Siempre es 8 de marzo para defender la dignidad de las mujeres

Corte de tráfico en una manifestación a favor de las mujeres en Oviedo. Foto / Mario Rojas.

Cándido González Carnero / Corriente Sindical de Izquierda (CSI).

Estamos de nuevo ante el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, y podríamos decir que en la misma situación de años anteriores, porque nada o casi nada cambia en cuanto a los derechos de las mujeres y seguramente seguiremos escuchando discursos institucionales, incluso de personajes del mundo empresarial, llenándoseles la boca hablando de los derechos de las mujeres, pero manteniendo leyes retrógadas unos y otros, condiciones degradantes en el trabajo y una explotación absoluta de sus derechos económicos y laborales por ser mujeres, algo que impide algún tipo de avance a la tantas veces nombrada igualdad con los hombres. Pero si repasamos las hemerotecas este año, sin duda seguiremos viendo lo mismo de todos los años: participación en actos del Día de la Mujer, discursos vacíos cargados de falsedad, hipocresía y mentiras.

En este día y en todos los demás, hemos de denunciar nuevamente cómo el mercado globalizado esclaviza en especial a las mujeres, y con mayor gravedad si se trata de jóvenes e inmigrantes. Las mujeres, como norma bastante general , padecen la doble y triple jornada, haciendo compatible el trabajo productivo y reproductivo, porque sobre ellas recaen las tareas de cuidado y atención a las personas, tareas no valoradas socialmente.

La tasa de paro femenina sigue duplicando la de los hombres, a pesar del leve aumento de contratación de mujeres en el nuevo mundo laboral. Los graves problemas de empleo femenino (baja tasa de actividad, alto índice de desempleo, precariedad, desigualdad salarial, problemas específicos de salud laboral, menores niveles de protección social, economía sumergida) y de feminización de la pobreza no se soluciona con el maquillaje de las estadísticas, ni con “inventos” como el trabajo a tiempo parcial, una fórmula más de precariedad laboral.

El Estado aumenta las cargas sobre las mujeres por el continuo recorte del gasto social y la continua privatización de los servicios públicos. La mal llamada “Constitución Europea” promueve también estas privatizaciones y, además de recoger de manera imprecisa derechos básicos para las mujeres (trabajo, recursos económicos, divorcio, aborto), se orienta a eliminar el Estado del Bienestar, lo cual las perjudica enormemente, además de mantener el poder de unas Iglesias que justifican fervorosamente el patriarcado y propician el alejamiento del pleno empleo.

Debemos de exigir a los Gobiernos central y autonómicos la puesta en marcha, de forma urgente y no testimonial, de mecanismos de igualdad en el empleo entre hombres y mujeres, para combatir las fuertes discriminaciones que presenta el empleo femenino y garantizar la contratación indefinida de mujeres. Es necesario también establecer medidas que permitan ir hacia el reparto del trabajo disponible entre todos y todas, para reducir la jornada laboral y compartir el trabajo doméstico, y el establecimiento de una renta básica para combatir la pobreza.

No podemos olvidarnos en este 8 de marzo, pero ningún otro día, del alto grado de violencia machista que sigue imperando en la sociedad y un día tras otro salta a la opinión pública, con la trágica noticia de una nueva agresión, un nuevo asesinato, un nuevo caso de acoso sexual o moral en el trabajo. Las leyes actuales contra la violencia machista no ponen en mi opinión los medios necesarios en la prevención de políticas sociales para que las mujeres superen las situaciones de violencia machista criminal y no se cuenta con la financiación necesaria para hacer efectivas medidas que conlleven su erradicación.

Hay que rechazar con contundencia todas las situaciones de violencia que se producen en todas las partes del mundo contra las mujeres y mostrar nuestra solidaridad con aquellas que se movilizan, por la paz, la democracia y el respeto de los derechos humanos en sus respectivos países, como es el caso de las compañeras en huelga de hambre en la Puerta del Sol de Madrid o en cualquier lugar del mundo.

Desde el conjunto de nuestra sociedad, debemos reafirmar nuestro compromiso con la erradicación de la violencia machista y con la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, impulsada también desde ámbitos de negociación colectiva. Las mujeres trabajadoras deben incorporarse a la lucha común para avanzar hacia la igualdad de derechos sociales y laborales.

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