Que traigan al Curiosu

Francisco García Pérez.

Había o hay en muchos pueblos de Asturias la figura del «Curiosu», algo más que un simple curandero, una especie de fisioterapeuta sin estudios ni título pero con unas manos y un saber hacer que lo mismo volvía a su lugar los huesos dislocados, que terminaba con fracturas, luxaciones, torceduras, distensiones, fisuras y crepitar de huesos. Su ciencia se basaba en la experiencia de lo antes habido, mucho sentido común, buen arte manual, decisión y la complicidad de unos pacientes capaces de aguantar el dolor con la resignación de quien sabe que va a doler pero que no queda otra. Pues bien, pido que traigan a un Curiosu y que se le encargue un nuevo y definitivo plan de enseñanza para este país español, español, español.

Antes del advenimiento del Curiosu, convendría poner en la calle a los fisioterapeutas de la enseñanza, es decir, a esos postpedagogos que llevan lustros dislocando, fracturando, luxando, torciendo, distendiendo, fisurando y crepitándonos la educación, la instrucción y la paciencia. A la calle con ellos, al paro vayan quienes nos han situado con sus ocurrencias en un lugar de chiste en el escalafón educativo mundial. Se les agradecen los servicios prestados y se les da boleta, fuera. El Curiosu ya contaría con la experiencia de lo antes habido en otros países que se las han arreglado muy bien al organizar sus aulas. Los suecos, por ejemplo, entregan un cheque de unos 7.000 euros a los padres para que cubran los gastos de escuela; estas, claro, compiten entre sí para dar mejor calidad; a los colegios privados no se les permite cobrar tasas adicionales; y a los centros de enseñanza se los evalúa para darles el visto bueno o cerrarles el chiringuito si lo fuere. El Curiosu, si es hombre de mano dura, no sería ajeno a lo desarrollado por los singapurenses, también en la cabeza de la clasificación educativa: el 20% del presupuesto va a educación, un modo de invertir, no un despilfarro; cada trienio, un cambio de currículo, pues los tiempos cambian, las ciencias adelantan que es una barbaridad y al temario hay que ventilarlo; los profesores curran que da gusto, se les evalúa de verdad (no la comedida evaluativa española, que ni García Berlanga la hubiera imaginado tan chusca) y, por ende, cobran a modo y se les respeta como a gigantes.

También estudiaría a los finlandeses: consideración social y buena faltriquera para los profesores; carrera dura y máster de verdad (no la comedia de máster español, etc.) para acceder a tal condición, más formación continua obligatoria; que nunca falte dinero para la enseñanza, en lo que ningún partido discrepa, o sea, un pacto de Estado fetén; y basarse al instruir en la comprensión de los textos, en formar ciudadanos que entiendan lo que leen (lo que a mi juicio, sin ser finés, es la madre y es el padre del cordero), tanto en ciencias como en letras, división, por otra parte, tan arbitraria como gilipollas y lerda. El Curiosu, digo, sabría por los yanquis que hay que formar el carácter en vez de pasarse las horas en el parvulario dando palmas y emitiendo risueñas canciones infantiles y aplastilinadas; que la burocracia entorpece y en nada arrima el hombro cuando de enseñar hablamos; y que hay que educar a papá y a mamá también o sobre todo. Y, por terminar, el Curiosu no olvidaría las enseñanza de los coreanos meridionales, los líderes del asunto: a currar todos a tope, alumnos y profesores y familias, pero a tope tope, y a rascarse el bolsillo en menos cubata, menos abono del fútbol, menos crucero clase media y más educación, más instrucción, más enseñanza.

Súmensele el sentido común, el buen arte, la decisión y la complicidad de los futuros beneficiados y el Curiosu habrá triunfado, aunque duela lo que hace. De otra forma, seguiremos en España chepos en las aulas, rengos en los institutos y contrahechos en enseñanza, perdiendo trenes, perdiendo el futuro.

Publicado en Atlántica XXII, nº 18, enero 2012.

1 comentario en Que traigan al Curiosu

  1. Se por anticipado que no lo va a considerar siquiera,pero dejeme que me ilusione con ud. en el puesto de consejero de educacion,poniendo en practica sus muchas y buenas ideas,tan llenas de algo que falta a raudales en todos los ambitos y no es sino SENTIDO COMUN…………Hace mucho que le leo todos sus escritos y no puedo menos que compartir casi todos sus argumentos,siempre ponderados y cargados de razón,sencillos y facilmente asumibles,pero eso significaría que la cordura hab;ia llegado a la clase política……………y va a ser que no………..lástima……………..saludos

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