Owen Jones: en busca de la dignidad obrera

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El cuarto Estado, de Volpedo

Un libro muy recomendable: Chavs: La Demonización de la Clase Obrera (Capitán Swing Libros). El escritor británico Owen Jones, a pesar de su juventud, ha escrito lo que pensamos muchos y que es la clave para entender la causa por la que el poder económico campe hoy a sus anchas sin la respuesta que antaño tuvo enfrente, la del movimiento obrero organizado.

Muchos nos preguntamos cada vez que vemos una agresión hacia los de abajo:  ¿dónde está la clase obrera? Sigue ahí pero no tiene conciencia de clase. Fue desapareciendo poco a poco con el Estado del Bienestar, con el acceso al consumo y al crédito, con el engaño del individualismo, con los mensajes televisivos, con las traiciones sindicales.

El trabajador asalariado se cree clase media, se cree (por utilizar términos clásicos) burgués y sigue siendo el mismo, el que tiene que alquilar su fuerza de trabajo para subsistir, el que genera la riqueza para ser arrebatada por el dueño de los medios de producción. Y por eso, y lo saben los poderosos, hoy asistimos atónitos al mayor cúmulo de recortes sociales y laborales de la historia contemporánea, borrándose de un hachazo y sin pudor alguno las conquistas que costaron sangre sudor y lágrimas a nuestros abuelos obreros.

El periodista y escritor Owen Jones (Sheffield, 1984)  lo ha visto y lo ha escrito.  El desclasado, en versión británica es el chav, concepto muy usado  en los medios de comunicación ingleses  que significa persona de clase baja y a menudo joven, adepta a la ropa deportiva de marca, un ser de comportamiento antisocial. Se le relaciona con una persona irresponsable, indeseable y parásita en la que nadie se reconoce y que es culpable de su situación.

De ahí se ha llegado a que, como dice en El País  “la pobreza y el paro ya no son percibidos como problemas sociales, sino en relación con los defectos individuales: si la gente es pobre, es porque es vaga. ¿Para qué tener entonces un Estado del Bienestar?”. El libro lleva un mensaje fresco y provocador y se ha convertido ya en un referente de la nueva izquierda británica.

The New York Times le ha hecho caso y se ha traducido a varias lenguas, entre ellas la española. En la versión que llega a las librerías se añade un epílogo con un análisis de las razones de los disturbios que asolaron Gran Bretaña en verano de 2011 y sobre los que los medios informaron estableciendo vínculos entre la devastación callejera y los tópicos chav.

Lo principal de esta obra es la reflexión que hace sobre el antiguo concepto de una clase obrera respetada como uno de los puntales de la economía hasta su conversión en esa “escoria que pretende el establishment neoliberal”. También es una diatriba contra los medios, transformados “en una élite encerrada en una burbuja de privilegios y desconectada de los problemas de la gente corriente”, recoge El País.

Su objetivo esencial es “recuperar una voz para la clase obrera, aquella que hace tres décadas trabajaba en la mina, las fábricas y los muelles y que hoy lo hace en supermercados, call centers o cafés” por sueldos de risa. Recuperar, en esencia  la conciencia de clase que evitó en el pasado que, como hoy, los trabajadores fueran pisoteados con su propia aquiescencia. Desmontar al menos la imagen que el propio trabajador tiene de la realidad económica en la que los explotados ya no solo no luchan por sus derechos si no que legitiman a los explotadores y comparten sus creencias, que no sus dividendos.

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