Mucho comercio (político) en las Cámaras

Severino García Vigón. Tras él Agustín Iglesias Caunedo. Foto / Mario Rojas.

Severino García Vigón. Tras él Agustín Iglesias Caunedo. Foto / Mario Rojas.

Las Cámaras de Comercio aglutinan fundamentalmente a las grandes empresas, suelen tener al frente a directivos muy bien pagados y desprenden un cierto aroma al pasado, vinculado a privilegios ya abolidos como la cuota obligatoria, una especie de “impuesto revolucionario” que pagaban las sociedades mercantiles hasta hace bien poco. Su supresión ha provocado su crisis, que incluso amenaza su continuidad.

La de Oviedo es un avispero de intrigas, zancadillas, operaciones políticas e inversiones nada rentables donde se ha atrincherado el ex presidente de la Federación Asturiana de Empresarios, Severino García Vigón, que tuvo que dejar su cargo en la patronal por un impago a Hacienda de una de sus empresas. Pero en la Cámara de Comercio solo estará hasta el próximo día 31. Su sucesión genera incertidumbre, como el propio futuro de la Cámara.

En el número 30 de ATLÁNTICA XXII, aparecido el pasado mes de enero, un artículo de Leticia Sánchez se ocupaba de la conflictiva situación de la Cámara de Comercio ovetense. Lo reproducimos a continuación.

GARCÍA VIGÓN RESISTE EN LA DE OVIEDO APOYADO POR EL AYUNTAMIENTO

La Cámara Ardiente

La Cámara Ardiente era en Francia una corte extraordinaria de justicia para juzgar herejes, ubicada en un cuarto sin ventanas. La Cámara de Comercio de Oviedo sí las tiene, pero también está que arde, aunque el humo no llegue a la calle. Allí se ha atrincherado en la presidencia el ex presidente de la FADE, Severino García Vigón, en un clima de intrigas y de crisis económica que amenaza el futuro de la entidad. El Ayuntamiento de Oviedo es su gran valedor, a pesar de las irregularidades en la gestión de fondos europeos y del fracaso del vivero de empresas que acometió la Cámara.

Leticia Sánchez / Periodista.

En su quinta acepción, de la palabra Cámara el diccionario dice esto: “Habitación de uso privado o restringido, especialmente referido a las de reyes o papas”. Casi acierta con la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Oviedo, un fortín en el que Severino García Vigón parece atrincherarse manteniendo la presidencia, tras haber tenido que dimitir de la de FADE después de que se le abriera un procedimiento por tres presuntos delitos contra la Hacienda Pública, cometidos en los años 2009, 2010 y 2011, en el marco de la investigación abierta contra la empresa familiar Energía de Asturias, Enastur.

Pero, más que una fortaleza inescrutable, Vigón parece que se ha resguardado en un polvorín, ya que en la Cámara las aguas distan de estar mansas. Las voces contrarias a que el ex patrón de patrones continúe se oyen por las esquinas y prenden las mechas. Este descontento ya se empezó a mostrar durante el verano, cuando Vigón aún seguía al frente de la FADE. Dimitió entonces parte de la cúpula de la Cámara de Oviedo: Nicanor Fernández, representante de HC Energía en el comité ejecutivo del organismo cameral, Manuel García Arenas, representante de la patronal de talleres y concesionarios (ASPA), Alejandro Fernández, presidente de Alimerka, e Ignacio Núñez, en representación de la patronal de la construcción CAC-Asprocon.

Ahora, aunque sigue habiendo partidarios de Vigón dentro de la Cámara, algunas voces sostienen que si no está habilitado para presidir FADE tampoco lo está para representar a las empresarios en la Cámara; y hay quien piensa que la actitud mantenida ha terminado afectando a la imagen del empresariado asturiano, tan tocada como la de los políticos. Parece que el deseo generalizado de los empresarios es que el presidente de la Cámara y de la FADE siga siendo el mismo, o que si hay dos personas tengan la misma línea. Con lo que la continuidad de Vigón parece casi una quimera.

El propio Vigón asegura que “no tiene ningún apego al cargo” y que permanecerá en el mismo el tiempo justo y necesario para arreglar los asuntos pendientes. Se mantiene pues, por el momento, por “pura responsabilidad”. Públicamente, Vigón se ha lamentado del poco apoyo que ha recibido, comparando su situación con la de Arturo Fernández, presidente de la patronal madrileña CEIM y de la Cámara de Comercio de la capital. Fernández, quien en 2009 le entregó a Vigón el premio Máster de oro del Forum de Alta Dirección, no dimitió de sus cargos pese a la investigación que abrió la Fiscalía sobre supuestos pagos en B a los trabajadores de su empresa de catering, ya que todos los miembros de las instituciones que preside le ratificaron su apoyo. Parece que las Cámaras de Comercio son fortines más seguros para unos que para otros.

El cese y el Plan Urban

El último incendio en la Cámara Ardiente de Oviedo se sofocó discretamente en vísperas de las Navidades con el cese del director general, el economista Pedro Rodríguez, que en 2008 había sustituido a Javier Cuesta. Fue por “pérdida paulatina de confianza” durante un pleno al que asistieron representantes de El Corte Inglés, Tartiere Auto, García Rodríguez Hermanos, Hunosa, HC Energía y Hostelería, aunque sorprendió la ausencia del presidente de esta última patronal, José Luis Álvarez Almeida, vicepresidente segundo de la Cámara, y, al menos hasta ahora, uno de los grandes apoyos de Vigón.

La salida de Rodríguez parece vinculada a los 200.000 euros perdidos por la institución cameral al retirársele por irregularidades económicas las ayudas europeas del Plan Urban que le adjudicó el Ayuntamiento de Oviedo. La Cámara firmó un convenio con el Consistorio en 2010 para gestionar parte del plan, que suma inversiones por 16 millones de euros para mejorar los barrios de La Corredoria, Rubín y Ventanielles, y que cofinancia la Unión Europea.La Cámara se ocuparía de servicios de formación, apoyo a empresas e información, siempre bajo la supervisión municipal. Pero hace unos meses se supo que se habían cometido ilegalidades en la adjudicación de estos contratos, con cargo al año 2011.

Las facturas irregulares, según los auditores del programa europeo, suman 200.000 euros y responden a las subcontrataciones de dos empresas: Start Up, sociedad del ex gerente de Gesuosa, Luis Gómez, y de la agencia de publicidad Impact 5. Las irregularidades consisten en haber valorado antes la oferta económica que la técnica, no publicitar la licitación y presentar para justificar el gasto una factura única inferior al precio del contrato, lo que incumple la obligación de facturar mensualmente los gastos. Concretamente la Cámara adjudicó a Impact 5 para la difusión del Plan Urban en medios de comunicación 61.775 euros, de los que solo se justificaron, y en una única factura, 42.376. La Cámara se vio obligada a asumir los 200.000 euros que no pudieron recibir como ayuda. Luis Gómez “El Chino” es un asesor a la sombra y hombre de confianza de Vigón (ver ATLÁNTICA XXII número 29).

Vivero sin empresas

Pero a pesar de este pequeño escándalo y de este gran agujero para la entidad, el Ayuntamiento de Oviedo no cuestionó la operación y volvió a salir al rescate de la Cámara de Comercio. El delegado del Gobierno, Gabino de Lorenzo, ex alcalde de Oviedo, siempre fue un gran valedor de García Vigón, como demostró en la crisis de la FADE, y ahora su sucesor en la Alcaldía, Agustín Iglesias Caunedo, no cuestiona ese apoyo.

El Ayuntamiento ha vuelto a insuflar aire a la Cámara, que padece como todas una grave crisis económica, destinando en su presupuesto medio millón de euros al organismo presidido por Vigón. Según recogen las cuentas municipales olvidando los precedentes, a la Cámara le corresponderían 361.103,24 euros del Plan Urban, 120.000 euros más por el convenio mediante el cual gestiona el Vivero de Empresas de Ciencias de la Salud y otra ayuda de 7.495 euros. La oposición municipal no acaba de entender estas cifras, ya que aún hay muchos puntos sin justificar. Uno de ellos es que la oferta y la adjudicación de los dos proyectos más importantes del Plan Urban, el Paseo Fluvial y el Mercado de Abastos de La Corredoria, han sido tramitados directamente por el Ayuntamiento, por lo que no se acaba de encontrar justificación para la partida de más de 300.000 euros.

Y lo del vivero de empresas tampoco parece precisamente una inversión prometedora. La pretensión era convertirlo en un gran parque empresarial con compañías punteras y avanzadas tecnológicamente en el sector sanitario, pero su parcela sigue vacía en un terreno anexo al nuevo Hospital Central, porque no se ha logrado atraer ni a una.

El Vivero de Empresas de Ciencias de la Salud, que no alberga a ninguna. Foto / Iván Martínez.

El Vivero de Empresas de Ciencias de la Salud, que no alberga a ninguna.
Foto / Iván Martínez.

Cada vez hay más voces dentro del propio Ayuntamiento que piden gestionar directamente el Plan Urban, aunque sus fondos se hayan solicitado con la Cámara. También los críticos ganan terreno en la propia Cámara, pidiendo un cambio de rumbo tras la crisis de la FADE. “La Cámara es un órgano a extinguir y no hace falta hacer sangre”, señala una de esas voces críticas. Y en esta frase se vislumbra que la Cámara de Comercio de Oviedo se irá desguazando por sí misma de forma pacífica y tratando de no dejar demasiados cadáveres por el camino. Un paquidermo anciano que va cayendo por su propio peso.

¿Crisis terminal?

El antiguo edificio de la calle Quintana de Oviedo donde se asienta la Cámara de Comercio fue la sede del segundo Comité Revolucionario durante la revolución de 1934. Hoy sus inquilinos son más bien personas de orden alejadas de las utopías, pero la gran mayoría de los pequeños y medianos empresarios siempre consideraron un “impuesto revolucionario” el pago de la cuota obligatoria a las Cámaras de Comercio que rigió desde el franquismo hasta que José Luis Rodríguez Zapatero la abolió en 2011.

La mayoría de las pymes y de los autónomos dejaron de pagar y las Cámaras se vieron obligadas a buscar nuevas vías de financiación para sobrevivir. Esta situación ha llevado a muchas de ellas a la bancarrota, ya que las cuotas anuales que abonaban las empresas suponían más del 50% de sus ingresos. El presupuesto anual giraba en torno a esta fuente de ingresos. Así, la Cámara de Oviedo tenía un presupuesto de 6,7 millones en 2011, de los que 2,1 correspondían a las cuotas empresariales. El presupuesto de 2013 no llegaba a los 5 millones de euros y es previsible que se cierre con déficit, que será cubierto con cargo a sus reservas. Aunque solo han pasado tres años, parece que queda muy lejano el ejercicio de 2010, cuando la Cámara ovetense cerró con un superávit de 16.000 euros.

La sequía se ve claramente en casos como el de la Cámara de Comercio de Cádiz, que se vio obligada a reducir drásticamente su plantilla, pasando de 29 trabajadores a 11, y a recortar gastos de forma extrema, al igual que la de Madrid, que ha tenido que prescindir de un 25% de su plantilla, o la Cámara de Comercio de Albacete, que planteó un ERE en 2012 para 21 de sus 23 empleados.

Aunque la Cámara de Oviedo ha sido una de las últimas de España en aplicar ajustes, la espada de Damocles que pendía sobre ella también ha caído. En estos momentos se encuentra en plena reestructuración de plantilla. Tenía unos 50 empleados antes de la crisis y cuenta en este momento con 24. En 2013 se procedió a dar 8 bajas a trabajadores, siguiendo la normativa laboral, con el fin de adecuar el personal a las disponibilidades de ingresos. En estos momentos, los ingresos camerales provienen de los proyectos que desarrolla, los rendimientos patrimoniales y la formación que imparte.

En otros países de la Unión Europea, como Francia, Alemania, Italia y Austria, la aportación de cuotas es obligatoria. En la vorágine de la crisis económica española, parece que el Gobierno ha visto a las Cámaras como un problema y no como una posible solución para salir del atolladero. Son muchos los que llevan clamando o vaticinando la defunción de las Cámaras de Comercio, así como preguntándose qué sentido siguen teniendo en el siglo XXI. Estas entidades decimonónicas (la de Oviedo se constituyó en mayo de 1889) vinieron a sustituir a las organizaciones gremiales como forma de representación, no tanto de los intereses patronales como de los generales de las empresas, pues los Gobiernos buscaban organizaciones más o menos técnicas y profesionales que colaboraran en el fomento de la riqueza, del comercio y de la industria.

Para muchos, las Cámaras representan instituciones obsoletas, rémoras de un pasado cuya refundación no solo parece absurda, sino también deficitaria, ya que presentan unas estructuras demasiados costosas. Buena parte de los servicios que prestan son similares a los que ofrecen las Autonomías, como la promoción del comercio exterior y el asesoramiento a los emprendedores, y cabe preguntarse si no podría evitarse esta duplicidad si sus funciones fueran asumidas por los Gobiernos autonómicos, ahorrándose todo el dinero de los convenios que destinan a las Cámaras.

Si llegara la despedida de las Cámaras, no resultaría demasiado traumática, ni siquiera para la mayoría de los empresarios, ya que solo los grandes se benefician de sus servicios.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 30, ENERO DE 2014.

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