Conflicto en la Universidad de Oviedo

Los cinco profesores de Geológicas expedientados a la entrada de la Facultad. Foto/Imanol Rimada.

CONFLICTO EN GEOLÓGICAS POR UNA PLAZA QUE UN PROFESOR QUIERE PARA SU DESCENDIENTE.

Desde hace tiempo un asunto lleno de contradicciones y puntos oscuros tiene como protagonistas, en la Facultad de Geológicas de la Universidad de Oviedo, a cinco profesores expedientados, un candidato que se siente maltratado, al padre de éste último (un profesor jubilado) y al rector, que está siendo criticado por amparar un proceso que pone en cuestión la independencia de las comisiones de selección de plazas en la Universidad.

Ismael Juárez / Periodista.

Todo comenzó hace dos años y medio cuando Germán Flor Blanco se puso en contacto con los miembros del Departamento de Geología para pedir que se creara una plaza en el área de Estratigrafía que se ajustara a su perfil. “Él no era parte de la plantilla de la Universidad”, cuentan desde el Departamento de Geología, “aunque había colaborado junto a su padre. Eso sí, él decía ser colaborador del área de Estratigrafía, pero en los archivos del Departamento de Geología no consta que haya tenido contrato alguno de esta categoría ni de ninguna otra”.

La carrera de quien hacía dicha petición ha estado muy vinculada a su padre, Germán Flor Rodríguez, profesor titular, en ese momento a punto de jubilarse, que había venido desarrollado una línea de investigación y docencia en temas litorales y del medio ambiente, y que era quien contrataba a su hijo para ayudarle en estos temas. Lo hacía a través de la Fundación de la Universidad de Oviedo, creada para facilitar el trabajo de catedráticos en proyectos en las empresas, públicas y privadas, y con cuyos fondos esos docentes son libres de contratar a quien consideren oportuno. Tal vinculación había sido tan estrecha que esta revista ha podido saber que tanto la tesina como la tesis doctoral del hijo, Germán Flor Blanco, habían sido dirigidas por el padre.

De igual forma, en la mayor parte de las publicaciones en las que el hijo ha participado el autor principal es el padre, tal y como consta en la plataforma www.researchgate.net. Así pues, suceder al padre parecía el paso siguiente en esta trayectoria laboral tan estrecha. Para ello mantuvieron reuniones con personas del Departamento con la intención de conseguir la firma de un documento que apoyara la creación de la plaza. Flor Rodríguez asegura que lo que estaba y está en juego “es que se pierda una línea de investigación muy específica que he desarrollado en Asturias a lo largo de estos años y en la que mi hijo es el mejor candidato para continuarla, por sus méritos y trabajo junto a mí”.

Hubo dos profesores que se opusieron a convocar la plaza. El resto se mostró favorable a firmar el documento de apoyo, siempre y cuando se omitieran las alusiones directas a Flor Blanco. Resulta significativo en este punto que dicho escrito fuese entregado en el Registro General de la Universidad por Flor Rodríguez. “Es anómalo que sea el padre de un candidato, que es profesor en la Universidad, quien haga por crear la plaza y que de forma más o menos explícita intente lograr que sea su hijo quien la consiga”, relatan algunas voces desde el Departamento, si bien hay otras, que prefieren no decir su nombre, que reconocen que en la Universidad española “este tipo de situaciones anómalas se dan con más frecuencia de lo deseable”.

En mayo de 2015 se convoca concurso público para la provisión de la plaza. Para ello se elige una comisión de selección por sorteo, resultando elegidos Jesús Aller, como presidente, Óscar Merino, como secretario, y Luis Pedro Fernández, Carlos Aramburu-Zabala y Marta Valenzuela como vocales. Tal y como dictan las normas, en la comisión estuvo presente un representante sindical, Miguel Ángel Martínez, de UGT, con voz pero sin voto, como garante de la imparcialidad y rigor del proceso de selección.

Recusados por publicitar la plaza

Los problemas empezarán entonces. Flor Blanco intentó recusar a dos miembros de la comisión de selección. Sus argumentos se pueden resumir en tres puntos. En primer lugar, el candidato ponía de relieve que dos miembros, Óscar Merino y Marta Valenzuela, habían sido las personas que no habían querido firmar el documento de apoyo a la provisión de la plaza, lo que, a su entender, ponía en evidencia una enemistad manifiesta. Por otro lado, entendía que esa supuesta enemistad había llevado a formalizar unos criterios de valoración que le perjudicaban. Además, criticaba que la convocatoria se hubiese publicitado en diferentes Facultades de Geología de España, así como en centros del CSIC, lo que, según él, era algo que pretendía perjudicarle.

“Es absurdo considerar que publicitar una plaza sea por motivaciones personales. Se trata de eso, de crear una plaza y a ser posible que se presenten los mejores, de esta Universidad y de otras. Hoy en día hay mucha competición”, afirma Óscar Merino. Por otro lado, tanto los miembros de la comisión como el sindicalista presente en la evaluación de los candidatos y diversas personas del Departamento de Geología con los que ha contactado esta revista concluyen que no había ningún tipo de enemistad manifiesta. Flor Rodríguez, sin embargo, afirma que sí la había contra él y que todo esto ha acabado yendo contra su hijo “de rebote”. Este ha preferido no manifestar su opinión para este reportaje.

El intento de recusación no fue admitido por el Rectorado, por lo que se procedió a hacer pública una lista de los diez candidatos admitidos, entre los que se encontraba Flor Blanco. Tras esto, la comisión hizo la valoración de méritos y emitió por unanimidad la propuesta de adjudicación de la plaza a quien obtuvo mayor puntuación, Emma Quijada Van Den Berghe, que venía de la Universidad Complutense de Madrid. Flor Blanco había quedado en sexto lugar.

Es entonces cuando este candidato rechazado hace una reclamación, al entender que los baremos utilizados para la valoración no habían sido los adecuados para la plaza que se pretendía instaurar, precisamente por iniciativa suya y de su padre. De hecho, exponía cuáles debían ser los baremos, que debían ajustarse para una plaza que cubriese próximas jubilaciones en especialidades concretas, algo que parecía una referencia implícita al inminente retiro de su padre.

Además protestaba por no haber sido aceptados algunos documentos sobre su currículum docente. Pedía por tanto la anulación de la provisión de la plaza y el sorteo de una nueva comisión de selección para reiniciar el proceso. Miguel Ángel Martínez, el sindicalista presente en la comisión de selección, es contundente: “Como he afirmado ante el Rectorado y lo haré las veces que haga falta, el rigor que yo observé en aquellas evaluaciones fue extraordinario”.

De modo inusual, pasarían siete meses antes de que se resolviera esta reclamación. Será en abril de 2016 cuando el Rectorado, en ese momento en funciones ante la inminente salida del cargo de Vicente Gotor, resuelva a favor de Flor Blanco, junto a otros dos candidatos que en ese tiempo también habían decidido reclamar. La explicación para aceptar las reclamaciones argumentaba que el perfil se había adecuado al área de Estratigrafía y Sedimentología y no al de Estratigrafía exclusivamente. Dos denominaciones que, sin embargo, según la comunidad científica, y en concreto la ANECA (Agencia Nacional de la Calidad y la Acreditación), son utilizadas de modo indistinto. Esto no se tuvo en cuenta y los miembros del comité de selección tuvieron que volver a abrir el proceso variando algunos puntos en el baremo.

Para Jesús Aller, presidente de la comisión, “todo aquello nos empezaba ya a resultar muy raro. Primero el Rectorado tarda demasiados meses en pronunciarse sobre la reclamación y cuando lo hace se agarra a un argumento que está cogido con pinzas, y que desde luego no tiene ni pies ni cabeza”. Por el contrario, Flor Rodríguez afirma que “mi hijo tiene mejores méritos que la ganadora. Ella está especializada en Estratigrafía clásica y de lo que se trata es de seguir una línea de investigación más específica en relación a los litorales, para lo que mi hijo tiene mejores méritos y conocimientos”.

Los resultados de la segunda provisión de la plaza fueron muy similares a los de la primera, manteniéndose la posición de los candidatos. Aunque, de nuevo, Flor Blanco volvía a reclamar en relación a los baremos utilizados. El candidato consiguió que se tuvieran en cuenta algunos puntos de su reclamación y pasó del sexto al quinto lugar. Pero el litigio seguía abierto. Flor Blanco no se daba por vencido. Óscar Merino afirma que “la candidata que ganó tenía unos méritos extraordinarios. Es una persona sumamente inteligente”.

En ello coincidía el resto de los miembros de aquella comisión. “Sus méritos estaban y están muy por encima del resto de los candidatos, con estancias largas en Universidades extranjeras, con unas notas increíbles en la Universidad y con una trayectoria importante en investigación. Lo cierto es que cuando resultó ganadora, tras las evaluaciones, todos nos alegramos de que la Universidad pudiera contar con alguien tan valioso”, afirma Jesús Aller, que añade: “Ninguno la conocíamos antes de la selección, fueron solo sus extraordinarios méritos los responsables de que consiguiera la plaza”. Sin embargo, Flor Rodríguez insiste en que la comisión hizo unos baremos equivocados, que obviaron los méritos de su hijo, que están por encima de los de la ganadora.

Y entonces ocurre algo imprevisto que da un pequeño pero importante giro al guión de esta historia. La candidata que había ganado la primera vez, tras lo cual empezó a ocupar la plaza, había interpuesto un recurso contencioso-administrativo contra una resolución del rector en la que se ordenaba volver a valorar los méritos de todos los candidatos. Su recurso fue desestimado y el juez argumentó que la comisión de selección “había desoído, al menos en parte, los mandatos de las resoluciones adoptadas con motivo de los recursos anteriores (…) manteniendo sus propios criterios y aduciendo que están amparados en la discrecionalidad técnica”.

Javier Pulgar, con más de cuarenta años de docencia en la Universidad y muy respetado en el Departamento de Geología, opina que “hablar de desobediencia es inaudito, porque una comisión de selección debe ser independiente. Obedecer sería un despropósito, si no algo mucho más grave”. Jesús Aller cree que “aquel juez no tenía conocimientos técnicos sobre la materia y la cuestión discutible sobre la denominación (Estratatigrafía y Sedimentología) le había llevado a pronunciarse en unos términos incorrectos”.

Germán Flor Rodríguez. Foto/Mara Villamuza.


Otra comisión con la misma elección

Sin embargo, esta resolución fuera de la Universidad llevó al Rectorado a anular los resultados de la plaza y convocar una nueva comisión de selección por sorteo, apartando de la misma a los anteriores miembros. Los resultados de esta comisión, con otras personas distintas para evaluar, de nuevo dieron como ganadora de la plaza a Emma Quijada, dejando a Flor Blanco esta vez en la cuarta posición. Pero, una vez más, este candidato reclamó. Y de nuevo su reclamación fue atendida, por lo que hubo de repetirse la provisión de la plaza. En febrero Emma Quijada era confirmada por cuarta vez como ganadora aunque otra vez Flor Blanco reclamaba de nuevo. Esta última reclamación aún no se sabe si será atendida algo que desde fuentes del departamento de Geología calificarían de “algo inaudito”.

Este culebrón académico se complicó todavía más desde el pasado verano cuando el padre del candidato, el profesor jubilado Flor Rodríguez, denunció ante la Universidad a los miembros de la primera comisión, argumentando que habían cometido tres faltas muy graves dentro del Estatuto Básico del Empleado Público, algo que está sancionado con el despido para los contratados en régimen laboral y con la separación del servicio durante varios años para los funcionarios. Como consecuencia de dicha denuncia se abrió un expediente disciplinario contra los cinco, que aún no se ha cerrado, y que hace que el futuro profesional de los expedientados peligre. Algo que ha provocado un escándalo, no solo en la Facultad de Geología, sino en otras Universidades españolas de la misma disciplina.

Javier Pulgar, quien también ha sido vicerrector en dos ocasiones y miembro de la Comisión de Reglamentos y Reclamaciones, la instancia universitaria que dirime asuntos como este, considera que “esta denuncia está fuera de todo lugar. Más allá del oscurantismo de todo el proceso, entiendo que el resultado de un comité de selección sea anulado. Es normal, yo diría que hasta común, y ello probaría el sistema garantista de la normativa universitaria. Pero es un despropósito expedientar a personas que se guían por baremos estrictamente técnicos que están sujetos a debate y a interpretación. Es como si la sentencia de un juez es modificada ante el Tribunal Supremo y ello es usado como prueba para ir contra el juez”. Óscar Merino afirma rotundo que “nos sentimos perseguidos. Es como si alguien quisiera una resolución a la carta. No podemos probarlo pero es lo que sentimos”. Más aún cuando la persona que ahora mismo instruye el caso “es la asesora jurídica e instructora que al principio del proceso defendió que lo habíamos hecho mal”.

Hace unos meses se presentaron pruebas de que había una relación de confianza entre la instructora del expediente y el candidato antes de la iniciación del proceso, y ello motivó su recusación. La recusación no fue aceptada aunque desde entonces parece que algunas cosas han cambiado. La instructora ahora afirma que no tiene pruebas contra los profesores denunciados y propone una sanción leve, algo que de cualquier forma será decisión del rector quien no se ha pronunciado hasta el momento.

“Es un gasto de tiempo y dinero innecesarios”, afirma Javier Pulgar. “No sé cómo hemos llegado a esta situación. Se está yendo contra profesores que precisamente han actuado como a veces se dice que no actúa la Universidad española, con rigor, sin amiguismos. En todo caso si aquí hay un protegido es el candidato que es hijo del profesor jubilado”.

Sin embargo, Flor Rodríguez dijo a esta revista antes de conocerse la resolución del rector que “todo esto es muy sencillo. Ha habido una enemistad hacia mi persona por parte de los miembros de las dos comisiones, del Departamento en general incluso, que ha llevado a no valorar adecuadamente los méritos de mi hijo y yo espero que la reclamación salga adelante”. Si la última reclamación prosperase, sería la quinta vez que se abriría el concurso en tres años. Pulgar afirma que esto sería “un auténtico despropósito que nadie entendería”.

Rodríguez Blanco también optó recientemente a una plaza en la Universidad de Cantabria, quedando en segundo puesto. Fuentes de la propia Universidad han confirmado que el candidato reclamó también allí por estar en desacuerdo con los baremos utilizados. Al ser rechazada su reclamación, inició acciones judiciales de las que la institución prefiere no dar más detalles.

Solidaridad desde otras Universidades

Uno de los últimos capítulos de un conflicto que para muchos universitarios delata el problema de la endogamia en la institución académica ha tenido lugar durante el mes de noviembre, cuando en un claustro el representante de los profesores del Departamento de Geología, Pedro Farias, y la decana de la Facultad, Rosana Menéndez, intervinieron para interesarse por el expediente y apoyar a los expedientados. El rector, Santiago García Granda, enmarcó el conflicto en “disputas personales” y “enemistades”. También declinó hablar con esta revista.

“Nadie conoce un caso igual en España”, afirma Javier Pulgar. “En otras Universidades están alarmados por el cariz de toda esta sucesión de hechos sospechosos. Hasta el punto de que a lo largo del otoño los expedientados han recibido el apoyo de 146 investigadores y profesores de Departamentos y Facultades de Geología españolas”. El comité de empresa de la Universidad de Oviedo también mostrará su solidaridad con los expedientados.

Así pues el asunto está ahora mismo en punto muerto pero en situación de alta tensión. Flor Rodríguez cree que todo se resolverá a favor de su hijo y “en principio” no piensa emprender acciones judiciales, aunque tampoco descarta denunciar ante la Universidad a la segunda comisión, de la misma forma que ya lo ha hecho contra la primera. Los profesores expedientados de la primera comisión siguen recabando apoyos y entienden que el rector no es imparcial. El proceso se sigue alargando aunque desde la aparición de este reportaje hace más de dos meses los expedientados son algo más optimistas, si bien todo sigue en el aire, tanto la confirmación definitiva de Emma Quijada en la plaza que ha ganado cuatro veces, como la sanción que les podría ser impuesta a los profesores del primer comité de selección.

Y aunque se oyen por pasillos y Departamentos, nadie quiere pronunciar en voz alta palabras como nepotismo y endogamia, tan duras como las piedras con las que trabajan los geólogos. Y los más pesimistas temen que ni un terremoto en la Universidad podría acabar con prácticas que ni la democracia ni las reformas educativas han podido extirpar.

Santiago García Granda, rector de la Universidad de Oviedo, al que acusan de parcial. Foto/Iván Martínez.

La facultad de no salir de la universidad

Son numerosos los artículos que cada cierto tiempo aparecen en prensa poniendo en evidencia el nepotismo y la endogamia que anidan en la Universidad española. Algo que no pocos analistas y organismos consideran un mal endémico de las Facultades del país. En este sentido un estudio del CSIC, publicado hace poco más de una década, concluía que el 95% de los profesores ya trabajaban en la Universidad antes de conseguir la plaza y el 70% de los profesores titulares habían sido presentados a la selección como candidatos únicos.

De igual forma, el Ministerio del Interior estimaba en 2014 que el 73% de los docentes en la Universidad pública habían hecho su doctorado en la misma Facultad en la que habían sido contratados. Unos porcentajes muy superiores a otros países de nuestro entorno que ponen en evidencia un auténtico cáncer que cuestiona no solo a la Universidad española, sino también la meritocracia social.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 54, ENERO DE 2018

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