Pablo Und Destruktion: “Me gusta la épica de lo cutre”

Pablo Und Destruktion, mucho más que un músico. Foto / Iván Martínez.

Pablo Und Destruktion, mucho más que un músico. Foto / Iván Martínez.

Pablo und Destruktion (Pablo García Díaz, Gijón, 1984) es mucho más que un músico emergente, como las ideas políticas que defiende. Es lo que los anglosajones llaman un crooner, un moderno trovador rockero que se contornea en vídeos de textura artística mientras escribe en Diariobomba, una recomendable bitácora digital no solo por su heterodoxo discurso social, sino también por la certeza con la que expone la ira de su generación. Pablo representa el fin del peterpanismo que durante lustros ha eclipsado a la juventud española y el inicio de un nuevo pensamiento juvenil rebelde. Acaba de editar en Discos Humeantes Sangrín, un álbum de letras descarnadas, paisaje sonoro doliente y actitud underground.

Carlos Barral / Escritor y promotor cultural.

Defina Sangrín y la  evolución respecto a su anterior álbum.

En asturiano significa de sangre caliente. Respecto a las diferencias, el primer disco es más cerrado, lo grabé en casa y suena más cutre aunque por su inmediatez goce de una magia especial. Para éste quise tener cuerdas, guitarras y sintes de expresividad ruidista y pretendí un contexto más social pero emitiendo desde lo individual.

Sus letras son surrealistas, desasosegantes, un azote de rabia y entrega. ¿Qué literatura le influyó más?

La inspiración primordial fue Rodrigo García, dramaturgo que estuvo residiendo en Infiesto y con el que tuve amistad un año. En 2013 me pasó gran parte de su obra y me dejó descolocado. Su acidez y nihilismo popular me rozan más que el halo un tanto fascistoide de Houellebecq. Luego está Limonov, que da título a una de las canciones, la biografía que le dedicó Carrère y las Memorias de un punk ruso, que me gustaron mucho.

El nivel de compromiso en sus textos no es panfletario pero para nada obvia la cuestión política y social.

Como no soy militante, pues el compromiso es más ético que político, pienso que se puede tener una responsabilidad personal interesada en lo colectivo. Por cada rayo que cae es un tema que grita por el nosotros pero en oposición, conflictivo. Me parece bueno recuperar el conflicto moral porque te hace dudar, ser crítico, humilde y estar alerta para no ser engañado una vez más.

¿Le parece oportunista o de sentido común que artistas como Vetusta Morla o Amaral se postulen en el plano social y político?

Me parece mal la reacción en contra del que se posiciona. Si ha de castigarse a alguien ha de ser al alumno y no a la materia, y si sucede que la obra resultante es panfletaria, obvia, oportunista, pues a darle caña al que la hace. Aún hay gente de la escena y de algunos medios que ridiculizan el compromiso desde un hedonismo nihilista que todo lo relativiza. Si Vetusta o Amaral lo están haciendo con sinceridad, mejor para ellos, y si lo hacen con calidad, mejor para el público. Hay que ser exigentes con la política y con la creación.

“El punk cambió la historia”

Dice que en su caso la culpa de todo la tuvo el punk y es cierto que aún transpiran ecos en su propuesta.

El punk fue un género tan grande que cambió la historia de las artes. De adolescente me gustaban La Polla, Sex Pistols y luego Joy Divison, Bauhaus, pero, actualmente, la rama del postpunk que más me nutre es la industrial representada por gente como Einstuerzende Neubauten que, para mí, siguen siendo punk.

¿La confluencia sónica que intersecciona elementos tecnológicos con sonidos analógicos es la senda musical que más le interesa hoy?

Los que somos anteriores a la brecha digital nos expresamos en dialectos que están en vías de extinción, por tanto resulta entendible esa falla que se abre porque es como si los punkis en los ochenta hubieran ido a conciertos de boleros. Ahora los chavales hacen música con el ordenador, escuchan hiphop y escriben textos cojonudos, en ocasiones mucho mejor que algunos de cantautores consagrados.

¿Fluye una línea de compromiso y empatía con otros artistas asturianos actuales de su generación?

 Siento empatía con todo el mundo alrededor, lo mismo gente consolidada como Nacho Vegas y Fasenuova o muy jóvenes, caso de Arkanine, un grupo de la cuenca que hace electrónica. Pero no puedo hablar en nombre de una escena porque faltan elementos.

¿Qué elementos? Se ven síntomas que convocan una escena transversal.

Falta comunicación, espacios que nos unan; me encantaría que hubiese más lugares de encuentro pero me pregunto si a lo mejor no es necesario un espacio físico en esta era virtual.

La industria musical española está maltrecha aunque hay una floración underground nunca vista. ¿Vive usted de la música?

Malvivo de la música porque, aunque no paro de trabajar en todo el día, no me paga ni Dios; da igual que escriba para periódicos, que colabore con Centros de Arte o para la Universidad. Por lo único que recibo dinero es por tocar.

Eso es grave, se entiende que no pague La Madreña, el centro autogestionado recientemente desalojado por orden judicial, pero las instituciones…

Se justifican diciendo que no hay dinero pero que lo habrá. Yo sobrevivo gracias a esa red subterránea de espacios sociales como el Local Paraíso o La Madreña por los cuales he podido actuar en media Europa. Es una pena que no haya habido una transición desde el modelo de la abundancia (que a mí no me tocó para nada) y el actual en el que, incluso, hay festivales que cobran a los grupos emergentes por tocar. Y, ¡ni dios dice nada!, con la situación tan lamentable que sufre el gremio.

Arrebatos de animalidad

Aparte de la música tiene querencia por otras manifestaciones artísticas. ¿Inspiración de (su musa) Fee Reega?

Mayor inspiración al descubrirme a toda una escena europea de cantautores experimentales. Todo ello supuso empezar de cero y comprobar que sí se puede vivir de esto tal y como hacen en Europa: mediante una red de fraternidad. Lo cinematográfico responde a que estudié Comunicación Audiovisual después de Veterinaria y a que estuve trabajando en la industria del cine. Actualmente hago el doctorado sobre Análisis de Medios y Comunicación en la Carlos III.

Es extraño que los artistas ejerzan la autocrítica aunque usted la practica, ¿cuestión de higiene más que de humildad?

Es fundamental para mejorar, sin crítica no hay arte.

A causa de haber estudiado Veterinaria los animales forman parte de su música y de la imaginería de sus vídeos.

Lo que más me gustaba era la etología, y es que muchas veces olvidamos la parte animal,  la ética equilibrada y la falta de conflicto que los animales tienen, que no generan basura. A veces me vienen arrebatos de animalidad que intento reprimir/canalizar y sí, me gusta presentar animales en los vídeos, en las canciones.

¿Invade en sus vídeos el paisaje natural o postindustrial de manera descreída, aportando un punto kitsch, surreal?

Me lo tienen dicho, que me manejo entre lo sublime y lo cómico. Me gusta acercarme a la realidad desde lo surreal, representar lo vergonzoso, cutre y gracioso haciendo una especie de épica de lo cutre. Aquí es fácil porque tienes esas moles industriales cayéndose, además del carácter de la gente, que tenemos mala hostia pero, en el fondo, somos unos pininos.

Ha vivido en grandes urbes y en aldeas, viaja y actúa fuera de España ¿es esa dicotomía la que le confiere la autenticidad artística por la que aboga?

Aunque suene pedante me interesa descubrir alguna verdad, llegar al fondo de la naturaleza humana; soy muy sociable y me gusta saber qué le preocupa a la gente, sus ilusiones. La música ayuda a comprender el vínculo tan fuerte entre las personas y la esencia que es común a todos. Cuantos más elementos de distinción y falsas complejidades queramos abrazar, peor para la comunicación.

Háblenos de sus proyectos inminentes.

Seguir con la gira de Sangrín, grabar y autoeditar Funeral de Estado, un EP compartido, y, en verano, trabajar en un LP a medias con Fee Reega. Y, quizá, marchar una temporadina a Alemania…

“Soy un reformista sin ilusión”

Pablo Und Destruktion durante una actuación en Oviedo. Foto / Iván Martínez.

Pablo Und Destruktion durante una actuación en Oviedo. Foto / Iván Martínez.

Según usted al sistema le hace falta una “revolución democrática”. ¿Convendría resetearlo?

Todas las revoluciones acaban teniendo una gran crueldad y todo poder se legitima en la violencia. Los brotes violentos acaban por justificar mayor represión por parte de estas democracias cada vez más totalitarias. Yo soy reformista pero sin ilusión. Creo que se ha de hacer la revolución para lograr un mejor reparto de la riqueza pero sin caer en el odio fácil; es necesario hablar de la violencia política, social y económica y provocar esos cambios con la fuerza de las mayorías. En ese contexto de banalización de la violencia cabe el último vídeo de Amaral (de mal gusto, asqueroso). Intentar que esa revolución sea pacífica es ahora viable pero, quizá, en cuatro años ya estemos a hostias. Para evitarla han de ceder los que tienen el poder y la riqueza.

¿Qué opinión tiene sobre los nacionalismos?

Soy internacionalista en lo político, el resto me parece una estrechez; la clase trabajadora se tiene que organizar a nivel global porque el gran capital siempre lo está.

¿Entonces no tiene problema con España?

Para nada, solo con algunos políticos (no con todos) y con la situación indigna que vivimos. Me jode que se asocie España con el cutrerío o los fascistas porque se obvia una tradición política y artística de siglos muy a reivindicar.

El panorama para la juventud es negro, ¿puede poner alguna nota de color?

Lo mejor del mundo moderno es la posibilidad de establecer relación con los otros; todo lo que nos han traído las redes y las migraciones es de una riqueza inmensa. Quizá se tienda a crear una raza única que acabe generando una infraclase negra, la clase trabajadora mulata y una blanca de clase alta porque los que fundamentalmente se mezclan son los de clase trabajadora, la clase alta irá de una alfombra roja a otra sin mezclarse.

Las elecciones al Parlamento europeo han dejado el tsunami de Podemos (con los que simpatiza y para los que actuó en la campaña electoral) y un brutal ascenso de la extrema derecha en varios países.

El resultado indica un relevo generacional e ideológico imparable. Hace falta aposentar, continuar con el trabajo a pie de calle y hacernos a la idea de que nuestra generación y clase social, con sus representantes, acabará tomando el poder. Es imprescindible que se prevean todas las dificultades que eso implica y que se tengan previstas herramientas que permitan mantener una coherencia ideológica y una viabilidad social y económica. Me alegro de que la tendencia cambie y solo me preocupa que el poder corrompa a los que lo alcancen. En Europa la noticia más importante es la victoria del Frente Nacional. Tanto el auge de Podemos, como el del FN o Syriza, tienen que ver con la crisis de la socialdemocracia. Los partidos que recuperan la ideología y cultura de clase, despreciada por la socialdemocracia, crecen. El reto actual para la izquierda es promover el universalismo y el internacionalismo, solo eso puede frenar al neofascismo.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 33, JULIO DE 2014

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