Tini y Riopedre, la caída de los dioses

Xuan Cándano

Por Xuan Cándano / Director de ATLÁNTICA XXII. La caída por los suelos de María Jesús Otero, cuando iniciaba su comparecencia ante la Comisión de Investigación del Caso Marea, dio para muchos chistes, porque no se sabe si la silla que cedió la vendió Igrafo, que también suministraba a la Junta General. Pero sobre todo es la metáfora y la imagen del derrumbe final y estruendoso de la clase política que nació con la Transición. Llegaban con la utopía y cayeron en la cleptomanía. Comenzaron aclamados por las masas y se marchan huyendo de los transeúntes que los insultan por la calle.

La intervención de Vicente Álvarez Areces en la Comisión también tuvo ese regusto amargo que da ver al líder caído, al poderoso convertido en un apestado para los suyos, que lo envían al Senado para tenerlo lejos y que no estorbe, como hacen con los hijos bastardos los padres desalmados. Tini, por el que pasaba hasta el último papel, no se enteraba de que en sus Consejerías se robaba a manos llenas, ni de que un grupo de empresarios encontró en su megalomanía y en su ego desmedido la fórmula perfecta para enriquecerse a base de sobornos y negocios ilícitos.

De la Comisión del Parlamento que amueblaba Igrafo nada esperan ni sus componentes, excepto el diputado de UPyD que la sacó adelante y se juega en ella su futuro político. Airear la corrupción no les interesa a los grandes partidos, porque la practican todos y con ella se financian. Dicen que a la ex directora de Educación, a la que en su pueblo no llaman la Bella Otero sino la Roldana, no piensa tirar de la manta, pero que si lo hiciera caerían al suelo fulminados como ella muchos políticos asturianos, y no todos precisamente de su partido. Que tire la primera piedra el que no haya bebido la fétida pócima de la corrupción, parecen susurrar los comparecientes ocultos tras un ridículo biombo que oculta sus vergüenzas.

De la instrucción judicial tampoco podemos esperar gran cosa. Había mucho interés en quitarle el caso a la jueza Pandiella, que avanzaba con valentía y con eficacia en la instrucción, apuntando a la bicha a la que nadie quiere mentar, a la madre de todas las corrupciones: la financiación de los partidos políticos. En las escuchas aparece el tesorero de la FSA, muy cortejado por los empresarios. Y toda una trama de empresas de camaradas de cargos públicos, a las que no afecta mucho la libre competencia.

En manos del juez Sorando la “Marea” baja tan lentamente que no parece que vaya a acabar nunca de salir a la superficie la basura acumulada durante todos estos años en Asturias. Hace un año dijo que cerraría la instrucción si le dejaban y no se sabe quién se lo impidió, pero sigue dando palos de ciego, citando a figuras menores de la trama y dejando el hilo de la Pandiella enredado entre montañas de papeles que ocultan la verdad: Asturias, como toda España, es una cloaca irrespirable que inunda casi todos los despachos oficiales.

Si es esclarecedor el “Marea” es porque es un caso que muestra una corrupción transversal en toda la Autonomía, que afecta al Principado, a los Ayuntamientos, a la Universidad, a los dos grandes partidos, a funcionarios y a empresarios. Sobornos, comisiones, adjudicaciones fraudulentas y regalos circulan, como un río de aguas contaminadas, por los sumideros de la Asturias cableada.

Sorando no supo nadar y avanzar sorteando esa sucia corriente, por lo menos hasta ahora. A la Universidad -donde hay hace muchos años un nido de corrupción, del que se beneficiaron funcionarios con concesiones privadas de la propia institución académica- la instrucción va a llegar gracias a un anónimo enviado a la Comisión, no por las investigaciones judiciales. Y al Ayuntamiento de Oviedo, o sea al PP, que es la tercera pata de esta tayuela infecta, el juez ni osa acercarse y eso que el sumario, los negocios de Igrafo y la peculiar relación del ex alcalde Gabino de Lorenzo con el dueño de la empresa darían para una pieza separada de esas que tanto le gustan a Sorando y tan poca eficacia evidencian.

La “Marea” sigue alta y solo mojará a media docena de corruptos de una lista interminable, pero va a precipitar la caída de los dioses de la Transición, que en Asturias protagonizaron las izquierdas. Nadie representa mejor a ese puñado de antifranquistas, vanguardia de su generación, oscura y silenciosa, que Tini y Riopedre. Formaban una pareja política del manual del comunismo clandestino de la época. Riopedre, el benedictino rojo, una autoridad en la filosofía marxista, siempre conspirando y pegado a un libro, un gallego tan tacaño que pasaba los cafés que consumía a la Consejería, el intelectual orgánico siempre a la sombra. Tini, el matemático de mente analítica y verbo fresco, el de madera de líder, el pico que encandila en las asambleas.

Estaban obsesionados con la política, no eran capaces de hablar de otra cosa. Cuando en las elecciones de 1977 fracasó la gerontocracia del PCE, que en Asturias había preferido a La Pasionaria antes que al joven arrollador que era Tini, empezaron los desembarcos comunistas en las naves mejor surtidas del socialismo y ellos fueron de los primeros en apuntarse. Abandonaron el PCE por la izquierda en el cisma de Perlora y acabaron en el PSOE, el único lugar donde podían desarrollar lo que ellos llaman vocación política, aunque no es más que ambición y ansia de poder. Para yonquis, los de la poltrona.

De aquella, cuando ya habían abandonado el comunismo y daban los primeros pasos para ingresar en el socialismo, un periodista antifranquista los sorprendió en la sede del PSOE en Oviedo. Un tanto azorados, ellos le explicaron luego que el PSOE los necesitaba porque no tenía cuadros y ellos eran los políticos mejor preparados de Asturias. No erraron en sus cálculos, obviamente.

Ahora parece que se pasaron de listos.

PUBLICADO EN ATLÁNTICA XXII Nº 25, MARZO DE 2013.

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