Sesenta años desde que Asturias alumbró a España entera

Torturas franquismo

Una de las fotos tomadas a los detenidos asturianos en las huelgas de 1958.

Hay una lumbre en Asturias que calienta a España entera”, cantaba Chicho Sánchez Ferlosio en 1962 en homenaje a los huelguistas de los míticos paros de aquel año. Pero Asturias ya iluminaba a la resistencia antifranquista varios años antes, aunque las huelgas de 1957 y 1958 no hayan tenido tanto eco. ATLÁNTICA XXII los evoca en su sesenta aniversario y saca a la luz por vez primera fotos de los detenidos, muchos con claras muestras de tortura, localizadas por el autor del artículo.

Pablo Alcántara / Historiador.

Las huelgas mineras en Asturias en los años 1957 y 1958, aunque no fueron tan importantes como las que se dieron a inicios de los sesenta, fueron muy relevantes, ya que asentaron los mimbres para las movilizaciones posteriores. Y pusieron a prueba tanto al régimen franquista, que creía acabado al movimiento obrero y estudiantil tras la dura represión de posguerra, y tendrá que volver a sacar sus garras para acabar con la lucha de estos obreros jóvenes que mayoritariamente no habían vivido la Guerra Civil, aunque sí sus consecuencias; también a la oposición antifranquista, que estaba probando nuevas tácticas de luchas y que se dotó de nuevos mecanismos de reivindicación, como las comisiones obreras.

1957: La Camocha y la “huelga del guaje”

Durante veinte años, el movimiento obrero asturiano había permanecido prácticamente inactivo contra la dictadura franquista. Primero, por la dura represión que el régimen había aplicado en Asturias durante los años de posguerra. Y segundo, porque la principal táctica de la oposición en aquellos años no estaba en las minas o fábricas, sino en los montes, en la lucha guerrillera.

Paulatinamente, tras la Segunda Guerra Mundial, la oposición, y principalmente el PCE, fue abandonando la lucha de los guerrilleros al ver que las potencias aliadas no iban a derrocar al franquismo por la vía de las armas. Se comenzó a practicar una política orientada más hacia los trabajadores, creando organizaciones de masas y sobre todo impulsando la táctica del “entrismo”, es decir, los comunistas comenzaron a hacer trabajo de oposición dentro del Sindicato Vertical, el único del régimen franquista. Esta lucha culminaría en una “jornada de reconciliación nacional”, en una movilización de masas que derrocaría a la dictadura franquista.

A finales de los cincuenta las movilizaciones, tanto obreras como estudiantiles, comenzaron en Madrid, Barcelona y País Vasco. Asturias se incorporó más tarde, el 14 de enero de 1957. Ese día, en la mina La Camocha, en Gijón, los mineros se ponen en “bajo rendimiento”, es decir, los trabajadores bajan su ritmo de producción. A finales de semana se convierte finalmente en un paro general. Sus principales reivindicaciones son: ayudas para el personal silicótico, compensaciones económicas para labores realizadas en agua, participación de los obreros en los beneficios del economato, incremento general de los jornales.

Para negociar sus reclamaciones laborales, los mineros crean una comisión al margen del Sindicato Vertical, formada por varios comunistas, pero también por un socialista, miembros del apostolado cristiano e incluso un falangista. El conflicto se salda con una victoria tras nueve días de lucha, ya que consiguen que sus reivindicaciones sean aceptadas. Y el comunista Casimiro Bayón es elegido enlace sindical. En esta lucha es cuando para la mayoría de investigadores se da el mito fundacional de las comisiones obreras, ya que, aunque se habían creado organismo de este tipo en otros conflictos y en otros lugares, ésta es la primera comisión que se crea de una forma estable, con reivindicaciones claras. Y que, sobre todo, consigue negociar con la empresa y gana.

Esta victoria hará que los mineros de otras zonas de Asturias salgan a la lucha. El 9 de marzo comienza en el pozo María Luisa, en Ciaño, la conocida como “huelga del guaje”, ya que lo que había hecho estallar el conflicto era la reducción del número de guajes, de ayudantes de los picadores. Pero había otras reivindicaciones, como el aumento de los destajos, de los pluses familiares, compensaciones para los picadores, primas de ascenso.

Primero, se empieza con una jornada de “bajos rendimientos”, sin sacarse carbón. Y después, se produce un encierro dentro del pozo. Y se extiende el conflicto a todas las minas del valle del Nalón, a modo de solidaridad: Fondón, Mosquitera, Carbones Asturianos, Carbones de la Nueva, Modesta, Molinucu, Sotón y Coto Musel. Se trata del primer conflicto en Asturias desde el final de la guerra que se extiende más allá de un pozo minero.

El 1 de abril termina el conflicto. Y aunque no termina en victoria, la oposición antifranquista logra que los mineros superen el miedo a la movilización y a organizarse políticamente. Y que sus miembros sean vistos por los obreros como sus líderes para lidiar en los conflictos. Una muestra de ello son las elecciones sindicales de septiembre de 1957, en las que varios miembros del PCE son elegidos por parte de los trabajadores enlaces sindicales del Sindicato Vertical franquista en La Camocha y en varios pozos de la cuenca del Nalón.

huelgas de 1957 y 1958

En algunas de las caras de las fotos conservadas se observan evidencias de malos tratos.

1958: las huelgas por las siete horas

Gracias a los puestos sindicales conseguidos el año anterior, 1958 parecía ser el año de la ofensiva total contra el régimen franquista, con la vista puesta en la jornada de reconciliación nacional que iba a ser convocada para el 5 de mayo por los comunistas. El PCE consigue estructurarse en ambas cuencas mineras, la del Nalón y la del Caudal, y en Gijón. También comienza a haber núcleos de militantes socialistas y de miembros de organizaciones cristianas. En los pozos se estaba volviendo de nuevo a la agitación laboral. La principal reivindicación era la jornada laboral de siete horas al día, conquista conseguida durante la República y que fue arrebatada a los mineros en la posguerra.

La huelga comienza el 4 de marzo de nuevo en María Luisa y el Fondón, primero con “bajos rendimientos” dentro del pozo y después con una huelga de brazos caídos. El día 7, ocho trabajadores son despedidos de María Luisa. Esto genera un movimiento amplio de solidaridad que hace que la huelga se extienda a toda la Cuenca del Nalón, y después a Gijón. En total, llegan a ponerse en huelga 20.000 trabajadores. Los empresarios lo primero que hacen es cerrar los centros y sancionar a los trabajadores.

Pero después, el 14 de marzo, el régimen franquista utiliza toda su artillería represiva para acabar con la huelga. Y promulga el Estado de Excepción, suspendiendo los artículos número 14 (que tenía que ver con el derecho a residencia), número 15 (sobre el permiso de la policía de entrar en las casas y el secreto de correspondencia) y el número 18 (sobre la duración de las detenciones, que no podían durar más de tres días) del Fuero de los Españoles. En ese momento, la Brigada Político-Social, la policía política del régimen y la Guardia Civil comienzan las detenciones de trabajadores.

Represión, el Estado de Excepción y el Consejo de Guerra

Durante esos años de conflictos laborales, el franquismo utiliza el palo y la zanahoria para acabar con las movilizaciones de los mineros, más lo primero que lo segundo. Junto con cierto paternalismo con los “productores”, se utiliza la represión policial más brutal.

A finales de mayo de 1957, el ministro secretario general del Movimiento, José Solís, hará un viaje a Asturias. Visita los hogares sindicales de Campomanes y Pola de Lena, preside el acto de inauguración de la Casa Sindical de Asturias, baja a un pozo minero en Mieres y deposita una ofrenda floral en el monumento a los mineros muertos en las minas, que estaba en Sama. Y este viaje ministerial aparece en el NODO del 27 de mayo, como acto de propaganda frente al malestar laboral de los mineros.

Pero está claro que este paternalismo no funciona ni apacigua las reivindicaciones de los trabajadores. Por consiguiente, tanto en las huelgas del 57 como del 58, se producirán detenciones, torturas, encarcelamientos y juicios contra los huelguistas.

En las “huelgas del guaje”, el Gobierno militarizará las minas y dos secciones de la Guardia Civil obligaran a los mineros a reanudar su trabajo. Se producen detenciones de huelguistas. Pero ninguno de ellos es juzgado. Eso no pasará en las huelgas del año siguiente.

A partir del 15 de marzo de 1958, con la excusa del Estado de Excepción, la Brigada Político-Social y la Guardia Civil comienza las detenciones. Son detenidos unos trescientos trabajadores. Los interrogatorios durarán hasta el 15 de abril. Por parte de la policía participaron en las diligencias, además del famoso Claudio Ramos, el comisario Leovigildo Diosdado Herrero, los inspectores José Fernández Nespral y Gabriel González Palacio y los agentes Pascual Honrado Fuente (nombrado director de Seguridad del Principado en democracia por Vicente Álvarez Areces), Antonio Carrasco Muñoz y Gabriel López Palacio.

Un total de 83 personas aparecen en el Consejo de Guerra contra los huelguistas del 58, que serán juzgados por el temido coronel Eymar en Madrid. En dicho juicio militar serán procesadas finalmente 32 trabajadores. Muchos de los detenidos y enjuiciados no eran asturianos, sino que eran de Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, personas que habían trabajado como presos políticos republicanos en la Colonia Penitenciaria del Pozo Fondón durante los años de posguerra (y en la que llegaron a trabajar más de 1.000 reclusos) y que se habían quedado en Asturias y habían sido ganados por la oposición antifranquista para seguir la lucha contra el régimen. Uno de los detenidos, Manuel García Fernández, fue interrogado en el Sanatorio Adaro, porque se había intentado suicidar a consecuencia del miedo a las torturas.

La mayoría de los enjuiciados lo eran no solo por participar en las huelgas, sino también por ser enlaces sindicales, jurados de empresa y comunistas. Entre ellos, estaba Higinio Canga, miembro del Comité Central del PCE, Manuel García González ‘Otones’, que había sido elegido enlace sindical en el pozo La Nueva y que en sus memorias cuenta cómo fue aquel proceso:

“Yo fui uno de los 32 detenidos acusado de agitador comunista, torturado y condenado a 6 años de prisión, de los que cumplí 3 años y 9 meses, es decir, hasta el 16 de diciembre de 1961, con lo cual con 31 años ya tenía sobre mis espaldas 9 años de cárcel. Así de dura era la lucha contra el régimen franquista”.

Y es que las penas de cárcel fueron bastante abultadas para la mayoría de ellos. Fueron condenados por delito de rebelión militar. A Higinio Canga Díaz se le impuso una pena de veinte años de cárcel. Los procesados Saturnino Márquez Amaro, Manuel Gutiérrez Villa, Manuel García Fernández y Miguel Arenas Machuca a una pena de quince años de reclusión. Los condenados Francisco Ramírez Ortega y José Magdalena Sevilla a una pena de ocho años de prisión. Manuel Alonso Díaz y Manuel Albes Cobo a seis años de prisión. Cándido Montes Fernández, Rafael Herrera Pareja, Domingo Alcalde Fuentes, Manuel García González, Ramón Ramírez Ruiz, Herminio Serrano Suárez y Celso Álvarez Martínez a la pena de cinco años.

Vicente Montoto Carus y Severino Álvarez Fernández fueron condenados a cuatro años. Tomas Suárez García, Manuel López Rodríguez, Arcadio Iglesias Montes, José Manuel Argüelles Montes, José Vallina Miranda, Joaquín Noriega Álvarez, Alfredo García Fernández, Julio Gutiérrez González y Benjamín García Fernández a tres años. Y Eulogio Díez Cos y José Díaz Torres a dos años.

Torturas franquismo

Las fotos son del Archivo Histórico de la Defensa y se muestran en este artículo por primera vez.

Fotos inéditas que delatan torturas 

Este consejo de guerra por el que fueron encausados los huelguistas de 1958, que tiene un volumen de 912 páginas, se encuentra actualmente custodiado en el Archivo Histórico de la Defensa, en Madrid. El autor de este artículo lo localizó, comprobando que contiene una importante información histórica inédita: fotografías policiales de casi todos los 83 detenidos que aparecen en el sumario.

En dichas imágenes se pueden ver con claridad signos de tortura sufrida por los encartados por parte de la Brigada Político-Social y la Guardia Civil: ojos morados, barba de más de tres días (que demuestra que estuvieron mucho más tiempo del estipulado por la Ley, lo que les permitía el Estado de Excepción), signos de cansancio, que demuestran una vez más que la tortura policial estuvo a la orden del día en la actuación de las fuerzas de orden público franquista.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 55, MARZO DE 2018

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