Ronda Norte, veinte años de mentiras

La Ronda Norte de Oviedo pretende acabar con los problemas de circulación en el casco urbano. Foto / Imanol Rimada.


Rafa Balbuena
/ Periodista.

La Ronda Norte de Oviedo, también llamada Autovía del Naranco, está estos días de actualidad aun sin haber sido diseñada, licitada, definida presupuestariamente ni mucho menos financiada. Las últimas vistas a Asturias de Íñigo de la Serna, ministro de Fomento, han tenido como argumento principal el desbloqueo una serie de proyectos de infraestructuras que, si por algo se caracterizan, es por el enquistamiento, la parálisis o la eternización sine die de las obras o por el debate político sobre su ubicación en el mapa y en el calendario. Entre ellos, la Variante ferroviaria de Pajares (35 años desde su primera mención, en 1983), el Plan de soterramiento de vías de Avilés (planteado en 1986 y rediseñado en varias ocasiones) y, en lo tocante a la capital, la Ronda Norte del Naranco, concebida en 1998.

La autovía, o mejor dicho el proyecto que se halla ahora en el ojo del huracán, consistiría en una carretera de circunvalación que a través de la falda del monte Naranco comunicase la Autovía del Noroeste (salida a Mieres y a Grao/La Espina) con la Autovía AS-II (Oviedo-Gijón). El objetivo pretendido, además de facilitar la entrada y salida en vehículo a los habitantes de barrios de elevada densidad de población como La Florida o Ciudad Naranco, estaría en descomprimir el caos circulatorio que sufre constantemente la ciudad entera, patente en los atascos y caravanas sin fin que se forman en cualquier punto del casco urbano. De la Avenida de Galicia a La Tenderina, pasando por General Elorza, Pepe Cosmen, Independencia o plaza de Castilla, el enlentecimiento del tráfico urbano es una de las asignaturas pendientes más clamorosas que tiene una ciudad como Oviedo, con menos de 225.000 habitantes y una infraestructura viaria ineficaz y descoordinada, que en ocasiones llega a convertir en una aventura (amén de una prueba para la paciencia y la prisa) el simple hecho de cruzarla a plena luz del día y en coche por unas calles que, precisamente, están destinadas para ello.

Polémica a tres bandas

La circunvalación del Naranco es también objeto de polémica entre los propios vecinos de Oviedo, viéndose cada mañana en situaciones más propias de una megalópolis que de una ciudad pequeña. Desde la dificultad de poder llegar a tiempo al trabajo o de dejar a los hijos en el colegio, hasta armarse de paciencia ante la simple tarea de salir del barrio, desplazarse al HUCA o tomar la salida hacia el exterior de la ciudad. Mas allá de esto, la Ronda mantiene enfrentados a los políticos del Ayuntamiento y del Principado, que se posicionan no solo según las ideas o intereses sus partidos, sino que también se enfrentan entre ellos y dan una imagen de descontrol y confusión que, aunque sea por la vía del sarcasmo, no desentona con la sinfonía de atascos, pitidos y congestiones de tráfico en la que sus propios votantes se ven inmersos cada día. El propio De la Serna manifestó su estupor señalando que esta polémica de Oviedo es insólita y la única que se produce sobre una idea que no tiene siquiera un proyecto elaborado.

El problema radica en causas de distinto cariz que abarcan desde el impacto medioambiental de una infraestructura de este calado a las deficiencias urbanísticas que la ciudad arrastra desde los años ochenta y noventa. A ello se suma un crecimiento caótico y sin planificación técnica, con la sombra de los escándalos inmobiliarios que han ido emergiendo en todo este tiempo y hasta acusaciones más o menos veladas de intereses espurios en la intención de conectar las autovías antes citadas. Para sumar más piezas al puzzle de despropósitos, el impacto geológico de la obra supondría otra amenaza añadida para los monumentos prerrománicos del Naranco, que además de padecer el deterioro por la humedad del entorno siguen sin contar con las mínimas medidas de protección que exige su condición de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, en una incomprensible dejadez por parte de las Administraciones competentes (Ministerio de Cultura, Principado y Obispado).

Un examen de las causas, según Manuel Maurín, geógrafo y profesor de Análisis Regional de la Universidad de Oviedo, revela que construir esa autovía “es un despropósito tanto en cuestiones medioambientales como para la habitabilidad racional de la ciudad”. En su opinión “el Naranco es el verdadero pulmón de Oviedo, su mayor activo natural, y rodear su falda con una autovía supondría separarla del casco urbano”. En cuanto al fin con el que se plantea la Ronda, para Maurín “es absurdo que se diga que una autovía vaya a descomprimir el tráfico interior de la ciudad, porque su uso es justo para lo contrario: el tráfico externo, los vehículos que no pasan por la ciudad sino que la rodean, son los que usan estas carreteras”. A más abundamiento “tampoco tiene sentido decir que vaya a desatascar los cierres de La Florida o Ciudad Naranco: una autovía no puede tener salidas cada 50 metros porque en ese caso ya no sería una autovía”. El problema estriba en la gestión urbanística y la especulación del suelo, ya que “en esos barrios se han hecho primero los edificios y se ha dejado para el final las salidas que rompan el encajonamiento de las calles”.

Un atasco ovetense de Ciudad Naranco. Son diarios. Foto / Imanol Rimada.

La sombra de la AS-II

Sin embargo, se especula también con otras finalidades escondidas en esta operación. Pese a ser puesta sobre el tapete en 1998, coincidiendo con la época en la que Francisco Álvarez-Cascos era ministro de Fomento con el PP, la propuesta fue resurgiendo cada cierto tiempo, aunque en el ínterin se acometieron otras grandes infraestructuras en el entorno de la capital. Entre ellas, el desdoblamiento de la carretera AS-18 (la antigua entre Oviedo y Gijón), convertida en 2007 en la AS-II, una autovía de carácter autonómico aunque financiada no con fondos públicos, sino mediante el llamado sistema alemán de amortización conjunta o “peaje a la sombra”, en el que los gastos de obra los asume inicialmente la constructora, empezando ésta a cobrar la deuda contraída a partir de la puesta en funcionamiento de la infraestructura.

Concebida para descongestionar el tráfico de la autovía “Y”, el Principado concedió su explotación a la constructora Viastur (filial de Sacyr), por un plazo de 30 años en los que a la adjudicataria le corresponde el mantenimiento y al Gobierno autonómico el pago de una tasa en proporción al número de vehículos que circulen por ella. Sin embargo, la cifra de rentabilidad mínima estimada (que se obtendría con 29.000 vehículos diarios por la AS-II) todavía no se ha alcanzado en los diez años que lleva funcionando y, aunque desde Sacyr se asegura que el tráfico crece, la propia empresa señala que en 2017 apenas se llegó a los 24.000 desplazamientos al día. Maurín indica que “aparte de la persistencia tozuda de esa idea heredada del desarrollismo de que una obra siempre trae progreso y beneficio de por sí, con la creación de una ronda que conecte con la autovía AS-II podría pensarse en cuestiones más perversas”, razona. La sospecha hace tiempo que circula entre los distintos grupos políticos que se oponen a la Ronda Norte. Aunque Maurín matiza que “yo no digo que eso esté pensado así, tan maquiavélicamente, pero es evidente que una circunvalación que la conectase con la autovía del Cantábrico revertiría en más tráfico para la AS-II, y la adjudicataria percibiría más dinero en función de ese peaje indirecto”.

A la conjetura se suma la postura del alcalde de Oviedo, el socialista Wenceslao López, que aunque tradicionalmente se había opuesto a la Ronda Norte, llegando a calificarla de “barbaridad”, el pasado mes de enero sorprendió a sus socios del tripartito asegurando que ahora la veía como “una opción válida”. López hizo estas declaraciones en vistas a reunirse con el ministro de Fomento, si bien expuso que para ello debería desplazarse el enganche con la AS-II hasta los túneles de Pando, cerca de La Corredoria, en vez de hacerlo dentro de la ciudad, concretamente en la plaza de Luis Oliver, según el plan de Álvarez-Cascos de 1998. De momento, y tras reunirse con De la Serna, el alcalde ha asegurado que no admitirá daño medioambiental alguno en el Naranco, suavizando posturas con Somos Oviedo, que se opone firmemente a la Ronda en sintonía con los colectivos ecologistas y varios grupos vecinales del Naranco y Fitoria.

Juan Vega, que fue viceconsejero de Infraestructuras con Foro Asturias y que en su día se manifestó favorable a la Ronda, pone otra visión al asunto. “El tema está sobredimensionado y hasta que no haya proyecto en firme no hay nada”, aduce. Y aunque matiza que el plan propuesto por Cascos “es una idea vieja que hoy no sirve, y que en todo caso habría que actualizar”, considera mejor “dejarse de conspiraciones con la AS-II, y que sean los técnicos los que trabajen y opinen para diseñar un proyecto útil para la ciudad, y luego ya se votará si procede o no”. Este punto es compartido por Manuel Maurín, ponderando “los conocimientos científicos e independencia de los técnicos, y que los políticos les dejen hacer, igual que ocurrió con el ‘anillo verde’ en Vitoria, a final de los noventa”. El exviceconsejero añade además que en la obsolescencia del proyecto de Cascos “jugó un papel muy importante la operación inmobiliaria de Prados de la Fuente, un desastre del ‘gabinismo’, pero eso es algo de lo que incomprensiblemente no se habla”, lamenta.

Sin embargo, entre las posturas posibilistas de Vega y de Wenceslao López, el portavoz de IU en el Ayuntamiento, Roberto Sánchez Ramos, ‘Rivi’, es rotundo. “Nunca habrá Ronda Norte porque esa es la gran mentira, la cantinela electoral que llevamos padeciendo demasiados años en esta ciudad”, afirma. “Aparte de palabras y promesas, nunca ha habido un plan serio, ni un proyecto, ni un anteproyecto, ni mucho menos un presupuesto”. Rivi indica que ,”en cierta ocasión, un ministro de Fomento cuyo nombre no voy a revelar me dijo que ninguna ciudad española podía tener dos rondas porque el Ministerio no iba a pagarla, y que Oviedo ya tenía una”. Y arguye que “tiempo atrás esta idea se propuso en el Pleno, y cuando yo pregunté ‘Y eso ¿quién lo paga?’, se hizo un silencio absoluto y todos los presentes miraron hacia otro lado”. Ramos insiste en que “aparte de la atrocidad que supondría una obra así para el Naranco y para los ovetenses, llevo oyendo esta cantinela desde 1998 y sé que nunca ha sido más que palabrería para engañar a los ovetenses cuando se acercan elecciones. Veinte años son muchos para esta mentira”, concluye.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 55, MARZO DE 2018

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