Maxi Rodríguez, el oficio de periodista ya no es lo que era

Maxi RodríguezEl éxito obtenido en la reciente representación en Oviedo de las piezas breves de Maxi Rodríguez muestra la actualidad y el compromiso de su microteatro, que bajo el título Teatro Precario lleva publicando desde el primer número de ATLÁNTICA XXII. En ocasiones es el paro, en otras el empleo inestable, en otras el malvivir de la sociedad contemporánea, sometida a la corrupción más codiciosa y avara, el tema de sus brillantes diálogos teatrales, que no se olvidan tampoco de la precariedad del oficio de periodista en una época marcada por la crisis y las desigualdades crecientes. De eso es de lo que trata precisamente su diálogo El opinador, que se publicó en el número 24 de la revista y reproducimos a continuación.

 

El Opinador

 (ÉL, apuesto cincuentón de pelo cano, y ELLA, atractiva treintañera, frente a dos copas de vino, arrullados por el hilo musical de una cafetería de hotel)

ÉL.- Mercenario, estómago agradecido… ¿Qué más?

ELLA.- Juan…

ÉL.- No, en serio, sigue, no te cortes.

ELLA.- ¡Juan!

(Pausa)

ÉL.- Yo opino, Laura. Solo opino.

ELLA.- Sin molestar.

ÉL.- A ti sí. (Pausa) Aunque, la verdad, no acabo de entender por qué.

(Pausa)

ELLA- Joder, Juan, tienes poder.

ÉL.- ¿Yo?

ELLA.- El poder va por un lado y la realidad por otro.

ÉL.- ¿Pero de qué coño estás hablando?, ¿qué tiene que ver eso conmigo, con nosotros?

ELLA.- Periodismo, Juan, hablo de periodismo.

ÉL.- Vaya.

ELLA.- De la responsabilidad del periodismo en una época marcada por la crisis y las desigualdades crecientes, por el…

ÉL se levanta contrariado, pasea con el vaso en la mano.

ÉL.- ¿Responsabilidad? ¿Y qué coño pretendes que haga, cargar con toda la profesión sobre mis espaldas?

ELLA.- Eras un referente, joder. ¿No lo entiendes?

ÉL.- Perdona, pero para mucha gente lo sigo siendo.

ELLA.- Eso es lo malo. (Pausa) Aquel tipo brillante, independiente, una firma de prestigio…

ÉL.- ¿Por qué hablas como si me hubiera muerto?

ELLA.- Contemporizador, domesticado, asintiendo de plató en plató, convertido en tertuliano. (Pausa) Así te has quedado.

(ÉL la mira unos instantes desconcertado, intenta tomarse un trago pero un irreprimible ataque de risa le hace empapizarse. ELLA ni se inmuta. Pausa)

ÉL.- Y yo que pensé que íbamos a follar…

ELLA.- Juan.

ÉL.- En serio. (Tratando de sofocar la risa, con mucha dificultad) Tanto misterio con la cita, la excusa del café, el morbo de un hotel…

ELLA.- Tenía muchas ganas de verte. Siempre, no sé, te he tenido muy presente.

ÉL.- Pensé: se habrá excitado al verme por la tele.

ELLA.- Llevo muchos años siguiéndote. (Pausa) Desde que nos diste aquella charla en la Facultad. (Pausa) Te parecerá una gilipollez pero fuiste una de las razones por las que terminé la carrera.

ÉL.- ¿Ah sí? Y me citas aquí para ponerme a parir.

ELLA.- Quería ser como tú, Juan. Esa rebeldía, esa lucidez, la ética…

ÉL.- ¡Para, para! (Pausa) ¿Qué se supone que tengo que hacer?

ELLA.- ¿Qué?

ÉL.- Dame una buena razón para que… (Pausa) A ver. Eres muy mona y…

ELLA.- Muy mona, qué forma de hablar.

(ÉL, molesto, apura el vaso, lo deja en la mesa y se pone la chaqueta)

ÉL.- Me voy.

ELLA.- Solo trato de decirte que para nuestra generación es muy decepcionante…

ÉL.- ¿Vuestra generación?, ¿pero qué me estás contando? Cientos, miles de periodistas bien formados y que saben de lo que hablan, con capacidad crítica para oponerse al sistema, están siendo despedidos y sustituidos por gente dócil, absorbida por el puto sistema desde el inicio y dispuesta a hacer de todo por 800 euros.

ELLA.- Ya, pero…

ÉL.- ¿Qué pasa, que tú respondes por “vuestra generación”?

ELLA.- Desde luego que no, pero…

ÉL.- Pues te diré una cosa: hoy las redacciones de los periódicos están atestadas de gente como tú, como vosotros, ¿y sabes en qué se han convertido? ¡En cuevas de peloterismo salvaje!

ELLA.- ¿Y a mí qué me dices?

ÉL.- No, perdona, eres tú la que pide cuentas, la que juzga a los demás. ¿Con qué derecho te permites descalificarme porque a estas alturas me gane la vida opinando después de…?

(ELLA se abalanza sorpresivamente sobre ÉL y le da un intenso beso en los labios)

ÉL.- (Traspuesto) Jo-der.

ELLA.- Aún estamos a tiempo, Juan.

ÉL.- ¿De follar?

ELLA.- (Enérgica) De recuperar aquello que nos contabas, de luchar por un periodismo que se meta de lleno en el día a día de los problemas de la sociedad y que busque dar todos los matices, sabores y colores de una noticia.

ÉL.- (Desconcertado) ¿Más vino?

ELLA.- Ya lo dijo Kapuscinski antes de morir: Los grandes reportajes, que de verdad buscan las causas y se sumergen en las realidades, están huyendo de los periódicos, de las teles, de todos los…

(ÉL, tratando de emularla, intenta besarla ardientemente. ELLA logra zafarse y le da una bofetada en la cara)

ÉL.- (Traspuesto) Jo-der.

ELLA.- Perdona.

ÉL.- (Flipando) Kapuscinski, eh.

ELLA.- (Retomando, con ímpetu) Sí, eso es. Los medios actuales van a la inmediatez, al destello, al espectáculo y no tienen ni ganas, ni voluntad, ni interés en desvelar ni en ayudar a la sociedad a desentrañar la realidad del mundo, cuando en sí mismo ese debe ser el objeto del periodismo. (Pausa) ¿No estás de acuerdo? (Larga pausa) ¡Di!

ÉL.- (Sarcástico) ¿Volverás a abofetearme?

(Sonríen juntos. Por primera vez parecen distendidos y con un punto de complicidad)

ELLA.- ¿Qué coño haces ahí, Juan? ¿Largando tópicos y lugares comunes en una tele carca y conservadora?

ÉL.- ¿Hay alguna que no lo sea?

ELLA.- ¿Qué necesidad tienes, joder? Tú eres un maestro, el número uno.

(Pausa)

ÉL.- El oficio de periodista ya no es lo que era porque los de arriba así lo han querido.

ELLA.- Ah. ¿Renuncias?

ÉL.- ¿Y tú? (Pausa) ¿Cuánto piensas durar con tu delirio digital? El día menos pensado estarás como los colegas más privilegiados de tu edad, trabajando diez horas diarias para bajar la cabeza y comer mierda.

ELLA.- No creo, no.

(Larga pausa. ÉL gira burlón su cabeza y se dirige hacia la puerta)

ÉL.- (Teatral) ¡Oh el triste opinador a sueldo, gente de vida gris y…!

ELLA.- ¡Juan!

ÉL.- (Volviéndose) ¿Sí?

ELLA.- ¿Y qué hacemos con la vocación?

(Pausa. ÉL lentamente camina hacia ELLA)

ÉL.- (Susurrante) Si quieres, echamos un polvo y hablamos de los sueños rotos.

(ELLA le mira con cierta frialdad mientras apura su vaso de vino y se deja arrullar por un tema megahortera del hilo musical. TELÓN)

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