Somao, paraíso de artistas y coleccionistas

Somao tiene la más importante concentración de casonas indianas del país. En la imagen, la Casa de la Torre y La Casona. Foto / Vicente Díaz Peñas.

Somao tiene la más importante concentración de casonas indianas del país. En la imagen, la Casa de la Torre y La Casona. Foto / Vicente Díaz Peñas.

Situado en una atalaya que domina la desembocadura del río Nalón, Somao es el pueblo más artístico de Asturias. Su belleza natural y la más importante concentración de casonas indianas del país explican la histórica atracción de este lugar para los pintores. Aquí nació Tomás García Sampedro, el fundador de la Colonia de Artistas de Muros, y ahora se encuentran dos museos privados y algún que otro estudio de artista. Por Alicia S. Hulton / Periodista.

En la galería de La Cochera de Somao hay colgado un retrato. Es un óleo sobre lienzo que José Robles pintó utilizando como modelo una fotografía que le entregó José Menéndez-Viña años después de volver de Cuba. Era la imagen de su padre, la misma que en 1860, cuando era un crío de diez años, metió en su maleta dispuesto a vivir la aventura americana.

De los aproximadamente 300.000 asturianos que emigraron a América entre 1850 y 1950, apenas el 3% vio cumplidos los sueños que imaginó a la hora de la partida. Algunos jamás regresaron y de otros ya no se tuvo noticias después de haber embarcado. De José Menéndez-Viña sí se supo. Tras un breve paso por Madrid y Francia, recaló en la ciudad cubana de Caibarén, en la provincia de Villa Clara, y apenas comenzó a hacerse fuerte en un almacén de coloniales llamó a los familiares y amigos que se habían quedado en casa pendientes de noticias del otro lado del Atlántico. Gabino Álvarez, su sobrino, Jesús Solís y Fermín Martínez eran algunos de ellos. Sus nombres, y el capital que invirtieron a su vuelta tras una fructífero exilio, aún resuenan en los cimientos de El Noceo, La Casona, El Marciel y La Casa de la Torre, construcciones que transformaron aquel pintoresco núcleo rural de situación privilegiada en uno de los pueblos más atractivos y singulares del Norte de España.

Curiosamente, el edificio más emblemático de Somao estuvo casi siempre deshabitado. La Casa de la Torre fue encargada como residencia de vacaciones por Fermín Martínez mucho antes de regresar a España. Escogió para el proyecto a Manuel del Busto, prestigioso arquitecto de otras importantes obras modernistas dentro y fuera de Asturias, que ya por entonces, 1912, había proyectado el Teatro Palacio Valdés de Avilés o la sede principal del Banco Herrero en Oviedo. Imponente desde cualquier ángulo y perceptible casi a cualquier distancia, la Casa Amarilla, llamada también así por el color del azulejo que la reviste, con su singular torre angular rematada en chapitel, se ha convertido en un símbolo de la zona y su imagen en una de las más reproducidas de Asturias.

El poder y la influencia de estos emigrantes retornados, que a su regreso no solo se ocuparon de restaurar o construir sus residencias familiares, sino también de contribuir con sus caudales al crecimiento y modernización de sus lugares de origen, financiando escuelas, parques, cines o iglesias, como ocurrió en Somao, se deja notar en el interior de otra de estas construcciones indianas, La Casona. En el jardín hay un impresionante panteón modernista de la primera década del siglo XX, diseñado en estilo de inspiración vienesa por el arquitecto Francisco García Nava o su colega Emilio Fernández-Peña, privilegio con licencia eclesiástica donde descansa Gabino Álvarez, el primer propietario de la casa, fallecido en 1905.

Gonzalo Nicieza en Ópera Omnia, su galería de arte y antigüedades, además de restaurante. Foto / Vicente Díaz Peñas.

Gonzalo Nicieza en Ópera Omnia, su galería de arte y antigüedades, además de restaurante. Foto / Vicente Díaz Peñas.

El arte total

Somao, con ese topónimo breve, tan aparentemente sencillo y a la vez tan evocador, fue el lugar que hace doce años conquistó a Gonzalo Nicieza, de Avilés, y a su mujer, Alicia López-Tapia, madrileña, para dar forma a un proyecto más vital que empresarial. Somao, y en él un viejo caserío del barrio alto de Los Caduxos que apenas se tenía en pie y que hoy, mucho esfuerzo después, alberga una galería de arte y un rincón de antigüedades en la planta baja, un taller de arte y restauración en el antiguo pajar y un singular comedor de cocina creativa cuyo chef es el propio Gonzalo, aprendiz de cocinero en el restaurante francés Fonda Javea, en Valencia, durante su período como estudiante de Bellas Artes. El conjunto fue bautizado como Ópera Omnia, el arte total. Arte creado y aglutinado por artistas para artistas, en un marco natural que siempre repite en poder de seducción.

1860, el año en el que Somao vio partir a su primer indiano, tiene otra marca importante en la crónica artística e histórica del lugar. Concretamente su 17 de mayo, fecha en la que nació Tomás García Sampedro, artífice de las reuniones estivales que supondrían la creación en 1884 de la ‘Colonia artística de Muros’, uno de los movimientos pictóricos más llamativos de la España de finales del XIX, en cuyo núcleo inicial, además del anfitrión y maestro, Casto Plasencia, figuraban Alfredo Perea, Tomás Campuzano y un veterano pintor madrileño, José Robles, autor del mencionado retrato del padre de José Menéndez-Viña. Las pequeñas localidades del Bajo Nalón y sus anónimos habitantes fueron ganando la inmortalidad en sus lienzos a medida que los veranos se sucedían, y a esos fecundos días de sol de La Pumariega, la finca familiar de los García Sampedro, se fueron uniendo los pinceles de Manuel Domínguez, Francisco Alcántara, Vicente Blas, Tomás Muñoz Lucena, Agustín Lhardy, Luis Romea y Cecilio Pla. Todos fascinados por el paisaje. Todos impregnados de un espíritu idealista y de camaradería. Y todos con una adelantada pasión por la esencia de una diosa, la Naturaleza, a la que retrataron de manera fidedigna con sus caballetes plantados al aire libre. La muerte prematura del maestro Plasencia en Madrid a causa de una neumonía frenó de manera brusca el movimiento, aunque por La Pumariega pasaron unos años después Juan Antonio Benlliure y hasta el propio Joaquín Sorolla.

Desde su atalaya natural en Ópera Omnia, Gonzalo Nicieza sueña con recuperar el espíritu de la Colonia. Le gusta despertar el interés de la gente que visita el espacio por el arte y crear un lugar de referencia donde reunirse para hablar, compartir, aprender y mostrar. Los espacios y rincones de su refugio están abiertos al talento de los jóvenes creadores y al arte contemporáneo, y ya hay unos cuantos nombres vinculados a este nuevo espacio de concentración artística: Carmen Abad, Manuel Barcero, Esther Cuesta, Jorge Jovino, Benjamín Menéndez, Elena Miró, Alfonso Pire, Manuel Viola, Pepa Pardo, Ricardo Mogo, Nuria Teruel, Clara Sevilla, Enrique Toledo…

Seducidos por el paisaje

Toto Castañón entre sus esculturas de la finca de La Cochera. Foto / Vicente Díaz Peñas.

Toto Castañón entre sus esculturas de la finca de La Cochera. Foto / Vicente Díaz Peñas.

En Somao hay cinco casas rurales que albergan en los meses más agradecidos del año a aquellos visitantes de paso que también se sienten atraídos por la idea de ver de cerca el paraíso. Una de ellas es La Cochera. Allí se junta todo, el artista, la colección de pintores, la imagen modernista del poderío indiano y el retrato al óleo de José Robles. El hotel forma parte de El Noceo, el conjunto residencial que reformó y amplió José Menéndez-Viña cuando pasó página a su aventura americana. La casa principal sigue estando ocupada por una parte de los descendientes del indiano y conserva gran parte de los muebles originales, traídos desde París y Londres. En una de las construcciones aledañas, la antigua cochera de la casa, Toto Castañón y su familia, también herederos del primer aventurero, habilitaron un hotel que cautiva a los visitantes por la belleza de su construcción y les proporciona el encanto de una casa que emana historia en cada esquina, con su porche trasero mirando al mar, su tranquila galería solellera en el segundo piso y una finca de más de siete mil metros cuadrados salpicada de esculturas creadas por el propio Castañón, que fue director del Museo de Bellas Artes de Asturias.

Pero si los viajeros creen que el embrujo de La Cochera termina ahí, están muy equivocados. Frente a la casa, en uno de los confines del jardín, permanece intacto el viejo establo. Dentro, donde en su día se apilaban las paciones y los calderos pa mecer las vacas, hay una colección de variadísimos objetos etnográficos y cacharros cotidianos muy útiles en su época pero ya en desuso. Y por las paredes de los dos pisos de la cuadra, una auténtica galería de arte en la que cuelgan firmas de inesperado calibre. Orlando Pelayo, Úrculo, Ricardo Mojardín, Navascués, Alejandro Mieres, Carlos Sierra, Rubio Camín, Barjola, Luis Fernández, Pelayo Ortega, Ramón Prendes, Ángel Guache, Gil Morán y Faustino Ruiz de la Peña son solo algunos.

Somao es una especie de musa atemporal, capaz de concentrar varias de las mejores muestras de arquitectura indiana, de multiplicar la alegría innata de los integrantes de aquel grupo finisecular que habitó La Pumariega y de seguir atrayendo hoy a galeristas y artistas contemporáneos seducidos por la magia de su paisaje natural. No muy lejos de Ópera Omnia, y de la Casa Amarilla, y de La Cochera con su cuadra, y del solemne panteón de Don Gabino, y seguramente con el terrible peso de la huella eternizadora de los nombres que formaron la Colonia, se estableció hace no mucho el pintor y escultor langreano, con residencia habitual en Madrid, Miguel Ángel Lombardía. Su escultura Paisaje Astur, un bronce de diez metros de altura, recibe desde hace seis años a cualquiera que entre a conocer el pueblo. Dice que es una alegoría de Asturias, del pez que acude a desovar a la desembocadura del Nalón. Allí acude él también a desentenderse del tiempo y el ruido. Él también ha sido conquistado. Seguramente no será el último.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 26, MAYO DE 2013.

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