Maltratos sin noviazgo

Las parejas no convencionales son cada vez más habituales. Foto / Iván Martínez.

Las parejas no convencionales son cada vez más habituales. Foto / Iván Martínez.

Soraya Calvo González / Sexóloga e investigadora de la Universidad de Oviedo.

Las relaciones humanas pueden ser oportunidades para el crecimiento personal y el cambio social si nos las planteamos como las múltiples maneras en que dos o más personas se entienden y construyen en positivo. En las relaciones sentimentales ese entendimiento es más íntimo, y esa intimidad nos sitúa en un plano de vulnerabilidad física y emocional donde se evidencian puntos débiles y dificultades personales. Cuando esas vulnerabilidades se utilizan para manipular, imponer, generar dependencia y sentimientos negativos o romper espacios de seguridad, hablamos de una relación desequilibrada no saludable y, en definitiva, de una situación de maltrato.

Existe el mito de que el maltrato es exclusivo de relaciones estables, entre personas adultas de bajo nivel sociocultural que siguen modelos de pareja clásicos. Además, tiende a justificarse en forma de abuso físico, obviando la profundidad del abuso psicológico. Así, si hablamos de maltrato entre jóvenes con estudios e inquietudes sociales, la perspectiva se desdibuja y faltan estrategias y formatos desde los que detectar, denunciar, ayudar y reconstruir.

Para Sara Rodríguez, pedagoga, sexóloga e investigadora de la Universidad de Oviedo, la adolescencia es un momento clave para sentar las bases que van a determinar nuestros modelos relacionales. Sara, que lleva años estudiando relaciones de violencia entre jóvenes, señala dos aspectos clave: las parejas y las amistades forman parte del contexto de influencia significativo para la construcción  de la personalidad, “del quién y cómo soy”; y el deseo erótico comienza a manifestarse con fuerza, siendo el descubrimiento de la atracción y el enamoramiento acontecimientos nuevos cargados de emociones diferentes a las experimentadas hasta entonces.

En la adolescencia sentimos necesidad de buscar nuevas vinculaciones en un momento de construcción personal donde gran parte de las personas no han reflexionado sobre sí mismas, unido a que las vinculaciones pasadas (en la infancia, por ejemplo) pueden haberse configurado desde la ansiedad o la evitación, y por tanto, el aprendizaje ha sido que no merecemos amor, que no nos querrán. Todo esto puede favorecer que se pasen por alto comportamientos abusivos (de control, celos, dominio…) o tratos no positivos (descalificaciones, burlas, correcciones innecesarias…). Buscamos construir nuestra seguridad desde las otras personas, olvidando que debemos comenzar por nosotros/as. A estas ideas, hay que añadir las derivadas de concepciones patriarcales en donde existe una superioridad del hombre sobre la mujer y estereotipos sexistas sobre cómo debe ser una relación de pareja.

En cuanto a las diferencias entre sexos, Sara apunta que los chicos suelen partir de vinculaciones más evitativas, en la línea de “no vincularse” y “no mostrar sentimientos”, y las chicas pueden partir de la ansiedad, de la necesidad de relación, necesitando que la otra persona demuestre continuamente sus sentimientos.

Uno de los marcos desde el que se busca crear idearios colectivos para entender los conceptos de pareja o amor de forma no jerárquica es el del movimiento “sex-positive”, ideología que considera todas las tendencias y conductas eróticas como saludables siempre que exista consenso, respeto, responsabilidad compartida y compromiso con la salud sexual. A pesar de que existen colectivos que llevan años divulgando aspectos relacionados con las relaciones abiertas o el poliamor (como “Golfxs con Principios”), aún existen estereotipos alrededor de estas tendencias no convencionales.

Para Sara Rodríguez, “cuesta gran esfuerzo ver la necesidad de pararse a hablar sobre qué pareja somos o queremos ser ya que las cosas se dan por supuestas desde los valores tradicionales”.

Quienes quieren profundizar en estas opciones pueden encontrarse con dificultades: poca información, inseguridades e, irónicamente, reflejos de desequilibrios y machismos que pueden darse en cualquier relación tradicional. ¿Hay maltrato en relaciones abiertas, poliamóricas y no-monogámicas? Sí, es posible, igual que en cualquier otro tipo de relación.

¿Cómo detectar el maltrato no convencional?

En primer lugar debemos distinguir entre vivir el maltrato en primera persona o estar cerca de la persona que está siendo maltratada.

Si conoces un caso de maltrato en España, la exigencia legal es denunciar. Sin embargo esto puede ser una experiencia complicada, sobre todo si hablamos de adolescentes. Sara Rodríguez propone el acompañamiento y valoración profesional, garantizando la seguridad física y anímica de la persona agredida, sin juzgar la situación ni los sentimientos. El objetivo es empoderar y apoyar durante el proceso de toma de conciencia y decisiones.

Si estamos dentro de la relación detectar la situación es complejo debido a la dinámica que genera el ciclo del abuso. Este ciclo en forma de espiral se compone de 3 fases:

1ª fase: Acumulación de la tensión. Se suceden pequeños momentos de conflicto, “tiras y aflojas”, malas contestaciones o situaciones hostiles. Nos sentimos inseguros/as y actuamos o hablamos con miedo, coartando respuestas o actuaciones que en otras situaciones sucederían de forma natural.

2ª fase: Explosión. La tensión estalla. Puede existir agresión verbal o física, o también un abandono consciente y premeditado de la otra persona en forma de castigo (silencios prolongados, dejar de contestar y hablar o desaparecer durante días). Breve pero intensa.

3º fase: Reconciliación (Luna de miel). Tras el estallido, la persona agresora pide perdón, promete que “no va a volver a pasar” o hace promesas de futuro. Todo parece ser perfecto. El estado de calma no durará mucho tiempo, pero sí el suficiente como para recobrar la ilusión y mantener la relación, fortaleciendo el vínculo.

En esta tercera fase el ciclo vuelve a comenzar, cada vez más rápidamente. Quien vive en este bucle deja de tener control de la situación y vive un “terremoto emocional” que dificulta racionalizar lo vivido.

Para evitar la agresión emocional

Una persona que agrede emocionalmente se sirve de varios mecanismos para desestabilizar la identidad de la persona agredida:

Responsabilidad y compromiso. La persona agresora no se responsabiliza de la relación ni de las situaciones derivadas de la misma. En una relación abierta no sana se puede aludir a la “libertad individual” para no establecer compromisos o negar la relación utilizando expresiones estereotipadas como “no somos pareja” o “somos independientes”. Esa falta de responsabilidad también se evidencia en forma de “olvidos selectivos” de situaciones conflictivas provocadas por la persona agresora, siendo esta capaz de negar sus propias palabras o actuaciones (“no me acuerdo”). Las relaciones no convencionales requieren compromisos con los vínculos, de manera que pueda existir seguridad para construir uniones en las que todos y todas sepan qué tipo de relación tienen con los y las demás y puedan hablar sobre cualquier aspecto de la misma, incluyendo los conflictivos.

Comunicación. Una relación sana requiere comunicación bidireccional y activa. Es importante detectar las situaciones en las que se niega esta posibilidad ya sea cerrando vías de comunicación existentes, utilizando palabras y expresiones confusas, no contestando premeditada y voluntariamente a mensajes y llamadas, desapareciendo durante días o rechazando hablar de la gestión del vinculo existente. La incomunicación es una agresión.

Lealtad y sinceridad. Hay mentiras o contradicciones recurrentes que llegar a ser negadas una vez descubiertas. Pueden hacerte dudar lo que estás viendo y lo que estás sintiendo. La lealtad entre las personas no solo lleva asociada una actitud de sinceridad sino también de transparencia y coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, así como respeto a la intimidad.

Respeto a los límites. Un límite muy común en las relaciones convencionales es el relacionado con la fidelidad y exclusividad física. En las relaciones no monogámicas este límite pierde su absolutismo, aunque pueden existir otros consensos relacionados como no acostarse con personas del entorno o con amistades en común. Los límites de todo tipo (eróticos, de convivencia, afectivos, etc.) son variables y personalizables pero deben consensuarse y compartirse, de manera que las personas implicadas puedan adaptarse a los mismos y respetarlos para que nadie se sienta traicionado/a ni tenga la obligación de aceptar cosas que no desea. Si en una relación abierta te sientes coaccionado/a, chantajeado/a u obligado/a a aceptar normas con la que no te sientes seguro/a y que forman parte de límites que no quieres romper, no es una experiencia igualitaria ni horizontal.

Respeto al sexo seguro. En las relaciones no monogámicas pueden existir encuentros íntimos con penetración o estimulación anal y vaginal con otras personas, y eso no puede ser nunca una amenaza para tu integridad física. Si tu pareja tiene contactos genitales sin protección contra infecciones de transmisión genital no está respetando ni tu salud ni tu vida. Contagiar una ITG o asumir el riesgo de hacerlo también es una agresión.

Respeto a los sentimientos. No siempre podemos conectar con las emociones ajenas, pero sí podemos valorarlas para ser consecuentes con nuestras conductas. En las parejas no convencionales la empatía y el respeto a la individualidad emocional son temas prioritarios ya que necesitamos enfrentarnos a los celos, el miedo a la perdida y la ruptura con idearios arraigados en la sociedad. Si tu pareja hace justo aquello que le has dicho que te duele, deslegitima tus inseguridades o te acusa y culpabiliza por sentir tristeza o temor, existe una situación de jerarquía.

Cuidados. Uno de los planos más sensibles es el de los afectos. Si tu pareja lo descuida, no hay buenos tratos. Puede descuidarlo impidiéndote ver a tus amistades o familia, alejándose de ti cuando estás pasando por un momento complicado, intentando cambiar tus gustos y aficiones, no respondiendo a tus peticiones de ayuda o no haciendo planes contigo ni expresándote sus afectos. Puede ser sutil, e incluso disfrazarse de acto de cuidado: “Hoy no puedes quedar, estás mal de la garganta y tienes que trabajar, lo hago por tu bien”.

Identidad y autonomía personal. Una de las estrategias más desgastantes para el autoconcepto personal es la que consiste en poner en duda o negar aspectos relativos a la propia identidad. Desde cuestionar o menospreciar en público o privado valores y principios ideológicos hasta hacer críticas destructivas sobre conductas o pensamientos significativos y habituales.

Chantaje emocional. El chantaje emocional va desde el “si no haces esto, estaré mal“, hasta las alusiones a situaciones de depresión o intentos de suicidio. Ninguna persona es culpable ni responsable de las dificultades psicológicas de sus seres cercanos, ni es propio de una relación sana el establecer un rol de “víctima” y otro rol de “salvador/a”. Detrás de estas argumentaciones puede esconderse, de manera consciente o inconsciente, un intento de manipulación.

Otra forma de amarse

Las relaciones no convencionales son solamente una forma más de entenderse y amarse, no existen opciones superiores ni objetivamente mejores.

La libertad sexual no consiste en garantizar el mayor número de orgasmos posibles ni hacer “lo que me da la gana”, sino en poder elegir sin sentirnos coaccionados/as ni sentenciados/as por ello, respetando y conviviendo con las demás personas de manera igualitaria.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 35, NOVIEMBRE DE 2014

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