Roberto Corte: “Mayorga es el Buero Vallejo del siglo XXI”

Roberto Corte en Oviedo, donde vive. Foto / Pablo Lorenzana.

Roberto Corte en Oviedo, donde vive. Foto / Pablo Lorenzana.

Debe de ser el tipo que más sabe de teatro de Asturias: fundador de la revista teatral La Ratonera, de la Compañía Barataria, de un sinfín de iniciativas en las tablas, asesor editorial en KRK sobre la prestigiosa colección de esta editorial dedicada a la escena. Roberto Corte (Oviedo, 1962) es una extraña suerte de chamán de mirada azul nublado, con el veneno del teatro muy metido dentro, de los apasionados a los que su propia pasión construye y contagia, artesano de la palabra hablada o recitada más allá de cualquier freno o ideología. Muda, como las serpientes, de piel cada año y devora la pura luna a cucharadas en cada función o escrito: es explosivo, implosivo, siderúrgico, peligroso, culto, hechizante y hechizador, funambulista de las letras temblorosas por encima de cualquier otra seguridad. Letraherido de pro, sin solución.

Diego Medrano / Escritor.

¿Qué me puede decir de ese prodigio a toda vela, tanto dentro como fuera de Asturias, que fue la revista teatral La Ratonera?

Fue un divertido proyecto que nació hace catorce años. Una revista hecha con cuatro duros que, ahora, debido a los recortes, llega a su fin. Nació por iniciativa de un grupo de personas vinculadas con el teatro asturiano, como un servicio público, libre y abierto. Pero los hechos consuetudinarios, una vez más, nos demuestran que se trataba de un espacio para la utopía. Como en tantos otros campos son muchos los empeñados en demostrar, incluso dentro del gremio, que la crítica es incompatible con la participación democrática.

El teatro vive una pujanza insólita. Cuarenta compañías no profesionales en la Autonomía que, con las ya establecidas, suman unas cien. Unido al fenómeno de las microsalas en ciudades grandes que no dejan de abrir…

Asturias es, teatralmente hablando, una región desestructurada. Cataluña ya tenía en los años ochenta más de 300 compañías amateur. El número no es el problema. Lo que hace falta es un proyecto para el teatro profesional. Una iniciativa que ha de ser responsabilidad exclusiva del Gobierno del Principado.

Aquí no nos hemos enterado ni que teníamos viviendo a Rodrigo García. Gran acontecimiento el de la edición de su teatro casi completo en La Uña Rota bajo el título de Cenizas escogidas.

Desgraciadamente, que tengamos viviendo en Asturias a una figura del teatro internacional es una mera anécdota. A Rodrigo siempre lo hemos visto como un elemento exógeno, y supongo que él a nosotros también. Me gusta su teatro, y más, si cabe, la línea visceral y gamberra de Angélica Liddell.

¿Qué me puede decir de algo que me ha apasionado siempre: los activistas teatrales de los años setenta? La película de Achero Mañas (Noviembre) sobre tales locos… Aquellos que ponían el teatro y el arte por encima de la vida y hasta de la muerte, si se tornase.

La película de Mañas es un poema romántico. Pero el teatro libre no existe, y eso lo supieron muy bien Julian Beck y el Living. En los años sesenta y principios de los setenta el arte era indisociable de la pulsión social y política. Yo esto lo sé porque lo leí en revistas atrasadas, a las que ya desde joven era aficionado. Hoy los parámetros de contexto y comportamiento, evidentemente, son otros. Aunque hay experiencias teatrales ligadas al espíritu 15-M, por poner un ejemplo, y muchos jóvenes con el mismo entusiasmo que nuestros padres y abuelos.

Usted creó la compañía Barataria. ¿Qué fue aquello?

Una experiencia sanchopancesca donde hubo un poco de todo. Un espacio real e imaginario que me sirvió para hacer las cosas a mi manera. Pero ya se acabó. Me queda un puñado de buenos recuerdos…

España ha canonizado por fin a Juan Mayorga. Precioso e insólito, igualmente, su teatro completo también editado por La Uña Rota. ¿Qué me dice de su obra?

Este modelo social de jerarquías y reconocimientos no entiende de proporciones ni armonías. Si tienes éxito y estás en la cima te lo dan todo, de lo contrario te morirás esperando una oportunidad. Pero la culpa no es de Mayorga, porque en el imaginario simbólico de cada autor persiste el deseo de ocupar su lugar. Mayorga es uno de nuestros mejores dramaturgos con cuatro o cinco textos de referencia internacional.

Usted llegó a decirme en una ocasión que, con una obra de teatro que funcione bien, un dramaturgo puede comprarse un piso. ¿Sigue tal realidad vigente?

Si es un bombazo y un éxito comercial de temporada, con representaciones en el extranjero, sí. Pero eso es tan excepcional como que te toque la lotería.

El culto a la taquilla

Me sorprende eso que me contaron hace poco de que el tío que más dinero ha ganado con el teatro en España es José Luis Alonso de Santos (espléndida su Obra Completa en dos volúmenes en Castalia). Él mismo decía que Artaud era irrepresentable y que no tenía ni puta idea de la escena…

Alonso de Santos fue el autor del neosainete de los ochenta, con mucho éxito también en el cine. Es una persona muy inteligente, pero como liberal radical que es lo pierde el excesivo culto a la taquilla, sin consideraciones hacia cualquier otro criterio, llámense Artaud, Augusto Boal, Barba o Angélica Liddell. Se arrepiente de haber sido progre en su juventud. Le pasa un poco lo que a David Mamet, a quien desea parecerse.

Leo continuas entrevistas a Peter Brook en medios de comunicación. Será que está a punto de palmar. ¿Hizo tanto por el espacio teatral como se da a entender?

Brook ha sido uno de los grandes creadores del siglo XX. Desde fuera es difícil entender su trayectoria porque el teatro es un arte efímero, fungible, y de su obra ya nada queda salvo en los archivos. Pero revolucionó el teatro. Planteamientos y propuestas que hoy nos parecen normales se las debemos a él. La renovación de espacios y escenografías, el mestizaje y asuntos ligados a la interpretación lo confirman.

¿Qué me dice de los surrealistas y el absurdo? Ionesco, Arrabal, Jodorowsky. Toda esa línea… ¿Cabe un Premio Cervantes para Arrabal como se quiso hace unos años? Los franceses, como ocurrió con Picasso, dicen que es un autor suyo, niegan que sea español…

Hay quien cree que el surrealismo y el mal llamado teatro del absurdo tienen un valor meramente testimonial. Pero yo no diría tanto. Arrabal es el autor español vivo de máxima reputación. Y tiene un teatro con una crueldad y ternura de gran belleza. Su obra tiene un marcado sello francés porque fue fagocitado por las vanguardias parisinas de los años sesenta, pero con temáticas muy personales que lo ligaban directamente con nuestra historia. Así que es mitad gabacho, mitad español. Y tiene percha y escaparate de sobra para el Cervantes.

Avilés, Madrid y Barcelona

Mójese. ¿Qué es la ESAD? ¿Hay “poltrona” o no? Siempre se ha visto con cierto oscurantismo lo que allí dentro sucede…

LA ESAD es nuestra Escuela Superior de Arte Dramático. Supongo que, como cualquier viña del Señor, tendrá su profesorado bueno, malo y regular. La ESAD tiene unas infraestructuras que son la envidia del resto de escuelas españolas. Y si algo funciona mal nuestro deber es mejorarlo. No entiendo a aquellos que, con sus sibilinos comentarios, proponen una labor de zapa y derribo.

¿Volverá el drama social, a lo Buero Vallejo, ahora que la realidad nos golpea tan duro?

Mayorga es el Buero Vallejo del siglo XXI. Sus obras, en cierta medida, son de tesis. Aunque es verdad que hoy hay otros modelos más fragmentados, performances, dramaturgias de la recepción, poéticas de la sustracción, etc. Todos de gran interés y muy apropiados para tomarle el pulso al tiempo que vivimos.

¿Sigue Avilés teniendo esa pátina de exquisitez que tenía? Muchas primeras figuras hablan en prensa continuamente de estrenar en el Teatro Palacio Valdés…

Avilés es, desde hace muchos años, tras Madrid y Barcelona, la capital del teatro dramático español. Por el Palacio Valdés ha pasado lo mejor de nuestro teatro contemporáneo, intérpretes, autores y directores… Un lujo para los ciudadanos avilesinos que también podemos aprovechar el resto de asturianos.

Mi maestro Javier Tomeo, primer español en estrenar en La Huchette de París después de Arrabal, me decía en el Café Glaciar de Barcelona, plena Plaza Real, que la palabra hablada no tenía nada que ver con la literatura. Que era droga mucho más densa, orgiástica y difícil. Muñoz Molina hablaba de que la literatura está en los libros pero la ficción en todas partes. Roberto Corte anda en ésas: destilando ficciones sin descanso, dentro y fuera de los libros, con la palabra hablada como única misión, martirologio y disciplina que supera y agranda su vida. La de todos nosotros, por extensión, también.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 37, MARZO DE 2015

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