El PSOE asturiano en el banquillo

Pedro Castillejo en la rueda de prensa que dio en el despacho de su abogado en Oviedo. Foto / Pablo Lorenzana.

Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII.

Si a alguien le viene bien la absoluta ignorancia que hay en España sobre Asturias, qué guapina yes porque no molestas, es a Javier Fernández. De Pajares para allá es un hombre de Estado, aunque a estas alturas de la corrupción democrática eso viene a ser más una sospecha que un elogio. Pero en su tierra, donde no es profeta, el estado del partido que dirige y controla es realmente calamitoso, con tantos frentes judiciales abiertos, tantos conflictos internos y tanta soledad parlamentaria que la antaño robusta y poderosa Federación Socialista Asturiana parece un enfermo crónico al que amenaza la metástasis.

La corrupción en el socialismo asturiano es una epidemia tan grave y tan extensa, que hasta las soluciones traumáticas y urgentes parecen llegar ya tarde. El último informe del Consejo General del Poder Judicial sitúa a Asturias entre las Autonomías más corruptas de España, pero a Javier Fernández le irrita que le aludan a la corrupción, en el Parlamento o ante los micrófonos, y replica a Podemos diciendo que no admite lecciones morales. En una reciente jornada sobre economía del PSOE se destapó y ya lo entendimos todos: quien tiene “superioridad ética y cultural” en la vida política es la socialdemocracia, o sea, él y su partido. Acabáramos.

Tendrá superioridad moral, que lo juzguen los ciudadanos y los politólogos, pero en la Autonomía que preside y en la FSA, de la que es secretario general este político pluriempleado, la inferioridad política de Javier Fernández y los suyos es evidente en la Junta General y sobre todo en los juzgados. El PSOE asturiano, con un poder tan largo y prolongado en su tierra que solo tiene comparación con el andaluz de Susana Díaz, está implicado en tantos y tan diversos casos de corrupción que su simple enumeración resulta apabullante.

Del arecismo, el largo mandato de doce años de Vicente Álvarez Areces, el antecesor de Javier Fernández, ahora portavoz del PSOE en el Senado, están en los tribunales de justicia casos tan diferentes como el del Musel, el Niemeyer o la trama del cable, en la Audiencia Nacional y juzgados de Avilés y Oviedo respectivamente. El Marea, el gran saqueo a la enseñanza pública donde el principal implicado es el exconsejero de Educación y gran amigo personal de Areces desde sus tiempos en el PC clandestino, José Luis Iglesias Riopedre, está visto para una sentencia que se conocerá en los próximos días. Varios alcaldes y concejales socialistas están también siendo investigados en un Juzgado de Lugo por el Caso Pokémon, que afecta sobre todo al PP.

Una jueza de Oviedo está a punto de finalizar la instrucción del Caso Villa, también en manos de la Fiscalía Anticorrupción en Madrid. Obligado a declarar tras dilatar su abogada el procedimiento durante más de un año, José Ángel Fernández Villa deslizó veladas amenazas sobre los que fueran sus subordinados en el SOMA-UGT durante tres décadas. Su tesis exculpatoria (“si me marché con la pasta y no me privé de comidas, coches, perfumes y todo tipo de lujos fue porque me lo consentían y no era yo solo”, viene a decir) parece totalmente admisible en relación a un caudillo que gobernó al socialismo asturiano como un verdadero dictador, sin práctica democrática alguna y con absoluta opacidad en el manejo de millones de dinero público. Un millón cuatrocientos mil euros aparecieron en su fortuna, que sigue siendo oculta.

Pedro Castillejo dispara

Pero si Villa amaga, uno de los contados exdirigentes del SOMA que no sacó la daga contra el amado líder de las cuencas ahora defenestrado, el exdirector de la Fundación del sindicato minero, Pedro Castillejo, apunta y dispara. Rodeado de papeles en el despacho de su abogado en Oviedo, Castillejo tiró de la manta hace unos días, aunque su comparecencia apenas tuvo repercusión mediática. El SOMA le reclama más de 118.000 euros de gastos indebidos, entre ellos muchas comidas en las que dice que no estaba solo. Pero él reclama al SOMA explicaciones por el destino de cantidades de dinero mucho más elevadas, dando datos y nombres. Aludió a 406.000 euros “de nóminas en una organización sin actividad sindical”, en referencia al SOMA histórico, que pervivió jurídicamente cuando apareció el SOMA-FITAG-UGT con una contabilidad paralela y opaca que tendrá que aclarar la instrucción judicial. ¿Se mantuvo el histórico SOMA para manejar dinero sin dar cuentas a la organización sindical estatal a la que pertenece y no precisamente con la honestidad que se atribuye a Manuel Llaneza, Belarmino Tomás y otros fundadores del sindicato minero?

Respecto a los nombres, Castillejo tampoco se anduvo con eufemismos. Citó sobre todo al excontable del SOMA Juan Cigales, el hombre clave en el manejo del dinero que se reclama a Villa y al propio Castillejo, pero también al actual secretario general, José Luis Alperi, y a otros dirigentes, como Amalio Fernández, José Luis Fernández Roces, Aquilino Ronderos y Armando Fernández Natal, líder socialista en Mieres a quien no apoyó en la campaña de las municipales, lo que dice que le está ahora pasando factura. Castillejo pide una auditoría para aclarar supuestas responsabilidades en falsedad contable y documental, y amenaza con querellas.

A Javier Fernández el Caso Villa le salpica. Fue director general de Minas con el consejero villista Víctor Zapico, fallecido hace unos días sin llegar a ser juzgado por la trama carbonera de la mina de La Camocha. Fernández Villa fue su mentor y mamó la cultura política del sindicato minero, hegemónica en el PSOE asturiano durante prácticamente un siglo, y con la que no rompió amarras jamás. Pero más le afecta aún el Caso UGT-Asturias por supuesto desvío del dinero de los cursos de formación a sueldos en el sindicato, aunque la investigación de la UCO apunta hacia otros posibles delitos.

El exsecretario general de los ugetistas asturianos, Justo Rodríguez Braga, es uno de los investigados y una de las seis personas que durmió en los calabozos de la Guardia Civil en Oviedo tras la operación de registro en la sede del sindicato. Rodríguez Braga está estrechamente vinculado a Javier Fernández y su Gobierno, en el que el vicepresidente, Guillermo Martínez, es un hombre de UGT. Nada más salir en libertad, Rodríguez Braga acudió a escuchar a un consejero del Gobierno asturiano, el de Sanidad, Francisco del Busto, en una charla que dio en la agrupación socialista de Gijón, la de Javier Fernández, donde el exsecretario general ugetista es un hombre fuerte.

A la sucesión de casos de corrupción y la agitación interna que produce en los clanes de la “familia socialista” hay que añadir las primarias del PSOE, otro factor de división y cainismo de impredecibles consecuencias. El SOMA de José Luis Alperi apoya abiertamente a Pedro Sánchez y hasta quien fuera la mano derecha de Villa, Laudelino Campelo, absuelto hace años de una denuncia por cobro de comisiones ilegales, participa abiertamente en la campaña del exsecretario general del PSOE. Algo que duele especialmente en el núcleo duro de la FSA partidario de Susana Díaz que dirige Javier Fernández, cada vez más reducido, tras distanciarse de Adriana Lastra y María Luisa Carcedo, dos puntales del equipo de Pedro Sánchez.

Con tanto socialista en el banquillo de los acusados y tanta división interna, sobre la FSA recae otra amenaza que preocupa especialmente en todos los partidos, esas implacables maquinarias de poder: chupar banquillo en la bancada de la oposición tras las siguientes elecciones autonómicas. En el PP lo dan por hecho.

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