214 se desesperaban tras aguardar entre 181 y 365 días.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 30, ENERO DE 2014

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