Por un islam de la liberación (o cómo fundar el socialismo islámico)

La Primavera Árabe en Túnez, donde comenzó la revuelta. Foto / Ainara Makalilo-

La Primavera Árabe en Túnez, donde comenzó la revuelta. Foto / Ainara Makalilo.

El investigador y filósofo tunecino Kacem Gharbi, encarcelado bajo la dictadura de Ben Ali, explica en este artículo las bases con las que está tratando de construir un proyecto político de izquierda islámica, según el modelo de la «teología de la liberación» cristiana propugnada entre otros por el argentino-mexicano Enrique Dussell, sobre el que realiza la tesis. Escrito originalmente en francés, la traducción es de Santiago Alba Rico.

El eminente sabio y místico de Argelia, el cheij Abdelhamid ben Badis, tenía una oración muy famosa, aunque poco citada tras su muerte: «Dios hace de nosotros hombres de izquierdas en vida y hombres de derechas en el más allá». Tomando en consideración el sentido filosófico y político de esta plegaria, ¿es posible defender la idea de un islam radicalmente de izquierdas y, por lo tanto, radicalmente socialista?

Para poder responder a esta pregunta, insistiremos en tres puntos esenciales:

1º Cómo interpretar el islam, a partir de los textos fundadores del islam (el Corán y la sunna), en una perspectiva socialista.

2º ¿Hay en la historia del islam corrientes de pensamiento que van en esta dirección?

3º ¿Cuáles son en el pensamiento islámico contemporáneo las escuelas que permiten defender esta idea de un islam de izquierda radical?

El fundamento coránico del socialismo islámico

Todos los musulmanes comparten la convicción de que el Corán es un libro sagrado, revelado por el arcángel Gabriel al profeta Mahoma. Esta sacralidad quiere decir, entre otras cosas, que los textos coránicos son sagrados y asimismo verídicos; y es por esta razón que todo buen musulmán debe comportarse y concebir su vida según los preceptos islámicos. A partir de este presupuesto y leyendo uno de los relatos centrales del Corán, podemos construir una concepción de las relaciones económicas entre los hombres.

El relato del profeta Youssef (José en la tradición judeo-cristiana) nos permite extraer conclusiones fundamentales. Youssef, profeta e hijo de profeta (Yacoub o Jacob), fue al principio un esclavo de Aziz Mesr (el equivalente a nuestros modernos ministros de Economía) y a continuación fue nombrado por el faraón para ese mismo puesto. No me demoro en los detalles de la narración, que no nos conciernen.

En el Corán encontramos el versículo siguiente: «Dijo (Youssef): “Ponme al frente de los almacenes del país. Yo sé bien cómo guardarlos”. Y así dimos poderío a Youssef en el país, en el que podía establecerse donde quería» (12/55-56).

El profeta José afrontó durante su vida distintas pruebas, entre otras la de la sequía que azotó Egipto en aquel tiempo. ¿Cuál fue su reacción frente a esta adversidad?

Youssef organizó la economía planificando la agricultura y redistribuyendo de manera justa y equitativa la riqueza de la tierra entre la población de Egipto. De manera «justa y equitativa» significa que todos los ciudadanos de Egipto tenían los mismos derechos económicos, puesto que, siendo todos esclavos de Dios, la esclavitud entre los hombres quedaba abolida.

Es así que la historia de Youssef se considera como la mejor de las historias. En primer lugar porque comporta todas las lecciones morales de las que un musulmán puede tener necesidad tanto en la vida terrena como en la vida futura. En ella puede encontrarse un poco de todas las ciencias: la economía, el comercio, la interpretación de los sueños, la planificación, el psicoanálisis, los valores, la moral.

En segundo lugar porque es la única historia con un final feliz: Youssef es finalmente dichoso, Jacob recupera el hijo y la vista, sus hijos se reconcilian y el rey se siente afortunado de haber salvado a su país gracias a la organización de la economía.

En la medida en que el único propietario es Dios y nuestra vida es un pasaje hacia otra vida mejor, la propiedad privada no tiene ninguna razón de ser. Defender la propiedad privada es confiscar una parte de los atributos divinos. Es una forma económica y financiera de politeísmo. Y es esta forma de politeísmo la que combatió Youssef. En este relato encontramos asimismo la idea de que el monoteísmo es el resultado de un proceso de cambio social. Youssef, profeta de Dios, organizó la economía y a continuación difundió la palabra religiosa. La transformación de las relaciones sociales precedió a los cambios espirituales.

Si acudimos ahora a la sunna del profeta, podemos afirmar que hay un buen número de dichos de Mahoma que van en la misma dirección. Desgraciadamente, en la historia del islam estos dichos del profeta se han marginado por razones socio-políticas que habrá que esclarecer un día. A título de ejemplo, cito los dichos siguientes: «Todos los hombres son iguales como los dientes del peine», «Felices los yemeníes que, cuando se abatía sobre ellos la pobreza, reunían todos sus bienes para repartirlos entre ellos de manera equitativa», «Nadie puede decirse creyente si se echa a dormir mientras su vecino padece hambre», «El compañero del profeta Abou Dhar el-Ghafferi (muy apreciado por los comunistas árabes) decía que nada era más extraño que el hecho de que un hombre no tuviera con qué alimentar a sus hijos y no recurriera a su espada para alimentarlos».

Habría que añadir otro aspecto del espíritu igualitario del islam. En la versión chií de la religión islámica se insiste mucho en la figura del Mahdi, un descendiente del profeta que aparecerá en el final de los tiempos para instaurar la justicia entre los hombres. El pensamiento chií insiste en la idea de la justicia entre los hombres y no solo en el seno de la comunidad de los creyentes. No se trata aquí de saber si esta historia se hará o no realidad sino de insistir sobre la igualdad y la justicia que se instaurará hacia el final de los tiempos, una idea cuyo paralelo no fortuito es el final feliz de la Historia en la tradición comunista.

Los textos fundadores del islam, por tanto, afirman esta idea de una sociedad justa, equitativa e igualitaria. Una vez más hay que decir que Dios es el único propietario y la usurpación de sus atributos debe considerarse una forma de politeísmo.

Musulmanes durante el Ramadán. Foto / Mario Rojas.

Musulmanes durante el Ramadán. Foto / Mario Rojas.

Pensadores de la izquierda islámica

Al primer contestatario en la historia del islam, Abou Dhar el-Ghafferi, el profeta Mahoma (saws) le habría dicho: vivirás solo, morirás solo y serás juzgado solo delante de Dios. En efecto, fue desterrado por el fundador de la dinastía de los Omeyas -Muawiya- y murió solo en el desierto. No me aventuraré a hablar del juicio final, desde luego, pero la revuelta y la muerte de el-Ghafferi representan el símbolo del devenir de las numerosas revueltas igualitarias en la historia del islam. Después de él, los Hachachines, los Karamitas y otros fueron destruidos física y simbólicamente acusados, según la propaganda, de todos los males: drogadicción, herejía, etc. Todas estas revueltas no alcanzaron su propósito de un cambio socio-económico por razones de las que no podemos ocuparnos aquí. Habrá que esperar al siglo XX para ver reaparecer una corriente de pensamiento islámico que se posiciona conscientemente a la izquierda para defender una sociedad justa e igualitaria.

Teniendo en cuenta la brevedad de este artículo, mencionaré solamente a tres importantes pensadores: Mahmoud Taha en Sudán, Hassan Hanafi en Egipto y Ali Shariati en Irán, sin olvidar al sabio iraquí Mohamed Sadek Sadr, muy útil en la aproximación entre el comunismo y el mesianismo islámico.

Mahmoud Taha (1909-1985) es el fundador del movimiento de los Hermanos Republicanos, la antinomia de los Hermanos Musulmanes. Ingeniero de formación, luchó abiertamente por una sociedad socialista e igualitaria ofreciendo una interpretación del Corán y del fenómeno religioso en el marco de una lectura netamente de izquierdas. En mi opinión habría que volver al libro de Taha Un islam de vocación liberadora, libro que fue comentado y presentado por Samir Amin y François Houtart. Este libro representa lo que el pensador marxista Samir Amin describe como una «apertura hacia una teología islámica de la liberación». Mahmoud Taha pagó con su vida su atrevimiento; en 1985, en una parodia de proceso, fue acusado de herejía y ejecutado. Por desgracia, el movimiento que él fundó no ha sobrevivido apenas y hoy solo nos referimos a los Hermanos Republicanos como a un episodio de la historia del Sudán contemporáneo.

En Egipto, tierra del movimiento de la nahda (el «renacimiento») árabe, un movimiento de renovación y modernización del islam de principios del siglo XX, hizo falta esperar, sin embargo, a la segunda mitad del siglo pasado para ver aparecer una corriente de pensamiento islámico de izquierdas. Su representante más conocido, Hassan Hanafi (nacido en 1935), es autor de una obra monumental en ocho tomos, De la tradición a la revolución, en la que se desarrolla una lectura progresista del islam y en el que se denuncia la propiedad privada como fuente de todos los males y una forma de politeísmo. Hassan Hanafi ha vivido más bien aislado en un entorno religioso -el de la institución oficial de Al-Azhar y el de los Hermanos Musulmanes- dominado por la derecha religiosa. Por desgracia también en este caso, las ideas de Hanafi no han logrado crear un movimiento social capaz de transformar la teoría en una praxis revolucionaria. Pero hay que insistir también en el hecho de que en Egipto existen las condiciones para ello, pues Hanafi no es un caso excepcional sino parte de una corriente, dentro de la cual podemos citar, entre otros, a Nasr Hamed Abou Zeid.

En Irán, Ali Shariati (1933-1977) edita su primer libro en 1956, una traducción de una obra egipcia a la que el da el muy significativo título de Abu Dhar el-Gheffari, el socialista creyente. A diferencia de los marxistas clásicos, Shariati considera la religión un catalizador de la revuelta contra el capitalismo y el imperialismo. En un segundo libro titulado La construcción del yo revolucionario, Shariati desarrolla la idea de un islam en lucha contra las desigualdades sociales. Sociólogo revolucionario, Shariati participó activamente en la guerra de liberación argelina; también él pagó muy caro su compromiso, asesinado por los servicios secretos del Shah de Irán en 1977. Está enterrado en Siria.

Antes de concluir me gustaría apuntar un paralelismo entre lo que podríamos llamar el mesianismo marxista y su equivalente islámico. En el cuatro tomo de su obra La teoría del Mehdi, el eminente sabio islámico Mohamed Sadek Sadr desarrolla la idea de que la sociedad ideal que será construida por el Mehdi es una sociedad justa y sin clases sociales. Me atrevería a decir que un sueño común une el marxismo y el islam progresista y revolucionario. Y que podemos ser comunistas sin pasar necesariamente por el marxismo, aunque sigo creyendo que el marxismo sigue siendo el instrumento más adecuado para analizar el capitalismo.

En definitiva, y a manera de conclusión, podríamos decir que el texto fundacional del islam permite concebir una sociedad justa y sin clases. Tenemos además una historia de revoluciones liberadoras y también una escuela de pensamiento contemporáneo que defiende de manera encarnizada, y al precio de la vida, la idea de una sociedad justa.

Pero tenemos también una historia de dinastías en combate y una historia de interpretación reaccionaria del texto fundacional, así como una escuela de pensamiento incapaz hasta la fecha de transformarse en un movimiento de revolución social.

El camino que queda por recorrer es todavía largo.

Kacem Gharbi

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 29, NOVIEMBRE DE 2013

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