Tarjeta roja a la corrupción en el fútbol

Medios de comunicación y aficionados son dos de los ejes del negocio del fútbol.

Fernando Menéndez / Escritor.

Cualquiera que lea También nos roban el fútbol (Ediciones Akal) puede llegar a la conclusión de que el fútbol actual es un entramado de intereses, un laberinto de negocios y urgencias. Comparado con el de hace unos años, da la impresión de ser un deporte completamente distinto. Sin embargo, las reglas son las mismas, sigue levantando pasiones y sigue jugándose con un balón.

De la desaparición del fútbol según lo conocimos; del peligro que corre su naturaleza lúdica y popular habló ATLÁNTICA XXII con Ángel y María Cappa recientemente en Asturias, donde presentaron su libro. Ángel y María Cappa han escrito un libro necesario y revelador. Una clase de libro que escasea en nuestro país ya que, como afirma la propia autora, “no es muy habitual entre nosotros el periodismo deportivo de investigación”. Y según dice esto, viene al caso recordar el desdén con que un famosísimo periodista deportivo trataba hace unas semanas al medio que había desvelado los tejemanejes y evasiones fiscales de una estrella como Cristiano Ronaldo.

También nos roban el fútbol, apoyado en una contrastada y minuciosa información, provoca en el lector el desamparo de ser testigo de una gran estafa. El lector aficionado al fútbol se ve sumido en una tremenda contradicción. Pero la propia María refleja en la conversación que está mal entendido lo de “me gusta el fútbol”. Al decir eso se refiere al gusto por el juego, a sus viejas identidades y a sus rasgos de modesto paraíso para las clases populares y trabajadoras. El juego que, como se reflexiona en el libro, es cada vez menos importante en beneficio de la victoria, de ganar a cualquier precio. La agradable conversación con los Cappa nos lleva a aquella reflexión de un personaje de Saber perder de David Trueba: el juego es muy importante; si no lo fuera, con salir al campo y que cada equipo tirara cinco penaltis ya estaba.

En el fútbol de hoy en día se valora en exceso al equipo que trata de impedir jugar al otro en lugar de jugar él mismo. Si se piensa, es un reflejo de la dinámica social contemporánea: una mayor preocupación por impedir que por invitar. La proliferación de prohibiciones y recortes es negar un juego en igualdad de condiciones. Jorge Valdano, compañero de fatigas y alegrías de Ángel Cappa, sostiene que al rival hay que respetarlo porque es quien te permite jugar a tu deporte favorito.

La conversación arranca con una pregunta obvia: ¿qué es También nos roban el fútbol? La respuesta de Ángel Cappa no se hace esperar, sucinta y clara: “Es una foto de la realidad”. Sus palabras abren caminos para horas de apasionante cháchara que las circunstancias impiden mantener, pero la actualidad refuerza su respuesta: aún colea la reacción airada de los aficionados atléticos ante la denominación del que será su nuevo estadio, Wanda Metropolitano.

Para los autores, el triunfo de los intereses comerciales sobre los sentimientos de los aficionados es evidente. El fútbol es cada vez más antipático y, paradójicamente, más anacrónico. Es la conocida frase de César Luis Menotti: “El futuro del fútbol es su pasado”. Hoy por hoy, estamos muy lejos de eso. Bajo la drástica metamorfosis del aficionado en espectador y en cliente, el juego, la esencia de este espectáculo que mueve millones, queda de tal forma diluido que pasa a ser un eslabón más de un complejo proceso cuando en su origen era el epicentro.

El fútbol base resiste a la mercantilización. Foto / Paco Paredes.

“El fútbol -afirma Ángel Cappa- pertenece a la gente que siente el club. El hincha debe reivindicar que el club es de él aunque no sea socio”. A lo que su hija María reacciona de manera sincera y espontánea: “Qué bonito es eso que has dicho, papá”.

También nos roban el fútbol no escatima detalles. Es la crónica de un gran cambiazo: el del sentimiento por el interés. Y la máxima expresión de este gato por liebre es la reducción del ciudadano futbolero a mero cliente. Tanto compras, tanto vales. Ángel y María Cappa ponen el acento en este aspecto del que no se libra ningún ámbito de la sociedad, ni siquiera el ocio y la cultura.

El hedor de la FIFA

Desde el libro se impone la reivindicación de un juego popular que solo necesita de un balón y de un espacio libre para jugar. El fútbol es un deporte fraguado entre las clases más humildes. La única jerarquía que distinguían era la del buen juego y la diversión. Ahora, los futbolistas, esos seres que, por definición, persiguen la libertad con una pelota en sus pies, son gladiadores al servicio de magnos eventos organizados en coliseos. Como subraya el técnico argentino, únicamente importa ganar como sea. Y se pregunta lo que significa esa expresión: “En realidad, nadie lo sabe”.

En un interludio del ensayo donde se da la voz a los que juegan, las declaraciones de Diego Milito resultan esclarecedoras: “La presión viene por todos lados. Quedar fuera de la Champions significa mucho dinero perdido para un club. Son cosas que al jugador le afectan y dentro del campo sentís ese miedo que te impide jugar”. Sin embargo, ese miedo al que se refiere Milito es el motor del capitalismo más voraz. El miedo es rentable, multiplica el consumo.

El libro de los Cappa demuestra que es imposible hacer un retrato del fútbol sin que el dinero lo inunde todo. ¿Y qué ocurre con el aficionado que, a pesar de ser consciente de la situación, sigue acudiendo al estadio a animar a su equipo? ¿Es un ingenuo, un cómplice, un irresponsable? Ángel se encoge de hombros y sonríe. No contesta a la pregunta directamente sino que, con un pequeño regate, vuelve a recordar la condición primigenia del fútbol como expresión de las clases humildes: “Eso será difícil que desaparezca”, dice.

Como foto de la realidad, También nos roban el fútbol es minuciosa, exhaustiva. No deja puntada sin hilo ni matiz o detalle sin contrastar. Su lectura se vuelve asfixiante pero imprescindible por la proliferación de episodios sonrojantes que se datan. La sensación global es que ya hace tiempo que la excepción se ha convertido en norma. Por ejemplo, se retrata el “mapa” de la corrupción política/futbolística en España: Ángel y María Cappa citan los casos del Valencia, Levante, Hércules, Elche, Real Madrid, Atlético de Madrid, Barcelona, Español, Murcia, Betis, Sevilla, Zaragoza, Federación Española de Fútbol…

Este inventario enlaza con gestos que son metáfora de una manera de proceder, de un estilo de vida. Así, la reacción de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, levantándose del asiento de su palco para ir a abrazar a José María Aznar, al marcar un gol el equipo blanco en una final de la Champions. Es significativo que de todos los ocupantes del palco fuese Aznar el elegido por el presidente madridista. En También nos roban el fútbol queda en evidencia todo lo que el club merengue le debe al Partido Popular.

Ángel y María Cappa, autores del libro. Foto / Pablo Lorenzana.

Periodismo de bufanda

Agradece María Cappa la mención expresa a la conversación que mantiene para el libro con David W. Larkin. Larkin, un abogado especializado en industria deportiva y anticorrupción, habitual en medios como la BBC, CBS, RAI, Al Jazeera o The New York Times, es un desconocido en España, pues al periodismo deportivo patrio no le importa mucho la investigación y menos aún si es para meter las narices en el fútbol, explica. Larkin codirige el grupo de presión Change FIFA y sus conclusiones son tajantes: “Tanto Havelange como Blatter [expresidentes de la FIFA] son responsables de la triste realidad que ha vivido el fútbol internacional”.

Las páginas dedicadas en el libro de los Cappa a la FIFA pueden llegar a provocar tal grado de bochorno y escalofrío que el lector sentirá vergüenza ajena si se recuerda viendo por televisión algún partido del Mundial. Incluyen unas declaraciones de la responsable del Departamento de Justicia de Estados Unidos, Loretta Lynch: “El comportamiento descrito en el informe del FBI [relativo a la FIFA] retrata un sistema de corrupción totalmente institucionalizado por el que más de cuarenta personas o entidades abusaron durante más de dos décadas de su posición para enriquecerse ilegalmente (…) No contentos con secuestrar durante décadas el deporte más popular del mundo con ganancias ilícitas, los directivos de la FIFA habían tratado de institucionalizar esa corrupción para asegurarse de que continuara y garantizara así su lucro personal en detrimento del fútbol”.

Jérôme Valcke, antiguo secretario de la FIFA, ha afirmado que “para organizar un Mundial es preferible un menor nivel de democracia. Cuando hay un jefe de Estado Fuerte y con capacidad de decisión, es más fácil para los organizadores negociar a diferentes niveles que en un país como Alemania”.

Que el fútbol no estropee el negocio ni el espectáculo. En la conversación también se repasa el papel que juegan hoy los medios de comunicación, vaciados en su mayoría de espíritu crítico y vistos por los Cappa como responsables del estado actual de la cosa. Es lo que se conoce popularmente como “periodismo de bufanda”, una manera de afrontar la profesión desde el forofismo y no desde el rigor.

El diálogo confirma los pronósticos del libro, añora una mayor independencia y echa de menos dos conceptos, dos actitudes vitales que Ángel Cappa reitera constantemente: conocimiento y sensibilidad.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 48, ENERO DE 2017

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