Millones que vuelan en la oscuridad

LA TRANSPARENCIA, BÁSICA PARA ATAJAR LA ELUSIÓN FISCAL DE LAS ÉLITES

Ilustración/Alberto Cimadevilla.


Jesús Escudero
/ Periodista de El Confidencial y miembro del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

La maquinaria de la corrupción no se mueve sola. El engranaje técnico que activa su funcionamiento se compone de diversas piezas para garantizar su secretismo: asesores fiscales, sociedades pantalla, testaferros, cuentas bancarias en paraísos fiscales… Nos hemos acostumbrado tanto a su presencia que la irrupción de estos elementos en nuevos escándalos políticos ya apenas nos sorprende; es más, ya casi los damos por supuestos. ¿Porque qué sería de un caso de corrupción sin su dosis de personajes de paja, empresas tapadera y cuentas secretas?

Veamos algunos ejemplos, como el del exvicepresidente del Gobierno Rodrigo Rato. Acusado de un presunto delito de blanqueo de capitales, el exministro utilizó dos compañías panameñas controladas por testaferros, Westcastle Corporation y Red Rose Financial Enterprises, para ocultar su patrimonio durante más de dos décadas. En 2013, el bufete gibraltareño que gestionaba la red empresarial en el exterior de Rato contrató a Mossack Fonseca, el despacho protagonista de los Papeles de Panamá, para liquidar las dos sociedades y transferir los 3,67 millones de euros que escondía en ellas a la empresa instrumental británica Vivaway Limited y a otras cuentas a su nombre, según pone de manifiesto un informe de Hacienda incluido en el sumario judicial. El excuñado de Rato, Santiago Alarcó, implicado también en la causa contra el exdirector del FMI, se ha visto salpicado recientemente por su relación con otra sociedad maltesa.

Otro ejemplo. Esta vez el de la funcionaria del Principado Marta Renedo Avilés, cuyas iniciales dieron nombre al mayor caso de corrupción en Asturias: la Operación Marea. Renedo utilizó dos empresas españolas -una real, Implants Mounts, y otra ficticia, Oxiplans- para desviar fondos públicos a través de decenas de contratos menores. El nombre de la funcionaria aparecía ligado a ambas sociedades en el registro mercantil, pero nadie en el Principado se percató de ello hasta que una vecina de Gijón la denunció por abrir una cuenta bancaria a su nombre donde depositaba los cientos de miles de euros sustraídos de las arcas públicas.

Fernando Alonso. Foto/Pablo Lorenzana.

La lista sería interminable. A nivel nacional podríamos seguir con el Caso Lezo, en el que el expresidente madrileño Ignacio González cobró presuntamente comisiones ilegales por la ruinosa compra de Inassa, la filial del Canal de Isabel II en Sudamérica, a través de sociedades ‘offshore’ y cuentas opacas en el extranjero; o el Caso Soule que salpica a la Real Federación Española de Fútbol, y en el que el juez ha puesto la lupa sobre tres mercantiles españolas propiedad del hijo del expresidente Ángel María Villar, Gorka, al haber facturado ingresos millonarios gracias supuestamente al cobro de comisiones ilegales por partidos amistosos de la Selección.

Pero como cualquier engranaje, un mínimo defecto en una pieza o un grano de arena que interfiera en el devenir habitual de los acontecimientos pueden estropear toda una inmensa maquinaria. Un fallo que puede convertirse en sistémico si no tenemos uno sino millones de granos de arena.

Paraísos interconectados

Desde que en abril de 2013 salieran a la luz los primeros secretos del mundo ‘offshore’, la investigaciones periodísticas mundiales coordinadas por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) y difundidas en España por El Confidencial y La Sexta han dado a conocer a los ciudadanos de todo el mundo el uso habitual de los paraísos fiscales por parte de las élites. Una red global interconectada de abogados, expertos fiscales, proveedores de sociedades pantalla y bancos diseña el mejor engranaje para cada caso con el objetivo último de favorecer la ocultación del patrimonio de las grandes fortunas y la optimización fiscal por parte de las multinacionales.

Rodrigo Rato. Foto/Pablo Lorenzana.

Las filtraciones masivas de millones de documentos como Offshore Leaks (2013), los Papeles de Panamá (2016) y los Papeles del Paraíso (2017) revelaron el uso masivo de sociedades pantalla en diferentes países de baja o nula tributación para camuflar el beneficiario final, el rastro del dinero y, de paso, pagar los menos impuestos posibles. La Lista Falciani (2015) descubrió qué tipo de clientes confiaron su dinero al banco suizo HSBC de Ginebra entre los años 2006 y 2007, entre los que figuraba el piloto asturiano Fernando Alonso. Y los Papeles de Luxemburgo (2014) arrojaron a la luz los acuerdos fiscales secretos entre el Gran Ducado y grandes multinacionales como Amazon para pagar menos impuestos. Otras investigaciones periodísticas globales, como Football Leaks (2016), mostraron cómo los futbolistas recurren a sociedades tapadera para transferir sus derechos de imagen y rebajar así su factura fiscal.

La interconexión de estas redes es tal que algunos nombres se repiten en estas investigaciones, como el del empresario asturiano Fernando Masaveu Herrero. La lista Falciani reveló que el patriarca de la familia gestionó más de 5,7 millones de euros en el HSBC de Ginebra en los años 2006 y 2007 a través de las compañías Marianas Limited y Forum System Corp, ambas registradas en la paradisíaca Isla Mauricio del Océano Índico. Un año más tarde, los Papeles de Panamá sacaron a la luz otra cuenta bancaria ligada a Masaveu en Suiza, esta vez en el banco UBS, cuya titularidad la ostentaba una sociedad panameña: Shimrod Finance. La compañía se liquidó en enero de 2011, pocos meses después de que las autoridades españoles recibieran de Francia la Lista Falciani, en la que aparecía el nombre de Fernando Masaveu.

Como vemos, el engranaje del secretismo fiscal siempre se repite: una persona se esconde tras una o varias sociedades pantalla para gestionar su patrimonio e ingresos de forma anónima y secreta a los ojos de las Haciendas nacionales. De esta forma burlan los intercambios automáticos de información entre países y camuflan el rastro del dinero. La declaración fiscal de este patrimonio oculto en el extranjero queda a expensas de la buena voluntad de cada contribuyente.

El deber de pagar impuestos

Cuatro son las razones más habituales para utilizar estos mecanismos de ocultación: optimización fiscal, eludir o evadir impuestos, blanquear dinero procedente de actividades ilícitas o simplemente ocultar patrimonio como sistema de defensa jurídica ante posibles casos de bancarrota o divorcios. En todo caso, los activos ocultos quedan fuera del circuito normal del dinero y, por tanto, no quedan sujetos a gravamen alguno. En otras palabras: el Estado pierde millones de euros por las prácticas en paraísos fiscales.

En este punto cabe recordar que, tras el de defender a España (artículo 30 de la Constitución Española), el deber más importante de todos los españoles es el “sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio” (artículo 31 C.E.). El engranaje de ocultación engrasado por bancos y abogados sirve de vía escapatoria para aquellos enemigos del pago de impuestos.

Las informaciones reveladas por los Papeles de Panamá han servido para que la Agencia Tributaria española recuperara 104 millones de euros que permanecían ocultos en el extranjero. La cantidad equivale al presupuesto de inversiones reales previsto por el Principado de Asturias en 2017. En el plano judicial, se han abierto 83 expedientes a 53 contribuyentes y ya se han iniciado once procesos penales contra otros tantos contribuyentes españoles. Y todo esto teniendo en cuenta que gran parte de los implicados habían regularizado previamente su situación fiscal gracias a la amnistía fiscal impulsada por el Ejecutivo de Rajoy, anulada recientemente por el Tribunal Constitucional.

Fernando Masaveu. Foto/Mario Rojas.

“Electroshock para desencadenar cambios”

En palabras de Margrethe Vestager, la comisaria europea de Competencia, estas filtraciones masivas de información secreta han servido de “electroshock para desencadenar cambios”. “La ira de la gente ha sido un verdadero combustible para acelerar la toma de decisiones en la Unión Europea”, añadió en una entrevista al medio francés Le Parisien.

Por primera vez, los países miembro han elaborado una lista conjunta de 17 jurisdicciones no colaborativas entre las que figuran Panamá y Barbados. Sin embargo, la relación ha suscitado numerosas críticas, entre ellas las del comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, al no incluir paraísos fiscales tan conocidos como Bermudas, Islas Vírgenes Británicas, las Caimán, las islas del Canal, Singapur o Hong Kong. Además, el Parlamento Europeo ha recomendado imponer sanciones a aquellos bancos, abogados y expertos fiscales que colaboren en el diseño de estos engranajes de ocultación.

La mala reputación del uso de paraísos fiscales también ha calado en alguno de los principales actores de la industria ‘offshore’. En un reciente informe, la consultora Pricewaterhouse Coopers (PwC) admitía el perjuicio para la imagen corporativa que suponía el desvío de beneficios a países con baja o nula tributación, calificando de “inaceptable” su uso a medio plazo.

Pese a ello, el engranaje técnico de la ocultación se beneficia de los vacíos legales o directamente del amparo de muchas leyes. Como manifestó el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, “muchas de estas operaciones son legales… y ese es precisamente el problema”.

Las decisiones políticas que han seguido a estas investigaciones periodísticas suponen un pequeño avance en la lucha contra los paraísos fiscales y muchos proponen medidas mucho más ambiciosas basadas en una palabra clave: transparencia. Transparencia en el acceso a información y registros públicos –recordemos que el nombre de Marta Renedo aparecía como administradora única de Implants Mounts pero nadie consultó el registro mercantil–, transparencia en los ingresos y beneficios de las multinacionales en cada país y transparencia en la procedencia de los depósitos de cada banco.

Como resumió el comisario europeo Pierre Moscovici: “Los evasores fiscales son como vampiros: la única cosa a la que parecen tener miedo es la luz”.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 54, ENERO DE 2018

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Ilustración / Alberto Cimadevilla.