Rodrigo Cuevas, músico: “Tengo unas ganas locas de desbancar a las orquestas de prao”

Rodrigo Cuevas en una reciente actuación en Avilés. Foto / Sergio López.

Rodrigo Cuevas en una reciente actuación en Avilés. Foto / Sergio López.

No hay antídoto ni neutralidad ante el mayor tsunami que atraviesa la música en vivo en mucho tiempo. Lo protagoniza Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985), que lleva años con su proyecto aunque la pandemia no se haya hecho viral hasta ahora por causa de su versión dance de Soy de Verdiciu, texto del poeta Marcos del Torniello. En 2014 estrenaba Electrocuplé, espectáculo que fusiona cabaret, burlesque y, sobre todo, folk y canción tradicional asturiana travestida con música de baile. ¿Que cuál es el resultado? Como vivir un aquelarre artístico con Cuco Suárez en las cuevas de El Pindal. Rodrigo propone una revisión folk bien humorada y sujeta a las raíces con un discurso incasto y sexy que nos hace romper las lindes de la corrección. El folk asturiano necesitaba un revulsivo como este y, aunque no lo parezca, el suyo cuenta con más propuesta que postura. Además, Rodrigo Cuevas canta bien.

Carlos Barral / Poeta y promotor cultural.

Reside en la zona rural de Pontevedra en una especie de zoológico. ¿Vive un respiro o es esta su Arcadia particular?

Más bien es una granja, vivo en una aldea de 20 habitantes a 30 kilómetros de Pontevedra. Estos días el lobo me mató un par de ovejas así que ahora tengo a Sofía, la burra, un par de perros, gallinas y poco más. Me encantan los animales, lo bucólico pastoril (risas), pero, como es muy difícil compaginarlos con los viajes, los he ido vendiendo para conciliar con las actuaciones.

Decía recientemente que el excéntrico encuentra mejor acomodo en la zona rural que en la ciudad. ¿Se refiere a Galicia?

Llevo siete años allí y es lo que más conozco. El raro, el loco del pueblo, y me refería a mí mismo, está súper integrado porque todos nos conocemos. Mientras en la ciudad se permite la excentricidad aparente en el pueblo no es necesario crearse una imagen. De hecho, cuando actúo en las tabernas cerca de casa me vienen a ver los vecinos y les encanta. Quizá por ser de fuera les resulte más gracioso. En la ciudad el loco provoca rechazo, aquí, al loco hay que quererlo.

¿Tiene formación musical?

Estudié el grado medio de piano en el Conservatorio de Oviedo y también tuba. Toqué en la Banda Ciudad de Oviedo. Luego me trasladé a Barcelona para estudiar Sonología pero en mitad del tercer curso de grado superior decidí dejarlo. No quedaban asignaturas prácticas cuando lo que yo quería era tocar. Además, mi pareja vivía en Galicia, un grupo con el que tocaba se deshizo y desalojaron la casa okupa donde vivía, así que decidí quedarme en Santiago tras pasar un verano por allí. No tenía sentido volver para rehacer la vida entera.

¿Es usted de los que quería ser artista desde crío?

Mis profesiones soñadas eran vendedor de globos y ladrón de gallinas. Ambas son de artista. Luego quise ser veterinario y, a partir de los doce años, músico.

¿Se considera profesional o amateur?

Me considero profesional porque es de lo que vivo.

¿Y cómo vive el negocio?

Me hago el mailing, el guión, los conciertos, tengo equipo de sonido: soy autónomo. También hago mucha oficina porque en el pueblo tengo Internet.

¿Cuántas actuaciones hace al año?

Intento tocar al menos dos veces todos los fines de semana. He actuado en Madrid, a Salamanca estoy yendo bastante, a Santander también, acabo de estar en Bilbao, estuve este verano en San Sebastián pero sobre todo trabajo por Asturias.

¿Le sirve de terapia actuar, es feliz en escena?

La verdad que sí, todo lo saco a relucir. Cosa que aprendo, sale; suelo reflexionar en directo sobre lo que me pasa por la vida. Todo lo aprovecho, incluso en tiempo real.

¿Qué es lo que más le gusta de sus hallazgos encima de un escenario?

Cuando surge la magia y nada puede hacerte bajar de ahí, cuando el cerebro se vuelve súper rápido y todo fluye, eso me encanta. Y aprovecho el error todo el rato, porque es que soy un poco desastre, tropiezo con algo y lo tiro (risas) pero normalmente salgo airoso de esas situaciones.

¿Qué opinan sus padres de su carrera artística?

Al principio me daba palo pero ahora están encantadísimos.

¿Le gustaría ser un artista de masas?

Quiero vivir de esto dignamente, dejar de cambiarme en cuartos de baño y  sortear el mexu.

Claro, ahora entiendo lo de las madreñas.

(Risas) Que la gente venga a verte y pague una entrada, en ese sentido me encantaría.

Lina Morgan y Sara Montiel

¿Cuál es su sueño artístico?

Actuar con Björk, o con Raphael… es que ellas ya están casi todas muertas.

Reivindica a iconos de la canción y artistas denostados por la modernidad como Lina Morgan, Sara Montiel, etc.

¡¡Raphael ya es indie!! Mientras merendaba en casa a diario veía algo de Lina Morgan. Me sabía los textos de memoria. Los arreglos de cuplés y chotis, me parece lo más grandioso. Tiene muchos detractores pero a mí me encanta. Lola Flores es un gran referente. ¡Eran tan modernas! Ellas, La Jurado, etc., tuvieron esa vida tan de Hollywood: están como en otro planeta. Y como eran de procedencia tan humilde estaban muy orgullosas. ¡Llevaron tan arriba su cultura, aunque fuera la del Sur! Estamos bombardeados por lo anglosajón, lo del Norte, ahora escuchas Cadena Dial y te dan ganas de vomitar.

Rodrigo Cuevas ha adquirido una gran popularidad en los últimos meses. Foto / Sergio López.

Rodrigo Cuevas ha adquirido una gran popularidad en los últimos meses. Foto / Sergio López.

¿Qué música escucha, qué lee, qué ve con más interés?

Estoy con los clásicos, poniéndome al día, flipando con La Celestina. Vengo del Lazarillo de Tormes. Desde que aparecieron los smartphones hay que hacer un esfuerzo para leer. Estoy escuchando a MIA, me gusta Florence and The Machine y siempre estoy oyendo música tradicional.

Algunos de sus temas remiten a Mercedes Peón.

La idolatro, está en otro nivel, es muy genuina, muy válida. Tiene un mundo interior… ¡aunque no la conozco personalmente, ay, me respingo tan solo  de pensarlo! Ella y El Presi, Eliseo Parra.

Muchas letras del cancionero tradicional arrastran una erótica que adquiere un brillo nuevo cuando son revisitadas, máxime con una puesta en escena y arreglos como los suyos. Consigue así que temas populares antiguos suenen frescos y vigentes. ¿Ha habido desinterés y desprecio desde las élites, y también desde el público actual, por la música popular de este país?

Hay un desprecio total. La gente joven y el mainstream lo consideran como a bonos basura de la música.

¿Quizá por causa del franquismo?

A la copla le hizo muchísimo daño. La copla ya era la canción de la República pero el franquismo digamos que se apropió de ella, que la fagocitó, con su gran aparato propagandístico. Y luego al folclore tradicional pues no sé, quizá por lo mismo, y por un exceso de búsqueda de la modernidad y debido a la invasión sajona. ¡Que yo escucho mucha música sajona pero es que es una pasada! Aquí lo tenemos facilísimo, todavía hay señoras que tocan la pandereta. Lo tenemos ahí pero hay que recuperarlo ya. Al folclore, que es una expresión del pueblo, hay que devolverlo a su sitio. Es fundamental el trabajo de los estudiosos pero lo más importante es la nueva creación, el folclore tiene que ser actual.

Chovinismo paleto

¿En su mundo adánico las fiestas de prao estarían pobladas de artistas como usted?

Ja, ja, ja. ¡Tengo unas ganas locas de desbancar a las orquestas de prao! Me da mucha pena; hay muy buenos profesionales, pero tan poca creatividad… ¡y eso que me encantan! En Galicia hay una fiebre exagerada, cuentan con hordas de fans. Es increíble, pero se pasan todo el año organizando cosas para recaudar dinero que luego se gastan en un solo día. Y al día siguiente,  no queda nada. Es extraño que hayan conectado con la mocedad, precisamente la única franja de público que no viene a verme. Mi espectáculo gusta a gente mayor, a los niños, a todo tipo de público excepto a los de la edad de la vergüenza.

¿De dónde viene su interés por la vestimenta y la cultura tradicional asturiana?

No soy reivindicativo en general, me interesa lo que tiene una naturalidad, una esencia. Me parece lo genuino, ¡tiene tanto valor, es tan rico; deberíamos usarlo todo el rato!

Me gustaría pensar que tiene otra indumentaria para el invierno, aparte de las medias con liguero, fajín, madreñas… Mirándolo bien, definen a la perfección la dualidad en la que se mueve.

(Risas) No, no. Me lo pongo igual en invierno, luego arriba ya entro en calor. Me identifico más con la revista y con el cuplé de principios de siglo que fue por donde entró el foxtrot y el charlestón. Aunque no están mitificados como los locos años veinte de Alemania o Francia, quiero imaginar que también debieron de ser muy locos aquí. Es una lástima pero tenemos un chovinismo muy cateto: Asturias ye lo mejor y cosas así pero, ¿cómo que ye lo mejor? ¿Mejor que Castilla, que Andalucía? Asturias no es mejor que nada aun siendo una maravilla. Es un chovinismo paleto que no es real, no tenemos facilidad para sacar lo mejor. Hay un momento en el show en el que dos personajes empiezan a recitarse coplas tradicionales y uno dice, ¡ay!, no se me ocurren más haikus. Y lo digo irónicamente porque conocemos los haikus pero desconocemos las coplas tradicionales. No lo consideramos moderno, no está respetado como arte. Es una pena.

¿Compone usted parte del repertorio o simplemente lo vampiriza?

Lo vampirizo, totalmente.

¿Pero piensa poder hacer algo, en el futuro?

Siempre me lo estoy planteando, forma parte de la sinceridad que busco. Me falta un poquito de madurez personal puesto que se trata de otra exposición más alta. Soy capaz de reírme de mí mismo, de desnudarme, pero me cuesta lo serio, me da más vergüenza. Que el folclore vuelva a ser popular en el sentido de la creación, por eso me gustaría escribir folclore, canciones.

¿Le postulan, o lo hace usted, como icono gay?

Yo no lo hago como icono pero forma parte de mí, es como muy divertido porque el personaje es una exageración de mí mismo. No soy actor.

¿Disfruta con la provocación?

Mi provocación es muy light. Intento buscar desde la sinceridad, desde el interior. No me gusta el choque desde algo que no siento propio y no creo que nadie se sienta provocado en mis conciertos. Intento no estar enfadado con el mundo y no creo que nadie se haya marchado rebotado de un concierto mío. No soy un Albert Pla, para nada.

Una vez que baja del estrado, ¿a qué se dedica?

Doy clases de acordeón en el pueblo, hago danza contemporánea, voy a baile gallego, que está muy vivo. Me gusta mucho comer. Tengo un canal de cocina con una amiga. Cocinar no, lo hace ella, yo hablo y como. Me gusta caminar, los animales, los vecinos, estar con la gente mayor me encanta, flipo con ellos. Sí, soy muy sociable.

La sabiduría de lo real

En sus espectáculos hay hedonismo pero, ¿cuánto de sociología y psicología?

Bueno, algo hay. Tengo un speech sobre la desaparición de la gente de los pueblos, sobre la UE, la seguridad, la homologación de las cosas, la prohibición, sobre cuántos muertos por sidra dulce nos ha ahorrado la UE. Esa parte surrealista me gusta destacarla.

¿Cuáles son sus mayores preocupaciones sociales y políticas?

La brecha por la cual se descarta todo el conocimiento, que durante siglos ha ido transmitiéndose de generación en generación, por un nuevo modelo súper científico lleno de soberbia. De repente lo sabemos todo en contra del saber antiguo. Y tarde o temprano vamos a tener que volver y no vamos a saber ni cómo hacer un gorro de fieltro. Estamos perdiendo el contacto con la sabiduría de lo real. En el pueblo estamos todos en conexión, pero en las ciudades los jóvenes no se relacionan con la gente mayor a no ser con sus padres u otras figuras represivas (profesores, etc). Y la gente mayor, igual, se relaciona con sus nietos y poco más. Incluso parece que está de moda ser borde, maleducado, soberbio, quizá debido a la influencia de la tele basura. Yo no tengo televisor desde hace muchos años.

Parece que los recortes de libertades y las censuras van en aumento. ¿Cómo lo percibe usted?

Cuando llegué a Barcelona antes de la ordenanza cívica era como una puerta abierta a la libertad, pero al poco empezaron las redadas y las políticas censoras. Actualmente solo soy capaz de sentir la libertad en el campo. En la ciudad no puedes hacer nada, la convivencia nos ha llevado a lo plano. No hay color. Lo transitorio acaba por volverse permanente y nos estamos volviendo como nórdicos.

¿La cuestión catalana da para un vodevil? Y la asturiana, ¿tiene cuestión?

La asturiana da para uno o para dos (risas). La catalana es muy colorista. Lo asturiano tiene ese costumbrismo gracioso que le daría mucho color al vodevil. Mira lo de Cascos y Foro, fue precioso; sobre esos momentos tan gloriosos tendría que escribir canciones.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 42, ENERO DE 2016

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