Los últimos románticos

Multitudiario mitin del PCE en Avilés en la campaña electoral de 1977. Imagen de José Manuel Nebot

Contenido para suscriptores. Gabriel Santullano. Desde mediados los años sesenta del pasado siglo, el Partido Comunista en Asturias era, gracias a una militancia entusiasta y renovada, un organismo vivo y desbridado. Sus afiliados y simpatizantes no constituían un grupo monolítico y gregario, sino que, por el contrario, reflejaban con bastante fidelidad una sociedad que, en poco tiempo, había pasado del potaje a la hamburguesa. Es decir, una Asturias industrial, urbana, rebelde, diversa e incontrolable y donde los deseos de libertad, democracia y equidad fluían como un torrente irresistible. Por eso, cuando, en 1977, se anunció la apertura del debate, que culminaría en el IX Congreso del Partido Comunista, muchas cadenas empezaron a romperse.

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