Luis Antonio Suárez: “Milito en el analfabetismo tecnológico”

Luis Antonio Suárez es decorador y escenógrafo. Foto / Imanol Rimada.

Luis Antonio Suárez Fernández, nacido el 13 de octubre de 1950 en Ranón (Asturias), trabaja como decorador y escenógrafo. Su obra es efímera, pero suele impregnarse de un humus riguroso y bello. Miembro fundador en los años ochenta del Laboratorio de Danza y el pub La Santa Sebe, en el origen de la Movida ovetense, solo cree en lo que hace, que resuelve con gran profesionalidad gracias a su conocimiento hercúleo envuelto en la ductilidad del pop.

Carlos Barral / Poeta y promotor cultural.

¿Recuerda su infancia y adolescencia con nostalgia, con melancolía, con alegría…?

Viví hasta los 10 años en Ranón, luego marché a Gijón a estudiar con los jesuitas. Se llevaban mucho los internados. Tuve nostalgia de lo bien que lo pasaba en Ranón: tener toda la libertad del mundo. Me quedé hasta el PREU, en los años pre y post Concilio Vaticano II cuando la disciplina dejó de ser de látigo y se hizo algo más progresista.

La Movida en Oviedo en los años ochenta explosionó de color y de libertad, de bastante locura, tuvo altura y fue sexy.

La viví un poco mayor, en los ochenta tenía 30 años. Volvía de Sevilla.

Donde acabó arquitectura.

No, me pasé a mitad de camino a Filosofía y Letras. Me convalidaron algunas asignaturas y vine a Oviedo a terminar Historia del Arte. Nunca más toqué ese tema.

Aunque ha estado presente en toda su carrera.

Teníamos un profesor fantástico, Rafael Manzano, que era pintor, arquitecto y luego fue ladrón y falsificador de cuadros. Comenzaba el curso pintando cada día un trozo de la Catedral de Rouen hasta que lo finalizaba a todo detalle. ¡Vaya lujo encontrar una persona así que te da esta visión de la historia del arte desde la arquitectura y desde un edificio concreto! El arte desde el punto de vista de la filosofía no tiene análisis de estructuras, así que combinar ambas cosas te permite tener una opinión que merece más la pena.

El laboratorio de la Movida

¿Cómo se liaron para inventar La Santa Sebe?

Hicimos el Laboratorio de Danza y a continuación comenzaba la Movida…

¿Cuánto duró el Laboratorio de Danza?

De 1977 a 1981. Después unos amigos decidimos montar La Santa.

¿Qué amigos?

Teresa Meana, Mª José Olay, Ángel Varela y yo. En la premovida o eras Margen o tenías pretensiones como las del Laboratorio. Marisa Fanjul nos dio algunas pautas a Sagi, Javier Escobar y a mí -entre otros- y vimos que sobre un mínimo de técnica podíamos hacer mimodrama: gesto, danza: un experimento, vaya. Entonces muere José Benito Álvarez Buylla, el vicerrector que nos protegía (de la rama republicana de los Buylla de Mieres, condenado por el franquismo). Era un señor fantástico, culto, que vivió la guerra y la República en Londres. Fue uno de los primeros poetas en asturiano y protegía estas cosas en un momento en el que experimentar no se subvencionaba. Hicimos giras por las universidades españolas hasta que ganamos el primer premio en el Festival de Sitges compartido con Fassbinder. Él hacía La libertad de Bremen y nosotros La Regenta.

Un final apoteósico.

Pues sí. Luego llegó Rafael Anes al Vicerrectorado y dijo que qué era eso de un Laboratorio. Y se lo carga. Ahí entramos en el momento Santa.

¿Qué pretendían?

Pasárnoslo lo mejor posible y tener un negocio para enseñar lo que hacíamos. Teníamos aquello lleno de televisores, pensábamos que la imagen era lo más importante. Era fundamental tener un contacto en Londres que te enviase vídeos. Teníamos la película The song remains de same de Led Zeppelin que nunca se había visto aquí y, gracias a eso, había jevis de la cuenca que venían exclusivamente para ver ese vídeo.

El momento jevi de La Santa.

Lo pasábamos muy bien, la verdad; estuvimos desde 1983 hasta 1987. También lo pasamos muy mal por causa de la heroína. Fue de una dureza terrible. Ya ves la plaga que hay ahora en Estados Unidos, con más de 60.000 muertos.

Fue amigo de Tino Casal, de Germán Madroñero, del actor Nacho Martínez.

De todos. Por allí pasaba todo el mundo. La Santa era un centro de acogida de gente muy interesante, de gran subida volcánica. Era también un poco Laboratorio.

¿Eran todos ustedes jóvenes díscolos de la burguesía asturiana?

Bueno, de clase media alta. Éramos todos universitarios, sí. Amigos de la facultad.

¿Cómo recuerda su paso por la Universidad de Oviedo? ¿Algún maestro al que ponderar?

Tengo un recuerdo gratísimo de Vidal Peña, un profesor magistral. Era más mundano que Bueno, que era un monje severo. Vidal era más condescendiente. Las mejores críticas que a mi juicio se han escrito aquí sobre ópera las hizo Vidal -que no es musicólogo ni especialista-. Eran unas crónicas-ensayo fantásticas.

Luis Antonio Suárez durante la entrevista. Foto / Imanol Rimada.

Anacronismo monárquico

Vivió en el Oviedo vetusto y conoce el actual, bastante más mestizo. ¿Es muy grande la diferencia?

En Sevilla la sociedad era más cerrada aunque menos clasista mientras que su Universidad era más abierta. Allí vi los primeros jipis. Te cuento una anécdota: año 1969, asesinato de Sharon Tate a manos de Manson. Esperando el autobús me dice la quiosquera mirando a una pandilla de jipis melenudos por allí sentados: “Esos han sío los que han matao a la Tate, esos han sío(risas). Es una ciudad fascinante.

¿Considera que Oviedo vive una nueva eclosión cultural alternativa?

Es más vital que hace diez años. No es que vayamos a tener otra Movida porque no viene a cuento pero Rodrigo Cuevas no hubiese salido a cantar a la ventana del Teatro Campoamor hace quince años.

Ha trabajado con todos los gobiernos locales de la democracia: PSOE, PP y ahora con el tridente de izquierdas. ¿Cuál es la fórmula?

(Risas) Hay una fórmula que no falla: si asumes un trabajo has de hacerlo bien. No me importa la ideología, aunque yo tenga la mía, si está bien construido el encargo. Hace años tuve que hacer en la FIDMA un homenaje a los Príncipes de Asturias que recién se habían casado. ¡Imagínate! Yo aparto la ideología y pienso que tiene que haber una foto de Letizia de cuatro metros que tape la fachada y que la cola de su vestido salga por un lado y… Eso sí, casi todo con un regusto pop.

Es responsable en Oviedo de la escenografía de los Premios Princesa, de las Cabalgatas de Reyes y del Día de América en Asturias lo mismo que de la exposición “Los rostros de la Monarquía Asturiana”, que ha podido verse hasta agosto. ¿Cómo ve usted esto de la Monarquía en el siglo XXI?

Lo veo un anacronismo casi exótico.

¿De qué proyecto se siente más satisfecho?

Tengo muy buen recuerdo reciente de la exposición sobre Indalecio Prieto. A medida que avanzaba en la investigación me daba cuenta de que las cosas no son como pensaba. La fui montando (a fin de cuentas una exposición así también es una biografía) a partir de una materia plástica aburrida hasta lograr crear una escenografía casi explosiva. Y me permitió recrear escenas de 1934 en una escalera, tirar de la cartelería de los años treinta y conseguir una foto del barco que se llevó el tesoro español a México. Esas son las cosas que te congratulan.

¿En qué proyecto laboral le gustaría embarcarse?

Prefiero que las cosas me sorprendan. Estoy con el mapping del Campoamor y te das cuenta de que, a partir de contar la historia del teatro, estás contando la historia de las personas, de la ciudad. En este teatro pasó de todo: desde un mitin de Falange a otro de Indalecio Prieto; el estreno mundial de Victoria de los Ángeles interpretando Manon, que años más tarde cantaría en el Metropolitan; Ravel, que vino a dirigir cuando estaba en la cúspide. Todos los quebraderos de cabeza en este teatro desde el siglo XIX han sido por cómo hacer ópera de la mejor manera posible: esa es la obsesión de esta ciudad.

Ha trabajado en muchas ocasiones con la Temporada de Ópera de Oviedo. ¿Le parece el culmen del arte escénico?

Es un arte total que ya no funciona en nuestro tiempo. La demanda que hay puede ser como la de las procesiones de Semana Santa. Todas las artes convencionales mueren en septiembre de 2001 cuando vemos por televisión el atentado de las torres gemelas. Aunque suene tópico, creo que la última obra de arte fue el Guernica de Picasso porque tiene más fuerza que las fotografías reales del bombardeo.

Necesidad del arte

Conoce desde hace varias décadas el ADN de la política cultural ovetense. ¿Qué cambiaría?

Lo normal sería que el tripartito hiciera política conforme a sus ideas lo mismo que tendrían que haber hecho los anteriores, pero creo que ningún partido tiene un diseño político cultural claro. Van erráticos. Me gustaría que hubiera más cultura generada [de inversión] y menos cultura alquilada. Porque, si no, el público acaba siendo papanatas.

¿Cuál es su artista vivo más admirado?

Soy muy fan de Paco Cao, resume muchas de las cosas que te digo. Paco dice: si arte es todo y todo es válido, yo soy una obra de arte. Y logra que un director de museo justifique que eso es así, que lo valide. Me parece que esa es la interpretación más interesante del arte hoy.

¿Usa las nuevas tecnologías con fruición o más bien milita en el lado de los analfabetos?

Milito en el analfabetismo. Tengo un raciocinio formado con anterioridad que no me permite meterme ahí.

¿Tiene Twitter, Facebook, usa alguna red social?

Whastapp. Me gusta más leer.

¿Qué lee?

Estoy releyendo La necesidad del arte, de Fischer. Filósofo, político, escritor y ministro de cultura en Austria, uno de esos marxistas que vivió la preguerra, la guerra mundial y que acabó siendo expulsado del partido comunista. Dice cosas fascinantes: “Tal vez una sociedad muy justa no tendría necesidad del arte”.

No es favorable a la oficialidad del asturiano. ¿Por qué?

Las lenguas no tendrían que ser oficiales; se transforman, se contaminan, se mueren. Me parece bien que haya un diccionario pero esta sociedad no es tan infantil ni crédula como la vasca. Entonces, dar una marcha atrás investigadora sí, pero una marcha adelante impositora no creo en ella. Aunque lo respeto mucho, de hecho colaboro en la escenografía del Día de les Lletres.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 52, SEPTIEMBRE DE 2017

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