Maxi Rodríguez: Escrache inverso

Maxi Rodríguez(La puerta entreabierta separa a un tipo trajeado de una señora con bata raída, de andar por casa)

ELLA.- ¿Cómo se atreve?

ÉL.- ¿Perdón?

ELLA.- ¡¡¡Atrás!!!

ÉL.- Solo es un segundo. Mire…

ELLA.- ¡¡¡No se me acerque!!!

(La señora trata de cerrar, el tipo se interpone)

ÉL.- Le dejo nuestro programa y si tiene alguna duda o necesita…

ELLA.- ¡Que me deje en paz, joder! ¿Está usted sordo o qué?

ÉL.- No, señora, yo solamente…

ELLA.- Nos llenan los buzones de propaganda, nos atosigan con megafonía, se atreven a llamarnos por teléfono, a pedirnos el voto por la calle y encima tienen los santos cojones de…

ÉL.- Es nuestra campaña puerta a puerta.

ELLA.- ¡¡¡Policía, socorro, policía!!!

ÉL.- Oiga, ¿pero qué hace?, ¿se ha vuelto usted loca?

ELLA.- ¡Sin insultos, eh! ¡¡¡Policía!!!

ÉL.- Oiga, como siga usted gritando le…

ELLA.- ¿Me está amenazando o qué?

ÉL.- No, señora, yo solo le digo que…

ELLA.- ¡Siga, sí, dígalo, venga!

ÉL.- ¿Qué?

ELLA.- Acoso, amenazas, coacciones… ¡Venga, no se corte!

ÉL.- ¿Pero esto qué es?

ELLA.- Eso digo yo.

ÉL.- ¿Nos hemos vuelto locos?

(El tipo recula con los ojos como platos)

ELLA.- ¡Locos, sí, eso parece! Aquí se protege a los estafadores de los estafados.

ÉL.- ¿Cómo dice?

ELLA.- Incumplís vuestro programa electoral y os acordonan vuestro portal.

ÉL.- ¿Qué?

ELLA.- ¡Nos esclavizáis y os pagamos la escolta!

ÉL.- Pero, señora…

ELLA.- No soportáis las críticas, las manifestaciones pacíficas…

ÉL.- Oiga, mire, yo…

ELLA.- Vivís atrincherados y pretendéis ejercer el poder sin control alguno por parte de los ciudadanos.

ÉL.- ¿Pero de qué está hablando?

ELLA.- Queréis vivir en la impunidad, sin saber nada de nosotros, sin sufrir ninguna incomodidad. Pero, ay amigo, en tiempo de campaña sí. ¡En campaña todo cambia!, ¿verdad?

ÉL.- Yo solo he venido a informar.

ELLA.- (Cayéndose de un guindo) Claro, claro. Acción directa. Puerta a puerta.

(El tipo se relaja un instante y despliega uno de sus folletos tratando de ser divulgativo)

ÉL.- En efecto, mujer. La idea es explicar lo que hemos hecho y lo que vamos a hacer, pero así, cara a cara, sin intermediarios, con una comunicación más…

ELLA.- (Fuera de sí) ¡¡¡Socorro, policíaaa!!! ¡¡¡Policía!!!

ÉL.- (Atónito) Pero, oiga…

ELLA.- ¡Al ladrón, al ladrón!

ÉL.- ¿Ladrón? ¿Yo?

ELLA.- Quienes roban el futuro y las ilusiones de la gente honrada, ¿no deberían quedar expuestos ante la sociedad? (Pausa) ¿Pero qué coño hace la policía?, ¿por qué no viene ya?

ÉL.- Oiga, mire, yo no sé qué clase de juego…

ELLA.- ¡Socorro, policía! ¡¡¡Que me violan!!!

ÉL.- ¿Yo? ¿A usted?

(Silencio sepulcral. La señora, súbitamente circunspecta, fulmina al tipo con su mirada)

ELLA.- Nuestro hogar se puede y se debe violar con una injusta ley en la mano, ¿no?

ÉL.- ¿Pero qué dice?

ELLA.- ¿Tiene usted hijos?

ÉL.- Sí, señora. Tres.

ELLA.- Felicidades.

ÉL.- Gracias.

ELLA.- Todos tenemos hijos. Y los míos se han quedado sin techo.

ÉL.- ¿Sin techo?

ELLA.- Para vosotros la exclusión nunca fue un riesgo, ¿verdad?

ÉL.- Oiga, a ver…

ELLA.- Un daño colateral, ¿no?

ÉL.- ¿Pero qué dice, mujer? ¿Qué dice?

ELLA.- ¡Que os la sopla! Un daño del que nadie se hace responsable.

(El tipo visiblemente enojado recoloca su corbata y se dirige al ascensor)

ÉL.- Vale. Como broma, ha estado bien.

ELLA.- Eso digo yo.

(El tipo se vuelve con un punto de chulería)

ÉL.- Mire, sé de sobra que son tiempos difíciles, duros, muy duros. Pero lo que no podemos es empecinarnos y desoír a quienes proponemos cosas y les queremos ayudar. Qué fácil es culpar a los demás, difamar, exagerar.

ELLA.- ¿Exagerar?

ÉL.- (Sarcástico) Venga, señora… ¿Cómo puede usted hablarme de exclusión viviendo en este barrio?

ELLA.- Acabáramos.

ÉL.- ¿Perdón?

ELLA.- La señora no está en casa. (Reverencia) ¿Le dejo algún recado?

(Pausa. El tipo manosea sus folletos en silencio)

ÉL.- Joder. (Pausa) La asistenta. (Se parte de risa) ¡La pu…!

ELLA.- Sí, sí, venga, dígalo: ¡la puta asistenta!

ÉL.- No, yo… ¡Está usted pirada!

ELLA.- Ya ve, pirada, desahuciada y viviendo casi de la beneficencia.

ÉL.- ¿Pero cómo no me di cuenta antes?, ¡una de esas piradas del escrache!

(El tipo se gira entre risas, la señora se envalentona)

ELLA.- ¡Sois vosotros los que permitís el acoso a los ciudadanos de una banca miserable que impone una ley injusta! ¡Sois vosotros los que dejáis que miles de familias sean humilladas…!

ÉL.- Sí, ya, ya…

ELLA.- ¡…Que ancianos, niños, enfermos y gente sin recursos estén sufriendo la derrota, la violencia policial y la vergüenza pública…!

ÉL.- Claro, claro.

ELLA.- ¡Sois vosotros los que lleváis años haciéndonos un escrache tras otro…!

ÉL.- Que sí, hala, venga… Buenas tardes.

(El tipo se encierra en el ascensor, la señora saca la escoba para barrer alguna hoja de propaganda caída en el descansillo. A lo lejos, aúlla una megafonía de campaña electoral. La señora gimotea apoyada en la puerta. Con el estrépito del ascensor, cae el TELÓN)

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 26, MAYO DE 2013.

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