Más máquinas, menos personas

Médicos del HUCA en un curso para manejar el programa Millennium. Foto / Mario Rojas.

Médicos del HUCA en un curso para manejar el programa Millennium.
Foto / Mario Rojas.

El conflicto en el HUCA de Oviedo por el cambio de sistema informático ha puesto de manifiesto una paradoja. Los ordenadores y las nuevas tecnologías han supuesto un evidente avance, pero también retrocesos. Los laborales en muchos trabajos, como el de los médicos, convertidos en administrativos delante de un ordenador, parecen evidentes. No son pocas las empresas e instituciones que aprovechan la crisis y la revolución tecnológica para reducir empleo y explotar a los trabajadores.

Blanca M. García / Periodista.

¿Interesa a empresarios y políticos fomentar el uso de las nuevas tecnologías para recortar empleos? ¿Hasta qué punto confundimos la llamada sociedad del conocimiento o era digital con la acumulación de aparatos que, además de ayudar, esclavizan a quienes los emplean? ¿Realmente sirven los ordenadores para que cualquier profesional mejore la calidad de su trabajo? Mientras en ciertos sectores aseguran estar viviendo su mejor momento gracias a la informática, en otros este mismo hecho ha convertido el día a día en una auténtica pesadilla, donde el trabajador se ha visto obligado a lidiar entre las órdenes de un sistema impuesto a calzador y su visión, más humana, de la realidad.

Este último ha sido el caso del nuevo Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), que, desde que se trasladó en junio a los terrenos de La Cadellada (Oviedo), ha experimentado un auténtico caos como consecuencia de la implantación del programa informático Millennium. Uno de los médicos de este centro, que prefiere mantenerse en el anonimato por temor a represalias, explica que a la escasa formación recibida por los distintos profesionales de la sanidad sobre el uso de este sistema de trabajo se une la elección, por parte del Gobierno del Principado de Asturias, de una herramienta “aún en pañales”. “El producto está por hacer. Es una herramienta que se va puliendo sobre la marcha. Nos sentimos como una mano de obra barata que está experimentando y rellenando las tripas de contenido que le falta al programa”. En este sentido, David Guardado, responsable de Comunidad y Redes Sociales en el grupo Prensa Ibérica Digital, aclara que “no existe ningún software que se pueda utilizar en cualquier centro de trabajo de manera generalizada”, sino que éste “requiere de una adaptación a las necesidades de cada empresa”. “Para que un software sea efectivo, tiene que existir una formación previa de los trabajadores y una organización muy buena”, manifiesta.

Una de las principales carencias de Millennium es, dice el médico anónimo, que no permite acceder al historial clínico de los pacientes, al no haber estado desde un principio conectado con el resto de sistemas que funcionan tanto en La Cadellada como en otros centros de salud y hospitales asturianos. La dependencia informática es tal en el nuevo HUCA que, indica, “las medicinas se dispensan de manera que, si no le llega al ordenador la orden de forma adecuada, el armario no se abre”. “Esto conlleva una cantidad de tiempo tan grande que cada jornada laboral acaba siendo una tortura”. Según afirma, cada vez que un facultativo prescribe una receta tiene que pulsar tantos clics con el ratón de su ordenador que “la posibilidad de que cometa un error es enorme”. “Trabajas diariamente con la incertidumbre de si a un paciente se le ha dado bien una cita o si estarán los análisis listos en el momento de su consulta”. Y es que, precisamente, la implantación del Millennium en el HUCA ha hecho que a médicos y enfermeras se les asignen tareas -como pedir citas- que antes eran responsabilidad de otros departamentos. “La consecuencia será probablemente la eliminación de esos puestos de trabajo”, opina el facultativo, para quien el objetivo de incorporar este sistema parece estar más orientado al ahorro presupuestario de la gerencia del hospital que a la atención al paciente, ya que el programa obliga a registrar hasta las gasas utilizadas por cada enfermo. “Pasamos mucho más tiempo mirando al ordenador que al paciente”.

Las deficiencias que ha puesto de manifiesto Millennium en Asturias no son las únicas a las que ha tenido que enfrentarse su propietaria, Cerner Corporation, compañía líder en el mundo en el desarrollo de soluciones y sistemas informáticos aplicados a la sanidad. Como se puede leer en la misma Wikipedia, la implantación de un programa similar en el año 2002 en el hospital infantil de Pittsburgh (Pensilvania, EEUU) y los problemas de adaptación al mismo que sufrieron médicos y enfermeras provocaron que en las urgencias sanitarias la mortalidad infantil superara el doble de los casos registrados hasta entonces, al pasar del 2,8% al 6,6% tras la instalación. “Si los médicos y enfermeras siguieran a pies juntillas lo que dice el programa, en el HUCA habríamos tenido que lamentar más de una desgracia”, advierte el facultativo.

Visión ética de la realidad

Para evitar que se repitan casos como el de Pittsburgh, políticos y empresarios deberán replantearse si lo que quieren en sus hospitales, instituciones y negocios son trabajadores orquesta pegados a un ordenador o individuos cualificados con una visión más humana de la realidad y que a la vez sepan manejar las nuevas tecnologías.

El imparable avance de la informática no solo ha acabado con la mala letra de los médicos; también lo ha hecho con la de los periodistas. A pesar de sus innegables ventajas, algunos profesionales reconocen que las facilidades que ofrece Internet a la hora de elaborar una información, unidas a los recortes laborales de la crisis, fomentan de manera indirecta la ausencia de noticias propias y el contacto personal con sus protagonistas. Cada vez existe un menor trato humano con las fuentes que generan información, no solo porque la confianza que se adquiere con éstas no es la misma a través del teléfono o el ordenador, sino porque en el cara a cara de una entrevista el periodista obtiene muchos datos -gestos, etcétera- imposibles de percibir por medio de una máquina.

Sobre este asunto, el responsable de Redes Sociales de Prensa Ibérica Digital opina que “por algún sitio tendrá que estallar” toda esta paradoja, ya que, de lo contrario, perderemos “la información de calidad”. “Ahora está más claro que nunca que hacen falta especialistas”. David Guardado aclara que cualquier periodista tendrá que saber moverse con cierta soltura por la Red, pero cree que el concepto de periodista digital que en la actualidad demandan las empresas desaparecerá. “Son las empresas las que deberían encargarse de la formación de sus trabajadores. Los medios de comunicación tendrán que empezar a preocuparse de buscar buenos periodistas”. Guardado puntualiza que “no es culpa de la informática que se explote a los trabajadores, sino de los estándares de calidad de cada empresa”.

Periodistas trabajando con sus ordenadores en la Junta General del Principado. Foto / Mario Rojas.

Periodistas trabajando con sus ordenadores en la Junta General del Principado.
Foto / Mario Rojas.

Otro de los problemas que plantea la nueva era digital es que ha incorporado un nuevo concepto relacionado con este sector, el llamado periodismo ciudadano. La información está más fragmentada que nunca y cualquier usuario de la red puede generar una noticia, sea cierta o no. Guardado destaca que “la función social de la prensa es más importante que nunca”. “Al periodista corresponde la tarea de contrastar la fiabilidad de las informaciones que aparecen en Internet”, añade.

Por el contrario, Julio Puente, de La Nueva España, que lleva más de cuarenta años ejerciendo como periodista, rechaza la idea de que la calidad de este trabajo haya descendido. “No podemos añorar la época del papel. Es un error”, afirma. Puente cree que los recortes laborales se deben a la crisis y no a la informática, y considera que, de hecho, la profesión pasa por su mejor momento. “A diferencia de lo que ocurría hace años con los talleres, las nuevas tecnologías otorgan al periodista un control total sobre la información que antes no tenía”.

Hacia la civilización del ocio

Al igual que Julio Puente, el profesor del Departamento de Informática de la Universidad de Oviedo y ex director del área de comunicaciones de esta misma institución, José Antonio Corrales, se muestra seguro de que la Red “suma más que resta”. No obstante, hace un inciso sobre la tendencia de sustituir gran parte del trabajo físico que antes desarrollaban las personas por el que ejercen las máquinas. “Nos estamos encaminando hacia la civilización del ocio, lo que significa que no hará falta trabajar tantas horas”. Corrales augura que el trabajo del futuro bien podrá ser el de un ejecutivo o persona que vive en un lugar paradisíaco y se conecta solo unas horas a la Red.

El progreso, manifiesta, también acarrea muchas consecuencias negativas, como la desaparición de infinidad de profesiones. Una de ellas podría ser la de actor. “Con los sistemas que ya tenemos es posible crear modelos tridimensionales a partir de múltiples fotografías y animarlas”. En el campo de la medicina, el profesor explica que la ciencia está trabajando para poder crear, por ejemplo, nanorobots que dentro de unos años serán capaces de detectar y deshacer un tumor.

Partidarios de esta apuesta por la informática para hacernos la vida más fácil son también algunos arquitectos, como Fernando Nanclares y Alfonso Toribio. “Las herramientas informáticas nunca son un problema. Es todo una cuestión de entrenamiento”, opina Nanclares, uno de los redactores del plan director del prerrománico asturiano. Para él, la forma de pensar en arquitectura -tener una idea y desarrollarla con lápiz y papel- es la misma que antes de la aparición de los sistemas informáticos actuales, pero la presentación del producto ha mejorado considerablemente. Así lo ve Alfonso Toribio, decano del Colegio de Arquitectos de Asturias, para quien la informática ha permitido mejorar sustancialmente el trato de estos profesionales con sus clientes. “Mientras antes un cliente no podía entender un plano, gracias a los edificios virtuales es capaz de tener una idea muy aproximada de cómo quedará la obra que ha encargado”.

Junto a la explotación laboral, la desaparición de muchas profesiones, el descenso de la calidad y la esclavitud de aquellos trabajadores que viven enganchados a un ordenador, las consecuencias del progreso también esconden una falta de libertad y anonimato motivado, principalmente, por el control que ejerce sobre cualquier ciudadano la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos a través de gigantes tecnológicos como Google o Microsoft. Sea como sea, está claro que el avance de la tecnología es necesario e imparable. Eso sí, sin olvidar la importancia de cualquier ser humano frente a una máquina.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 34, SEPTIEMBRE DE 2014

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