Primer editorial de Atlántica XXII

Contra la resignación

Artículo editorial publicado en el primer número de ATLÁNTICA XXII (mayo de 2009)

Hace 20 años que no aparece en Asturias una revista como ésta que usted tiene en sus manos. Al menos no se nos podrá cuestionar la valentía, que para algunos será osadía. Atlántica XXII surge en medio de una enorme crisis económica mundial, cuyas consecuencias son aún imprevisibles, y cuando empieza a manifestarse otra recesión específica, la del sector de los medios de comunicación, que ya ha mandado al paro a muchos periodistas y provocado el cierre de algunas empresas. La situación es más grave precisamente en el caso de los medios escritos, cada vez más amenazados por la competencia digital.

Sin embargo los promotores de esta revista creemos que la crisis del capitalismo globalizado aumenta la demanda de nuevos medios de comunicación libres, independientes y de calidad, atentos a las inquietudes de una parte importante de la sociedad civil, cada vez más crítica. Y también creemos en la pervivencia del papel como soporte de esas ideas, informaciones y opiniones, marginadas del debate público y la cultura oficial. Naturalmente, adaptándolo y complementándolo, en la era de la revolución tecnológica, a los nuevos soportes digitales.

Creemos que Asturias necesita un vehículo de expresión como éste que hoy aparece para fortalecer su opinión pública, muy débil y apenas sin voz en un debate público pobre y condicionado por los poderes, las instituciones y los medios de comunicación, que en todo el mundo parecen haber renunciado a su papel de contrapoder. Atlántica XXII nace con humildad, pero también con la ilusión y la ambición de llenar ese hueco, pretendiendo aportar dinamismo, frescura y una buena dosis de pensamiento crítico a la sociedad asturiana, algo imprescindible para hacer frente a la resignación y al conformismo que padecemos.

Portada Atlántica XXII, nº 1

Para ello no obviaremos tema alguno, por comprometido que parezca, ni aparcaremos ningún debate interesante, por complicado que resulte abordarlo. Tampoco tendremos más dependencia que la que nos ata a los lectores, que pretendemos sean la vía fundamental de financiación de la revista a través de los suscriptores. En ellos, en cada uno de ustedes, reside la masa crítica que debe sostener esta aventura.

La empresa editora de la revista, Letras Atlánticas, es una iniciativa sin ánimo de lucro porque ninguno de sus 16 fundadores aspira a obtener un beneficio con sus aportaciones económicas. Y nace sin asalariados. Pero su objetivo es crecer en el mercado para adquirir cada vez mayor dimensión e influencia en la vida pública asturiana, sirviendo de altavoz a su parte más rebelde. De momento aparecerá cada dos meses en quioscos, librerías y centros culturales, pero, si la apuesta tiene la demanda que esperamos, reducir la periodicidad será uno de los primeros objetivos.

La calidad, el rigor y el respeto a la verdad, sin sensacionalismo pero con espíritu crítico, serán nuestra norma, para lo que son una garantía los periodistas, fotógrafos, ilustradores, escritores, profesores y otros profesionales de diferentes ámbitos que se han sumado a esta iniciativa con entusiasmo.

La aparición de Atlántica XXII es también una buena noticia para la democracia, que no existe sin medios de comunicación libres. La democracia también está en crisis, secuestrada por la partitocracia, la endogamia y los vicios de una clase política inmovilista, y la falta de independencia del poder judicial y los medios de comunicación. Asturias no es excepción y añade además a estas limitaciones democráticas otra evidente, aunque bien oculta: el clientelismo. El grado de dependencia de gobiernos y administraciones en la sociedad civil asturiana, que padecen ciudadanos, profesionales, colectivos sociales y empresarios, es asfixiante, supone un verdadero freno al progreso y cuestiona la esencia del sistema democrático. El clientelismo, impuesto desde el poder, paraliza a la sociedad asturiana, tan pendiente y condicionada por la subvención y el padrinazgo.

La tarea de regeneración democrática necesaria en Asturias y en el resto del Estado precisa reformas importantes de todo tipo, institucionales, electorales y constitucionales, ante las que una revista como ésta no puede permanecer ajena. La reforma constitucional debe incluir la elección popular de la forma de Estado, permitiendo a los ciudadanos refrendar la actual Monarquía o elegir un sistema republicano.

En cuanto a Asturias, es preciso resaltar la paradoja de que se trata de uno de los territorios históricos del Estado y sin embargo su papel en el Estado de las autonomías resulta poco menos que marginal. Asturias es plural hasta en el nombre y aúna una fuerte personalidad y una rica cultura propia con un carácter universal y cosmopolita. Pero quizás por falta de autoestima colectiva, o por cierto complejo de inferioridad, ha renunciado a su singularidad y a un proyecto propio en la España moderna.

Desde estas páginas defenderemos el nivel de autogobierno que demanden los asturianos/as y su rica cultura tradicional, con especial atención a la lengua propia, que precisa la oficialidad con el castellano para su supervivencia y para garantizar los derechos de sus hablantes. Y seremos beligerantes contra la destrucción del paisaje y del territorio, algo ya irreparable en algunas zonas, y una amenaza constante en muchas otras a causa del urbanismo, la construcción salvaje y los desmesurados proyectos energéticos.

A pesar de su escaso tamaño y población, Asturias tuvo históricamente un gran protagonismo en la vida española, sobre todo desde la Ilustración del siglo XVIII, con figuras como Jovellanos, Campomanes o Flórez Estrada. Su Universidad fue vanguardia a finales del siglo XIX con los profesores del Grupo de Oviedo. En el XX el movimiento obrero asturiano fue uno de los más organizados e influyentes de la época, sin cuyas luchas épicas no gozaríamos hoy del llamado Estado del bienestar.

Toda esa tradición histórica y esa presencia de Asturias más allá de sus fronteras no se puede perder en el siglo XXI, aunque este pequeño país atlántico parezca diluirse en España como el azúcar en el agua. Solo esa tarea, desde la modesta aportación de una publicación, justifica la aparición de Atlántica XXII. Nos gustaría llegar a ser los herederos de la Revista de Asturias de los institucionistas del Grupo de Oviedo, de la Asturias Semanal de la transición, de Los Cuadernos del Norte de los primeros años de la restauración democrática y de todas aquellas iniciativas culturales, liberales, progresistas, laicas, republicanas y asturianistas que tanto fortalecieron los valores cívicos y democráticos que definen una sociedad avanzada.

Todo un reto y un desafío entusiasta frente a la resignación.