Pepe el Ferreiro: El gran pastel

Pepe el Ferreiro ACVolvemos a insistir con el tema de Sanidad. Así es cómo lo veo y así se lo cuento. Creo que nuestros mandatarios esperan que nos dé un síncope con el reparto de la gran “tarta” que ellos se zamparán como colofón del gran engaño.

En este país parece que se perdieron todo tipo de valores. Esto hace que aquel que se une a una facción o secta sea uno más del grupo. Al igual que en una gran empresa el operario no debe cuestionarse nada y en una cadena de montaje coloca una determinada pieza. Él es uno más que hace que al final funcione el mecanismo. Solo que, en este caso, su acción puede encubrir al jefe de diseño, dando como resultado un artilugio que entorpece la buena marcha de la máquina. De todas maneras, él cumple con el trabajo encomendado y el empresario se enriquece. Le pagan por ello y ¡para lo que hace…!

No hay depravación en los actos. Es como si pertenecieras a la Santa Compaña y tu religión te obligara a cometer acciones que solo ante tu Dios te elevan; salvan tu alma por medio de indulgencias de las que te haces merecedor y te libran del castigo. No hay condena, excepto que seas un ratero de tres al cuarto, que entonces tus pecados te conducirán a la cárcel, donde no encontrarás a tus jefes.

La metáfora es apropiada para el caso que nos ocupa, porque en este solar patrio acaba en la cárcel cualquiera menos el ladrón. El que roba o, como dice la doctrina, comete actos impuros, queda impune. Es más, debiera decir: ¡roba, hijo, roba!….pero ¡no jodas! ¿No ves que ni Dios se mete contigo? Solo en un partido político estás a salvo: te colocan, te apoya la masa y además robas en nombre de esa facción ¡Antes eras un mediocre! ¡Ahora no! Ahora eres un excelente ciudadano convertido en representante de tu pueblo. Sí, ese que te eligió, al que tampoco le importa mucho tu conducta, porque, si no, no hubiera ido con el sufragio a la urna. Ahora te debes a nosotros.

Como pueden ver, aquí no se guarda ni la opinión en el saco, aunque es posible que conduzca a la mazmorra. Como dijo el señor de la relatividad: no guardes en la cabeza lo que está en la mina del lápiz. No dijo esto exactamente, pero algo parecido. Así que si la luz se propaga sin tener en cuenta el cuerpo que la emite, propaguemos aquí un rayo de luz sobre el “pastel” que se ve en el lugar que ocupaba la Sanidad de Oviedo. Como hasta ahora vimos opacidad, aquí algo se va a ocultar. Y no me tachen de mal pensado. Veamos en la oscuridad cual felinos astutos.

Si lo que existe en Buenavista podía haber albergado el Hospitalón, ¿por qué se hizo lo que se hizo? Llámenlo suspicacia si quieren, pero seguro que más de uno se hizo la pregunta. Y como el verbo “hacer” es el que conjugamos ¿qué harán nuestros políticos con “El Dorado” del antiguo Hospital, la Residencia, Consultas Externas, Maternidad y demás activos que quedarán ociosos? ¿Solares, Facultad de Medicina y todo aquel emporio? Contesten, contesten a estas preguntas aunque no les creamos. Es más, en un sistema que se hace llamar democrático tenemos derecho a hacerlas. Claro que la democracia de nuestro país se parece a la mula que por falsa vendía un gitano y decía que era buena. No creo que den ninguna explicación, y si la dan será para crear confusión.

En fin,  para terminar digamos aquello de don Miguel Servet: “Cada cual es como Dios le ha hecho, pero llega a ser como él mismo se hace”. ¡Qué pérdida de tiempo la de Dios, haciendo esta casta política!

Unas preguntas más:

¿Qué sería de aquel enfermo céntimo que se ingresó para curar la Sanidad?

¿Qué es de Villa Magdalena, que también estaba aquejada de algo?

¿Cómo estará la Marea, alta o baja? ¿Y todos esos chapuceros chanchullos de Pepe Gotera y Otilio…?

¿Qué dirán de nosotros en los países donde la ética es divisa nacional?

Donde hay tanto desaprensivo no es de extrañar que haya delincuentes comunes: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Claro que… ¿de quién vamos a tomar ejemplo si hasta en la Real Casa tienen indeseables?

¿Y algunos sindicatos? ¡Menudas piezas!

Me da cierta vergüenza ser español. No me extraña que los catalanes quieran dejarnos.

¡Menuda Historia tenemos! ¡Vale más no mentalla! Como dijo alguien: mantenella y no enmendalla.

Haxa salú, que la vamos a necesitar.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 31, MARZO DE 2014

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