Los medios catalanes y el independentismo

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Los medios de comunicación catalanes también han tomado partido por el debate independentista

El papel de los medios de comunicación catalanes en el auge del independentismo es esencial para comprender ese fenómeno y sin embargo pasa bastante desapercibido, precisamente por el gremialismo de los periodistas y por los intereses de sus empresas. Y hablar de este tema sin tapujos es aludir a La Vanguardia, cuyo giro en favor de las posiciones secesionistas de Convergencia y Unió es evidente en los últimos años. Lo que no es novedad es la complacencia del primer periódico de Cataluña con el gobierno de turno, una de sus características a lo largo de su dilatada historia y algo que no oculta su dueño, el conde de Godó.

ATLÁNTICA XXII se ocupó de ello en el número 23 de la revista, que
apareció en el pasado mes de noviembre, en un documentado artículo de
Steven Forti, historiador, analista político y  colaborador de esta
publicación. Lo reproducimos a continuación.

¿De La Vanguardia Española a La Vanguarda Catalana?

El rotativo del grupo Godó y el poder político en Cataluña

 

Steven Forti / Historiador.

Hablando de periodismo y cuestión catalana, un agudo observador comentó: “Si la prensa española está vendida, la catalana está de saldo”. El caso de La Vanguardia, el periódico fundado por los hermanos Carlos y Bartolomé Godó en Barcelona en 1881, es sin duda el más interesante. Y no solo por su importancia y su presencia en la sociedad catalana, sino también por la deriva de gran parte del periodismo catalán y español. Basta con hojear el rotativo barcelonés en los últimos meses para darse cuenta de cómo su línea editorial sigue impecablemente la línea política del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Al climax se ha llegado en los días comprendidos entre la multitudinaria manifestación de la Diadadel 11 de septiembre y la convocatoria de nuevas elecciones decidida el 28 de septiembre, pasando por el encuentro entre Artur Mas y Mariano Rajoy del día 20. Un encuentro que se ha considerado como algo épico y de una “trascendencia histórica”.

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La línea editorial de La Vanguardia sigue impecablemente la línea política del Gobierno de la Generalitat de Cataluña

Jordi Barbeta, redactor jefe de política de La Vanguardia, acompañó a Artur Mas y su equipo en el viaje a Madrid. Su reportaje, titulado “El viaje a lo desconocido” y publicado el 22 de septiembre, es la mejor muestra de este especial entreguismo al actual Gobierno de la Generalitat de Cataluña por parte del periódico. La hagiografía del president se convierte casi en un reportaje satírico al mejor estilo de Mongolia, cuando Barbeta nos explica que Mas “suele viajar en clase turista” y que a diferencia de los presidentes de Gobierno del planeta arrastra “personalmente su propia maleta” porque “evita cualquier signo de majestuosidad a su alrededor”. O cuando detalla los gustos alimenticios de Mas: nada de natillas en la cena, desayuno frugal solo de fruta, nada de ajo en las comidas para no apestar y nada de café, ni de tabaco (pero “sigue comiéndose las uñas”). O que la única conversación que mantuvo en el tren, en medio de aburridas carpetas con planes económicos, fue con su madre. En el viaje de vuelta, explica Barbeta, Mas “perdió el mundo de vista durante unos minutos” antes del baño de masas en la plaza Sant Jaume con su esposa Helena, que lo espera, lo besa y lo abraza. Impagable. Como la entrevista hecha por el mismo Barbeta a Artur Mas y publicada el 12 de octubre o la absurda comparación entre el derecho a decidir del pueblo catalán y el movimiento sufragista de finales del siglo XIX en un artículo publicado el 30 de septiembre. Propaganda pura y dura, como mínimo.

Pero el de Barbeta no es un caso aislado. Todo lo contrario. Los editoriales de La Vanguardia, y especialmente los de su director, José Antich, no se diferencian mucho en cuanto a contenidos. Como los de la mayoría de redactores y colaboradores. Después del discurso en el Parlamento catalán del 25 de septiembre, en el que Mas convocó nuevas elecciones, Salvador Cardús hablaba de la “integridad desbordante” del president -“un hombre de palabra, comprometido con la verdad, sobrio, consecuente con sus principios, formado en una disciplina rigurosa con él mismo”-, mientras que Francesc-Marc Álvaro se detenía en su “grandeza”, explicando que “la sociedad catalana cuenta con el liderazgo de alguien que quiere hacer políticas de veras, con sentido de la historia y conectando con los intereses y valores de una creciente mayoría de la población, cansada de vivir bajo sospecha”. La todoterreno Pilar Rahola no podía ser menos: “con las emociones a flor de piel”, la fundadora del Partit per la Independència alababa “la valentía y el coraje” del president que no decepciona al pueblo: por fin, Cataluña “entra nuevamente en la historia con la extraordinaria ambición de escribirla con la propia pluma, presta a librarse de los agravios que le han venido siempre de poniente”. Las elecciones convocadas son “intensas, históricas, plebiscitarias y constituyentes” según el mismo Álvaro, una lucha entre la ilusión de los catalanes y el miedo de los demás. La solución es “el derecho a no tener miedo”, como explica el director adjunto del rotativo catalán Enric Juliana en un artículo publicado el 30 de septiembre. O, como sugiere Ferrán Requejo el 28 de septiembre, en seguir “el liderazgo de la Presidència de la Generalitat” para que Cataluña consiga “la libertad del país y de sus ciudadanos” después de 300 años de “dominio español”.

Resumiendo: en las páginas de La Vanguardia la imagen que se da de Artur Mas es la de un presidente capaz, coherente y sabio, una especie de salvador de la patria; el suyo es uno de los mejores Gobiernos que Cataluña ha tenido en su historia; Convergencia i Uniò es un partido unido, para nada corrupto y entregado al pueblo. Un presidente, un partido y un Gobierno fieles espejos de la sociedad catalana, que sigue consciente, unida y sin fisuras al presidente. Esta es la imagen que un lector de La Vanguardia tiene después de haber leído el periódico.

¿Espejo o foco?

Poco se dice y se escribe acerca de los casos de corrupción que han tenido como protagonistas a importantes miembros de Convergencia, como su secretario general Oriol Pujol. O el sonado caso Millet y el caso Pretoria -que salpicó a Lluís Prenafeta, ex mano derecha de Jordi Pujol- de hace un par de años y los más recientes en la sanidad catalana destapados por la revista Café Amb Llet. Al mismo tiempo, los recortes en educación y sanidad acaban siendo algo secundario en las páginas del periódico y las críticas a las medidas neoliberales aplicadas por el Gobierno de Artur Mas en los últimos dos años son prácticamente inexistentes. A las manifestaciones de los movimientos sociales -tanto de los sindicatos como de los indignados- se les concede un espacio exiguo. Sea suficiente un ejemplo: el 16 de septiembre a la cuestión catalana se dedicaron unas 20 páginas, mientras que a la masiva manifestación del 15-S menos de dos. El mismo espacio, dicho sea de paso, del que aquel día dispuso Pilar Rahola.

¿La explicación de esta postura tan marcada de La Vanguardia está en una famosa declaración del Conde de Godó, cuando dijo sin tapujos que la clave de su éxito es haberse llevado bien con todos los Gobiernos? Según Pere Ysàs Solanes, catedrático de Historia Contemporánea de la Universitat Autònoma de Barcelona, La Vanguardia es “un periódico conservador, estrechamente relacionado con el mundo empresarial, y que, efectivamente, siempre ha buscado acomodarse al poder político de cada momento, aunque con excepciones, como en la etapa del Tripartito en el Gobierno de la Generalitat entre 2003 y 2010”. Una visión compartida por Javier Tébar Hurtado, profesor de Historia de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, que explica que, “desde el siglo XIX, La Vanguardia ha tenido con el poder político una relación de proximidad y de accidentalismo en términos generales: en función de los poderes y de cómo van cambiando, el diario se va recolocando”. Según Tébar, la de La Vanguardia es “la concepción de un producto para vender: no nace como el portavoz de ningún movimiento político o social, ni siquiera como la expresión nítida y clara de un sector de la burguesía catalana favorable a proyectos regeneracionistas. Ha mantenido una coherencia: su criterio fundamental es mantener esa buena relación con el poder político”.

Como señala Ysàs, la situación actual es fruto “de relaciones de interdependencia y de afinidades políticas”. “El apoyo de La Vanguardia a CiU desde la vuelta al gobierno de la coalición nacionalista conservadora ha sido pleno. Su principal apuesta es la misma que la de CiU: lograr una mayoría absoluta que legitime la política neoliberal practicada y su continuación, y que deje las manos libres para gestionar la agenda soberanista”. Según Ysàs, CiU “ha tenido siempre una política de utilización partidista de los medios públicos y favoritismo -traducido en ayudas materiales- con aquellos de titularidad privada afines”. Es decir, que buena parte de la información sobre el tema del soberanismo “es, en este momento, estrictamente propaganda, más o menos sofisticada”.

Diferente es la opinión de Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia, que explica que “la gran virtud del periódico del Grupo Godó ha sido y sigue siendo la de ser, más que un foco, un espejo de la sociedad”. Su actual línea depende, según Juliana, del hecho de que la sociedad catalana ha cambiado y el periódico catalán refleja este cambio. De la misma forma se explicaría la postura beligerante respecto al Gobierno de Montilla: “El consenso social había descendido”,  dice Juliana, y “La Vanguardia reflejó las dialécticas de la sociedad catalana”. Juliana se sorprende cuando le preguntamos sobre la línea pro-convergente del periódico y recuerda que “ningún otro diario español tiene una variedad de periodistas y de posiciones como La Vanguardia”, citando las colaboraciones de Gregorio Morán, Francesc de Carreras, Fernando Ónega o José Antonio Zarzalejos, entre otros.

“Que haya posiciones distintas en las páginas de un periódico no es índice de nada”, replica Xavier Vinader, pionero del periodismo de investigación en España. “La línea del periódico es la que es. Los colaboradores no marcan la línea del periódico. Esto es el sentido del negocio. Debes tener variedad de artículos en el escaparate, si no, no vendes”. Vinader es muy claro al respecto: “Decir que La Vanguardia es el reflejo de Cataluña me parece equivocado. Cataluña es mucho más variada y más amplia que Convergencia. La Vanguardia siempre ha sido el periódico de la burguesía catalana de centro-derecha. Es su campo de juego”. Según Vinader, “su línea pro-convergenteviene ya de lejos, al menos con Antich al frente. Desde un punto de vista empresarial hay un cierto oportunismo en este aspecto, porque estaban en litigio las concesiones de radio y televisión. Han conseguido una radio y una televisión que le funcionan muy bien. Y, no lo olvidemos, desde mayo de 2011 hay La Vanguardia en catalán, lo cual ha significado una inyección de dinero público”.

Nueve millones en ayudas públicas

Efectivamente, La Vanguardia tuvo serios problemas económicos en los últimos años en una situación general catastrófica para los medios. Desde que Artur Mas llegó a la presidencia de la Generalitat en diciembre de 2010, el Grupo Godó -editor de los periódicos La Vanguardia y Mundo Deportivo, del canal 8 TV y de las emisoras de radio RAC 1 y RAC 105- recibió algo menos de 9 millones de euros en ayudas y subvenciones, de los cuales 5,5 millones fueron solo para la edición de La Vanguardia en catalán. Una cifra que no es comparable en absoluto con la que recibieron los otros medios de comunicación en Cataluña, tanto que se habló de “rescate del Grupo Godó”. Además, según un reciente estudio de difusión hecho público por la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD), sobre una tirada total de 173.000 ejemplares de La Vanguardia, 57.000 son distribuidos gratuitamente en hospitales, ambulatorios, bibliotecas, universidades y trenes.

¿La deriva nacionalista de José Antich y la radicalización de los actuales adalides del soberanismo Jordi Basté y Josep Cuní, locutor y conductor estrellas de RAC 1 y 8 TV, respectivamente, pueden leerse bajo esta lógica? Tébar ofrece una respuesta: “Si a La Vanguardia le ofrecen ser el portavoz de la Cataluña independiente, quizás se ha valorado que desde el punto de vista del negocio le pueda interesar. Todo no se reduce a un interés económico, pero este factor también juega a su favor”.

No se equivocaba Santos Juliá, cuando, en las páginas de El País, hablaba del retorno al intelectual entusiasmado por el poder en Cataluña, después de la etapa de crítico del poder. Un intelectual entusiasmado por una especie de revolución que ha vuelto a identificarse con la nación y las mentiras del nacionalismo y que no se dirige contra el poder sino desde el poder. Léase La Vanguardia.

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