Manolo Ramos, de la utopía al silencio

El director de Sograndio, Manuel Ramos, habla con el consejero de Presidencia, Guillermo Martínez, y con el entonces director de Justicia e Interior, José Luis Villaverde, en 2012. Foto / Mario Rojas.

El director de Sograndio, Manuel Ramos, habla con el consejero de Presidencia, Guillermo Martínez, y con el entonces director de Justicia e Interior, José Luis Villaverde, en 2012. Foto / Mario Rojas.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

A finales de los años setenta del pasado siglo Manuel Ramos era uno más de los jóvenes radicales que soñaban con la revolución. Pasó por grupos de extrema izquierda y su colaboración con ETA político-militar en el robo a la sede del Banco Herrero de Oviedo en 1979, que supuso un botín de 121 millones de pesetas que nunca apareció, le acabó llevando la cárcel. Locuras de juventud que le sirvieron para madurar.

En la cárcel de Oviedo no perdió el tiempo. Estudió y se convirtió en el líder de los reclusos, entonces organizados y reivindicativos. Un tipo listo y luchador con el que funcionó la reinserción. Por eso tampoco resultó tan extraño que el PSOE lo fichara para dirigir el Centro de Menores de Sograndio en 1989. Sabía el terreno que pisaba y no le faltaba empatía con quienes están privados de libertad. En sus primeros años solo oí elogios a su gestión.

Pero parece obvio que lo de la limitación en los cargos públicos no puede ser solo una medida de imprescindible higiene democrática para los políticos. Veintiséis años son muchos en cualquiera de ellos, y más en una dirección tan complicada como la de un centro de menores. Hay tareas que deben endurecer al más curtido.

Tampoco debe de ser por tanto extraño lo que cuentan de Manolo menores, trabajadores y vigilantes. Lo que sí llama la atención es que no pueda ofrecer su versión a esta revista, porque necesita un permiso que sus superiores políticos en el Principado no le conceden. Tampoco hablan ellos, comenzando por el consejero de Presidencia, Guillermo Martínez. Hace un cuarto de siglo entrevisté a Manolo en la cárcel durante la elaboración de un reportaje. Qué paradoja que ahora no pueda abrir la boca, lo que ocurre con todos los cargos del Gobierno asturiano a los que se dirige esta revista para recabar informaciones y opiniones.

Que encima este Gobierno presuma de transparencia parece una locura juvenil de esta democracia de pésima calidad.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 41, NOVIEMBRE DE 2015

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