Los escraches, un derecho ciudadano (Carta abierta al eurodiputado del PSOE Antonio Masip)

Los escraches se han puesto de moda, pero llegaron con la crisis. Este fue uno espontáneo cuando, hace casi un año, el presidente de Cajastur y Liberbank, Manuel Menéndez, pasó frente a un desahuciado por su propio banco en huelga de hambre en Oviedo. Foto / Jesús Díaz.

Los escraches se han puesto de moda, pero llegaron con la crisis. Este fue uno espontáneo cuando, hace casi un año, el presidente de Cajastur y Liberbank, Manuel Menéndez, pasó frente a un desahuciado por su propio banco en huelga de hambre en Oviedo. Foto / Jesús Díaz.

De Jaime Rodríguez / Periodista.

Estimado Antonio:

Señor eurodiputado. Si le molesta que la gente proteste frente a las casas de sus compañeros de profesión, lo entiendo. A mí tampoco me gustaría. Pero si hubiera acudido a presenciar un desahucio, entendería que es infinitamente más molesto. Vivimos rodeados de abundancia, pero hay miles de personas en situación límite, sin tener qué comer, en paro, con deudas y, ahora, encima sin casa. Lamento no ser políticamente correcto. Mi compromiso y la situación excepcional que estamos viviendo no me lo permite. Permítame decir que no puedo comprender cómo escribió recientemente un relato tan incongruente e inexplicable titulado “No al escrache”, en su blog Antonio Masip en Europa.

En un principio, me gustaría decir que a su artículo le faltan palabras. Unas palabras que situarían el conflicto en toda su dimensión y no de una forma aislada y burda.

Como usted bien sabe, o eso espero, nos han jodido la vida, rebajado los sueldos, esquilmado las pensiones, retirado el subsidio del paro y condenado a trabajar a perpetuidad para tranquilizar a los mercados. Que sus asesores en materia económica le expliquen detalladamente que, en medio de esta crisis económica generada por la voracidad especulativa de los mercados y por la renuncia del Estado a controlar los vaivenes del dinero, ningún banco ha dejado de ganar, ninguna sociedad multinacional ha dejado de ganar, y hasta los economistas más ortodoxos de la teoría de mercado concuerdan en que el principal síntoma de la crisis es que los bancos y las empresas multinacionales ganan menos, pero en ningún caso han dejado de ganar.

Sin embargo, estas mismas instituciones financieras siguen presionando al ciudadano desprotegido y más vulnerable para que abandone su vivienda habitual y pague una deuda perpetua derivada de un procedimiento ilegal. Usted sabe que el marco legal que regula los impagos de hipotecas condena a familias insolventes a la exclusión social y les deja sin margen para rehacer sus vidas ni horizonte alguno de recuperación. Y, fíjese, ya son más de 119 suicidios en un año.

Entre tanto, mientras se desarrolla el espectáculo de las protestas y los encantamientos virtuosos, la destrucción del entorno continúa: máximo de llamadas a la defensa de la clase política, mínimo de acciones públicas. Como buen amante de la literatura que es usted, recuerde la maravillosa fábula de George Orwell Rebelión en la granja, y cómo los cerdos acabaron convirtiéndose en aquello contra lo que luchaban.

Tengo que confesar que su opinión me ha dado mucho que pensar… Ahora me doy cuenta del boicot que se lleva cualquier ciudadano que trate de discutir en profundidad cualquier cuestión importante. Puede que le resulte molesto a nuestros representantes políticos el escrache, pero no debemos olvidar que sois los responsables del descontento ciudadano al ser incapaces de tomar medidas para proteger a los más necesitados. Por ello,confundir a unos ciudadanos pacíficos que utilizan la rima, el ruido de unos silbatos comprados en una tienda de todo a cien, y algún trozo de cartón o folio pintado a rotulador con organizaciones o grupos extremistas es pauperizar el debate.

El debate no deberíamos situarlo en que si a usted le han quemado el coche un grupo de extremistas en los años ochenta, situación repudiable cien por cien. La agenda política tendría que estar intentando reparar todo el daño que se le está haciendo a familias enteras cuando nuestros agentes judiciales y nuestros guardias de la porra les ponen los colchones en la calle. Cargos electos, como usted, deberían estar trabajando todo el día en conseguir una reforma legal que dote de sensatez y ecuanimidad la regulación del procedimiento.

Ya que usted es parlamentario europeo, le recuerdo que el panorama legislativo español dista mucho del que existe en otros países europeos como Inglaterra, Francia, Alemania y Portugal. En Francia, la Ley Neiertz de 1989 faculta por vía ejecutiva la imposición de condiciones de negociación entre entidades bancarias y particulares. Y posteriormente, en 2003, la Ley de la segunda oportunidad prevé la condonación judicial de las deudas a personas físicas mediante la liquidación del patrimonio. En Inglaterra se regula la dación en pago, esto es, la posibilidad de que el hipotecado se libere de su deuda entregando el inmueble en cuestión. En Alemania y Portugal, por fin, se contempla un proceso de negociación que puede conducir a la condonación parcial de la deuda, cuando se trate de “deudores de buena fe”. ¿Qué le parece? ¿Sigue pensando lo mismo?

Por último, le sugiero unos minutos de calma, de serenidad, para pensar y poder reflexionar profundamente sobre los textos que escribe en su blog. Piense que son más de 119 suicidios en un año y que esa gente que queda sin vivienda en alguna ocasión también se queda sin hijos que pasan a depender del Estado. No se pueden consentir más desalojos y no se pueden considerar ilegítimos estos movimientos de protesta social que lo único que pretenden es llamar la atención de nuestros representantes políticos, para hacerles ver que tienen que legislar defendiendo a todos por igual y no siempre a los mismos. En definitiva, los escraches constituyen un derecho ciudadano amparado por la libertad de expresión, y lo demás son interpretaciones partidistas e interesadas de la realidad, no confundamos a la opinión pública. Nada es más importante que la vida y la dignidad humana.

Señor eurodiputado, nunca es tarde para rectificar. Baje a la calle y hable con la gente. No tema los escraches. Haga justicia y detenga estos abusos. Hay vidas en juego, no se puede esperar más.

Sin más reciba un cordial saludo

J. R.

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