Pedro Fandos, geólogo: “Con el neandertal las ‘caverminas’ ya estaban hechas”

Pedro Fandos señala la entrada de una ‘cavermina’ en el Cabo Torres (Gijón), donde las obras del nuevo Musel destruyeron muchas pruebas geológicas. Foto / Imanol Rimada.

Aladino F. Pachón / Periodista.

¿Cuáles fueron las primeras cuevas que investigó?

Las primeras cuevas que fui a ver son las de Cabo Blanco, en el concejo de El Franco. Y luego las segundas, que son las más fáciles de visitar, fueron las de la playa de Barayo, que separa Valdés de Navia. Las de Cabo Blanco son una docena de cuevas muy grandes en cuanto a la portada, que es espectacular. Yo creo que son las cuevas de las que Plinio hablaba, que cuando los romanos llegan a Asturias consideran obras de los gigantes. Son obras gigantescas. Pero nadie se preguntó nunca quiénes eran los gigantes de los que habla Plinio. Yo sí me lo pregunto ahora. No eran gigantes; sencillamente hacían cosas de gigantes. En estas cuevas ves que eran hombres como nosotros y ves que, por ejemplo, eran diestros. Nada más que entro en ellas veo inmediatamente que fueron hechas por mano humana. Y eso me da vértigo porque se ve que corresponde a un tiempo que no conocemos. Lo primero que me llamó la atención fue comprobar que no está igual la parte de abajo que la parte de arriba. La parte de abajo está pulida por el mar y la parte de arriba, donde el mar no actúa, donde el mar no llega, ni siquiera la pleamar o las grandes galernas, está toda la roca astillada y no se cae.

¿Astillada? ¿Y qué transcendencia tiene eso?

Astillada significa que está toda rota, fragmentada. Es imposible que sea por movimiento orogénico. Es el astillamiento producido por la actividad humana. Lo he visto una y otra y otra, así centenares de veces. Se ve también mucha señal de piroplastia, del uso del fuego para la clastia, para la rotura de la roca. En los sitios más insospechados se ve que allí hicieron fuego, fuegos potentísimos. Te hace pensar una vez más lo que Plinio decía. Y del uso del fuego se supo que hasta el siglo XX hubo minas en el norte de Europa, sobre todo, que usaban el fuego, que fue siempre un gran auxiliar de la mina para fragmentar la roca. La roca se calentaba mucho con fuegos intensísimos y se apagaban bruscamente con torrentes de agua que se dejaban caer. Y tras ese contraste en que la roca crepitaba no quedaba más que ir con palancas y barrenas e ir echando abajo los fragmentos. Cuando se usaba la piroplastia el macizo queda conmocionado pero se autosostiene. Es mucho más seguro que la dinamita, que los explosivos.

Si su teoría es cierta, ¿qué habría que hacer?

Lo primero, confiar en los jóvenes que estén ahora saliendo de las universidades, que no tengan miedo escénico al ridículo a que les van a someter, que piensen por sí mismos y que usen la tecnología y el saber que esté en sus manos para descubrir lo que nos han ocultado sistemáticamente, porque, claro, lo decía un profesor tuyo de la universidad, que parece que había leído a Schultz, del que sacaba ocho o diez frases suficientes para dar una clase; pero Schultz escribió muchísimo más, y aquello que no le interesa o que no entendía lo ocultaba. Por ejemplo hay una frase que a mí me impactó cuando leí a Schultz, el abuelo de la geología asturiana y el hombre más prudente que yo pude leer nunca. Él, que hablaba de los antiguos y nunca habló de los romanos, dejó escrito que “la rasa asturiana parece tallada por la mano del hombre”. Ahora entiendo yo lo que él procesó en la cabeza.

¿Schultz vislumbró que pudo haber una minería de los antiguos?

Sí, dijo que hubo minería muy antigua, y no de los romanos.

Heredadas de los dioses

¿Entonces, esos antiguos, anteriores al neandertal, tenían una industria minera?

Sí, la tuvieron. O al menos la heredaron.

¿La heredaron de quién?

De los dioses.

¿De los dioses?

Sí, pon el nombre que quieras pero yo solo sé que fueron seres humanos. Si vinieron de fuera yo no lo sé. Podían haber estado aquí y pueden seguir aquí. Solo sé que fueron muy antiguos, anteriores a todo lo que sabemos. Y tenían una tecnología extraordinaria.

¿Sostiene que hubo una humanidad anterior a la que conocemos?

Sí. Geológicamente sí. No con la geología académica en la que yo me eduqué, sino con la geología que te obliga a entender cuando estudias las ‘caverminas’. Con el neandertal esas minas ya estaban hechas.

¿Su teoría de las ‘caverminas’ es revolucionaria, hasta el punto de cambiar todos los conceptos sobre los orígenes de la humanidad conocida?

Yo creo que es la verdad más oculta que hay en la humanidad. Y lo creo más sabiendo que la Iglesia sabe muchas cosas de estas y han estado ocultándolas.

¿La Iglesia sabe de las ‘caverminas’?

Sí, yo creo que sí.

¿En qué se basa para decir eso?

Me baso sobre todo en la cantidad de curas arqueólogos que hubo. ¿Por qué esa pasión tan inusitada de los curas por la arqueología? Los curas, muchos de ellos, hacen descripciones que dejan en el aire cuestiones que no se atrevían a escribir. Cuando un cura se enfrenta por primera vez a una cruz grabada en una cueva prehistórica, se pregunta qué hace aquí mi cruz de hace 2.000 años. Y esto tiene 20.000 o 30.000 años. Los curas saben que en la Biblia Yavhé dijo: “Borraré toda memoria de lo anterior”. La pregunta es qué era lo anterior. Hubo muchos curas que investigaron eso y creo que lo que sus ojos vieron en las cuevas los desequilibró muchísimo. Supongo que en alguna biblioteca del Vaticano, o donde sea, habrá cosas impensables. Me gustaría mucho entrar en bibliotecas así. Pero no me hace falta, porque con ver el litoral de Asturias ya se te rompen todos los esquemas.

¿Vio en alguna ‘cavermina’ una cruz grabada?

Sí. Y figuras también. Hay muchas derivadas de las ‘caverminas’. Y una de ellas es el arte. Otra son los ríos. Otra, las geolíneas que hay en los montes, que están hechas de manera artificial y no tienen explicación; únicamente se ven en fotografías aéreas, que, por cierto, en las primeras que se hicieron de la península ibérica por los norteamericanos en los años cuarenta, y que nosotros estudiamos en la Facultad, se veían estructuras inexplicables y que no son humanas. Son miles de estructuras de tamaño geológico que intentaron tapar con reforestaciones del Icona, con aeropuertos, con embalses y que además actuó sobre ellas la erosión y el tiempo, pero aún así no se pueden disimular ni tapar, no desaparecieron. Aquí hubo algo que se hizo con visión desde el espacio. Y se ven, en Asturias, en España y en todo el mundo. Son trazas de tamaño geológico pero que no son geológicas: son artificiales. Igual que los desvíos de los ríos, que el vaciado de lagos antiguos. Es algo que la humanidad actual desconoce cómo fue hecho en tiempos anteriores, como mínimo 500.000 años atrás.

El diseño de mina y contramina es “demasiado inteligente” como para hacerlo el mar, que actúa caóticamente.

La Tierra entera

¿Cuántas ‘caverminas’ ha hallado en Asturias?

Las voy catalogando según vayan en transversal o en dirección de los estratos, para crear una cierta sistemática. Las que tengo clasificadas en la costa asturiana se acercan al millar, de las que tengo certeza.

¿Y de esas 1.000 cuántas son transversales y cuántas en dirección?

Son más las que van en dirección de los estratos porque es más fácil de avanzar. Transversales habrá 100 o 200. Pero lo más curioso es cuando van en juego, en un sistema octogonal, es decir, que avanzan a la vez en transversal y en dirección. Abren en transversal y abren en dirección para aislar un macizo; macizos que casi siempre adoptan finalmente una forma piramidal. Y cuando los romanos sitúan las aras en el cabo Torres y hablan de tres pirámides, son ésas las que ven; son esos islotes en forma piramidal de las ‘caverminas’, que son restos.

¿En qué zona de la costa asturiana abundan más las ‘caverminas’?

Donde más evidente es y más choca al científico es cuando son cuarcitas, porque en las calizas, como en todo el oriente de Asturias, es más difícil de observar aunque es el mismo esquema. Pero donde es más de libro, donde ponían en juego a los mineros más especialistas, los mejores, es cuando tratan con la roca más dura que hay, que es la cuarcita.

¿Y eso en qué parte de la costa es?

En la costa occidental de Asturias, de Cudillero para allá. Es decir, Cudillero, Luarca, El Franco, Vegadeo…

Supongo que, además, en toda la costa cantábrica habrá estas ‘caverminas’, ¿no?

En toda. Es un fenómeno mundial. Aquella cultura minera manejó la Tierra entera.

¿En España hay entre los vascos alguien como usted, o entre los gallegos? ¿O está solo ante el peligro?

Yo no conozco a nadie. Se empiezan a atrever ahora a ver cosas. Ya he visto este año dos o tres artículos en prensa que en tal o cual sitio hubo minas romanas. Pero nunca he visto a nadie que plantee las cosas como yo. Y eso que he leído y releído. Miro en Internet. Rebusco y leo bien hasta en inglés y en francés y nunca veo a nadie que se aproxime a este tema. Ya me gustaría.

Órdenes mineras

¿De todas las ‘caverminas’ que conoce cuáles destacaría?

Para mí las más bonitas, que va en contra de lo que te dije antes de la zona occidental asturiana, están en el extremo oriental. Son las de la playa de La Franca, en Ribadedeva, porque allí entran en juego muchas más cosas, como unos muros que te obligan a pensar en muchas más obras que hacían. En La Franca, en un recorrido en marea baja de un par de horas se podrían ver unas 40 ‘caverminas’. Y cuando terminas el recorrido, la ruta de las ‘caverminas’, estás muy cerca de la cueva de El Pindal, que es muy curioso. Y cuando ves la cueva de El Pindal observas que responde a la misma estructura de esas ‘caverminas’.

¿Ah, sí? ¿O sea, que El Pindal pudo ser una ‘cavermina’ antes de pintarla?

Sí, primero fue ‘cavermina’ y luego la pintaron. El soporte es anterior a la pintura. El lienzo es anterior a la pintura. Y el lienzo es pétreo; es decir, el lienzo que prepararon y luego pintaron. Y probablemente, y es especulación mía, creo que hay un lenguaje en las pinturas: un lenguaje laboral.

¿En las cuevas de El Pindal?

Sí. En todas. Son órdenes mineras.

¿Órdenes mineras?

Son órdenes que dicen “entra por aquí”, “abre allí”. Por ejemplo, en un panel que descubrí en Cabo Busto, en la cueva más grande de dos que están juntas, hay unos grabados ya muy tenues pero que se ven bien, sobre todo cuando seca la roca. En el panel con dibujos en mitad de la cueva hay una grieta geológica (por la que hoy cualquier ingeniero diría “entra por ahí”; grieta que los mineros asturianos llaman “recamina”, una zona de debilidad de la roca por la que entran picando) y los animales que están allí dibujados miran para la grieta: hay un ciervo y un caballo que pegan sus hocicos a la grieta a ambos lados, como diciendo “entra aquí”. Es una orden minera dibujada. Lo vi también en La Covaciella, descubierta hace quince años. Estas órdenes las he visto muchas veces.

¿Las ‘caverminas’ están todas en la costa o las hay también en el interior?

Cuando está el mar presente, todo el mundo, incluso los geólogos, dicen que esto lo hace el mar, porque tienen en la cabeza el esquema de la erosión marina con el que nos educaron. Pero hace dos años fui a un congreso en Cáceres y me dediqué a ver cuevas allí y presenté una ponencia sobre ‘caverminas’ en Cáceres. Allí no hay mar.

¿Por qué dice que su descubrimiento de las ‘caverminas’ puede ser más grande que el de Marcelino Sanz de Sautuola con Altamira?

Me da rubor decirlo, pero lo pienso sinceramente. Altamira nos permitió abrir una ventana al pasado de la humanidad, que daba vértigo, y, ahora mismo, este descubrimiento de las ‘caverminas’ nos obliga a abrir el palacio entero, a ventilar todo el palacio. Creo que Altamira nos puso frente al alma artística del hombre prehistórico, mientras que ‘caverminas’ nos pone frente a nuestros propios orígenes.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 49, MARZO DE 2017

Deja un comentario