Segundo Menéndez Collar, ganadero: “Muchas cosas micro hacen macro”

Segundo Menéndez con sus ovejas. Foto / Jaime Santos.

Segundo Menéndez con sus ovejas. Foto / Jaime Santos.

GALERÍA DE HETERODOXOS/AS. El que un ex minero de Cangas del Narcea sea ahora un ganadero autosuficiente no tiene nada de particular. Pero si además es un conservacionista feroz, sindicalista de la Corriente Sindical de Izquierdas y un ferviente divulgador de la agricultura y la ganadería biodinámicas, entonces queda claro por qué Segundo Menéndez Collar (Cadevil.la de Rengos, 1962) debe figurar en esta galería de heterodoxos. Por Jaime Santos.

¿Qué es eso de  la biodinámica?

La primera vez que oí hablar de biodinámica nosotros ya estábamos en producción ecológica. Yo intuía que había algo más, iba buscando perfeccionar mi sistema de producción agraria y ganadera y cuando descubrí la biodinámica entendí que esa era la piedra filosofal para transformar la producción agraria en oro, esto es, alcanzar la plena autonomía.

¿Y cuales son sus principios?

La producción biodinámica es algo más que la ecológica. Aquí entran principios espirituales, la unión del hombre con el macrocosmos, el microcosmos, preparados de plantas y sobre todo el ganado como pieza fundamental en el desarrollo de la producción agraria. Es una especie de homeopatía aplicada al campo.

Uno de los procesos de la biodinámica consiste en enterrar cuernos de vaca rellenos con estiércol durante seis meses para obtener un abono al parecer muy potente. Suena a prácticas de chamanismo y resulta chocante viniendo de un “paisano” de Cangas del Narcea.

Yo intenté apostatar en tres ocasiones, en esto no hay religión. Cuando conocí la biodinámica lo primero que hice fue probar y probar a escondidas para que no pensaran que había terminado de volverme loco, en eso fui cauto. Pero cuando vi los resultados decidí predicar con el ejemplo y divulgarlo en la medida de mis posibilidades porque la finalidad es mejorar nuestra salud y la salud de nuestro entorno para dejarlo mejor de cómo lo encontramos, que es, yo creo, la obligación de cualquier agricultor.

¿Cuáles son esos resultados?

El primero: la plena autonomía. Llevamos diez años con gasto cero en insumos agrarios, esto es: productos fitosanitarios, herbicidas, fertilizantes pesticidas, veterinarios, etc. Nuestra producción agraria mejoró espectacularmente en cantidad y calidad, y en los montes tratados con estas prácticas vemos cómo se recuperaron especies que se extinguían como la liebre o la planta de manzanilla., que si se quiere son cambios humildes pero la suma de estos cambios hacen que se pueda pensar en un gran cambio.

Muchas veces se hace referencia de un modo peyorativo a buena parte de la producción agraria asturiana como “de autoconsumo”. ¿Es posible una  producción en Asturias responsable y a gran escala?

Muchas cosas micro hacen macro. La finalidad es mejorar nuestro entorno, mimar el terreno, y eso no está reñido con el tamaño; se pueden  producir en biodinámica 500 o 1.000 hectáreas como en zonas de Palencia, Soria y Andalucía, obteniendo productos sanos y únicos cada vez más demandados. En Asturias hay un problema de asociacionismo. Somos muy solidarios y a la vez muy individuales. Si pudiéramos juntarnos en igualdad de condiciones para vender nuestros excedentes de producción, como por ejemplo la berza, una planta extraordinaria para la salud, se conseguiría algo muy importante.

Segundo Menéndez entierra cuernos de vaca con unos colaboradores en sus trabajos biodinámicos. Foto / Jaime Santos.

Segundo Menéndez entierra cuernos de vaca con unos colaboradores en sus trabajos biodinámicos. Foto / Jaime Santos.

Premios Príncipe

Usted está embarcado en recuperar especies locales, como la cabra bermeya o el gochu celta, fue presidente de la asociación de razas autóctonas y actualmente tiene uno de los mayores rebaños de oveya xalda. ¿Es una cuestión romántica?

A finales de los ochenta, en la reconversión, nos metimos a comprar ovejas y cabras que venían de fuera porque desde el Principado nos hablaban de la modernidad y el mercado común. Todos los días teníamos aquí a un veterinario de una gran compañía de piensos diciéndonos que teníamos que estabular, construir grandes silos y cebar con sus piensos. Éramos jóvenes pero no estúpidos y pensábamos ¿y qué hacemos ahora con nuestra hierba y nuestros montes? Había días que salía de la mina y tenía que tratar a cientos de animales enfermos de neumonía. Aquellos animales no son peores ni mejores pero sencillamente no estaban adaptados a nuestro terreno. Las razas autóctonas si están adaptadas a nuestro terreno, lo cual evita un montón de problemas y facilita un equilibrio con el entorno. Además estamos produciendo algo de altísima calidad que es único en el mundo. Son fabas contadas, menos gastos y más rentabilidad, al no estar globalizado tu producto el precio lo pones tú. Del otro modo los que se llevan el beneficio son las grandes compañías.

Pero al consumidor asturiano en general le cuesta entrar en este tipo de productos y está cargado de prejuicios.

La gente que compra algún producto diferente y sano sabe que debe pagar algo más, aunque si compra directamente al productor la diferencia de precios es mínima. Ese consumidor también sabe que lo realmente caro es contaminar los praos y los acuíferos o los problemas de salud que provocan las prácticas agrícolas de “convencional”. En Asturias tenemos, además de la casina, la xalda, la bermeya, etc., quesos, escanda o panizo, que además es apto para celiacos, algo muy interesante. Es una vergüenza que en las recepciones y comidas de los Premios Príncipe no se promocionen de verdad todos estos productos autóctonos, eso da idea del interés que hay en promoverlos, y aún estamos muy lejos de garantizar la supervivencia de estas razas.

Y los agricultores de tu entorno, ¿están por el cambio?

Algunos intuyen que quieren cambiar pero no saben cómo. A otros les vendieron la moto de que el último producto es lo mejor, como los medicamentos, y no saben que plagas como la del cardo no necesitan herbicidas, basta con segar en los días adecuados. Otros muchos no están dispuestos a aceptar consejos de alguien más joven. A pesar de ello cada vez veo a más gente interesada en este cambio.

Sindicalismo profesional

¿Cree que la Corriente Sindical de Izquierdas, de la cual es un miembro activo, se libra de la perdida de prestigio que tiene hoy el sindicalismo en general?

Cuando se habla de cuánto le cuestan al contribuyente los partidos políticos y los sindicatos, pienso que en eso nosotros estamos libres porque cobramos muy poco o no cobramos por sindicarse. Salvo la parte estatal que se cobra por delegado en una empresa concreta y que es común a todos, no aceptamos ni una peseta más del Estado. En CSI no hay ningún liberado sindical, ni siquiera el secretario general. Las decisiones se toman de abajo arriba, en la asamblea general que nosotros llamamos órgano de dirección y cuyas decisiones debe acatar la directiva. Y creo que estamos acertando porque en muchos sitios seguimos haciendo frente donde otros que dicen tener más fuerza están metiendo el rabo entre las piernas y echando para atrás.

Parece que hay un cisma entre los sindicatos mineros de la cuenca del suroccidente y los de las cuencas centrales.

Bueno, aquí en Cangas la minería llegó más tarde y el movimiento obrero también. Entrar en la mina o abandonar el campo estaba mal visto y muchos mantuvimos la tierra. Esto nos hizo más individualistas y más prácticos a la hora de las acciones sindicales: el salario, la seguridad… Hubo un tiempo en que un sindicalista del centro aquí era visto de otra manera, como alguien que lo había apostado todo a la lucha obrera. Pero a mí me da mucha pena ver ahora cómo en las cuencas del centro el sindicalismo se convirtió en una opción… en algo más…

¿Profesional?

Sí, puedes ponerlo así. Ver cierto tipo de actuaciones en sindicalistas que se creen ministros, que tienen prebendas y privilegios, eso llevó al desencanto.

Y los sindicatos agrarios ¿funcionan bien en Asturias?

No, son una réplica del otro sindicalismo. En los sindicatos agrarios asturianos unas siglas pertenecen a un partido político y otras al otro, y pesan más los dogmas del partido que las ideas de la gente. En temas muy calientes como el de los lobos yo no veo a los sindicatos agrarios implicarse de verdad con los problemas de los ganaderos. Tampoco las cooperativas agrarias cumplen su función, están pensadas como una empresa, un negocio más, y no como un servicio común. Desde luego a los agricultores ecológicos la cooperativa de Asturias no nos aporta ninguna solución.

Osos y lobos politizados

Los osos y los lobos ¿también están politizados?

Sí. Por ejemplo, en la mesa de gestión del lobo están representadas unas siglas sindicales y miembros de la Administración pero no están representados los ganaderos, que esa era una de nuestras reivindicaciones, que al menos el 50% de la mesa estuviera formada por asociaciones de ganaderos. Eso no lo aceptaron nunca. Se reúnen cada tres meses y ellos sabrán a qué conclusiones llegan, pero con nosotros no parecen contar.

¿Y qué hacemos con los lobos?

Hace años ya se hablaba de que Asturias podía tener sin dar problemas 150 lobos, y entonces ya había más de 400. Está claro que hay que controlar la población para reducir los daños. El único depredador del lobo es el humano, que está menguando en zonas rurales y es el que no está protegido. La última idea del Principado es convertir al lobo en especie cinegética para poder cargarles los daños a las asociaciones de cazadores. Claro, los cazadores no cayeron en la trampa. El caso es que hay que regular la población. Y si la Administración es parte del problema también debe serlo de la solución.

Además de lobos aquí hay osos.

Todavía más complicado. Un oso se lleva una cabra o una oveja y no deja ni rastro, con lo que no vas a poder justificar su pérdida. Un oso te destroza un cercado y a día de hoy no cobras ni un euro por un cercado roto. Están arrasando colmenares y viñedos y cada vez hay más. Cada vez se acercan más y un día de estos se van a comer a un turista, entonces sí va a ser un problema gordo. Yo creo en el equilibrio del entorno y no deseo que desaparezca ninguna especie, antes al contrario, pero tarde o temprano habrá que regularlo. Ahora se dice que los pastores son unos vagos porque no están con sus rebaños veinticuatro horas al día, vale, las cosas cambian y ya no existe la figura de la vecera para la gestión común del ganado. Nos podían dar dos semanas de vacaciones y que gente amante de la naturaleza venga a cuidar nuestro ganado, ya verás cómo las cosas les parecerían de otra manera.

Además de vago, está la imagen del ganadero asturiano como mentiroso, delincuente medioambiental y cazador de subvenciones.

Estos montes que cuidamos aquí llevan sin quemar más de veinte años porque los primeros interesados en que no ardan somos nosotros, los que estamos en ese monte, y lo mejor que podemos hacer para mantenerlo es tener ganado. Si ser ganadero fuese un chollo la gente no estaría abandonando el campo, que es lo que está pasando. Sin embargo todos estos de los sobresueldos no abandonan ni a tiros.

Corrupción en Gillón

Segundo Menéndez muestra los destrozos provocados en Gillón por una empresa. Foto / Jaime Santos.

Segundo Menéndez muestra los destrozos provocados en Gillón por una empresa. Foto / Jaime Santos.

Usted preside la asociación de amigos y vecinos del valle del Narcea que actualmente litiga con la empresa Antracitas de Gillón para la restauración de los daños causados en el valle del Gillón, en pleno Parque Natural de Fuentes del Narcea ¿Cómo empezó esto?

A finales de los noventa la empresa catalana Antracitas de Gillón, antes de solicitar el cierre, se dedicó a explotar las capas más rentables que estaban debajo de las fincas y el pueblo de Gillón, sabiendo que podían perjudicar a los vecinos. Algunas fincas literalmente se hundieron. Todas las casas de Gillón tienen grietas y en algunas desde luego yo no viviría. Cuando fuimos a hablar con ellos se rieron en nuestra cara así es que fuimos a juicio. El primero lo ganamos, el juez decretó una indemnización de 1,3 millones para los vecinos y declaró a la Administración responsable subsidiaria. Pero esa es la primera batalla.

¿Y la otra?

La empresa recibió más de cuarenta millones en ayudas al cierre de las cuales justificó 1,5 para la restauración de las explotaciones abandonadas a lo largo del cauce del río Gillón, se llevaron la ferralla que tenía valor pero dejaron el hormigón y el amianto. El río pasa a través de millones de toneladas de escombro, de restos de detonadores, explosivos, cables viejos, que arrastran metales pesados al agua y que posiblemente creen cargas de iones positivos. Y estamos hablando de un río, el Gillón, en pleno Parque de Fuentes, al lado mismo de la Reserva de Muniellos. Se gastaron el dinero en restaurarlo pero no lo restauraron y varios informes municipales y del Seprona lo avalan, así es que vamos a pelear para que se limpie de verdad.

¿Quién consintió esto?

La empresa hizo lo que le dio la gana y la Dirección de Minas del Principado, la Consejería de Industria, la Conferencia Hidrográfica y el Instituto para la Reestructuración de las Comarcas Mineras miraron para otro lado. Todo esto se explica con una palabra: corrupción, corrupción a todos los niveles.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 29, NOVIEMBRE DE 2013

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