“Los denunció una vecina”, dice un hijo de Emeterio García

Francisco García, hijo de Emeterio, en su casa en Avilés. Foto / Sergio López.

Francisco Petit / Periodista.

Emeterio García Rodríguez, asesinado en 1938, tuvo ocho hijos, siete hombres y una mujer, a día de hoy aún sobreviven tres, de los cuales dos residen en Avilés, Paco y ‘Nano’. Este ultimó recuerda poco de lo acontecido con su padre en la Guerra Civil porque era muy pequeño, pero Paco, a sus 88 años, todavía conserva muchos recuerdos de su progenitor y de la tormentosa época que le toco vivir: «La última vez que vi a mi padre vivo fue en el verano de 1937, llegó a casa de noche y le dijo a mi madre que venía solamente para quemar todo lo que nos pudiera comprometer, hizo en el patio de la casa una hoguera y quemó todos los libros y documentos que pudieran resultar peligrosos para la familia, por si la Guardia Civil los encontraba».

Emeterio tenía un despacho en casa donde se reunía habitualmente con algunos miembros del Partido Comunista, como Trabanco o los gaiteros de Villa, rememora su hijo. A partir de ahí Paco recuerda que la Benemérita y la Falange acudían todas las semanas a su casa de la calle de La Magdalena en búsqueda de Emeterio. «Registraban la casa, miraban las carboneras, los armarios, tiraban los colchones al alto preguntado dónde estaba mi padre, todo ello aderezado con alguna bofetada cuando no obtenían respuesta a las preguntas sobre su paradero».

Cuenta Paco que cuando su padre tuvo que huir del horno de la fábrica de ácidos de San Juan, una vez descubierto, escapó junto con Rosón gracias a “Celesto el barquero”, que los pasó en una lancha de San Juan a Xagó, desde donde Emeterio siguió camino hacia Arlós, en el municipio de Llanera. «El hermano de mi padre, Francisco, estaba casado en Vendón (Arlós) y allí estuvieron resguardados en dos cuevas, en la primera apenas pasaron dos o tres noches por la existencia de culebras y se cambiaron a otra en Pín del Monte, donde estuvieron, según me contó mi tía Covadonga, hasta que una vecina del pueblo que los veía salir a la fuente a lavarse los denuncio a la Guardia Civil y por eso los encontraron. Un cabo de los municipales de Avilés, que era de la zona, fue el guía que utilizaron para llegar hasta su escondite».

Sobre lo que paso allí, Paco dice que «está claro que hubo un tiroteo, pero hay versiones distintas sobre cómo se produjo su muerte, aunque creo que la más probable sea que se dispararan entre ellos antes de que los cogieran vivos». Después de la muerte de su padre, Paco señala que la familia consiguió salir adelante en parte gracias al apoyo de los vecinos de La Magdalena, donde vivían. «Mi padre tenía amistades de derecha y de izquierda, lo quería todo el mundo, para él no había diferencia por ideología. Por eso muchos vecinos nos ayudaron cuando él ya no estaba».

Quizás todo esta historia pudo haber cambiado ya que a Emeterio le pilló el comienzo de la Guerra Civil en Madrid, donde había asistido a una reunión del PCE y entonces le propusieron marchar evacuado con toda su familia fuera de España. Pero no quiso, dice Paco, porque aseguraba que no había hecho nada por lo que tuviera que temer.

En 2010 Izquierda Unida de Avilés instituyó el Premio Emeterio García en homenaje a su lucha por mejorar las condiciones de vida y los derechos de la clase trabajadora.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 49, MARZO DE 2017

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