El PSOE de Sánchez y la clase trabajadora

La victoria de Pedro Sánchez ha sido para algunos una sorpresa. Foto / Pablo Lorenzana.

Mario José Diego Rodríguez / Sindicalista jubilado.

Como ya he tenido la ocasión de decirlo, el vodevil que el PSOE nos está proporcionando desde hace más de dos años, para hacernos olvidar que hasta el día de hoy sigue sin explicarnos por qué desde el advenimiento de Zapatero el Partido Socialista perdió más de cinco millones votos, si no me deja indiferente tampoco me apasiona.

Ya una parte de los medios y de los “politólogos” toman el relevo de los dirigentes socialistas para celebrar con entusiasmo la lección de democracia que, según los primeros, nos ha proporcionado el PSOE. Como bien ha dicho Pedro Sánchez en su primera intervención cara a los militantes, “hoy empieza todo, nada ha acabado”. Parafraseándolo yo diría que la supuesta lección de democracia empieza hoy y en el mejor de los casos solo acabará dentro de algunos meses, cuando la minoría perdedora acate definitivamente las decisiones de la mayoría ganadora.

Debo reconocer que me he equivocado en mis pronósticos, daba ganadora a Susana Díaz. Dicho esto, sigo pensando que Díaz no quería participar en esa competición que conducía al puesto de secretario(a) del partido. Lo que la mayoría de la prensa calificó como “táctica electoral” por parte de ésta, refiriéndose al tiempo tardado en declararse competidora, en realidad ha sido el tiempo que han tardado en convencerla las reliquias socialistas oliendo a naftalina y sacadas, para la ocasión, de sus armarios dorados.

Explicar al conjunto del país en general, y a sus militantes en particular, que los resultados desastrosos coleccionados por el PSOE, elección tras elección, eran la consecuencia de lo mal que lo hizo Sánchez y lo bien que lo hizo el partido a lo largo de su historia, ha sido la mayor tomadura de pelo que los notables del partido han querido llevar a cabo. Y así se lo hicieron saber sus militantes este 21 de mayo.

¿Esta victoria de Sánchez es alentadora para salvaguardar los intereses de la clase trabajadora? Mucho me temo que no. Por ahora son muchas las declaraciones de intención, son muchas las declaraciones para los titulares de la prensa, pero leyendo el programa de Pedro Sánchez se puede dar uno cuenta que las tres cuartas partes no son otra cosa que vagas generalidades.

Y en la parte que se puede considerar, aunque buscando con ahínco, más concreta, hay preciosidades como ésta: “La derogación de la reforma laboral aprobada por el PP que ha aumentado la precariedad, los bajos salarios, las desigualdades y el riesgo de pobreza”. ¿Acaso piensan los nuevos renovadores de la socialdemocracia que la reforma laboral del PSOE llevada a cabo por Zapatero ha contribuido a mejorar la precariedad, a aumentar los salarios y a disminuir la desigualdad?

O esta otra: “Promover una alianza de los socialistas con los sindicatos con el doble objetivo de desarrollar un modelo de crecimiento y un marco laboral basado en el diálogo social y la negociación colectiva”. Que si la añadimos a esta otra, “fijar el Salario Mínimo Interprofesional, respetando el diálogo social, en 1.000 euros mensuales para 2020”, ilustra perfectamente la osadía y el desafío de dichos renovadores de la socialdemocracia, como también lo muy a la izquierda que se sitúan.

Si algo ha sido positivo en este primer round es el hecho de constatar que lo poco de obrero que le queda al PSOE aún mantiene cierta consciencia de clase. El hecho de cantar La Internacional a las puertas de Ferraz, una vez conocido los resultados, demuestra que esa parte de la militancia no está dispuesta a dejarse mangonear por los notables y otros barones, o por lo menos eso espero.

La clase trabajadora no puede dejar entre las manos de la curia varonil y otros miembros de Consejos de Administración la defensa de sus intereses. Solo puede confiar en sí misma, en su determinación y su lucha para cambiar su suerte. Y en esta tarea se necesita a todo aquel que, siendo consciente de su pertenencia a dicha clase, se eche a la calle, sean quienes sean los que gobiernen.

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