Salir del euro, recuperar la política

La crisis tiene respuesta en la calle, pero no en las instituciones. Foto / Isabel Permuy.

La crisis tiene respuesta en la calle, pero no en las instituciones. Foto / Isabel Permuy.

Grecia es como una piedra que cae en el agua: mientras se hunde genera ondas. La primera onda abarca a los países del sur de Europa. Si éstos no se hunden también, Grecia tendrá más probabilidades de salvarse. La segunda onda, más amplia que la primera, abarca a Europa entera, que tiene una moneda común pero carece de una política económica general y se rige por políticas nacionales diferentes y contradictorias. (…) En Europa, como en Grecia, solo existen grupos e intereses en conflicto, aunque utilicen la misma moneda. En consecuencia, corren el riesgo de cobrar todos en la misma moneda: la bancarrota”.

(Con el agua al cuello, de Petros Márkaris).

La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

(art. 1.2 de la Constitución Española de 1978).

Por Celso Miranda / Economista. El PIB griego cayó un 25% desde el inicio de la crisis, y no hay visos de salida del túnel, tal y como reflejan las novelas negras de Petros Márkaris. “No somos como Grecia”, clamaron por activa y por pasiva representantes de la clase política española, ya en pleno hundimiento del Titanic hispano, intentando copar titulares de prensa. La cruda realidad estropea una vez más los titulares y deja en evidencia las mentiras de los políticos.

España está en bancarrota y su deuda es impagable. Cuanto más tardemos en asumir esta sencilla frase más tardaremos en salir de esta situación y más sufrirá la mayoría social las consecuencias de políticas económicas no tan erráticas como a simple vista parecieran. Porque, en realidad, estamos ante el éxito del proyecto neoliberal europeo que está generando una gigantesca transferencia de rentas a favor del capital a través del desmantelamiento del tejido productivo y de los servicios públicos.

La implosión de la economía española ha devenido, en apenas tres años, en una profunda regresión económica, que se podría caracterizar, a grandes rasgos, por: 1) una crisis de demanda generada por las políticas de recortes y la mal llamada austeridad, la aplicación de la brutal contrarreforma laboral y el insufrible nivel de paro; 2) la crisis bancaria, con el estrangulamiento del crédito como característica principal; 3) una enorme crisis de deuda, tanto pública como privada (pero, hay que decirlo, en mucha mayor medida privada que pública) que la hace impagable en la práctica; y 4) una crisis de modelo productivo, derivada del agotamiento de la burbuja inmobiliaria y de la existencia del monocultivo del ladrillo en nuestro país. De la mano de esta tormenta perfecta, y estrechamente vinculada a la crisis económica, aparece la crisis institucional, con el afloramiento de la corrupción generalizada y la incapacidad manifiesta de la clase política dirigente como señas de identidad del modelo vigente en las últimas décadas de la historia contemporánea española.

Esta situación no es, insistimos, sino el resultado previsible de la aplicación estricta del proyecto neoliberal europeo, iniciado con el Tratado de Maastricht e implementado con la moneda única, el euro. No está de más señalar que esa implantación del modelo neoliberal se realizó con la aquiescencia de los dos grandes partidos políticos (PP y PSOE), que sellan su alianza proeuropeísta con la vergonzante reforma del artículo 135 de la Constitución Española de 1978 en septiembre de 2011. Pero también con otros sectores de la izquierda y de los sindicatos mayoritarios que creyeron beneficiarse del generoso funcionamiento de la burbuja que engrasó la economía española en los últimos decenios. Baste señalar, como ejemplo del patético consenso europeísta alcanzado, el del Referéndum que en 2005 aprobaba el fallido proyecto de Tratado Constitucional Europeo con un 77% de los votos emitidos a favor del mismo.

La crisis la aumentado la pobreza y las desigualdades. Un indigente pide limosna frente a unos bancos. Foto / Mario Rojas.

La crisis la aumentado la pobreza y las desigualdades. Un indigente pide limosna frente a unos bancos. Foto / Mario Rojas.

Volver a la peseta

Justo es señalar que en todo este proceso y en el ámbito de la crítica económica se alzaron voces discordantes con el discurso y la práctica política dominantes, que fueron convenientemente orilladas pero que recobran ahora especial fuerza. Y que no se puede ahora invertir la carga de la prueba sobre quienes presentan alternativas al túnel sin salida en el que nos han metido las élites dirigentes de este país. Hay que romper con el euro. No es una panacea, ni una decisión fácil que no vaya a traer consecuencias negativas. Incluso es admisible la salida del euro dentro de la UE (Reino Unido o Dinamarca están en esa situación). Pero no es posible una salida a la crisis económica sin recuperar la política económica.

El Banco de España debe emitir y controlar una moneda propia que acabe con la falta de crédito interior, recuperando la política monetaria a través del manejo de la cantidad de dinero (masa monetaria) y los tipos de interés. Una contundente devaluación de la nueva moneda permitiría enjugar el déficit de la balanza de pagos y, pese a que traería consigo efectos inflacionistas derivados de la inelasticidad de algunas importaciones (léase petróleo) no está de más recordar que en su momento el euro produjo inflación (menos justificada) por el efecto redondeo (la moneda de euro sustituyó rápidamente a la de 100 pesetas, con un 66,38% de plusvalor).

Esta condición sine qua non de la salida del euro facilitará la regeneración del tejido productivo, la búsqueda de un nuevo modelo económico que debe venir acompañado de otras políticas salariales, de regulación laboral, de fiscalidad redistributiva, de nacionalizaciones de sectores estratégicos de la economía (incluyendo o, sobre todo, el del crédito) e, incluso, de un nuevo proceso constituyente que haga tabla rasa de los responsables del actual colapso económico-institucional. O eso, o seguir a tientas, sin objetivos, buscando la salida del largo y oscuro túnel europeo. Como Grecia.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 25, MARZO DE 2013.

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