Manuel Rivas: “Tenemos que rodar la democracia para que no se oxide ni se estropee”

manuel rivas y ángeles caso

Ángeles Caso y Manuel Rivas, ayer en la presentación del libro “Contra todo esto. Un manifiesto rebelde”. Foto / Imanos Rimada.

El escritor coruñés Manuel Rivas asistió ayer en Oviedo a la jornada inaugural de los Alcuentros de Primavera para presentar el libro ‘Contra todo esto. Un manifiesto rebelde’, su última obra.


Borja Pino /
Periodista.

A la hora de encarar la batalla de la reivindicación, sea del sesgo ideológico que sea, la palabra, en cualquiera de las muchas maneras que existen de emplearla, es una de las armas más poderosas con que cuenta el ser humano. Quienes se dedican profesionalmente al ejercicio de las letras lo saben bien, y el literato y periodista coruñés Manuel Rivas no es una excepción. Así lo demuestra su más reciente obra, titulada Contra todo esto. Un manifiesto rebelde, y cuyo autor presentó ayer en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, en el marco de la jornada inaugural de la primera edición de los Alcuentros de Primavera, organizados por el Institutu Asturies 2030.

La igualmente escritora e informadora gijonesa Ángeles Caso fue la responsable de conducir un acto en el que el firmante de títulos como La lengua de las mariposas y El lápiz del carpintero desgranó las claves de un libro que es, por encima de todo, una denuncia de los males que afectan a una buena parte de las democracias occidentales. Los doce capítulos en que está segmentado el contenido, y que combinan la prosa extensa con los relatos cortos e, incluso, con la poesía, conforman en bloque “una especie de graffiti de la actualidad, aunque muy literal, que busca poner en valor la libertad mediante la palabra”. Así lo definió el propio Rivas, quien ha llenado sus páginas de referencias a temas y hechos tan actuales como la corrupción en la política, el empobrecimiento informativo, las luces y sombras del feminismo, la inmigración o la falta de respeto hacia la preservación medioambiental.

La misma intervención que ambos escritores acometieron ayer constituyó por sí sola un alegato en contra de la realidad política, social y cultural que vive en estos tiempos el país, como reflejo miniaturizado del conjunto de Occidente. Entre chanzas y anécdotas sobre sus vivencias y su profesión, el coruñés no perdió la oportunidad de criticar la deriva que ha tomado el pensamiento de masas en el Viejo Mundo. “La ciudadanía europea ha perdido parte de su capacidad de autocrítica”, sentenció, antes de matizar que “estamos asistiendo a una internalización de los ricos, a una pérdida de nuestro sentimiento solidario, que es lo único que puede asustar a los poderosos”.

A juicio de Rivas, existe un paralelismo entre la degradación del tejido socio-político occidental y la realidad que experimentó el continente tras las jornadas revolucionarias de 1968, que tuvieron su epicentro en París. “Una vez pasada aquella experiencia, se llegó a la conclusión de que la causa principal había sido un exceso de democracia, que es precisamente lo que necesitamos. Pero los Estados tomaron medidas para que algo así no se volviese a repetir, y eso es lo que está pasando ahora”, afirmó.

Para él, el de la inmigración es uno de los terrenos en los que más patente resulta. “Es frustrante ver que países como Hungría, Bulgaria o Polonia usan un discurso protonazi y hablan de ser un dique contra la inundación de la inmigración”. Una opinión similar planteó Caso durante su labor moderadora. “Es fundamental la memoria. Qué rápido se nos olvida que nosotros también fuimos pobres y refugiados. Nos volvemos nuevos ricos a una velocidad desastrosa”, apostilló.

También el feminismo estuvo en boca de ambos ponentes a lo largo de sus intervenciones. La que el escritor calificó como “la revolución pendiente” es un acontecimiento que alterará radicalmente “no sólo la forma de vida de las mujeres, sino la de todos nosotros”. Y es que se ha llegado a un clima propicio para ello, pues “en gran parte del mundo las mujeres no sólo tienen miedo a salir a la calle, sino también a estar en casa. Eso es inadmisible”.

Rivas no dudó en resaltar el papel de la prensa como garante de que esos cambios se ejecuten de forma adecuada, sana y democrática. Ese rol no puede interpretarse de forma pasiva, sino activa, “convirtiendo el periodismo en activismo de la libertad; por eso, como el agua, es un bien público”. Su idea de la labor mediática se asemeja a la actividad dentro de una colmena. “En una democracia, el periodismo cumple el papel de la polinización, de la difusión de las ideas democráticas. Si dejamos que muera ese periodismo-abeja, estaremos ‘desdemocratizando’ la sociedad, aunque podamos mantener una apariencia de democracia”, explicó.

El acto final de la presentación constituyó una denuncia flagrante contra la indiferencia que, en opinión de sendos participantes, es una de las grandes lacras del momento presente. “La prostitución no es el oficio más antiguo que existe; lo es el mirar hacia otro lado”, apuntó Rivas, quien reforzó su argumento lanzando una estocada contra todos aquellos que “permiten esta vergüenza, pues basta con alzar la nariz de las páginas para percibirla”. De revertir la situación es responsable toda la sociedad. “Democracia, constitución, libertad… Son conceptos que se ensucian por un mal uso, pero que también pueden oxidarse y estropearse si no los utilizamos. Tenemos que rodarlos para asegurarnos de que funcionen correctamente”, concluyó.

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