Niño de Elche: “Eliminaría identidades y géneros”

Niño de Elche en una reciente actuación en Gijón. Foto / David Vázquez.

Niño de Elche en una reciente actuación en Gijón. Foto / David Vázquez.

Les presentamos a Francisco Contreras, más conocido por su alias artístico, Niño de Elche, ciudad en la que nació en 1985, aunque actualmente reside en Sevilla. Niño de Elche, secundado por dos escuderos excelentes, anda de gira presentando Voces del extremo, su último álbum, destacado por la prensa musical entre lo mejor de 2015 y cuyo título remite al festival que promueve el poeta Antonio Orihuela. En los conciertos se muestra electrizante, áspero, puro de heterodoxia, catárquico, demoledor. Como un viaje de mineral belleza que te atrapa, te transforma y te revuelve o bien, que te invita a apearte si es que lo tuyo son los resorts. Voces del extremo es un disco político, poético y de actitud punk que huye de la elipsis pero no de la ironía. Y aunque Niño de Elche le pega y mucho al flamenco, en este caso las descargas proceden del rock, con sus desviaciones y sus querencias (progresivo, ruidista, épico) y de la música industrial. Es radical y vehemente en su compromiso.

Carlos Barral / Poeta y promotor cultural.

¿Edita sus propios álbumes de modo autogestionario como necesidad o se trata de una consecuencia ideológica?

He publicado con independientes, llegado a acuerdos con multinacionales, he pagado máster y encontrado mecenas, etc.: es una cuestión de supervivencia. Cuando reflexionas que estás dentro del mercado del arte y de los conciertos reconoces que estás dentro del mercado capitalista, o sea, en el interior de la bestia. En ese sentido, he aprendido a trabajar desde la derrota, como dicen los poetas de la conciencia. Que cualquier ideología no esté por encima del bienestar personal. Esa búsqueda de la supervivencia, como dice Santiago López Petit, me hace llegar a diferentes tipos de relación con la industria.

¿Qué opina sobre los derechos de autor, la piratería y SGAE?

La SGAE debería eliminarse. Respecto a los derechos de autor, tendrían que gestionarse directamente por sus autores pasando a ser de dominio público una vez que el autor muere. Y en cuanto a la piratería, ahí me cuesta despojarme de la ideología, porque, ¿qué entendemos por piratería?

El uso de una obra sin el consentimiento de su autor.

Claro, pero, ¿hasta qué punto es real la autoría? El debate previo sería, ¿cómo valoramos los derechos y dónde ponemos las líneas de la propiedad? Debemos pensar más sobre qué valor tiene eso y quién le pone ese valor.

¿Se trata de un problema concreto con SGAE o piensa que sobra cualquier tipo de sociedad de gestión aunque tuviera un mejor equilibrio?

Me cargaría la SGAE por lo corrupto. Y, en este caso, yo no creo en el equilibrio.

¿Vive con dulzura el reconocimiento artístico?

Ja, ja, ja. No creo que tenga reconocimiento artístico.

Claro que sí, no se trata de una cuestión cuantitativa.

Bueno, una muy pequeña parte. El otro día estábamos con Isidoro Valcárcel Medina [performer, Premio Nacional y Premio Velázquez] y un amigo común comentó que mientras él goza de reconocimiento y carece de éxito yo tengo éxito pero carezco de reconocimiento [se ríe]. Me lo tomo más como un conocimiento porque antes no me conocían, y la gente no sabe de dónde vengo.

¿Y de dónde viene?

De las prácticas poliédricas, la libre improvisación, del tablao, de la poesía de la conciencia y de la experimental, de la performance, del flamenco clásico…

Ahí sigue, ¿no?

Cuando publiqué el disco homenaje a Miguel Hernández hace cuatro años me catalogaban de ‘cansautor’, de artista de arte sonoro aburrido…

Lleva la inquietud y la intersección por bandera, parece que no le hace ascos a enredarse artísticamente con casi cualquier disciplina. ¿Es usted artista de mal asiento? ¿Arriesga aun a costa de poder romperse?

Lo vivo como una necesidad. Es una cuestión discursiva, por tanto no se trata de estar siempre cambiando ni de regresar; para mí no sería volver atrás hacer un disco de flamenco puro porque pertenece a mi contemporaneidad tanto como la música industrial. Se trata de establecer acercamientos para entablar un discurso que necesito compartir a través de diferentes herramientas y de diferentes estéticas.

Proceso previo de producción, estudio, escenario. ¿Se funde y se entrega en todas por igual?

Depende de cómo esté en cada momento. Son incomparables una grabación con una residencia artística sobre danza. Ahora bien, si las hago es porque me gustan. Hace cinco años decidí hacer solo las cosas que me apasionan y, desde ese momento, las cosas comenzaron a irme bien.

Acostumbra a interpretar poemas y letras de otros compositores, ¿tiene pendiente la escritura o se siente satisfecho como intérprete?

Me publican un libro en unos meses y aunque no es de autoría, quizá me atreva a vomitar algo escrito por mí, que no mío, que es diferente. Me siento muy pleno cantando textos que han sido escritos por otra gente. Es que la poesía, aunque sea muy intimista, tiene ese poder de la voz coral. Como dice Antonio Orihuela, personas que respiran por tu misma nariz.

Miguel Hernández y la izquierda

Aparte del arte, la cultura y la política, ¿qué le conmueve?

Pues la cotidianidad, que es arte, cultura y política.

Ha dirigido y producido MH, documental sobre la figura de Miguel Hernández, antecedente a la edición del disco Sí, a Miguel Hernández (homenaje sentido, lúcido, honesto y musicalmente extraordinario, apostillamos). ¿Cómo resultó la experiencia que cuenta con la participación de Marcos Ana, El Chojín, Llorenc Barber, Amancio Prada, e incluso el poeta asturiano David González?

Muy guay. Intenté hacer una especie de barrido con todas las personas, asociaciones, familia, etcétera, que tuvieron relación en su vida o que se acercaron a su obra. Gentes muy diferentes de pensamiento y de acción. Traté de acercarme a su figura más que para hacer un homenaje, que también cabe esa lectura, como una plataforma desde la que recuperar la conexión con todas aquellas temáticas que Miguel trató en su época y que, básicamente, son las mismas cuestiones que nos ocupan ahora. Además, quise ahondar en sus grietas e incoherencias vitales porque a Miguel se le vende como alguien íntegro y coherente aunque, por suerte, nada más lejos de la realidad. Ya sabes, los movimientos de izquierda clásicos son muy cabezones, así que el documental fue muy vilipendiado por ellos –son las cosas de la santidad laica que ellos tienen–. Me interesa todo de él pero, especialmente, el auto sacramental, su relación con la Iglesia, su afán de reconocimiento, que Miguel no quería ser pobre, que no quería ser cabrero. Todas sus contradicciones y sus tormentos en una época oscura y esquizofrénica, todas sus crisis con el sexo, sus relaciones con las mujeres, sus crisis ideológicas, su amor por el prójimo. Miguel es un espíritu que hay que respetar y cuidar.

Háblenos de Raverdial, concierto performance en colaboración con Telegram y Los Voluble que pronto tendrá su traslación discográfica.

Fue una idea que surgió en un laboratorio con Los Voluble y Bulos.net y a partir de ahí con los materiales que yo había recogido de los verdiales y que ellos usaban en una sesión de vídeodj…

Pero, ¿qué son los verdiales?

Es una fiesta folclórica de la zona de Málaga que luego se tradujo a un palo flamenco. Pero nosotros usamos la fiesta primigenia, que se sigue celebrando, la cual conectamos con un beat que yo escuchaba en las discotecas de Alicante. A partir de ahí empezamos a trabajar, a rascar, a descubrir más conexiones de las que esperábamos…Vamos a editar un EP cápsula/usb con temas, informaciones, y habrá remixes, etc.

Y luego están colaboraciones rasgadoras con Rocío Márquez, con Belén Maya… Y cita a Israel Galván, y otros rara avis del flamenco actual que, quiero pensar, atraviesa una feliz hemorragia libertaria.

No, no, no, creo que no. Para mí están en diferentes planos, estos son amigos, compartimos. Pero de ahí a que haya una inquietud general, eso es ser demasiado benévolo.

También tiene un proyecto con el grupo Toundra.

Exquirla, se llama. Sí, vamos a hacer un disco y también un concierto. Nos encantamos y ya está. No podemos cambiar nuestras pieles en tan poco tiempo. Estoy contento porque estamos trabajando sobre el libro de Enrique Falcón, La marcha de 150 millones, que, para mí, junto al Canto General de Neruda y el Cántico Cósmico de Cardenal son las tres grandes biblias pluriversales.

Libertario, que no anarquista

¿Su ideario vital sobre qué columnas se sustenta?

He bebido del movimiento libertario, que no anarquista, aunque he colaborado, y sigo haciéndolo, con CNT y CGT, pero, sobre todo, del ideario filosófico libertario y las prácticas que eso generan. Aunque depende de las urgencias de lo que hablemos.

¿Veremos algún día la celebración de un referéndum para elegir entre Monarquía  o República parlamentaria?

Esperemos que sí aunque no será pronto, y tampoco tengo una gran ilusión porque, como dice Carlos Taibo, una cosa es hablar del régimen y otra es hablar del sistema.

¿Artista y compromiso son para usted indisolubles?

Todo lo que hago tiene un contenido político, es una pata muy importante de todo lo que genero.

Hace días escribía incendiado un tuit muy contundente contra los artistas e intelectuales de la ceja a causa de un nuevo manifiesto a favor del pacto PSOE, Podemos y Ciudadanos. Expláyese, por favor.

No es una alarma porque de esa gente es lo que me espero, aunque sigue siendo vergonzoso. Se trata de recalcar la situación en la que está un buen porcentaje del mundo del arte y de la música y, claro, cuando hablábamos antes de la SGAE, por eso decía que no se puede reformar porque si la reformas… Es como cuando reformas una dictadura, que te sale lo que tenemos ahora [risas]. Son gentes indeseables, muy peligrosas.

Nueva política post 15-M. Las mareas y Podemos, ¿le representan a usted?

Hay gente que me representa en Podemos lo mismo que en CNT, en CGT, etc., pero las gentes son una cosa y las organizaciones otra. Podemos es la socialdemocracia bien entendida, es amortiguador, está bien, pero, cuando hablan del Gobierno del cambio, eso es una falacia: el cambio es otra cosa. Porque a lo más que se puede aspirar en el Congreso de los Diputados es a la socialdemocracia. Hay muchísimas cosas que me rechinan: la perversión de las fórmulas políticas, la tergiversación del lenguaje, las organizaciones, los intereses, etc.

Tratados de libre comercio, offshores, descomposición europea, crisis migratoria, neofascismo, aumento de la pena capital en el mundo, el Daesh…  Aún así, ¿puede considerarse que la sociedad progresa?

No. Trevijano decía que después del holocausto era difícil creer en la idea de progreso, y con eso estoy bastante de acuerdo. Creo en la supervivencia, en apartarse del fuego, entendiendo por ello el capitalismo, el neoliberalismo. Los movimientos de izquierda clásicos intentan cambiar las reglas de juego pero fracasan, y a los hechos me remito.

¿Qué opina de la cuestión territorial española? ¿Le gusta España?

Es un tema complejo, al fin y al cabo es un pensamiento acerca de cómo se reconstruyen las identidades; y hay mucho contenido de creencia, de qué valoración y qué importancia tiene eso, de cómo se instrumentaliza. Para mí es difícil posicionarme. Creo que la gente de cada territorio tiene una potestad importante sobre él. Siempre es positivo que todo dios opine sobre todas las cosas. Y España es una nación a nivel institucional pero a nivel interno está llena de conflictos, está manchada por la historia. La identidad es el tejado. Si se analizara se anularían las identidades y trabajaríamos desde la cultura. Eliminaría las identidades lo mismo que eliminaría los géneros.

Es un vehemente antitaurino. ¿Considera que la industria alimentaria es una industria de la vejación animal? ¿Practica el veganismo o el vegetarianismo?

Voy en proceso porque los activistas a los que me uno me obligan a estar en concienciación. Me ayudan y me apoyo pero no soy vegano. Lo he intentado pero he perdido la batalla. Nuestra relación con los animales es una metáfora de nuestro fascismo sociológico.

¿La censura y cierto correctismo hipócrita cabalgan con nuevos bríos? ¿Ha sufrido algún episodio?

Considero que censuraron a Raverdial en la Universidad Internacional de Andalucía aunque, claro, no fue al modo clásico porque el PSOE tiene otras mañas diferentes que una dictadura convencional. Y así lo denuncié.

¿Dispone de alguna razón para el optimismo?

Separarse del fuego y conocer a la gente que está apartada de sus llamas.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 44, MAYO DE 2016

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