Manos Limpias no descarta presentarse a las elecciones

Parodia callejera en Valencia por el Caso Gürtel y los trajes del expresidente Fabra, uno de los asuntos de corrupción denunciados por Manos Limpias. Foto / Juan Navarro.

Parodia callejera en Valencia por el Caso Gürtel y los trajes del ex presidente Francisco Camps, uno de los asuntos de corrupción denunciados por Manos Limpias. Foto / Juan Navarro.

El protagonismo creciente de Manos Limpias en la política española se ha multiplicado con la imputación de la infanta Cristina, una de las múltiples batallas jurídicas que ha emprendido este sindicato. Apenas tiene representación en las empresas, aunque empieza a ganar también protagonismo en el mundo laboral, su financiación es como poco discutible y para muchos medios no es más que la alternativa política de futuro del ultraderechismo populista.

Pero lo cierto es que Manos Limpias no repara en siglas ni en ideologías a la hora de denunciar a izquierda, derecha, sindicatos y hasta a la Monarquía, cuando huele un caso de corrupción.

En su número 29, en el pasado mes de noviembre, ATLÁNTICA XXII publicó un artículo sobre Manos Limpias de Lucas Padilla en el que el portavoz y cara visible de esta organización, Miguel Bernard, confesaba que no es descartable que se acabe transformando en una plataforma electoral.

Reproducimos ahora ese artículo.

EL SINDICATO PODRÍA ACABAR SIENDO LA APUESTA EN ESPAÑA DEL POPULISMO ULTRADERECHISTA

Manos ¿Limpias?

Lucas Padilla / Periodista (Madrid).

En la calle Ferraz de Madrid, a escasos metros del cuartel general del PSOE, casi mirándose cara a cara, se halla la sede del sindicato Manos Limpias, mucho más modesta que la de los socialistas. La bandera española preside un pequeño despacho donde, desde 1995 y sobre todo en la última centuria, han ido surgiendo con inusitada actividad infinidad de demandas y un baile de querellas contra casi todo y casi todos.

Nos recibe el abogado -y antiguo dirigente del partido político de ultraderecha Frente Nacional- Miguel Bernad Remón, de trato amable y discurso directo, reciclado ahora en secretario general de Manos Limpias. Aunque el sindicato lo preside Francisco Jiménez Luis, éste no es más que un puesto honorífico, pues el verdadero peso recae sobre el omnipresente Bernad. El abogado es prácticamente la única cara visible del sindicato y tiene una larga y llamativa trayectoria como cabeza visible de la ultraderecha en el Ayuntamiento de Madrid, lugar donde ejerció como funcionario desde los años setenta, y como delfín del líder de Fuerza Nueva, Blas Piñar, además de poseer el cargo de secretario general del breve partido llamado Frente Nacional, que se presentó (y fracasó estrepitosamente) a las elecciones del Parlamento Europeo en 1994. Sin embargo, defiende vehemente su derecho a “evolucionar” y no se considera en ningún caso preso de su pasado.

Miguel Bernard, dirigente del sindicato, en la sede de Manos Limpias en Madrid. Foto / Isabel Permuy.

Miguel Bernard, dirigente del sindicato, en la sede de Manos Limpias en Madrid. Foto / Isabel Permuy.

Franquistas, nazis, fascistas, nostálgicos, populistas, ultras… son solo algunos de los calificativos con que habitualmente se les define, incluso desde medios tan poco sospechosos de ser izquierdistas como El Mundo. Recientemente han sido condecorados por la Fundación Nacional Francisco Franco gracias a “sus servicios prestados en defensa de los ideales del Movimiento”. Basta con escribir sus nombres en cualquier buscador y las respuestas llegan solas. A pesar de todo, en su página web se definen como un sindicato “de ámbito nacional, independiente, no hipotecado por nada ni por nadie” y que tiene como fines “la defensa de los legítimos intereses de sus afiliados dentro y fuera del Sector Público, del Estado de Derecho y de la transparencia y dignidad de los poderes públicos institucionales”.

Haciendo un breve repaso, son muchos los casos célebres en la vida política y judicial española de la última década en los que se ha visto envuelto el sindicato como parte activa de la acusación: el polémico caso Atutxa, donde se condenó a la mesa del Parlamento Vasco por no disolver Batasuna; el caso Garzón, en el cual el sindicato abrió el procedimiento penal que intentó cargarse al juez de la Audiencia Nacional, o, ya de plena actualidad, la querella de los ERE fraudulentos en Andalucía o su personación como acusación popular en el caso Bárcenas. Volviendo a Baltasar Garzón, quizás fue precisamente su acoso y derribo al otrora juez estrella el que los puso definitivamente en el mapa mediático.

“Somos constitucionalistas”

Sin embargo, y a pesar de dirigir su afán justiciero principalmente contra la “progresía” y los nacionalismos, Bernad niega tendencia política alguna: “Nosotros denunciamos tanto a derecha como a izquierda, pues no somos de derechas ni de izquierdas. Somos constitucionalistas y defendemos la legalidad y un sistema democrático limpio”, asegura. Por ejemplo, Alberto Ruiz Gallardón, ya fuera como alcalde, y ahora como ministro de Justicia, es una de sus bestias negras, ya que “su labor es nefasta y dañina para todos”, según el abogado. Pero el sindicato ha presentado además centenares de querellas no solo a partidos políticos, si no también contra activistas como Ada Colau y la PAH, el 15-M, medios como TV3, todo tipo de instituciones y Gobiernos -el de Gibraltar, sin ir más lejos-, curas o soldados homosexuales e incluso contra el programa infantil Los Lunnis.

Son omnipresentes. Y, por otra parte, a menudo se les acusa de mantener una estrategia que tiene como objetivo el armar el mayor ruido mediático posible: se querellan contra todo lo que se mueve, y casi siempre son los primeros. Aunque posteriormente muchos de esos casos no prosperen.

Pero miremos hacia atrás. ¿Cómo ha llegado el sindicato hasta el, merecido o no, espacio que ocupa actualmente entre la opinión pública? Manos Limpias fue fundada en 1995 y se autodefine desde el principio comoColectivo de Funcionarios Públicos” e “independiente”. Sin embargo, como sindicato apenas se le conoce presencia en empresa, institución o lugar de trabajo, aunque en Asturias han irrumpido con fuerza en Asturiana de Zinc. Pero desde luego los afiliados pasan desapercibidos, con excepción de Bernad, su cabeza visible. La organización nació con el referente de la italiana del mismo nombre, haciendo suyo el lema del fiscal Antonio Di Pietro: “Allí donde existe un delito debe haber alguien capaz de denunciarlo”; y en esa presunta apelación a la justicia universal se mueve desde entonces. Entre sus objetivos está también denunciar “todo tipo de corrupciones, económicas y políticas que lesionan el interés público o general, así como la denuncia por la transparencia y dignidad de los poderes públicos e institucionales”. Y lo repiten casi como un mantra.

Miguel Bernard, José Alfredo García y Jonathan Menéndez en Avilés. Foto / Mara Villamuza.

Miguel Bernard, José Alfredo García y Jonathan Menéndez en Avilés. Foto / Mara Villamuza.

Abogados y financiación

La intensa actividad judicial de Manos Limpias se organiza a través de despachos de abogados, uno en cada Comunidad Autónoma y cinco en Madrid, que colaboran con el sindicato de manera “totalmente desinteresada”. En la actualidad cuenta supuestamente con 6.500 afiliados, cuyo perfil, según Bernad, no permite “encasillarlos ni social ni políticamente, pues hay desde altos funcionarios hasta trabajadores de la limpieza”. El secretario general presume de un sindicato que se autofinancia con una cuota anual pagada por cada afiliado -unos 60 euros de aportación por cabeza- . Pero sus palabras pueden dejan entrever un modelo opaco para conseguir fondos del que, sin embargo, no desvela absolutamente nada. ¿Realmente son sustentadas por las cuotas de esos supuestos afiliados -en ningún caso identificables- las (altas) costas judiciales que el sindicato tiene que afrontar, sin duda, para emprender y mantener la infinidad de procesos judiciales que inicia cada semana?

Podría pensarse que su habitual presencia mediática contribuye a su financiación. Sobre sus portavoces oficiosas, las mediáticas abogadas Montse Suárez y Virginia López Negrete, asiduas a las tertulias y debates televisivos del más variado pelaje con el fin de defender y representar al sindicato -aunque en aras de la independencia y remarcando su no pertenencia al mismo-, Bernad asegura que acudían a esos programas “sin cobrar absolutamente ningún dinero y, en el caso de cobrarlo, lo hacían a título personal”. Al hilo de esto, el abogado matiza que la colaboración de Suárez con Manos Limpias fue “puntual” y que ya no representa en ningún caso al sindicato.

Candidatura electoral

Es muy probable que cuando se publique este texto, el sindicato vuelva a estar presente en los titulares por nuevas causas judiciales presentadas. Pero hablemos de su futuro como organización. En un momento del encuentro con esta revista, aunque de momento descarta tal posibilidad, Bernad deja abierta la posibilidad de entrar en el juego político (como hiciera Mani Pulite) constituyendo un partido y presentándose a las elecciones generales, ya que según el abogado “hay una gran masa de ciudadanos y un nicho muy importante del electorado que apoyaría a Manos Limpias, llegado el caso”.

Al fin y al cabo, puede que Manos Limpias y el supuesto poder que existe -o no- tras ellos no estén haciendo más que jugar una gran partida de ajedrez en la que han logrado colocar sus piezas en el Tribunal Supremo, el Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y en partidos políticos como el PP, organizaciones como FAES y medios y grupos de comunicación como Intereconomía. Su discurso oficial seguirá siendo el mismo y es seguro que Miguel Bernad no se saldrá ni un centímetro de él. Su financiación no dejará de moverse en terrenos lodosos pese a las vagas explicaciones al respecto. A pesar de actuar en nombre de la legalidad, mantendrán su puesto como referente de la extrema derecha y seguirán ganando adeptos independientes en aras del “alguien tenía que hacer esto”. Y, quién sabe, quizá Miguel Bernad no sea más que el político que en España se aproveche del auge ultraderechista que atraviesa Europa, camuflado de populismo justiciero.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 29, NOVIEMBRE DE 2013

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