¿Podemos patinar?

Pablo Iglesias es la cabeza visible de la iniciativa electoral PODEMOS. Foto / Pablo Lorenzana.

Pablo Iglesias es la cabeza visible de la iniciativa electoral PODEMOS.
Foto / Pablo Lorenzana.

Por Daniel Ripa / Investigador en Psicología Social en la Universidad de Oviedo.

Se colapsó el salón de actos del Colegio Jovellanos de Gijón el pasado 24 de enero para asistir a la presentación de PODEMOS, la iniciativa lanzada por el mediático tertuliano y profesor de la Universidad Complutense Pablo Iglesias, acompañado del joven politólogo Iñigo Errejón, las activistas sociales Rita Maestre y Verónica Rodríguez y el histórico sindicalista Cándido González. PODEMOS lanza un ‘15-M electoral’ dirigido a partidos de izquierda, movimientos sociales y ciudadanos que permanecen en sus casas. No es un partido ni una coalición, aunque posiblemente se convierta en una candidatura a las elecciones europeas.

Plantea que la elección del candidato y la elaboración del programa la hagan ciudadanos, militantes y activistas en círculos autónomos locales y para ello recogió 50.000 firmas en apenas 24 horas. Un proceso que, aunque ya estaba iniciado en Asturies con las Mareas, las iniciativas de confluencias (manifestación del 23-F de 2012) o los debates promovidos por esta revista sobre una Syriza asturiana, ahora se maximiza y pone lo institucional en el debate.

La respuesta de Izquierda Unida, silenciosa en Asturies, ha estado entre la crítica y recelos sobre su metodología, apoyos de sectores críticos y un paso a la ofensiva a través del joven diputado Alberto Garzón. La izquierda nacionalista asturiana, que a diferencia de la CUP o ANOVA se quedó fuera de juego con el 15-M, se debate entre el la llamada a reapropiar el proceso en Asturies por parte de Compromisu, la prudencia hasta delimitar la autonomía de la iniciativa o la crítica a un proyecto centralizador. Los movimientos sociales han respondido con ilusión al creerse capaces de diseñar e impulsar políticas públicas y no solo padecerlas, pero también con inquietud ante un proceso que se lanza ‘desde arriba’. La ciudadanía que ve a Iglesias en televisión puede ser quien, ajena a estos debates, haya sentido más un soplo de aire fresco.

En busca de un horizonte

“La pugna no es por la represión sino por la depresión”, repetía el activista Emilio León hace año y medio, durante las movilizaciones mineras. Que desde entonces la ilusión está en declive lo ven todos. Hasta Rajoy. Si protestas 100 veces en la calle y no consigues nada, ¿qué te impulsa a salir la 101? Y cómo explicar a la sociedad que estás consiguiendo victorias en el medio plazo (Gamonal, huelga de limpieza, Marea Blanca, PAH, La Madreña). Cansados, a pesar de los cánticos de ‘Sí se puede’, el espíritu del ‘todo es posible’ del 15-M se ha ido apagando. Decía una compañera del 15-M antes de emigrar: “Me voy por no deprimirme”. Nada como apagar los telediarios por salud mental. La rabia generalizada continúa, pero sin horizonte.

Atlántica XXII decía en su editorial en julio de 2013: “Las élites políticas, sindicales y empresariales solo depondrán su actitud cuando la presión social sea también electoral y cuando lo electoral sea también social. […] Porque hay algo que no aparece en las encuestas: una rabia generalizada contenida y unos dientes rechinando, que esperan el momento y el lugar adecuado para devolver el golpe”. PODEMOS rompe ese tablero de juego que llevaba a una muerte anunciada. También genera muchas dudas: el personalismo de sus promotores, la inexistencia de organización, la aparición en televisiones privadas, su origen en Madrid, etc. Pero plantea un horizonte y un lugar donde devolver el golpe. Por eso levanta pasiones y llena salones de actos.

Pablo Iglesias e Iñigo Errejón (derecha) durante la presentación en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

Pablo Iglesias, Rita Maestre e Iñigo Errejón (derecha) durante la presentación en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

¿Hasta dónde puede llegar PODEMOS?

Imagínese un patinador sobre un lago helado en medio de un precioso valle. Confiado, se desliza y todo parece ir perfecto. Y sin embargo, no conoce la densidad del bloque de hielo sobre el cual patina. Parece profundo pero, ¿y si no lo fuera? ¿Y si estuviera quebrándose? Ese lago es la política estatal. No es extraño: el 15-M venció y la mayoría de la población asumió sus demandas y metodologías, incluso entre quienes se desmarcaron. Jueces y abogados que hacen manifestaciones ‘ilegales’, maestros y estudiantes que se organizan al margen de sindicatos, obreros que vuelven a creer que ganar es posible. Aunque el PP parece estable, solo ha faltado la llegada de VOX, la extrema derecha de Ortega Lara y Vidal-Quadras, y del Movimiento Ciudadano de Albert Rivera para poner nerviosos a muchos. ¿Y la izquierda? Como si el ‘no nos representan’ no fuera con ellos, patina felizmente amparada en un sostenido crecimiento en las encuestas. Lo decía Ángel González, portavoz de IU imputado por prevaricación: “Si a los ciudadanos no les gusta cómo nos organizamos pueden actuar en las urnas”. Lentejas. No es extraño que estén lejos del sorpasso al PSOE y muchos de sus votantes lo sean sin ilusión. Por eso el hielo puede quebrarse en cualquier momento.

Y es que, ¿cuándo fue la última vez que votaste en unas elecciones entusiasmado/a y que te identificaste con tus representantes? Está claro que la primera ruptura es la generacional: la nueva izquierda tenía demandas, pero no caras, solo viejos rockeros de la izquierda. Ahora las comienza a tener. Aunque ese tsunami también recorre Europa del Sur. Syriza lidera encuestas en Grecia con el joven ex antiglobalización Alexis Tsipras. El Movimiento 5 Estrellas en Italia alcanzó el 30% de votos presentando a ciudadanos elegidos por Internet. La CUP llevó a tres treinteañeros al Parlament catalán y los convirtió en diputados mileuristas. Xosé Manuel Beiras, que logró un 10% con un partido fundado un mes antes de las elecciones, recordaba que Mozart solía decir que había acabado una composición antes de haber empezado la partitura. -¿Dónde está?-, le preguntaban. -En mi cabeza, ahora solo queda escribirla-, respondía. La victoria ya está escrita antes de que se produzca, concluía Beiras, porque ya se ha ganado el sentido común de la mayoría.

Por eso el discurso de Errejón o Iglesias parece populista, de sentido común. Se dirige ‘a los de abajo’, como dijo el 15-M y propuso el catedrático Juan Torres, mentor de Alberto Garzón. Incluye demandas de las Mareas o la PAH, asumidas por casi todos. Dicen que “el miedo tiene que cambiar de bando”, una proclama que estaba en los movimientos sociales, y reconocen que los movimientos sociales les representan a ellos y no al revés, como las CUP catalanas. Pero su aportación más relevante opera en su idea de patria, en la línea de la izquierda vasca, catalana, gallega o latinoamericana: soberanía popular y derechos sociales para los de abajo, respetando el derecho de autodeterminación. Lo decía Errejón: “La idea de nación no puede jugar siempre en nuestra contra”, en relación al fracaso del mito de la II República.

Pero el sentido común al que se dirige PODEMOS no es coto cerrado de las izquierdas. Si ésta no lo cubre, lo harán otros regeneradores: los Rivera, Revilla o Rosa Díez de turno. Paradójicamente, si PODEMOS fracasa, IU ganará perdiendo: será el único referente de la izquierda estatal, pero no será alternativa al bipartidismo. Si sale adelante, visibilizará a los huérfanos de los partidos, pero IU perderá ganando: forzada a confluir (también con otros partidos), será la principal organización de un movimiento que aspire a ganar Gobiernos, pero que no controlarán en exclusiva. PODEMOS tendrá otros efectos tectónicos: Equo, Compromis, ICV o el Partido X se resituarán. Incluso IU repensará sus candidatos a las europeas y sacará de la nevera a Alberto Garzón.

¿Rompe PODEMOS la unidad de la izquierda?

Se repite machaconamente: la izquierda no está suficientemente unida y por ello pierde. No es cierto. No falta unidad sino todo lo contrario. Decenas de iniciativas honestas ‘de confluencia’ han surgido en los últimos meses: desde el Frente Cívico de Julio Anguita, Suma-La gente primero con Enrique Santiago e IU, Desde Abajo, Unidad Ciudadana de Juan Torres. Muchas son similares (incluso con las mismas personas) y cuentan con amplia simpatía entre las bases de los partidos de izquierdas, pero ninguna podría funcionar. En el mejor de los casos fichan a activistas sociales, como “una nueva cara que vender”, por las direcciones de unas izquierdas que se consideran ‘el todo electoral’.

La iniciativa PODEMOS ha recogido 50.000 firmas en apenas 24 horas. En la fotografía, público asistente a su presentación en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

La iniciativa PODEMOS ha recogido 50.000 firmas en apenas 24 horas. En la fotografía, público asistente a su presentación en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

Pongamos varios ejemplos: ¿IU (CHA, ICV, BNG) permitirían a la ciudadanía (o a la PAH, las Mareas) elegir a los cabezas de lista de las candidaturas ‘de confluencia’? ¿Podrían decidir sobre el sueldo y el límite de mandatos de sus diputados? ¿Podrían votar temas estratégicos? ¿Y la entrada en un Gobierno? O, tras la imputación por prevaricación del portavoz de IX-IU, ¿cómo se decidirían las medidas a tomar? Activistas y militantes participan conjuntamente en las luchas sociales, pero solo los segundos deciden sobre lo electoral. La unidad solo parte de la rendición de activistas y ciudadanos. ¿Entonces? Recuerda Rafa Velasco que “la gente que lucha en el día a día llega un momento que necesita organización política y que si las organizaciones existentes no les dan cauces adecuados buscaran otros, los inventarán”.

En cualquier caso, la pregunta es recurrente: ¿hay que avanzar con IU o sin IU? Sin IU, cualquier cambio político se aleja en el horizonte. Con ella, ¿cómo desbloquear el proceso? En esta coyuntura surge PODEMOS: avanzar junto a los partidos de izquierdas, pero sin rendirnos. Asumen cuatro premisas: 1) La mayoría de activistas están fuera de los partidos; 2) La mayoría de la ciudadanía está fuera de los movimientos sociales; 3) La población está harta del funcionamiento de los partidos; 4) IU no está capacitada para, por sí sola, convertirse en una alternativa de gobierno.

PODEMOS cambia el foco: se dirige a las bases activistas, militantes y ciudadanas, no a las élites de partidos. Para estos últimos, se intuye un órdago: “¿Estáis dispuestos a ser la punta de lanza de un proceso constituyente, o vais a conformaros con recoger las migajas del descrédito del bipartidismo con la esperanza de influir en el PSOE o, en el mejor de los casos, sustituirlo?”, señala Xandru Fernández. Si la respuesta es afirmativa, es necesario abrirse ¡y rápido! Algo complicado para quien es clave mantener su capacidad para repartir el poder dentro de la organización. Y es que, ¿quién ganaría unas primarias abiertas a la ciudadanía: Centella o Ada Colau, Willy Meyer o Pablo Iglesias, Diego Valderas o Alberto Garzón? Se dirá que los segundos (Colau, Iglesias, Garzón) se conocen por aparecer en la televisión. ¿Conspiración de Berlusconi? Más sencillo: representan las luchas sociales con las que la ciudadanía se identifica.

Superando el efecto Hari Seldon

Hari Seldon es el matemático del libro de ciencia ficción Fundación, de Isaac Asimov, que tras desarrollar una ciencia que predice el futuro graba antes de su muerte vídeo-mensajes donde orienta a los ciudadanos de generaciones futuras sobre qué hacer después de cada crisis. El efecto Seldon es la principal incógnita de PODEMOS. ¿Será algo más que un club de fans del televisivo Pablo Iglesias, como en parte pasó con el Frente Cívico de Anguita (a pesar de haber acercado lo mejor de la tradición comunista al 15-M y viceversa)? Si la iniciativa no desborda cualquier plan inicial, si no se reapropia en Asturies, en pueblos y barrios, si no muta su nombre y estrategias, si no se olvida quién lo promovió, fracasará.

Rosario Hernández contaba la anécdota de quienes en la presentación de Xixón gritaban “Yo delego en vosotros. No nos falléis”. La respuesta era la auto-organización porque “las atletas somos nosotras, Pablo Iglesias no va a hacer la maratón por ti”. Cualquier intento de convertir el 15-M en una organización (Frente Cívico, Democracia Real Ya) no puede cuajar. Porque es un estado de ánimo, un nuevo sentido común instalado en la sociedad (simpatías comunes, rechazo instintivo a códigos tradicionales de partidos y sindicatos, auto-organización). El 15-M eran las acampadas, pero sobrevivió a ellas en las Mareas y en la PAH, es Gamonal pero también las manifestaciones ilegales de jueces y los piquetes en las huelgas. Y sin embargo, no puede volver a ser nada de lo anterior.

Por eso, PODEMOS morirá y hará avanzar nuevas iniciativas que surgirán de sus cenizas que encajarán con ese nuevo sentido común. Ese clima social sobrevivirá a PODEMOS, pero necesitábamos esta iniciativa para empezar a salir del bloqueo en el que nos encontrábamos, para estimular el debate electoral y desenquistar el impasse de los movimientos sociales. La pregunta es: ¿podemos patinar?

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