¿Por qué la clase política odia a Sánchez Gordillo?

Asamblea en Marinaleda

Juan Manuel Sánchez Gordillo durante una asamblea en Marinaleda

Por Daniel Ripa e Iyán González. Unos carritos de la compra llenos de alimentos básicos, una veintena de personas, un supermercado de Mercadona y una convocatoria a la prensa. Así comenzaba, el pasado 7 de Agosto, una acción de desobediencia civil que daría la vuelta el mundo y que ponía al diputado díscolo de IU, Juan Manuel Sánchez Gordillo, y al sindicalista del SOC-SAT Diego Cañamero, en el centro de los ataques de partidos políticos, empresarios y medios de comunicación. La polémica estaba servida: ¿Unos ladrones que se tomaban la justicia por su mano o unos referentes en la lucha contra los planes de ajuste?

Un sindicato con mucha historia

La historia del Sindicato de Obreros del Campo-Sindicato Andaluz de Trabajadores (SOC-SAT), promotor de la acción, podía no haber sido muy diferente de la de otros sindicatos del Estado que tras la caída del franquismo dan un paso adelante en la política institucional. Las relaciones entre sindicalistas de CCOO y UGT con PCE-Izquierda Unida y PSOE son variadas y terminaron con muchos de los primeros en cargos de responsabilidad dentro de los segundos (desde Gerardo Iglesias y Marcelino Camacho a Nicolás Redondo o José Ángel Fernández Villa), cuyos últimos (y tristes) epílogos fueron la colaboración de Celestino Corbacho (UGT) en el gabinete de Zapatero o Antonio Gutiérrez (CCOO) como candidato del PSM madrileño. Sin embargo, los principales sindicatos sufren un proceso similar al de los partidos y las huelgas teatralizadas y la concertación se van abriendo paso entre ellos, mientras que a nivel político la profesionalización y el alejamiento de los movimientos sociales se convierten en constantes. De esta forma, lo que antaño permitía implementar cambios legislativos para los trabajadores desde los parlamentos poco a poco se va quedando en una quimera.

El SOC, mientras tanto, por medio de las Candidaturas Unitarias de Trabajadores-Bloque Andaluz de Izquierdas (un partido nacionalista andaluz de izquierda integrado en la actualidad en Izquierda Unida cuyo portavoz en Juan Manuel Sánchez Gordillo), también entra en política, alcanzando una decena de alcaldías andaluzas, entre ellas la del simbólico pueblo de Marinaleda, por medio de la victoria de Sánchez Gordillo en 1979. Desde entonces, este profesor de Historia de instituto compatibilizó su cargo político con las aulas hasta 2008, año en el que fue escogido diputado del Parlamento andaluz, obteniendo la excedencia, puesto que revalidó en 2012, tras un pulso con la dirección de IU. Sin embargo, el SOC y Gordillo comprenden pronto que una cosa es ‘tomar el poder’ y otra bien distinta ‘poder ejercer el poder’. El problema del desempleo y la crisis sistémica del campo andaluz no tenía solución institucional, con un PSOE que ha permitido que haya mayor concentración de la tierra ahora que en la II República. En Andalucía, el 50% de la tierra cultivable sigue en manos del 2% de la población, a la par que jornaleros y temporeros son contratados por campañas en condiciones de total precariedad. Los terratenientes, como la Casa de Alba, acceden a multitud de subvenciones agrarias de la UE, siendo la extensión en hectáreas –y no la productividad o el impacto laboral- el criterio clave para su concesión. En este contexto, la resolución de este problema histórico sólo tenía la salida de la movilización masiva.

Por ello, en Marinaleda ocuparon la finca de El Humoso, un cortijo propiedad del Duque del Infantado que reclamaban para poder generar trabajo para el pueblo y que, tras varios años de lucha, ganaron. El milagro del pleno empleo en ese pueblo, dentro de una zona que supera el 30% de desempleo, es consecuencia directa de la titularidad pública de los medios de producción. La victoria de El Humoso dio paso a la creación de una cooperativa de trabajadores en la que las ganancias repercuten en la propia sociedad, mejorando progresivamente la producción y las condiciones laborales. Por su parte, para garantizar el acceso a la vivienda, optaron por facilitar casas de 100 m2, con patio y garaje, por 15 euros al mes. El suelo lo pone el Ayuntamiento y los materiales de construcción están subvencionados por la Junta. El proceso, así, está libre de hecho de cualquier nicho de especulación: ni con la venta del suelo, ni de los materiales, ni con la aparición de intermediarios o promotores. ¿El resultado? Las candidaturas de Sánchez Gordillo arrasan (73,08% en 2011, 61,87% en 2007) en unas elecciones con índices de participación muy altos (88,33% en 2011). Parece la consecuencia de un modelo alternativo de gobierno e interacción con el ciudadano, en el que los plenos en la casa consistorial son poco más que una formalidad legal. La acción política viene avalada y decidida por asambleas abiertas, donde pueden participar y votar todos los vecinos, independientemente de su afiliación política. En cada barrio se trabajan “presupuestos participativos”, donde la ciudadanía escoge cuáles son las necesidades de inversión más inmediatas del pueblo. De hecho, frente a la creciente despoblación rural, muchos jóvenes del pueblo han vuelto a Marinaleda, al encontrar allí casa y trabajo. En cualquier caso, la sobrepresencia de Gordillo en medios de comunicación y su acumulación de mandatos en las CUT-BAI o en la alcaldía de Marinaleda también ha recibido críticas desde la izquierda. Ante ello, Carlos Taibo, se pregunta si “la impronta de dirigentes carismáticos, ¿es un activo real, e inevitable, en la contestación del sistema o, antes bien, constituye una trampa que, al cabo, pasará factura?”.

El ‘Gandhi’ andaluz

El periódico inglés The Guardian lo tenía muy claro. En un excelente artículo que repasaba las 5 acciones referentes en materia de desobediencia civil (desde las reprimidas Marchas de la Sal en India en 1930 a las ocupaciones de tierras en la II República), comparaba a Sánchez Gordillo con Gandhi. Habrá quien vea en la figura del activista indio una inspiración para el tipo de acciones realizadas por el alcalde y su sindicato en las últimas décadas. Practican movilizaciones no violentas que van más allá de la lucha pacífica -entendida esta ‘dentro de los cauces del sistema’-, implementando las acciones de desobediencia civil activa que Gandhi culminara con gran éxito e impacto mediático. Retan al sistema promoviendo acciones ‘ilegales’ ante hechos donde el sistema legal avala ‘legalmente’ el mantenimiento de injusticias sociales, retratándolo. La injusticia percibida ante la virulencia de la reacción policial y judicial sólo desacredita a quien la lleva a cabo, reforzando la movilización. Las marchas andaluzas del SOC-SAT, por ejemplo, se están saldando con ocupaciones de bancos y de fincas de terratenientes, a la par de detenciones masivas.  Quien acusa al SAT de oportunista, tendrá que visitar las hemerotecas. No es la primera vez que están en el punto de mira. Hasta 18 de sus líderes fueron imputados, incluido el propio Sánchez Gordillo, tras el corte de las vías del AVE y ocupación de Cajasur en 2009. De hecho, son habituales sus colectas y conciertos para financiar las multas y sus movilizaciones suelen acabar con ellos en los juzgados. Tras superar el medio millón de euros en multas y cerca de 400 sindicalistas procesados, con peticiones de cárcel de más de 60 años, el SOC-SAT decidió que sus dirigentes se declararan “insumisos judiciales”. Su portavoz nacional, Diego Cañamero, como consecuencia fue declarado por el juez en ‘busca y captura’ tras negarse a comparecer en el juzgado. Y llevan así desde su fundación, a pesar de que el SOC fue el primer sindicato legalizado en Andalucía tras el franquismo.

Por otro lado, Sánchez-Gordillo hace suya la segunda máxima de Gandhi: No es posible representar a quienes no vives como ellos. Así, considera que los políticos han de ser ‘los primeros a la hora de la lucha’ y ‘los últimos a la hora de los beneficios’, porque quien no vive las mismas experiencias que sus representados se encuentra alejado de estos. Gordillo, que reside en la misma casa de autoconstrucción que sus vecinos y cobra el mismo sueldo que el resto de cooperativistas -1200 euros al mes, donando el resto de los 3000 euros de diputado autonómico a su partido y a organizaciones humanitarias-, critica (La Hojilla, VTV) la separación entre discurso político y vida que se da entre muchos representantes de la izquierda: “Usted que es dirigente de izquierdas, ¿para cuándo va a ser solidario, para cuando lleguemos al socialismo, que además va a pasar una generación? Y mientras tanto, ¿qué hace usted con su dinero? Dé usted ejemplo de que se lo cree, subvierta sus propios valores. Las palabras se las lleva el viento, los hechos no”. La infame portada del ABC contra Llamazares tras el paradójico apoyo público de éste a Sánchez Gordillo (después de llevar a la corriente de Gordillo al ostracismo -todo sea dicho- durante sus años de Coordinador de la coalición) fueron un aviso a navegantes desde el establishment mediático a los representantes de la izquierda institucionalizada: “Habéis vivido como privilegiados, habéis cobrado 5000 euros al mes, os habéis alejado de vuestros representados, no habéis querido vivir como ellos, habéis llevado a vuestros hijos a la educación privada, tenéis casas de lujo en el centro de las ciudades, lleváis décadas sin trabajar… ¿Cómo os atrevéis ahora a cuestionar nuestras medidas?”. El problema es que la crítica es acertada y Llamazares es completamente sustituible por Jesús Iglesias o Diego Valderas. ¿Se atreverá alguno a dar la cara después de lo de Llamazares? Como consecuencia de estas posiciones, las relaciones del SOC-SAT y de Sánchez Gordillo con Izquierda Unida han sido tortuosas. El desalojo –y reocupación- de la finca que el SOC había ocupado en Palma del Río durante la noche posterior al anuncio de la coalición PSOE-IU, el pasado 26 de Abril, fue una señal de lo que se les venía encima. La respuesta fue ir al ataque, con una tensión que está fracturando Izquierda Unida en Andalucía, como ya pasase en otros sitios, donde destacados dirigentes como Julio Anguita son reacios al pacto con el PSOE. El propio Gordillo, que está votando en el Parlamento contra los recortes del gobierno andaluz y que denunció fraude en el referéndum interno donde la coalición decidió entrar en el Gobierno, lo ha dejado claro: los presupuestos para 2013 son la línea roja para su presencia en ese partido en una creciente presión sobre el líder andaluz, Diego Valderas, ampliada una vez que IU estatal ha pasado de la ambivalencia inicial ante la acción de Gordillo a capitalizar su mensaje y utilizarlo electoralmente.

Un puñal ante la profesionalización política

La coherencia del SOC-SAT provoca un fenómeno para el que la prensa estatal, en proceso de ‘amarillización’, no está preparada. Acostumbrada al “y tu más” o al “y tu antes” -útil para los debates intestinos entre tertulianos pro PSOE-IU o PP- las sucesivas entrevistas a los miembros del SAT reflejan cómo los entrevistadores, con un grado de hostilidad furibundo, no han sido capaces de generar fisuras en el discurso de los sindicalistas andaluces, inmunes a los típicos tópicos con los que la derecha y la socialdemocracia vienen estigmatizando a una izquierda que siempre quedaba en fuera de juego, diciendo una cosa y haciendo otra. Pues bien, con el SAT, con Cañamero y Gordillo, da la sensación de que “dieron en duro”, ganando a los tertulianos en todos los ‘cuerpo a cuerpo’ y provocando un efecto ‘boomerang’ que les ha hecho generar aún más simpatías. Y es que estas dos estrategias neo-gandhianas son un puñal para la derecha e izquierda institucionalizadas. En una sociedad donde el sueldo que cobra el 50% de la población es inferior a 1000 euros, la ruptura parece más insalvable. Pero ante la ética, la derecha no puede luchar, se encuentra mucho más cómoda en el discurso de “todos los políticos son iguales” o “da lo mismo lo que hagamos, porque el que venga después hará lo mismo”. Por otro lado, la clase política está fuera de juego también cuando ante ellos se ofrece una respuesta que apuesta por una acción directa que no se queda en el abstencionismo electoral. Temen el éxito mediático del 15-M, porque pone la ética y las causas justas en un primer plano y porque recupera el control y presión de la sociedad, pero temen mucho más a quien defiende esos valores sin renunciar a tomar las instituciones y a quien ha tomado esas instituciones sin renunciar a esos valores. Por eso, no es casualidad que el movimiento 15-M, necesitado de utopías reales de democracia alternativa, tras conseguir con éxito movilizar a una parte de la sociedad hasta entonces estática, haya acogido con simpatía y como referente la experiencia de Marinaleda, hasta el punto de haber celebrado allí su II Encuentro Estatal, ni que indignados y jornaleros hayan compartido presencia en ocupaciones de bancos y en la lucha contra los desahucios, de la misma manera que también se han solidarizado con la lucha minera en Asturies, Llión y Aragón principalmente,

Tras la implementación de las políticas del FMI en Latinoamérica y la crisis de la deuda externa, la deslegitimación de la clase política alcanzó cotas nunca vistas. Se abrió un proceso destituyente que llevó a políticos ‘outsider’ del sistema a alcanzar las presidencias de esos países. Dos sindicalistas, campesino y metalúrgico, en Bolivia (Evo Morales) y Brasil (Lula da Silva), un oficial ‘indio’ de rango medio del ejército venezolano cuyo mérito fue el haber alzado la voz cuando el Estado comenzó la represión (Hugo Chávez), un presidente –de rebote- del gobierno argentino que se aleja del neoliberalismo (Eduardo Kichner), un economista ecuatoriano obligado a dimitir como ministro por oponerse al FMI y al Banco Mundial (Rafael Correa)… Perfiles que, por razones obvias, no pueden representar ni Rubalcaba, ni Patxi López, pero tampoco Llamazares o el oportunismo político de Rosa Díez. ¿Puede Gordillo implicarse en una candidatura rupturista con la clase política actual? En Andalucía parece que sí lo hará y más nos vale: la derecha ya ha encontrado en Mario Conde a su plan B, rupturista frente al establishment.

1 comentario en ¿Por qué la clase política odia a Sánchez Gordillo?

  1. ” Unos carritos de la compra llenos de alimentos básicos, una veintena de personas, un supermercado de Mercadona, una convocatoria a la prensa … y un empujón a una cajera que acabó llorando “. Tampoco costaba tanto contarlo todo. Por respeto a ella.

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